Maria de Molina
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Biografía GER
Reina de Castilla y de León. Figura de excepcional interés, que dirigió los destinos de la monarquía castellana en los años finales del s. XIII y en los iniciales del xiv. Era hija de un hermano de Fernando III el Santo, el infante Alfonso, señor de Molina (v. MOLINA, SEÑOMO DE). María Alfonso de Meneses, luego conocida por María de Molina, había nacido hacia 1259. Su niñez la pasó bajo el cuidado de su aya, María Fernández Coronel, viviendo probablemente en la Tierra de Campos. Mujer de carácter firme e indudable aplomo, pero dotada al mismo tiempo de encanto y dulzura, el infante Sancho, futuro Sancho IV (v.), se sintió atraído por ella. Después de haber rechazado el proyectado matrimonio con la catalana Guillerma de Moncada, Sancho se casó con M. de M. (Toledo 1281). Al morir Alfonso X y ser coronado Sancho IV, M. de M. se convirtió en reina de Castilla. Pero la temprana muerte de su esposo exigió una regencia del joven príncipe Fernando, regencia que demostró las portentosas dotes de mando de la reina madre. Cuando Fernando IV falleció en su juventud (1312), una vez más M. de M. hubo de tomar las riendas del poder, en esta ocasión para defender la herencia de su nieto, el futuro Alfonso XI (v.). Así se pueden señalar tres etapas en la actuación pública de M. de M., que coinciden respectivamente con los reinados de su esposo (Sancho IV), de su hijo (Fernando IV) y de su nieto (Alfonso XI).Época de Sancho IV. Desde que se casó con el infante Sancho, M. de M. dio muestras de su fortaleza de ánimo, estando al lado de su esposo en la agria disputa con Alfonso el Sabio. La muerte de éste convirtió a Sancho y M. en reyes de Castilla, después de la solemne ceremonia de coronación en Toledo (mayo 1284). Pero había un problema espinoso que turbaba el ánimo de M. de M. Su matrimonio con Sancho se había efectuado sin la dispensa pontificia, necesaria por el parentesco entre ambos. De ahí la preocupación de M. por conseguir del Pontífice dicha dispensa, con la que legitimar su situación. Un posible camino de acercamiento a Roma era la amistad con Francia. No obstante, la embajada enviada a Felipe IV de Francia en 1286 fracasó, pues el monarca francés pedía la ruptura del matrimonio de Sancho y M. La privanza del señor de Vizcaya, Lope Díaz de Haro, eclipsó a la reina, que demostró su capacidad de resignación (v. VIZCAYA, SEÑORÍO DE). Pero M., pese a su anterior decepción, logró imponer una orientación filofrancesa a la política castellana, en contra de la amistad aragonesa que propugnaba Lope Díaz. Los dramáticos sucesos de Alfaro (1288) sellaron el fin de la privanza del Haro, al tiempo que crecía el papel de la reina en los asuntos políticos. M. de M. intervino activamente en la campaña del Estrecho. Un nuevo éxito fue el testamento de su hermanastra Blanca, por el que hacía donación a M. del señorío de Molina (1292), que de esta manera se integraba en la corona de Castilla.Época de Fernando IV. La muerte de Sancho IV (1295) dejó como rey de Castilla a un niño de nueve años: Fernando IV. La reina madre se hizo cargo de la regencia. Pero tuvo que enfrentarse con múltiples dificultades, pues fue éste uno de los periodos más turbulentos de la historia de Castilla. La ambiciosa nobleza, los infantes de La Cerda (v.) y los monarcas vecinos creyeron llegada su hora. Se sublevó el revoltoso infante D. Juan y lo mismo hicieron los magnates Juan Núñez de Lara y Diego López de Haro. El viejo infante D. Enrique el Senador, hermano de Alfonso X, regresó y pidió a M. de M. participación en la regencia. En las Cortes de Valladolid de 1295, M. de M. pudo comprobar que el estado llano estaba de su parte. Pero la situación se agravó por la intervención de Jaime II de Aragón (v.), que tramó una conspiración a gran escala. É1 se quedaría con el reino de Murcia, Alfonso de la Cerda sería proclamado rey de Castilla y el infante D. Juan sería compensado con Galicia y León. Castilla vivió unos días caóticos. Para colmo de males, los granadinos, que también entraban en la conjura, atacaron Tarifa y otras plazas meridionales. Al lado de la reina estaban algunos caballeros, como Guzmán el Bueno (v.), que se defendió con bravura frente a fuerzas islamitas superiores. Pero el gran arma con que contó la regente fue el amplio apoyo popular, la entusiasta adhesión a su causa de los concejos y del estado llano. Defendiendo a M. de M., lo que era lo mismo que defender a la monarquía, amenazada por el egoísmo nobiliario, el pueblo castellano demostró su fina sensibilidad política.Por fin, la coalición anticastellana se rompió, debido a su propia heterogeneidad, pero también a la habilidad de la reina madre, que negoció con Portugal, preparando la boda de su hijo con la infanta Constanza. En 1301 M. de M. obtuvo del Pontífice la bula de legitimación de su matrimonio, no sin antes pagar un alto precio. En el mismo año era declarado mayor de edad Fernando IV. Los nobles, que buscaban la privanza, trataron deaislara la reina madre. Pero M. de M., ajenaal espíritu de intriga, siguió prestando inestimables servicios a su reino. Fue ella la que desbarató los planes que en Ariza habían trazado los nobles rebeldes con el rey de Aragón (1303), y que, de llevarse a la práctica, habrían supuesto una desmembración de Castilla, en beneficio de Alfonso de La Cerda. Pero también alentó la paz con Aragón (Agreda, 1304) y la reanudación de la cruzada antimusulmana.Época de Alfonso XI. Al morir Fernando IV (1312), quedaba como heredero Alfonso XI, de apenas un año de edad. De nuevo se presentaba un sombrío panorama, agravado ahora porque M. de M. tenía menos vitalidad. Se pudo constituir una tutoría cuádruple (la reina viuda, Constanza; M. de M.; los infantes D. Juan, hermano de Sancho IV, y D. Pedro, hermano de Fernando IV), pero pronto surgió la escisión en su seno. Al morir Constanza, hubo que hacer algunos reajustes. Se nombró mayordomo mayor al poderoso D. Juan Manuel, y se admitió en el Consejo al infante D. Felipe. Todo eran soluciones transitorias. En Palazuelos (1314), se acordó constituir una tutoría triple, con los infantes D. Juan y D. Pedro, y la reina abuela, a la que se encargaba de la guarda del joven rey. Pero la muerte de ambos infantes, unos años más tarde (1319), en el desastre . de la vega de Granada, dejó a M. de M. Sola.Se inicia entonces la que se ha denominado segunda regencia de la minoría de Alfonso XI. La enérgica reina abuela estaba sometida a múltiples presiones (D. Juan Manuel, D. Felipe, D. Juan el Tuerto, hijo del infante D. Juan). Los ambiciosos nobles conspiran y de nuevo llaman a los infantes de La Cerda (acuerdo de Juan el Tuerto con Fernando de La Cerda). La anarquía parecía alcanzar su máximo clímax cuando llegó a Castilla, con la intención de poner fin a la discordia, el Card. de Santa Sabina, legado pontificio (1321). En estas circunstancias, M. de M. cayó gravemente enferma. Pero antes de morir, decidió confiar la guardia del joven rey, Alfonso, al concejo de Valladolid. Este gesto era un símbolo elocuente del estrecho acercamiento del estamento popular a los monarcas, idea dominante en la actuación política de la portentosa reina. M. de M. falleció en Valladolid (1 jul. 1321) y fue enterrada en el monasterio de Las Huelgas de dicha ciudad, que ella había fundado. De su matrimonio con Sancho IV tuvo siete hijos. Isabel, la primogénita, nació antes de acceder al trono. El mayor de los varones, Fernando, fue el sucesor en la corona de Castilla. Mujer de extraordinario temple, M. de M. dejaba una aureola semilegendaria. Su principal legado era el haber salvado a la monarquía, en dos turbulentas minorías.J. VALDEÓN BARUQUE
BIBL.: La principal fuente se halla en las Crónicas de Sancho IV, Fernando IV y Allonso XI, BAE, LXVI, 1953; M. GAIBROIS, Vidas memorables. María de Molina, Madrid 1936; íD, Un episodio de la vida de María de Molina, Madrid 1935; E. JAFFÉ y H. FINKE, La dispensa de matrimonio lalsilicada para el rey Sancho IV y María de Molina, "Anuario de Historia del Derecho Español", IV, 1927
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