Menotti, Gian Carlo
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Biografía GER
Compositor italiano, n. en Cadegliano, el 7 jul. 1911. Inicia los estudios de música en el Conservatorio de Milán, donde sigue los cursos de E. Pozzoli (1923-27). En 1928 se traslada a los Estados Unidos y amplía sus estudios en el Curtis Institute de Filadelfia (1928-33) donde es alumno de R. Scalero. El éxito de su breve ópera Amelia al bailo (1936) le valió el encargo de una ópera radiofónica, probablemente la primera del género: The ol maid and the thief (La solterona y el ladrón) en 14 escenas que pronto se representó en los principales teatros de la Unión. Después del pasajero fracaso de su ópera en un acto II dio dell’isola, la carrera de M. puede considerarse que ha conocido tantos triunfos como óperas ha estrenado: El Medium (1946), El Teléfono (1947), El cónsul (1950), probablemente la ópera que más fama le ha dado, Amahl y los visitantes nocturnos (1951) primera ópera destinada a la televisión, La Santa de Bleecker sireet (1954), María Golovine (1958), etc., todas las cuales dejan en discreto segundo término su producción sinfónica y la destinada al ballet (Sebastián, 1944; El poeta y la musa, 1956; etc.). La personalidad de M. adquiere su total valor en sus realizaciones líricas, en las que pone unas partituras tal vez un tanto vulgares al servicio de su profundo conocimiento de la escena. En este aspecto, se le puede considerar el más calificado sucesor de Puccini. Fedele D’Amico a propósito de El Cónsul ha dicho que se trata de "la vulgarización genial de un tema kafkiano, puesto al nivel de la inmediata experiencia del hombre de la calle". Obras. Además de las ya citadas: Ballets: Errand into the maze (1947); The unicorn, the gorgon and the manticore (1956); Obras sinfónicas: Concierto en fa para piano y orquesta (1945); Apocalypse (poema sinfónico 1951); Concierto en la para violín y orquesta (1952). Música de cámara: Variaciones sobre un tema de Schumann (piano 1931); Poemetti per María Rosa (piano, 1937); The hero (piano y canto, 1952)Fue profesor del Curtis Institute of Music de Filadelfia (1948-55) y en 1950 se le concedió el premio Pulitzer
**AU
M. VALLS GORINA
**FILMENTE
El término "mente", en la terminología filosófica castellana, como en otros idiomas, adolece de una gran imprecisión por múltiples motivos. Derivado del latín mens (inteligencia, capacidad de entender, alma), ha cristalizado en el término español sirviendo en ocasiones a una fiel traducción de la terminología filosófica y teológica escritas en latín. Sin embargo, aun en estas mismas versiones, se ha aplicado m. a conceptos que no significaban eso exactamente, incluso en el mismo latín. Más aún, se ha utilizado esta palabra posteriormente para traer al idioma castellano ideas de lo más diverso. Así, encontramos con que m. puede equivaler a "entendimiento" (v.), significando entonces la potencia más alta de intuir o comprender una verdad o un objeto. También ha arrastrado el concepto de "razón" (v.), en cuyo caso aludiría más bien al poder discursivo del hombre para razonar, deducir, inducir, etc. Todo ello, agravado por el problema histórico-filosófico y traducciones en que se pasa del concepto antes dado de "entendimiento" al de "razón", pudiéndose poner en tela de juicio, ya desde Nicolás de Cusa y sobre todo desde Kant, la posible equivalencia entre Vernun/t (razón) y Verstand (entendimiento). Planteado el problema de estas equivalencias, tal vez no exactas, la m. aplicada indistintamente a uno o a otro poder de conocer, se convierte en doblemente ambigua. En cualquier caso, por m. se suele entender en castellano aquella facultad del hombre por la que es capaz tanto de entender como de razonar. Y aún más, la sede de estas dos potencias más las de la memoria, voluntad, etc
La síntesis realizada en el término m. de todos estos aspectos de la actividad superior del hombre tiene su fundamento en la tradición y versiones de obras latinas. Así, p. ej., para S. Agustín se puede distinguir entre "ánima", o principio animador del cuerpo, y "mens sive animus", o capacidad suprema del hombre en la que residen el intellectus y la ratio. S. Tomás de Aquino, por su parte, afirma: "La expresión alma humana designa principalmente al más alto grado entre las potencias espirituales y de ahí su nombre; por eso se denomina intelectiva o, también, intelecto o mente" (De veritate, 10,1). La m. según el presente texto es simplemente el grado más alto de la capacidad intelectiva. Ahora bien, en cierto sentido identifica y distingue m. y entendimiento según se considere a la m. como esencia o como facultad del alma, según se desprende del siguiente texto del mismo tratado De veritate: "El término mente, en nuestra alma, se refiere a aquello que de más alto hay en el orden de sus operaciones; y así, mente designa la potencia del alma y no su esencia; si acaso designa la esencia, lo hace en cuanto que de ella fluye esa potencia". Sin embargo, conviene hacer alguna precisión en S. Tomás; si bien acaba de identificar de uno o de otro modo a la m. con la potencia intelectiva, no faltan textos en los que la m. abarca no sólo dicha potencia sino también la volitiva, la de la memoria, etc., de modo que la m. lo que hace es unificar todas estas facultades. Por otra parte, S. Tomás traduce normalmente el término griego noús por intellectus, lo cual se presta a una posible confusión histórica posterior; si intellectus equivale a mens y aquél traduce a noús, en adelante será frecuente traducir al castellano m. (y en ocasiones al latín) términos tan diferentes como noús (p. ej., el de Anaxágoras, Parménides, cte.) o logos (como el de Heráclito, cte.). Con todo ello se logra que la palabra castellana (no entramos en el problema de las versiones latinas) haya pasado de la filosofía a la teología: el Logos y eJ Noús como Dios o como dimensiones de ladivinidad se traducen en términos de "Mente divina". Transvase muy apoyado por el neoplatonismo y platonismo, al concebir éstos a Dios, al Uno, al Principio de todo, como Inteligente, poseedor de ideas ejemplares a imitación de las cuales se hizo el mundo voluntariamente. Y si posteriormente el hombre es hecho a imagen de Dios, también la creatura racional poseerá una facultad cuasi divina: la mens o m
Introducida esta temática en el concepto de m. e incardinada en una visión espiritualista del mundo y del hombre, la m. adquiere el significado básico también (sin abandonar los anteriores) de "espíritu" (v.), "alma" (v.), en contraposición al cuerpo y a lo material. Posteriormente, en los pensadores que prescindan o nieguen la distinción radical entre alma y cuerpo, la palabra m. se reservará únicamente para designar las operaciones superiores del hombre, en contraposición, no del cuerpo, sino de las funciones sensoriales y primarias del conocer y obrar humanos (sin que m. entonces equivalga a espíritu)
Resumiendo lo expuesto, el término m. adolece de una gran imprecisión; unas veces equivale a entendimiento (v.), otras a razón (v.), otras a espíritu (v.) o alma (v.), otras a M. divina (v. DIOS IV). Más aún, en un ámbito psicológico, adopta el sentido aséptico de lo psíquico, sin que implique necesariamente ningún dualismo cuerpoalma
M. puede significar también en castellano el pensamiento oculto, la intención, la ideología de un autor. Así se puede hablar de la m. de Sócrates, de la m. de Heidegger, cte.; en todos estos casos, m. equivale a mentalidad, a ideología, a sistema de pensamiento o a intención no explícita en lo que un autor expone en una o en todas sus obras. El término m. se puede ampliar en este sentido aún mucho más, pudiéndose hablar de m. primitiva y m. europea, o de mentalidad primitiva y mentalidad europea; m. entonces representa una serie de valores culturales, religiosos, filosóficos, cte., y, en general, la idiosincrasia o personalidad de un grupo humano más o menos grande y su actitud general ante la vida y la existencia
Este fenómeno de la imprecisión de la palabra m. en castellano es reflejo de una serie de problemas entre los cuales pueden distinguirse dos: el de las traducciones, en que no siempre se ha estado de acuerdo en los criterios terminológicos que se habían de adoptar en lengua española; y, en segundo lugar, la deficiencia de la terminología estrictamente filosófica en castellano (idiomas como el alemán la tienen mucho más depurada). Es tarea que incumbe a los que hablan el idioma español, estudiar y precisar, poco a poco, una terminología, para lo cual, no poco podrá contribuir el actual movimiento de análisis lingüístico que surge en España
J. LOMBA FUENTES
BIBL.: Dadas las equivalencias existentes entre m. y otros términos, véanse las bibl. de ENTENDIMIENTO; RAZÓN; ALMA; ESPÍRITU; PENSAMIENTO; INTELIGENCIA. Y aunque no corresponda exactamente el término m. con el de mind inglés (pero con ciertas similitudes) pueden verse: A. D. RITCHIE, The Natural History of Mind, Londres 1936; T. J. RAGUSA, The Substance Theory of Mind and Contemporary Functionalism, Washington 1937; A. MENNINGER, The Human Mina, Nueva York 1945; VARIOS, Dimensiones of Mind. A Symposium, Nueva York 1960; J. BELOFF, The existente of Mind, Londres 1962
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