Mauritania, Antigua GEOG.
Categoria:
Geografía
País que ocupaba en la Antigüedad el territorio del extremo noroeste de África. Comprendía la parte oeste y centro de Argelia y la mitad norte de Marruecos; limitaba al E con Numidia, y al O con el océano Atlántico. Su nombre deriva del de sus habitantes, llamados mauri por los romanos, gentes de estirpe líbica o beréber. Su historia se conoce por algunos textos de autores griegos y romanos, insuficientes en cantidad, y por las investigaciones arqueológicas desarrolladas en las últimas décadas, aportación decisiva para el conocimiento de sus primeras fases, apenas documentadas textualmente y asimismo importantes en lo que se refiere a la época romana. Conviene advertir que el antiguo territorio de M. nada tiene que ver con el Estado africano actual del mismo nombrePueden distinguirse las siguientes etapas en su evolución: 1) prehistoria, 2) influencia fenicia, 3) época púnicomauritana, y 4) época romana. El territorio que después se llamó M. presenta ocupación humana desde las primeras fases de la prehistoria. En Ternifine (Argelia) se han hallado industrias de cantos trabajados (pebble tools) asociadas a restos de un homínido, denominado Atlantropus Mauritanicus, del grupo de los pitecantrópidos. En la costa marroquí, algunas canteras de los alrededores de Casablanca han proporcionado la secuencia del Paleolítico inferior. Hay también vestigios de Paleolítico medio, musteriense, con restos humanos tipo Neanderthal (cueva de Yebel irhoud y Tánger). La fase ateriense está bien representada, así como la cultura iberomauritánica u oraniense, correspondiente al Paleolítico superior, con hombres de la raza de Mechta el Arbí. Las primeras civilizaciones de ganaderos y agricultores (Neolítico) se conocen por hallazgos de varias cuevas, con cerámicas de tipo impreso y cardial, que muestran relaciones con la colonización neolítica de todo el litoral del Mediterráneo occidental, pero en contra de lo que se creía hasta hace poco apenas influyeron en las culturas contemporáneas y similares de la península Ibérica
Las corrientes que motivan el nacimiento de las civilizaciones con metal no parecen haber afectado el territorio de M. durante el III y II milenio a. C. En cambio, la colonización fenicia fue activa (v. FENICIA, 5). Representó el primer contacto con una cultura superior. Los fenicios establecieron una ciudad colonial importante en la costa atlántica, Lixus, en la desembocadura del río Lucus, junto a la actual Larache, y varias factorías cubriendo todo el litoral mediterráneo (salvo la costa rifeña, de difícil acceso) y atlántico hasta Mogador, en cuyo islote aparecen los testimonios geográficamente más remotos de la acción colonial fenicia. El momento inicial de este proceso es incierto, pero en los s. vii y vi a. C. ya estaban presentes en Mogador, y Lixus era ya una ciudad importante. A través de la acción fenicia penetra en el litoral mauritano la vida urbana, el uso del hierro, se conoce la moneda, se introduce la vid y probablemente el olivo, etc
Se llama púnico-mauritano al periodo siguiente, comprendido desde el s. iii a. C. en que decae la acción fenicio-cartaginesa hasta la incorporación de M. al Imperio romano en el 42 d. C. Consecuencia de las influencias recibidas a través de ciudades y factorías fenicias litorales, que se transforman en ciudades más o menos autónomas después de la caída de Cartago en el 146 a. C., el país adquiere mayor desarrollo, sobre todo en las zonas litorales, ya que el interior sigue poblado por pastores nómadas, refractarios a las corrientes civilizadoras. Las novedades mencionadas como aportación principal fenicia se extienden: aparece un sistema propio de escritura, el llamado alfabeto líbico con el que se escriben textos en la lengua indígena, beréber, y cuya última fase ha sido el alfabeto tifinag empleado en el Sahara hasta casi nuestros días. Aparecen los primeros atisbos de organización estatal, de tipo monárquico, se fabrica moneda propia a nombre de los reyes o de las principales ciudades. En suma, se crea una civilización autóctona, aunque derivada de los estímulos coloniales, que duró hasta la romanización
En el s.a. C., el territorio de M. se dividía en oriental y occidental, separadas ambas partes por el río Mulucha (Muluya). Conocemos los nombres de sus reyes Bogud y Bocco, que intervinieron en las guerras civiles romanas del final de la República, y ambos acuñaron moneda a nombre propio. La creciente intervención romana acabó con su independencia, y Augusto concedió todo el territorio de M. a Juba II, hijo de Juba I de M. que había tomado partido por Pompeyo. Hecho prisionero de niño, trasladado a Roma y habiendo crecido en la corte como compañero del futuro primer Emperador, Juba II ofrecía las necesarias condiciones, desde el punto de vista romano, para ser un rey satélite ideal. Juba 11 inició su reinadoen el 25 a. C. y murió el 23 d. C. Estableció su capital en Iol que llamó Cesarea (Cherchell) y obtuvo fama sobre todo como escritor y erudito. Se conocen numerosos títulos de sus obras, sobre geografía e historia, cuya pérdida es lamentable, pues hubieran constituido una fuente excepcional para el conocimiento de M. en su época. Casado con Cleopatra Selene, hija de la famosa Cleopatra de Egipto, tuvo un hijo, Ptolomeo, que le sucedió en el trono, en el 24 d. C. Pero su reinado fue efímero, pues murió asesinado, estando de visita en Roma, por orden del emperador Calígula en el a. 40
El dominio romano. Inmediatamente M. fue incorporada al Imperio romano; su territorio se dividió en dos provincias: la oriental o Mauritania Cesariense, y la occidental o Mauritania Tingitana. La reacción ante el asesinato del rey y la anexión fue violenta. Aedemon, liberto de Ptolomeo, dirigió la resistencia antirromana, vencida por las legiones después de una campaña breve. En el 42 d. C., la implantación romana era ya efectiva, pero algunas ciudades del Norte del país muestran las destrucciones sufridas en esta guerra (Lixus, Tamuda)
La transformación a partir de este momento fue intensa, pero muy desigual según las zonas. Roma se interesó sobre todo por el litoral mediterráneo, salvo los islotes montañosos de Kabilia y del Rif, y por las llanuras atlánticas entre Tánger y Rabat, es decir, los territorios más abiertos y con mayores posibilidades de explotación agrícola. En dichas áreas se establecieron las principales ciudades, ya nuevas fundaciones, ya transformación de las existentes. En cambio, el resto del territorio se mantuvo con carácter marginal, continuando la vida indígena, al parecer con escasas transformaciones. Para hacer frente a los peligros de los nómadas del Sur se estableció una frontera fortificada, limes, a través de la meseta argelina, en la Mauritania Cesariense, y en las inmediaciones de Rabat en la Tingitana. Ambas provincias, a pesar de su nombre común, parece que no mantuvieron relaciones intensas entre sí salvo en lo que se refiere a la costa mediterránea, y el camino por Taza parece haber tenido carácter secundario. Ello explica la vinculación económica de la Tingitana con la Bética
En la segunda mitad del s. III d. C., repercute en M. la fuerte crisis que conmovió a la mayor parte del mundo romano (anarquía militar, invasiones, depresión económica, etc.). Se conoce bien su repercusión sobre todo en la parte occidental mauritana, donde ciudades importantes como Lixus, Ad Mercuri, etc., sufren importantes destrucciones, sin duda a causa de alzamientos indígenas beréberes, quizá combinados con ataques de los nómadas del Sur del Limes. Cuando a partir de Diocleciano se restablece el orden, los romanos se ven incapaces de dominar de nuevo todo el territorio de la Tingitana y se produce un repliegue, abandonándose la parte meridional de la provincia, cuya frontera sur durante el s. IV parece haber sido el río Lucus. En todo caso, importantes ciudades como Volubilis, Valentia, Banasa y otras muestran claros síntomas de abandono. Sólo se han hallado restos destacados de esta época, al S del Lucus, en Sala (Rabat), que por su posición marítima pudo resultar de más fácil defensa. Los lazos entre ambas M., ya débiles durante el Alto Imperio, se diluyen totalmente. Así se explica que la Tingitana pase a formar parte de la diócesis de Hispania, como una especie de apéndice de la Bética, al otro lado del estrecho de Gibraltar
A partir de la caída del Imperio romano de Occidente y hasta la llegada de los invasores árabes la historia de M. es sumamente oscura. Apenas hay datos asequibles en los textos escritos, salvo las referencias a la organización eclesiástica; la arqueología sólo ha podido constatar la gran decadencia y abandono de la mayoría de los principales núcleos urbanos y de las explotaciones rurales importantes
Economía y sociedad. Ya se ha indicado que, a partir de los establecimientos coloniales fenicios, se aprecia un proceso hacia la vida urbana, que se generaliza entre los s. ni y i a. C., en la época púnico-mauritana. Un caso típico es la ciudad de Tamuda, en las inmediaciones de Tetuán, nacida en dicho periodo cerca de una pequeña factoría costera, que nos muestra el prototipo de las ciudades de esta fase. La romanización constituyó un notable avance en este sentido. Ciudades como Caesarea en la costa mediterránea de la Argelia actual o Volubilis en la llanura atlántica de Marruecos, en las proximidades de Mequínez, son los testimonios más espectaculares de la amplitud que tomaron las principales ciudades, comparables a las mejores creaciones urbanas de los romanos en cualquier provincia occidental. Muchas otras, como Lixus, Tingi (Tánger), Banasa sobre el Sebu, Sala en Rabat, etc., alcanzaron asimismo una extensión y un nivel de urbanismo considerable. En dichas ciudades se impuso, como es lógico, el modo de vida romano en todos los aspectos (lengua, religión, derecho, costumbres, etc.). El campo presenta caracteres diferenciales según se trate de áreas de colonización (costa y llanuras) o de la parte montañosa. En la primera hallamos numerosos vestigios de villae similares a las de cualquier otra provincia romanizada, mientras que en la montaña o en las zonas menos asequibles apenas hay síntomas de establecimientos rurales de tipo romano clásico
Los cultivos principales fueron los cereales, la vid y quizá sobre todo el olivo. Desde el punto de vista industrial no se conocen elementos destacados, utilizados para la exportación, salvo las industrias de salazón de pescado. La industria, con la señalada excepción, debió dirigirse básicamente al consumo local. Las salazones de pescado fueron creación fenicia, pero tomaron especial auge durante el periodo romano, en que la pasta de pescado llamada garum era muy apreciada. Se han identificado y excavado varios centros industriales de este tipo en la costa del estrecho de Gibraltar y sus inmediaciones, hasta la montaña de las proximidades de Tetuán por el E y la desembocadura del Lucus por el O. Las factorías de garum tuvieron su momento de máxima expansión desde el s. I a. C. hasta la crisis del s. III en que muchas se abandonan y otras reducen sus instalaciones
No se sabe nada prácticamente de la vida indígena en las áreas al margen de la romanización. Cabe suponer que se mantuvo con escasas variaciones, siguiendo el módulo de las sociedades libias o beréberes norteafricanas, sin que sea posible determinar hasta qué grado se vieron afectadas por las influencias romanas. Estas se vislumbran, sin embargo, en ciertas palabras de origen evidentemente latino que fueron incorporadas a los diversos dialectos del conjunto de la lengua beréber del Noroeste africano, y que se han mantenido vivas hasta nuestros días bajo la capa de la arabización
V. t.: MARRUECOS III; ARGELIA IIIM. TARRADELL MATEU
BIBL.: Obras generales: M. TARRADELL, Marruecos púnico, Tetuán 1960; L. CHATELAIN, Le Maroc des Romains, París 1943; J. CARCOPINO, Le Maroc Antique, París 1943; CH. A. JULIEN y OTROS, Histoire de 1’Afrique du Nord, París 1951-52..-Ciudades fenicias y romanas: M. TARRADELL, Lixus, Tetuán 1959; E. ETIENNE, Le quartier Nord-Est de Volubilis, Burdeos 1964.-Reyes mauritanos: ST. GSELL, Histoire ancienne de l’Afrique du Nord, VIII, París 1922.-Economía: M. PONSICH-M. TARRADELL, Garumet industries antiques de salaison dans la Méditerranée Occidentale, París 1965
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