Loza TECNOL.
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Tecnología
Generalidades. La l. -del latín lutea, de barro- es una de las variedades más importantes de la cerámica (v.). Como en todo producto cerámico, sus constitutivos esenciales son: un aglutinante plástico consistente en una o varias materias arcillosas (silicato de alúmina); un desgrasante que da a la pasta el grado de plasticidad conveniente, generalmente la sílice cristalina, bajo la forma de arena cuarzosa; y los elementos fundentes, que facilitan la formación, en el transcurso de la cochura, de un cemento vítreo que asegura la cohesión de los minerales integrantes de la pasta cerámica. El fundente primordial es el feldespato. Cuando, debido a las impurezas de la arcilla (la más frecuente en España es el peróxido de hierro en forma de tierra rojiza), falta la cohesión de los elementos minerales tras el proceso de vitrificación, el producto resultante es poroso, poco resistente y falto de sonoridad. Para evitar la porosidad y permeabilidad de estas labores y hacerlas más bellas, su superficie se recubre de una capa integrada por materiales fusibles que, al sufrir la pieza una segunda cochura a temperatura elevada, se transforma en una cubierta de vidriado impermeable y brillante. Estamos entonces en presencia del barro vidriado, llamado l. cuando su formato responde al de piezas de vajilla y vasijas de los más variados tipos.Para el técnico, el término general de l. define un producto cerámico poroso recubierto de un baño vítreo. Este puede ser transparente u opaco. En el primer caso, deja ver el color rojizo o amarillento del barro, si éste se compone de arcilla común. Entonces se habla de l. barnizada. Este baño vítreo transparente está esencialmente compuesto por óxido de plomo y fundente. Cuando se emplea tal barniz plumbífero y se quiere ocultar, sin embargo, el tono oscuro del barro, se puede recurrir al procedimiento de la engalba (engobe en francés; ingubiattura en italiano), para lo cual la pieza se recubre de una tierra blanca no fusible, sobre la que se da el barniz plumbífero transparente. Para ocultar el barro sin recurrir a la engalba, puede utilizarse un tipo de vidriado cuya condición esencial es la opacidad; ésta se logra mediante la adición de óxido de estaño al óxido de plomo, resultando un vidriado blanco opaco. Si a los óxidos de plomo y estaño se incorpora algún otro óxido, el esmalte resultante tendrá diversa coloración, aunque seguirá siendo opaco. Estas son las l. esmaltadas, siendo las más frecuentes las de color blanco, el más idóneo para recibir posteriormente una decoración coloreada.Generalmente las labores de l. no se dejan simplemente recubiertas de vidriado plumbífero, sino que se decoran buscando su mayor belleza. Los procedimientos ornamentales de la l. son diversos, pero en ellos alternan siempre dos o más óxidos metálicos vitrificables, al servicio de un determinado tema pictórico. Para evitar que estos colores se mezclen entre sí al sufrir la cochura, se emplean varios procedimientos decorativos: la llamada decoración bajo cubierta, la de reflejo metálico, la de cuerda seca, la pintada con paleta de gran fuego, de pequeño fuego y l. fina: Las cuatro primeras son de origen islámico; las otras dos son europeas.La loza con decoración bajo cubierta. Este sistema se usó ya en al-Andalus en el periodo del califato (s. X), dando origen a la llamada l. verde y manganeso, por las tonalidades de su ornamentación. Después de la primera cochura, con el fin de ocultar el tono poco grato del barro, la labor se recubre de una engalba blanca, y sobre ella se procede a pintar con óxidos de cobre (verde) y manganeso (negro amoratado). A continuación, se aplica el vidriado plumbífero, el cual se torna transparente en la segunda cochura, permitiendo ver la decoración que queda debajo. Abundantes muestras de este tipo de l. se han encontrado en Medina Azahara (v.) y Elvira (cerca de Granada). Sus temas ornamentales son variados; los de figuración humana debieron de ser escasos, aunque en un fragmento se reconoce un rostro femenino; otros ejemplares llevan temas de fauna. Pero son más característicos los motivos vegetales, sobre todo las hojas vistas de perfil, de tradición sasánida, los epigráficos y los sogueados. El reverso y el interior de estas labores suelen ir recubiertos solamente de vidriado plumbífero. Además de platos, se fabricaron vasijas de cuerpo globular, con largo cuello, vertedor y asa.Loza de reflejo metálico. Ésta es la producción medieval más bella. Después de la primera cochura, se procede a esmaltar la superficie de la pieza por medio de los óxidos de plomo y estaño que, en una segunda cocción, se transforman en una capa de vidriado blanco opaco y brillante. Sobre ella se pinta la decoración deseada, utilizando una mezcla de óxidos de cobre y plata y otros elementos variables, todo ello diluido en vinagre, procediéndose después a la tercera cochura, en la que se exige llama reductora para conseguir que los citados óxidos pierdan su oxígeno y el metal quede fijo a la superficie esmaltada.La l. de reflejo metálico propiamente dicha nace en el mundo musulmán del s. IX, pero todavía está en tela de juicio el lugar concreto de su primera fabricación, disputándose la primacía varias ciudades de Persia, Mesopotamia y Egipto. La tesis mesopotámica cuenta con sólidos pilares, y aunque no se ha podido excavar lo necesario en Bagdad, capital del imperio abbasí, las ruinas de Samarra, capital temporal de la dinastía entre 833 y 892, han proporcionado las piezas datadas más antiguas. El posible origen mesopotámico tiene también a su favor una tradición, según la cual, los azulejos que aún decoran el mihráb de la mezquita de Sidi Obqa en Qayrawán, capital de la antigua Ifrigiya, cerca de Túnez, fueron encargados a Bagdad por el primer monarca aglabí a comienzos del s. IX. En algunos lugares de Persia, como Susa y especialmente Ragues, han aparecido también gran cantidad de estas labores tempranas. Se supuso que la mayoría sería inmediatamente anterior a la invasión mongola de Gengis Khan, en 1220; pero muchos ejemplares presentan una decoración más arcaica con animales y flora sasánida. Por ello cabe pensar que Ragues es la cuna de esta técnica, hecho nada extraño teniendo en cuenta su gran actividad alfarera, la perfección alcanzada y la rica herencia de las tradiciones del Irán antiguo. La tesis egipcia se basa en los numerosos hallazgos contenidos en las excavaciones de Fustát (El Cairo) y en el hecho de que el reflejo se aplicó a la decoración del cristal en los s. VII y VIII.Esta técnica decorativa pasa a al-Andalus. Aunque han aparecido fragmentos decorados con reflejo metálico en Medina Azahara, debe de tratarse de importaciones. Según noticias de al-Idrisi, en la época almorávide se fabricó este tipo de l. en Calatayud, y la producción continuaría en la época almohade. Pero el triunfo de la l. dorada hispanomusulmana tiene lugar en el reino nazarí de Granada, como atestiguan los llamados vasos de la Alhambra y las piezas de vajilla de Málaga, exportadas por la cuenca del Mediterráneo y Europa, y entre las que destacan las jarritas de los Bérchules, dos botes (uno de ellos con el escudo nazarí de la banda) y una gran jarra con figuras masculinas, todo ello conservado en el Inst. Valencia de Don Juan de Madrid, así como el cuenco de la nave portuguesa, del museo Victoria y Alberto de Londres.Esta técnica pasa a Manises en el s. XIV y, según datos aportados por fray Eximénez en 1383, las l. doradas valencianas eran de extraordinaria calidad ya en esa temprana época. La producción continuó hasta el s. XVIII, evolucionando los motivos decorativos y decayendo paulatinamente desde el punto de vista técnico. Los primeros temas son esencialmente mudéjares (atauriques, alafias, acicate), acusándose posteriormente el influjo occidental y cristiano, con las llamadas series del Ave María, del Surge Domine, de las hojas de hiedra, del cordoncillo, de las coronas, de las hojas de cardo, etc. Entre los ejemplares más famosos figura el plato decorado con la caza de patos en la Albufera de Valencia, probablemente conmemorativo de alguna cacería regia del s. XV (Inst. Valencia de Don Juan) y los decorados con grandes escudos, como los dos ejemplares del museo de Sévres, que ostentan los de María de Castilla, esposa de Alfonso V de Aragón, y de Blanca de Navarra, mujer de Juan II de Aragón, así como el decorado con el escudo de los duques de Borgoña, conservado en la colección Wallace dé Londres. Muchas de estas labores aparecen en cuadros de pintores españoles o extranjeros del s. XV y XVI, como el bote con azucenas del tríptico Portinari, de Van der Goes (v.).. La l. de reflejo metálico pasa a Cataluña (Barcelona -y Reus) y a Aragón (Muel), donde se fabrican labores de gran interés a lo largo del s. XVI, acabándose la producción hacia 1609, al ser expulsados los moriscos.Loza de cuerda seca. La técnica ornamental denominada, a partir de Gestoso, de cuerda seca fue también creación musulmana, conocida y empleada ya en la época nazarí. Estas labores presentan colores vibrantes, puros, sin medias tintas, yuxtapuestos y delimitados por líneas que actúan como barrera de separación entre los colores. Tales líneas se trazan, con ayuda de un estarcido, con óxido de manganeso y una grasa consistente, sobre la pieza ya cocida, formando así una red de compartimentos en los que se depositan los diferentes óxidos metálicos, vitrificados en una segunda cochura. Utilizada de forma incipiente en el califato cordobés, consigue su máxima calidad en la época de los Reyes Católicos, en que se fabrican platos, cuencos y jarras con una decoración que denota influjo musulmán, gótico o renacentista. Esta producción debe de proceder casi toda de Sevilla, aunque es posible que algunos ejemplares se hicieran en Toledo, donde la técnica era perfectamente conocida en esta época, como demuestran los numerosos alizares conservados, muchas veces in situ, en esta ciudad. La colección más importante de l. de cuerda seca se halla en el Inst. Valencia de Don Juan.Loza pintada con paleta de gran fuego. Como su nombre indica, esta l. utiliza en su decoración solamente los óxidos metálicos que toleran las elevadas temperaturas de cocción, puesto que su vitrificación tiene lugar en una segunda cochura de las piezas, juntamente con el esmalte estannífero. Estos óxidos son los de manganeso, cobre, cobalto, hierro y antimonio. Se trata de la técnica de la mayólica italiana renacentista. Difundida por Europa a partir del s. XVI, en España alcanza extraordinario auge, especialmente en los alfares de Talavera de la Reina, Puente del Arzobispo, Cataluña y Teruel, a lo largo de los s. XVII y XVIII. Destacan las piezas de vajilla talaveranas de las series policroma y azul, sobre esmalte blanco.Esta numerosa producción se halla muy bien representada en el Museo Arqueológico Nac., gracias a la donación de la infanta Isabel. La l. catalana en su doble versión, policromada y azul, tiene generalmente carácter popular, con una gran variedad temática, siendo frecuentes las representaciones figuradas. Las l. de Paterna, Manresa y Teruel no son realmente l. con decoración de gran fuego en toda su dimensión cromática, puesto que su gama se reduce al verde de cobre y negruzco amoratado de manganeso, aunque la aplicación de estos óxidos se efectúe, como en las l. de gran fuego, sobre el esmalte crudo. Por sus temas ornamentales y por el empleo exclusivo de estos dos únicos colores, estas l. representan la tradición mudéjar, viva hasta nuestros días en los alfares de Teruel. El Museo Cerámico de Barcelona conserva magníficas colecciones de todas estas labores. La l. de Alcora, fabricada a partir de 1727, imitando las lozas francesas, utiliza también la técnica ornamental de la paleta de gran fuego, aunque algunas piezas parecen también decoradas con la paleta de pequeño fuego, por su mayor riqueza de colorido.Loza pintada con paleta de pequeño fuego. Esta l. se generaliza en Europa durante el s. XVIII, imitando el sistema ornamental de la porcelana (v.). Su gama cromática es más amplia que en la l. de gran fuego, puesto que los óxidos que no toleran las altas temperaturas del horno, necesarias para la obtención del esmalte estannífero, se aplican sobre éste cuando ya está vitrificado. Ello exige una tercera cochura a fuego más suave. En España, su difusión es reducida, pero en cambio se utilizó mucho en Francia, sobre todo en Estrasburgo, Marsella y Sceaux.Loza fina. Durante el s. XIX, los alfares ingleses revolucionaron las técnicas cerámicas con nuevas aportaciones, entre las que destaca, por sus fecundas consecuencias ulteriores, la llamada l. fina o tierra de pipa. Se caracteriza ésta por su pasta blanca, opaca, de fina textura, densa y sonora, recubierta de un barniz plumbífero. Su arcilla es clara y se utiliza en combinación con el sílex calcinado. Esta nueva técnica, que se difunde por toda Europa, es utilizada en España en las fábricas de Sargadelos, Cartagena, Pickman y Valdemorillo. Generalmente, las l. finas llevan decoración estampada, obtenida por un procedimiento industrial. El motivo ornamental procede de una plancha de metal que, impregnada de tinta mezclada con grasa, se aplica sobre un papel. Pste, a su vez, se adhiere a la superficie bizcochada de la labor, que absorbe rápidamente la tinta. El papel se desprende con agua. Después del secado, la pieza se recubre de plumbífero transparente, pasando al horno para su vitrificación. Los motivos preferidos son paisajes monocromos en negro, azul, marrón, rojo, verde o morado, sobre fondo blanco, entre los cuales abundan los llamados de la Góndola. En Sargadelos se hacen también piezas con decoración iluminada, en la cual se aplican diversos óxidos sobre el esquema decorativo estampado, con lo que se consigue un efecto policromo. Bajo el patrocinio real de Fernando VII e Isabel de Braganza se fundó la Fábrica de la Moncloa, como continuadora de la manufactura del Buen Retiro, desaparecida en la guerra de la Independencia. A partir de 1818 elaboraron esencialmente piezas de l. con decoración estampada.B. MARTÍNEZ CAVIRÓ.
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