López Aguado, Antonio
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Biografía GER
Arquitecto español del s. XIX, n. en Madrid en 1764, m. en la misma ciudad en 183l. Discípulo de Villanueva en la Acad. de S. Fernando, amplió sus estudios mediante la pensión que le permitió conocer Italia y Francia. Al regreso, y ya plenamente formado, pudo alzar en Madrid, antes de la guerra de la Independencia, dos importantes edificios, el Palacio del Marqués de la Sonora, en la calle de San Bernardo (actual Ministerio de Justicia) y el Palacio de Villahermosa, de 1806, en el Paseo del Prado. Ambos, muy correctos de líneas, pero acaso excesivamente macizos. Tras la restauración de Fernando VII, obtuvo más importantes encargos, hasta el extremo de que le llamó "el arquitecto afortunado". El principal de ellos era la Puerta de Toledo, acordada su erección en 1813, pero no conclusa hasta 1827. No ha gozado de buena crítica este propileo, sin duda no comparable a los de Alcalá, San Vicente y Puerta de Hierro, pero sí bien dibujado en su traza general y en su orden corintio. La indudable sensación de pesadez que produce en el espectador se debe más bien a su enorme ático y, sobre todo, a la descomunal desproporción del grupo escultórico que lo corona, obra de Valeriano Salvatierra. Encargo más cuantioso a L. A. fue el de la construcción del Teatro Real, el que había de sustituir al antiguo de los Caños del Peral. Éste había sido demolido, por ruinoso, en 1817, y el que lo sustituyera había de tener en cuenta la ordenación de la Plaza de Oriente proyectada por Isidro González Velázquez (v.). Las obras comenzaron en 1818, y L. A. dio la traza de un edificio hexagonal para acomodarse a la dicha ordenación. La inestabilidad política y la falta de presupuesto congruente motivaron que el notable edificio no se concluyera hasta 1850, por D. Francisco Cabezuelo, pero respetando los planos de L. A. En fin, el juicio sobre éste, si procura ser comedido, no debe olvidar que le correspondió actuar dentro del momento más desafortunado de nuestra arquitectura, en el que apenas si se pasaba de proyectos y en el que las circunstancias vedaban casi por completo cualquier ambición constructiva.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J. CAVEDA, Memorias para la Historia de la Real Academia de San Fernando, Madrid 1867, 11,23.
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