Malí I. Geografía. GEOG.
Categoria:
Geografía
Por su extensión, es el mayor de los Estados de África occidental y, por la situación de su territorio, comprendido entre los 10 y los 25° de lat. N, presenta una gran variedad de paisajes, climas y pueblos. Abarca una superficie de l.240.000 Kmz, aproximadamente el doble de la península Ibérica, ocupado por una población de 4.832.200 hab. (1968) y dividido en seis regiones administrativas; a su vez, una de ellas, Gao, comprende las dos terceras partes del total; esta desigualdad territorial se explica por los contrastes de todo tipo que encierra en sus fronteras M., que comprende, por un lado, un retazo del Sahara (precisamente la mayor parte de la región de Gao) y, por otro, un amplio tramo de dos de los más importantes cursos fluviales de África, el Níger (v.) y el Senegal, alrededor de cuyos ejes se sitúan las demarcaciones restantes que son, por orden de extensión superficial, Kayes (120.000 Kmz), Bamako (90.000), Mopti (89.000), Sikasso (76.000) y Ségou (56.000).Medio físico. M. parece apoyarse sobre el Futa Yalón, en el que se inician los cursos del Senegal y del Níger, cuya inmensa cuenca constituye fundamentalmente el relieve maliniense, y sobre las mesetas nigerienses. Todo el sur del país es una zona de mesetas, paleozoicas sobre todo, con algunos afloramientos del zócalo precámbrico, englobadas en gran parte bajo el nombre de mesetas Mandingas, y divididas en una serie de unidades encajadas entre los ríos: mesetas de Kaarta y Tambaura al O; más al E, la de Koulouba, dominando la llanura en la que se asienta la capital y, siguiendo la margen derecha del Níger, la meseta de Sikasso (con los montes Mina), Bandiagara, etc. La altura de todas ellas oscila entre los 200 y 800 m., que sólo son sobrepasados en la de Hombori, en la que se encuentra el punto más alto de M. (l.155 m.).El centro y el norte de M. están constituidos por terrenos más recientes (del Cretácico al Cuaternario), excepto el extremo norte, región de las hamadas paleozoicas, y el NE, donde reaparece el precámbrico en el Adrar des Iforas, el apéndice occidental del legendario Ahaggar africano. El conjunto es una gran llanura arenosa, salpicada de mesetas bajas, que se hacen más potentes hacia el N: un paisaje sahariano, en el que los ríos (incluso el Níger que desempeña en M. un papel semejante al del Nilo egipcio) discurren en grandes tramos sin apenas pendiente, difuminándose a veces en zonas pantanosas, y los uadis son cauces leves, sin orillas, cubiertos a veces por finas películas de agua.El clima de M. varía fundamentalmente con su latitud y se distingue desde la faja sahariana, en la que las temperaturas oscilan de 30 a 60°, y las lluvias se caracterizan por su enorme rapidez e irregularidad, y donde los vientos secos azotan frecuentemente la faja sudanesa, en la que, a medida que se avanza hacia el S, los caracteres se hacen tropicales, disminuye la oscilación térmica, y aumentan paulatinamente los días de lluvia y la cantidad de agua recogida. Los datos climáticos de cuatro estaciones, situadas a distinta latitud, dan idea de esta gradación climática: Tessalit, al NO del Adrar des Iforas, Tombuctú y Bamako, en distintos tramos del valle del Níger, y Sikasso, al SE del país, dan respectivamente como temperaturas medias de enero 19,4°, 16,7°, 24,5° y 24,4°; y de 34,4°, 32,2°, 26,7° y 26,3° en julio; y una cantidad de agua equivalente a 118, 225, l.099 y l.364 mm., recogida en un número de días muy desigual, que alcanza su máximo en los cien de Sikasso.De la misma manera que el clima, la vegetación varía con la latitud y pasa, sin solución de continuidad, del paisaje sahariano (prácticamente desnudo, con muy pocas especies vegetales en puntos aislados, y en el que el Adrar des Iforas aparece como un enclave meridional con bandas vegetales pegadas a los ríos y con un piso montañoso permanente), a través de otra zona en la que las especies, que aprovechan sobre todo la relativa humedad conservada por los cauces de los uadis, se hacen más variadas y constantes, a la saheliense en la que los árboles, la acacia especialmente, son más abundantes, y los vegetales no tienen que limitarse a ocupar los valles de los ríos, y aparecen ya espacios vegetales amplios, sobre todo de gramíneas. Finalmente, en el extremo meridional, el bosque, más o menos denso. En definitiva, se trata del paso del desierto al bosque seco a través de la sabana.Dos de los ríos más importantes del continente discurren en parte de su curso por territorio maliniense: el Senegal y el Níger. Aunque su importancia sea distinta, los dos la tienen en el paisaje y en la vida de M. Ambos constituyen una impresionante reserva de agua, son importantes vías de comunicación y se ofrecen a la ocupación humana con grandes posibilidades agrícolas que no pueden aprovecharse en cambio en muchos de los valles de los ríos más pequeños, en los que son muy abundantes los insectos y frecuentes las enfermedades endémicas. El Senegal recorre en M. parte de su tramo superior y, por ello, su valor como vía navegable (Kayes, en su orilla, fue durante mucho tiempo el único punto que comunicaba el Sudán con el O) se ve mermado en algunos sectores por sus rápidos y cascadas; en compensación, uno de los mayores obstáculos que el río pone a esta actividad, el salto de Gouina, se convertirá (éste es el proyecto) en un enorme pantano que ayudará a regularizar la navegación, ampliará el espacio agrícola y será una potente fuente de energía eléctrica.Como el Senegal, el tramo maliniense del Níger (Djoliba en su primer tramo e Issa-bar después) es el resultado de la aportación de las abundantes lluvias del Sudán meridional a las regiones secas del Sahara. Ahora bien, del mismo modo que la pendiente inicial del terreno favorece este aporte, a medida que el Níger avanza hacia el N, abandonando la meseta Mandinga, y entrando en una zona de mayor planitud, la progresiva sequedad y la acumulación de arena detienen en cierto modo su curso y facilitan, como en otros ríos africanos, la aparición de zonas pantanosas, los estancamientos y los fenómenos de captura. El Níger, a la altura de Tombuctú, en una región de lagos y pantanos, es prácticamente un río sin riberas, sin lecho, que cambia radicalmente al ritmo de estiajes y crecidas, que se suceden condicionados por las lluvias de cabecera y que regulan no sólo grandes sectores de la agricultura de M. sino la capacidad de navegabilidad del río en cada sector y en cada estación. Estos caracteres del Níger, en su tramo central maliniense, desaparecen en el momento en que el río traza su codo y encuentra de nuevo una pendiente más marcada.Población. La procedencia étnica y el reparto espacial de su población son muy variados. El tronco más numeroso, el del grupo lingüístico mandingo (más de un millón y medio de individuos), abarca a los bambara, a los malinké (el pueblo fundador del imperio malí), y a los diula, y ocupan, desde hace siglos, la región de Bamako y el alto Níger. Le siguen los peul (400.000 aprox.), asentados sobre todo en las zonas pantanosas del Macina; los songay, negros, pero con mezcla de beréberes y árabes y con rasgos físicos y culturales (restos arquitectónicos de Tombuctú y Djenné) que recuerdan a los egipcios; los mandes, pueblo traficante (comercio de la sal y de la nuez de cola,), cuya lengua es todavía la comercial en parte del país. En el Norte, los naures, los tuaregs, blancos, caucásicos, los iforas del Adrar, que se consideran una tribu morabítica.La densidad es muy distinta y depende de su extensión territorial más que del número de habitantes de cada demarcación, que no presentan diferencias fundamentales. Por eso, la más alta es la de Ségou, que tiene un índice de 13,2 y un total de población de 743.000 hab. (1968); le sigue Sikasso (11,6 hab./Kmz y 888.000 en total); Mopti (11 y 972.000 respectivamente); Kayes (6 y 730.000) y, por fin, con una gran diferencia con las demás, Gao (0,7 y 597.000). La densidad media del país es 3,9, muy baja, pero no inferior a la de los Estados vecinos de condiciones semejantes a las de M. Es un grupo humano joven (carácter común a este tipo de países), con el 58% de la población menor de 19 años, un 24,6% comprendido entre los 20-39, el 14% entre los 40-59, y sólo un 3,3% mayores de 60 años. Las ciudades no tienen la importancia que han adquirido en algunos Estados africanos, pero la capital, Bamako (que en 1940 tenía 25.000 hab. y 182.000 en 1968), ocupa un buen puesto entre las de los Estados interiores de África occidental. Aparte de ella no hay grandes ciudades y la diferencia con Mopti, que es la que le sigue en censo, es radical: 33.000 hab. El resto de las capitales regionales oscila entre los 20.000 y los 30.000, excepto Gao, que alcanza sólo los 13.000. Tombuctú, una de las ciudades históricas y comerciales más conocidas, roza simplemente los 10.000.Economía. M. es, por su situación, una zona de intercambio, encrucijada de migraciones humanas y de transacciones comerciales; de hecho, casi todas sus ciudades tienen carácter de mercado a lo largo de las vías de comunicación, que en M. son en su mayor parte fluviales (además de los tramos navegables de sus ríos cuenta con 12.000 Km. de carreteras, la mayor parte de las cuales no son permanentes, un ferrocarril con menos de l.000 Km. de recorrido, y un aeropuerto en Bamako). Su economía, basada en el sector primario (agricultura y ganadería), ha tenido que enfrentarse, al trasformarse las formas políticas y económicas, con un serio obstáculo: el carácter de país interior, continental, con numerosos vecinos con salida al mar. La distancia a la costa hace que los productos exportables pierdan valor y aumente en cambio el de los de importación.La agricultura ha sido extensiva, hasta hace 30 años, sin restitución casi siempre, y en todo caso limitada a los productos precisos para la alimentación de los indígenas. En la última etapa, se ha hecho un gran esfuerzo por cultivar especies nuevas, seleccionadas, por extender las zonas agrícolas (no hay que olvidar que una gran parte del territorio no es apto por falta de humedad) y experimentar científicamente técnicas y mejoras. La mayor parte del espacio cultivado se dedica al mijo (base tradicional de la alimentación humana, de la animal y del comercio) cultivado sobre todo en Bamako, San y Bandiagara, y el sorgo, con una cosecha que suma entre los dos productos 7,5 millones de q. en 1968; tienen gran importancia también el arroz (en Bamako, Ségou, San y Koutiala) con una cosecha de 1.500.000 q. en 1968; y, en Koutiala, San y Sikasso, el algodón, que con el cacahuete son la base de la exportación. El trigo, introducido por los beréberes, es un producto de lujo y se da en áreas muy limitadas.La ganadería tiene así mismo mucho peso económico: más de cinco millones de cabezas de bovino y un número parecido de ovejas y cabras; un rebaño de camellos de casi 250.000 animales, etc. Las zonas forestales alcanzan los cuatro millones y medio de Ha., una buena parte acotada para la caza (reservas de elefantes de Domentza y Tourbourbon) y otra explotada para la exportación de madera y goma arábiga. Una actividad característica de los pueblos que habitan el sector lacustre del Níger (los somono, bozo, etc.) es la pesca, que tiene importancia superior incluso a la de algunos Estados costeros.La minería tiene menos interés. La explotación de la sal es una actividad tradicional (casi la única), primero en Terhazza y, desde el s. XVI, en Taudemí. Esta sal, trasportada en losas a Tombuctú, desde donde se distribuye a diversos mercados, tropieza con la competencia de la sal marina explotada en la costa occidental, de Dakar a Saint-Louis, pero sigue siendo, con el oro de los macizos del alto Níger y el Faléme, los únicos recursos mineros de M. que, como los productos agrícolas, encuentran en la distancia a la costa la mayor dificultad para su comercialización. Por ello quizá no se activan más las posibles explotaciones de bauxita en Bamako y Ségou; de manganeso en Tessalit, Ansongo y Tombuctú; o de hierro en Kayes; y se intenta en cambio la instalación de una industria de trasformación que revalorice los productos en el propio terreno (descascaradoras, aserradoras, conserveras, industrias cárnicas, etc.).M. SOLANS CASTRO.
BIBL.: A. BERNARD, África septentrional y occidental, en Geografía universal, XV, Barcelona 1957; A. SECK y A. MONDJANNAGNI, L’Afrique Occidentale, París 1967; l. TRICART, Géomorphologie dynamique de la moyenne vallée du Niger, "Annales de Géographien, París 1959, 333-343; l. GALLAIS, Voies et moyens du socialisme au Mal¡, "$conomie et Politiquee, París 1964, 97-108; P. BRASSEUR, Bibliographie générale du Mal¡, Dakar 1964.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.