Lima IV. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Como todas las ciudades hispanoamericanas, L. se organizó con una estructura urbanística de cuadrícula con plaza central. Desde su fundación, la prosperidad de la ciudad determinó que se levantasen edificios que se correspondían, antes de finales del s. XVI, con el rango e importancia de la misma. En la segunda mitad del s. XVI, los conventos, plazas y casas aumentaron sensiblemente, y durante el s. XVII esta actividad no decayó. Pero, como la mayor parte de las ciudades hispanoamericanas principales, la fisonomía urbana de L. no se conforma hasta el s. XVIII. Gran parte de las obras realizadas entonces se conservaron durante el s. XIX; fue a principios del siglo actual cuando la ciudad fue cambiando la fisonomía, a veces por transformaciones modernas y determinadas por las nuevas formas de vida, otras por los destrozos producidos por los terremotos, como el de 1940. Con todo, el carácter de L. es esencialmente el de una ciudad barroca.En el s. XVIII son bastantes las reformas importantes que se hicieron. Edificios religiosos con sus bellas y personalísimas portadas, casas, y otras obras de adorno en los templos -como retablos, esculturas y pinturasfueron cambiando la fisonomía anterior. En este sentido es importante tener en cuenta el a. 1746, en que se produjo un drástico terremoto. Fueron dos virreyes, José Antonio Manso de Velasco y Manuel Amat, los que emprendieron obras de reconstrucción y mejoras. Al primero le correspondió reconstruir edificios como el Cabildo y otras obras públicas; el segundo, imbuido por ideas francesas, tuvo preocupaciones urbanísticas. La antigua Alameda fue reformada y ampliada con el paseo de las Aguas y se construyeron la Plaza de Toros y el Coliseo de Comedias. Prácticamente, con algunas reformas, fue ésta la fisonomía definitiva de L. hasta nuestro siglo, antes de que tuvieran lugar las transformaciones a que se ha hecho mención.En 1541, ya era sede episcopal (v. III). Inicialmente, se construyó un edificio provisional de adobes y madera que sirviera como iglesia mayor. Tal fábrica pronto fue sustituida por otra en 1543 a la que sustituyó la actual catedral; comenzada entre 1569 y 1575, las obras se detuvieron y no se emprendieron con intensidad hasta los últimos años del s. XVI. Su autor Francisco Becerra (v.), que también hizo la de Cuzco, proyectó una iglesia de tres naves separadas por pilares a la manera de Siloé (v.), capillas y testero plano, con clara relación con algunas catedrales españolas del Renacimiento, como la de Jaén, y formando parte del grupo homogéneo de las catedrales americanas del s. XVI. Las obras continuaron durante el s. XVII. A Martínez de Arrona se debe su portada, terminada por Pedro de Noruega, que introduce el frontón curvo partido, de tan amplio desarrollo en el barroco peruano.En este mismo s. XVII se levantaron otros edificios religiosos de importancia, en muchos de los cuales se prolongan las formas renacentistas, no introduciéndose el barroco hasta la segunda mitad del siglo. Entre los primeros cabe citar la iglesia de la Compañía; entre los segundos, el convento de S. Francisco, joya de la arquitectura limeña, comenzado en 1657. Su espléndida portada flanqueada por torres con paramento almohadillado ponen una nota de barroquismo y gracia a la fisonomía de la ciudad. La construcción de iglesias y conventos va acompañada de claustros (p. ej. S. Agustín) y otras obras de adorno como retablos y esculturas. En esto se deja sentir de la influencia directa de la escuela sevillana, incluso con obras importadas como el conocido retablo de Martínez Montañés (v.), de S. Juan Bautista, de la Concepción.El barroco que había hecho su aparición en la segunda mitad del s. XVII -en edificios de materiales frágiles, madera y adobes con revestimientos de estuco, por su validez antisísmica- triunfa con plenitud en el siglo siguiente. Algunas estructuras como el interior de Los Huérfanos, o claustro del colegio de S. Tomás son ejemplos únicos, por la dinámica espacial que crean sus plantas, del barroco hispanoamericano. Sin embargo, fue en los retablos de los interiores o en las portadas-retablos de sus exteriores donde se incide en ese gusto ornamental, gracioso, libre y recargado, donde el barroco limeño alcanza su dimensión más peculiar afectando a la fisonomía de la ciudad. Las portadas de La Merced y S. Agustín con un claro ejemplo del extremo ornamental que puede alcanzar este sistema de ornamentación arquitectónica, más atenuada, pero no sin menor encanto. en algunos claustros (La Merced, S. Domingo). Al rococó corresponde la iglesia de Las Nazarenas (1766-71).Una transformación paralela, en el semblante de calles y plazas, introdujeron las casas que se labraron entonces, con bellas portadas y balcones volados de carpintería en su fachada y hermosos patios en torno a los cuales se organizaban las dependencias (casa del Marqués de Torre Tagle, 1735, transformada en Ministerio de Relaciones Exteriores); otras presentan una fachada, como la de Quinta de Presa (convertida en Museo de Arte virreinal), de cierto empaque europeo entendido de una forma colonial. El posterior desarrollo de L. se corresponde con el experimentado en las ciudades contemporáneas. Junto a obras que afean el conjunto monumental se han producido algunos intentos renovadores de calidad. Entre los arquitectos contemporáneos vinculados a tal empresa sirvan de ejemplo Orrego, Arana, Torres y Bao y Vázquez.V. NIETO ALCAIDE.
BIBL.: D. ANCULO, Historia del Arte hispanoamericano, Barcelona 1955-56 (los capítulos del Perú a cargo de E. MARco DORTA); E. MARCO DORTA, La arquitectura barroca en el Perú, Madrid 1957; H. WETHEY, Colonial architecture and sculpture in Peru, Cambridge 1949.
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