Malaquias REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
El profeta y su época. El libro de M. se abre con estas palabras: "Malaki. Oráculo. Palabra de Yahwéh a Israel por medio de Malaki" (I,1), que han planteado desde antiguo un problema de interpretación. Las versiones más antiguas, como los Setenta y el Targum, traducen el segundo Malaki por un nombre común, mi mensajero, y no por un nombre propio. Las versiones posteriores, en cambio, como la de Teodoción, Símaco, las siriacas y la Vulgata (v. BIBLIA VI) consideran ese término como un nombre propio, "Malaquías". Según el parecer de muchos autores, Malaki no es un nombre propio, el nombre del autor, sino un apelativo común, tomado de 3,1, donde ese término designa al precursor del enviado. Cuando ese término se interpretó como nombre propio y se identificó con el del autor, se atribuyó a M. todo el libro.Sea lo que fuere de toda esta cuestión, lo cierto es que la personalidad del profeta está bien definida y la época en que predicó puede establecerse con bastante seguridad, aunque se conozca bien poco de la vida del autor. Se sabe que fue un auténtico profeta, como lo atestiguan sus oráculos (1,2-3; 2,1 ss.; 3,1). Debió de actuar en público y sin duda encontró bastante oposición entre sus oyentes, como aparece por la forma de debate de su escrito y por ciertos indicios de métrica. Es seguro que predicó después del 515 a. C., fecha de la dedicación del segundo Templo, y con toda probabilidad antes de la reforma de Esdras (v.). Como fecha aproximada puede ponerse el lapso de tiempo que corre entre lds a. 450 y 445. Los datos que corroboran estas fechas son los siguientes: El Templo aparece ya reconstruido y el culto se desenvuelve con regularidad, aunque no con el fervor de los primeros momentos después de la vuelta del destierro (Mal 1,6-10.12-13; 2,l.8; 3,l.10; cfr. Esd 6,13-22); los diezmos destinados al Templo no se pagan con la generosidad debida (Mal 2,17; 3,7-10.14; cfr. Neh 10, 32-39; 13,10-13); los matrimonios mixtos son frecuentes y se dan muchos casos de divorcio (Mal 2,10-16; cfr. Neh 10,28-30; 13,23-31; Esd 9,1 ss.); los pobres se ven desamparados y oprimidos por las clases pudientes (Mal 3,5; cfr. Neh 5,1-13); el encargado de la administración de Judá recibe el nombre de pejah, gobernador, título que se daba a los oficiales en la época persa (Mal 1,9; cfr. Neh 5,14.15.18; 12,26). Todos estos datos coinciden con cuanto sabemos de la situación de los judíos en el periodo inmediatamente anterior a la reforma de Esdras y Nehemías.Contenido y estructura literaria. Desde el punto de vista literario, el libro de Malaquías presenta rasgos muy originales. Su característica más destacada es el empleo del diálogo, que da al estilo una viveza y movimiento desacostumbrados en los profetas. El género literario predominante en el libro es la controversia. Seis trozos por lo menos están construidos según este modelo literario: Yahwéh, o el profeta, hacen una afirmación; los oyentes no la aceptan o si la aceptan oponen una serie de reparos; el profeta refuta estas objeciones, lanzando al mismo tiempo acusaciones y amenazas a los interlocutores, o prometiéndoles algo en nombre de Dios. La obra consta de una introducción: Amor de Dios a Israel (1,2-5), que intenta probar la fidelidad de Dios a sus promesas contra los que dudan o desconfían de ella; de dos apéndices, uno sobre la práctica de la Ley mosaica (3,22; Vg. 4,4) y otro sobre la vuelta de Elías como precursor del juicio escatológico (3,23-24; Vg 4,5-6), y tres partes: 1) Violación de los derechos del santuario (1,6-2,9). El profeta acusa a los sacerdotes por el culto indigno que ofrecen al Señor (1,6-9), les habla de la oblación pura (1,10-11), de la contaminación de la mesa de Yahwéh (1,12-14) y les conmina con la pena que Dios les tiene reservada si no se arrepienten (2,1-9). 2) Violación del pacto de los padres (2,10-16). El profeta increpa a los judíos por haber tomado mujeres extranjeras (2,10-12) y por la facilidad con que acuden al divorcio (2,13-16). 3) Incredulidad del pueblo (2,17-4,3): Yahwéh no vendrá como juez hasta que un mensajero purifique el sacerdocio y el Templo (2,17-3,5); las catástrofes nacionales, como la plaga de langosta y las malas cosechas, no acabarán hasta que los diezmos no se paguen con regularidad (3,6-12); el día del juicio los justos serán premiados y los impíos castigados (3,13-4,3).Autenticidad. No plantea problemas especiales. Se discute únicamente las tres breves perícopas siguientes: a) 2,11-12: el autor parece restringir a una parte del pueblo la acusación que en 2,10 dirige a toda la Nación; b) 3,22 (Vg. 4,4): aquí parece que se intenta conciliar la predicación de los profetas con la Ley mosaica, lo cual sería un indicio de manipulación; c) 3,23-24 (Vg. 4,5-6): el autor identifica a Elías con el mensajero precursor del juicio (3,1), cosa que da la impresión de una exégesis posterior. Las razones en contra del primer texto no parecen muy convincentes; mayor peso tienen las que se aducen en contra de los otros dos, aunque las dificultades pueden explicarse por otros cauces.Doctrina y mensaje. El libro de M. recoge y desarrolla una serie de temas que constituyen el fondo común de la literatura profética. He aquí los principales: Dios ha elegido a Israel entre todas las Naciones de la tierra (Mal 1,2; 3,6.10-12; cfr. Am 3,2; Os 11,1; Ez 16); el culto externo debe ir acompañado de las disposiciones interiores del alma (Mal 1,6-14; cfr. Am 5,21-25; Is 1,10-20; Ier 7,1-5; Ez 40-48); los sacerdotes son responsables ante Dios de las desviaciones del pueblo (Mal 2,4-9; cfr. Os 4,4-10; Ier 6,13-15; 33,18-22); el "día de Yahwéh" será día de castigo para los malos y de premio para los buenos (Mal 3,1-5; 4,1-3; cfr. Am 5, 18-20; Is 2,10-22; 10,16-19; 22,1-5; Soph 1,14-18; Ier 30,7-11; v. DíA DEL SEÑOR); infidelidad constante del pueblo elegido a las amonestaciones divinas y a la predicación de los profetas (Mal 2,17; 3,14-15; cfr. Is 1,18; 22,13-14; 28,7.13; 30,8-17; Ier 12,1-3; Hab 1,2-4.12-13); preocupación por la conversión de los judíos pecadores (Mal 2,11-12; cfr. Is 28,14-22; 30,1-7; 31,1-3, ’etc.). En todos estos puntos, el pensamiento de M. coincide con el de sus antecesores.La predicación de M. persigue fundamentalmente un doble fin; dar una explicación de por qué se ha retrasado la venida del reino mesiánico y volver a despertar la confianza en el Dios de la Alianza. El primer tema lo desarrolla haciendo reproches a sus connacionales. En tiempo de Ageo y Zacarías, la reconstrucción del Templo era la condición para obtener los favores de Yahwéh; ahora es la instauración del culto debido. Por eso M. centra toda su atención en el culto, en la práctica de la verdadera religión y en la responsabilidad del sacerdocio. A Dios hay que darle el honor que se le debe, no sólo sacrificando víctimas sin defecto (1,7-14; 3,3-4), entregando al Templo los diezmos y primicias (3,7-10) y explicando la ley al pueblo (oficio de los sacerdotes; cfr. 2,6-7), sino principalmente llevando una vida santa (2,6), cuya santidad se manifiesta en el temor de Dios (2,5), guarda de la fidelidad conyugal (2,14-16), práctica de la justicia social (3,5) y abolición de los matrimonios mixtos, que constituyen un peligro para la fe (2,11).Al insistir sobre el culto, el profeta trasciende el formalismo religioso y ritualismo exagerado de los futuros fariseos, pues el culto para él es una expresión del respeto que se debe a la majestad divina (I,6.13), y los sacrificios, un homenaje a Dios; por eso no deben rebajarse a mera exterioridad; de ahí se sigue que es mucho mejor abstenerse del culto que practicarlo con el corazón manchado por el pecado. Los gentiles no necesitan venir a Jerusalén para adorar a Dios, porque la religión y el culto son posibles sin el Templo (I,10-11). La infidelidad religiosa y cultual de los sacerdotes es precisamente el motivo que determina la promesa de la "oblación pura", que se ofrecerá a Dios en toda la redondez de la tierra (I,11) y da pie para la afirmación -de la soberanía universal de Yahwéh (I,14).El segundo tema lo desarrolla M. remitiendo al juicio escatológico. Presenta el "Día de Yahwéh" (3,2 ss.) en un ambiente cultual, como tiempo de discriminación definitiva entre buenos y malos. Los impíos serán castigados y extirpados para siempre de la comunidad de Yahwéh (3,5; 4,l.3). Los buenos tendrán que soportar aún la prueba, pero una vez purificados darán a Dios el culto que le agrada (3,3-4; 4,2). Este "Día de Yahwéh" está exento de todo patriotismo. El profeta no menciona un Mesías propio, ni habla de un triunfo espectacular sobre los paganos, ni prevé una exaltación de Jerusalén, ni una asimilación de los gentiles al pueblo judío. Tampoco habla del retorno de la diáspora, tema favorito de casi todos los profetas posexílicos. Habla sólo de un misterioso precursor de ese día (3,1); pero el verdadero ejecutor del juicio es Yahwéh mismo, llamado Ángel de la Alianza (3,1) y Sol de justicia (4,2).El N. T. utiliza diversos textos de M., interpretándolos en una nueva y más amplia perspectiva. El "mensajero" que prepara el día de Yahwéh (Mal 3,1; cfr. Is 40,3) lo identifica con Elías (3,22-24; Vg. 4,5-6; cfr. Eccli 48,10-11), el N. T. lo entiende de Juan Bautista, precursor de Cristo, Ángel de la Alianza y Sol de Justicia (Mt 11,10-15; 17,10-13; Me 9,10-12; Le 7,27). El Bautista anunció la venida del día de Yahwéh como día de castigo para los malos (Mt 3,5-12; Le 3,7-18). El N. T. da la pauta de cómo se ha de interpretar el texto. No se trata de la venida de Elías en persona, sino de la de un profeta, en este caso Juan Bautista, cuya misión sería parecida a la del antiguo defensor del yahwismo y cuya virtud y personalidad serían como una encarnación de las del Elías de la historia.La promesa de la "oblación pura y universal" (Mal 1,11) adquiere en el N. T. un sentido preciso: es la Eucaristía instituida por Cristo, que sustituye para sielripre los sacrificios de la Antigua Alianza (Heb 9,9-12; 10,1-14), que instaura el culto divino en toda la tierra (lo 4,20-26) y que por voluntad expresa de Cristo durará hasta el fin de los tiempos (Le 22,19; 1 Cor 11,24-25). El Conc. de Trento (sesión XXII, c. l.; cfr. Denz. 939) ha visto legítimamente en el sacrificio de la misa el cumplimiento de esta profecía de Malaquías.O. GARCÍA DE LA FUENTE.
BIBL.: Católicos: R. PAUTREL, Malachie, en DB (Suppl.) V,26 (1953) 738-746; TH. CHARY, Les prophétes et le culte á partir de l’Exil, París 1955, 160-169; R. AUGÉ, Malaquías, en La Biblia de Montserrat, XVI, Montserrat 1957; A. GELIN, Aggée, Zacharie, Malachie, en La Bible de Jérusalem, 31 ed. París 1960; l. STEINMANNN, Le livre de la Consolation d’lsraél et les prophétes du retour de PExil, París 1960, 253-263; M. GARCÍA CORDERO, Libros proféticos, en Biblia comentada, III, Madrid 1961, 1317-1332; D. DEDEN, Malaquías, en Ene. Bibl., IV (1964) 1210-12; A. DEISSLER, M. DELCOR, Les petos prophétes, 11, de PIROT-CLAMER, en La Sainte Bible, VIII,2, París 1964, 629-662.-No católicos: W. L. SPERRY, Malachi, en The Interpreter’s Bible, VI, 1956; K. ELLIGER, Die Propheten Nahum... Maleachi, en Das A. T. Deutsch, 25,2, 5 ed. Gotinga 1964, 188-217; TH. H. ROBINSON, F. HORST, Die ZLUOlf Kleinen Propheten, en Handbuch zum A. T., 14, 3 ed. Tubinga 1964, 261-275.
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