Mazarino, Jules
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Biografía GER
Cardenal italiano, nacionalizado en Francia; primer ministro de Luis XIII (v.), de la regente Ana de Austria y de Luis XIV (v.). Fue uno de los más grandes políticos de su tiempo, y continuó con éxito la obra comenzada por Richelieu (v.)Vida. N. probablemente en Pescina (Abruzos), el 14 jul. 1602. M. en París el 9 mar. 1661. Educado en Roma con los jesuitas, marchó luego a España a perfeccionar sus estudios en las Univ. de Alcalá y Salamanca. Su espíritu estuvo abierto a toda clase de inquietudes; al regresar a Roma ocupa un cargo eclesiástico, y sigue luego la carrera militar. En la guerra de la Valtelina, interviene como capitán de Infantería de un regimiento pontificio. Sus éxitos le llevan a formar parte de la embajada que trata de solucionar el conflicto. En el tratado de Chierasco (1631), que él negocia con Saboya, Francia y España, hace al rey de Francia dueño de Pignerol. Desde ese momento Richelieu se fija en él por su gran capacidad política, y consigue que sea nombrado nuncio pontificio en la corte francesa
En Francia comienza M. su carrera política. Naturalizado francés en 1639, tras abandonar el servicio al papado, recibe por intervención de Richelieu un sitio en el Consejo, al mismo tiempo que es propuesto para el capelo cardenalicio. A la muerte de Richelieu, 1642, Luis XIII le llama para que le ayude a gobernar el reino. Pero es la regente Ana de Austria quien le nombra primer ministro con plenos poderes. Parece probable que hubiera entre ambos relaciones amorosas, y hay quien cree que se casaron en secreto
Personalidad. M. era de porte elegante, y temperamento dulce y suave. Diplomático por naturaleza, supo desenvolverse en una corte de intrigas. Su astucia, y su energía también, cuando tomaba una decisión, le mantuvieron en el poder. Parecía un hombre sin ambiciones y tenía una inmensa capacidad para engañar y dirigir a las gentes. En un principio todo el país se hizo mazarínista
M. sabía con claridad los objetivos que quería lograr, para él fueron dos: a) sumisión de cualquier poder al del monarca; b) concentración de las energías de Francia para triunfar sobre los Habsburgos alemanes y los Austrias españoles que atenazaban la libertad de movimientos de la potencia gala. Para M. la razón de Estado estaba por encima de cualquier otro interés. El engrandecimiento de Francia fue su primer fin, y no dudó en utilizar todos los medios a su alcance. Considera la monarquía absoluta de utilidad nacional, quedando el rey al margen de toda limitación impuesta por la evolución tradicional de la Constitución del Estado. Fue muy tenaz para conseguir este objetivo, y supo imponerse a las sucesivas crisis nacionales motivadas por la burguesía y la nobleza, haciendo posible el triunfo del absolutismo en Francia
Política interna. En este orden, M. se propone la centralización administrativa del país. Limita a los órganos de gobierno autónomo de las provincias cada vez más su esfera de acción, y hace recaer la dirección administrativa de la vida provinciana en los intendentes que practican la política centralizadora de la monarquía. El principal problema francés era el déficit del Tesoro, gastado en la larga lucha contra España. Tras la victoria de Rocroi (V. TREINTA AÑOS, GUERRA DE LOS), y apoyado por la regente, M. se siente fuerte y comienza una política fiscal destinada a enjugar el déficit. Pero sus medidas son abusivas. No cumple las obligaciones de los empréstitos en títulos de rentas emitidos al público, suspendiendo el pago dei interés, y las compra luego a bajo precio clandestinamente. Para hacer más lucrativa la venta de cargos, crea algunos nuevos. Colman las medidas unos impuestos sobre las edificaciones en zona de fortificaciones de París y una tasa a las mercancías introducidas en la capital. Estos expedientes extraordinarios que chocan con la tradición administrativa y que permitieron los manejos especulativos de los mazarinístas, levantan en contra del primer ministro la opinión de la nación. Se pro’duce el movimiento revolucionario de la Fronda (v.), queestá a punto de echar por tierra su obra. Pero M. sabe resistir y, tras él, gobernar con toda libertad
En Hacienda, su actuación fue desastrosa, pues consintió las malversaciones de Fouquet y Emery, y él mismo se hizo una fortuna. Para Carné, se distinguió más como diplomático que como ministro; la administración interior de Francia dejó mucho que desear. No impidió que desapareciera la pujanza naval de Francia, tan necesaria en aquel momento
Política externa. Se enfrentó con un doble enemigo: los Habsburgos de Madrid y de Víena, dos voluntades hegemónicas que, aliadas, podían poner en peligro la libertad de Francia
En su lucha con los imperiales, M. intervino en la contienda alemana, y el Imperio tuvo que capitular. La paz se firmó en Westfalia (v.), en 1648. En ella M. remató la victoria de las armas con su diplomacia. Ayudado por los príncipes y fomentando sus intereses, consiguió la desmembración del Imperio, lo que impidió su unificación bajo la dinastía Habsburgo. Su intención no era dominar Europa, sino lograr en el centro de ésta un equilibrio de fuerzas que asegurase la paz. Consiguió además que Francia instalara su frontera en el Rin. La protección de Francia se completó cuando, creada la Liga del Rin por influjo de M., éste logró la entrada de Francia en ella el 16 ag. 1658. Además, así quedaron completamente aislados los dominios españoles al borde del Imperio
En el problema español venció también su diplomacia. Equilibrada la situación tras la Fronda, M. supo ver la fuerza de la Inglaterra de Cromwell, y la necesidad de aliarse con ella, con el fin de aprovecharse de su flota para aislar a los Países Bajos. Firmó en París con el derrocador del absolutismo inglés un tratado de alianza ofensiva-defensiva (diciembre 1657). Aisladas además las posesiones españolas junto al Imperio, España tuvo que capitular. En la isla de los Faisanes, en el Bidasoa, el 7 nov. 1659, se firmó la paz de los Pirineos (v.), entre el ministro francés y Luis de Haro. El triunfo de Francia era completo, y quedó convertida en la primera potencia continental,M. había perdido su salud. Las conversaciones en la isla de los Faisanes empeoraron su gota. Se retiró a Vincennes; a pesar de sus sufrimientos conservaba la fortaleza. En la madrugada del 9 mar. 1661 murió M., tras dar a Luis XIV un último consejo: no nombrar un primer ministro. M. había visto el peligro de que una nación pueda centrar todos sus descontentos en una sola persona
Resultados de su actuación política. Su política interna fue, a pesar de sus defectos ya señalados, la más adecuada para realizar la externa. Si es cierto que abusó del poder, hay que tener en cuenta que utilizó para sus fines a las clases privilegiadas y no al pueblo, como hizo Richelieu. Acabó además con los abusos de la nobleza, que tantas veces había arruinado la vida del país. A él se debe la instauración en Francia, de un régimen, el absolutismo borbónico, que, si nunca fue justo, pues el rey se arrogaba un poder cuasi-divino, salvó a la nación del desorden
En el exterior, M. dejó a Francia libre de peligros y aliada de las más grandes potencias navales: Inglaterra, Suecia y Holanda. M. no dudó en aliarse con las naciones protestantes para hundir a imperiales y españoles. El interés de la nación estaba para él por encima de cualquier ideología. Su rango de cardenal no influyó para nada en su política. M. representa la tolerancia, sistema preconizado por Francia y que se impone como el más adecuado, tras la ruptura de la unidad cristiana provocada por el prevalecimiento de la reforma. La diplomacia francesa, siguiendo las directrices de la escuela italiana, aprendió a penetrar en los secretos de las cortes europeas. Supo además buscar con habilidad, intentó recuperar la amistad de las potencias derrotadas por Francia y no quiso lanzar a la Francia victoriosa a vastos proyectos hegemónicos que hubieran sido desastrosos. De esta manera, a su muerte, dejó a Francia ante un horizonte de grandeza y paz que recogió Luis XIV
M. DEL M. GARCÍA DEL OLMO
BIBL.: H. KossmAN, La Fronde, Leiden 1954; D. OGG, L’Europe du XVII siécle, París 1932; C. FEDERN, Mazarino, Munich 1922M. BOULENGUER, Mazarino soutíen de L’Etat, París 1930; V. COUSSIN, La jeunesse de Mazarino, París 1865; G. PAGES, La Guerre de Trente Ans, París 1939
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