Librecambio ECON.
Categoria:
Economía
El I. puede ser considerado como una de las piezas básicas de la economía liberal. En términos generales, el I. puede entenderse como una argumentación favorable al libre comercio, es decir, a un comercio donde no exista ningún tipo de restricciones al movimiento internacional de mercancías. La argumentación librecambista clásica se basa en que el comercio libre tendrá como resultado un empleo cualitativamente más eficiente, y supone que el proceso distributivo de una economía será tanbueno o mejor que bajo un sistema de protección comercial.
La consolidación de la ideología liberal (v. LIBERALISMO II), que esgrime como uno de sus argumentos económicos básicos el l., tiene lugar con la irrupción de las innovaciones tecnológicas que trae consigo la revolución industrial, fundamentalmente en Inglaterra. Durante el periodo 1815-75, la revolución industrial trasformó a Inglaterra de un país predominantemente agrícola, en uno predominantemente industrial. Inglaterra se convierte en la primera potencia industrial del mundo y, asimismo, en el centro del comercio mundial, con la creación de mercados especializados, en su mayoría, en los productos importantes. Es lógico, por tanto, que la cuna de la ideología librecambista fuese Inglaterra, país que a mediados del s. XIX importaba el 60% de la harina y el trigo que consumía.Según el pensamiento clásico liberal, la libertad de comercio ampliará los mercados y permitirá una continua mejora de la división del trabajo, así como una renovación progresiva en los métodos productivos. Asimismo, permitirá que cada país se especialice en aquellos productos que pueda obtener a costes reales de producción menores que en el extranjero, exportando el excedente e importando aquellos bienes que en el extranjero se obtienen con costes reales más bajos que los del propio país. De esta forma el país en cuestión, partiendo de una dotación de factores y de una tecnología dada, obtendrá un producto social mayor y un mayor bienestar de la colectividad.Para los economistas clásicos, las intervenciones mercantilistas sobre comercio exterior son perniciosas (v. COMERCIO II). En un país con prohibiciones y altos derechos arancelarios a la importación, se crea artificialmente una situación monopolística en favor de los productores nacionales protegidos. Y argumentan que si los productos de los sectores pueden obtenerse tan baratos como en el extranjero, la protección no es necesaria, y si sólo pueden obtenerse a mayor coste, la regulación del comercio exterior resulta perturbadora, porque induce a incurrir en un coste real excesivo y orienta la inversión en contra del bienestar nacional, reduciendo el producto social que podría obtenerse a partir de los recursos disponibles existentes si se aceptara el libre comercio y la especialización internacional. Por otra parte, los tratados preferenciales de comercio y las restricciones a la importación según los países de origen implican una discriminación que distorsiona las corrientes comerciales que surgirían naturalmente en un régimen de comercio libre. De igual modo, las subvenciones a la exportación suelen aplicarse a aquellas mercancías que en caso de comercio libre no se podrían exportar por su elevado coste. Por tanto, las subvenciones tienden a forzar la actividad económica y la inversión hacia líneas de actividad menos ventajosas que en caso de libertad económica.Con esta crítica al sistema mercantilista imperante hasta entonces (v. MERCANTILISMO), Adam Smith (v.) y el resto de la escuela clásica abogaban por el establecimiento gradual de un comercio internacional libre y multilateral, donde los derechos arancelarios no tuviesen más que un simple carácter fiscal, no protector.Éstas son las ideas más generales de la tesis del libre comercio, las cuales suponían, al igual que en el resto de las esferas de la actividad económica, una no intervención del Estado (V. LIBERALISMO). Se defendía un sistema de libertad económica de laissez aire, donde la actividad del Estado quedase limitada únicamente a aquellas finalidades, como la defensa exterior y el orden interno, que no pudiesen ser acometidas por la iniciativa individual. Este sistema liberal necesitaba, para su funcionamiento, una serie de mecanismos automáticos que salvasen a la actividad económica del intervencionismo estatal. Uno de los principales mecanismos era el del Patrón Oro; tanto para circulación fiduciaria interior como para los pagos internacionales.Los requisitos legales que se necesitan para un sistema basado en el patrón oro son: los bancos centrales de los países miembros deben estar dispuestos a comprar y vender cantidades ilimitadas de oro a unos precios fijos. Asimismo, debe de permitirse la libre importación y exportación de lingotes de oro o de metal acuñado (V. PATRONES MONETARIOS). El I., por tanto, defiende por un lado el libre comercio y la asignación de recursos dentro de un sistema de libertad económica y, por otro lado, instrumenta un patrón monetario internacional, donde los procesos de ajuste de las balanzas de pagos de los distintos países sean automáticos y exentos de toda intervención.En la práctica, las actuaciones librecambistas no han sido todo lo positivas que hubiesen querido sus formuladores teóricos, y ello fundamentalmente, tanto por los supuestos restrictivos que imponían a sus teorías como por los cambios profundos, políticos y económicos, surgidos en el mundo posteriormente.En el aspecto real, los supuestos fundamentales de la teoría clásica del comercio internacional son: a) Supone que en el comercio existe libre competencia tanto interna como internacional. b) Que las distintas economías se encuentran en situación de pleno empleo. c) No existen costes de transporte o bien se consideran nulos a efectos de análisis, aunque se reconozca su existencia en la práctica. d) Se acepta la teoría del valor-trabajo, es decir, se supone que los precios de las mercancías producidas en un país son proporcionales a los costes de las mismas en horas de trabajo. e) Se supone que se trabaja en régimen de costes de producción constantes (V. t. COMERCIO II).En el terreno monetario, los supuestos en que se basaban los economistas clásicos eran principalmente: a) Que existía un patrón oro estricto aceptado internacionalmente. b) Que las únicas relaciones internacionales son las resultantes del comercio de mercancías. c) Que las relaciones internacionales se llevan a cabo entre países con igual o parecida fuerza de contratación y para los cuales el comercio internacional tiene un gran peso específico dentro de su actividad económica. d) Asimismo, se supone implícitamente la validez de la teoría cuantitativa del dinero, según la cual, en su versión más simplista, los precios dependen de la cantidad de dinero y varían con ella de manera proporcional. Sin la aceptación de esta teoría, el proceso de ajuste de la balanza de pagos (v.) por el mecanismo de los precios, no tendría lugar. Supone, igualmente, que existe pleno empleo en la economía, y que se da una plena flexibilidad de precios y salarios, tanto al alza como a la baja.Los economistas clásicos preveían un completo automatismo en el proceso de ajuste de la balanza de pagos, pero estimaban que el banco central podía tener una pequeña intervención que consistía en que los bancos centrales de los países con déficit elevarán el tipo de descuento y los países con superávit lo redujeran. Esta acción del banco central entraba a formar parte dentro de lo que se denominaban reglas del juego.Se puede considerar, convencionalmente, que la doctrina librecambista tuvo su periodo de vigencia durante el s. XIX, incluso hasta el comienzo de la I Guerra mundial. Aunque el periodo verdaderamente librecambista sea el de 1820-70, año en que cambió la tendencia hacia un fuerte proteccionismo que asentó firmemente hasta 1914.El momento culminante de la doctrina librecambista es el Tratado Cobden-Chevalier, que significa su triunfo definitivo en esa época, siendo Inglaterra la gran beneficiada. Esta situación dura hasta 1870, año de comienzo de la guerra franco-prusiana. La crisis económica que trajo consigo esta guerra y las grandes dificultades consiguientes en el comercio internacional hicieron que la política comercial de la mayoría de los países se orientase hacia el proteccionismo. En opinión de Ellsworth, hay tres factores responsables de este giro. En primer lugar, el proceso de crecimiento industrial fuera de Inglaterra, principalmente en Alemania, Francia y Bélgica. En segundo lugar, el afianzamiento del nacionalismo liberal y, por último, el tercer factor sería las crecientes necesidades financieras de los gobiernos, fundamentalmente en lo que se refiere a los gastos militares.A partir de la mitad del s. XIX se vuelve en la mayoría de los países al proteccionismo (v.). En Alemania con el arancel de 1880; en Francia con el de 1892; en Estados Unidos el arancel Hawley-Smoot de 1930; en Inglaterra a pesar de la fuerte oposición liberal en 1915 se aprueba el arancel Me Kenna que contiene tarifas ad-valorem que alcanzan hasta un 33,5%. Posteriormente las tarifas son ampliadas por la Ley de Defensa de la Industria de 1921 y las Import Duties Act que imponía derechos preferenciales para las colonias del Reino Unido.En el caso de España, la doctrina librecambista se empezó a abrir paso ideológicamente hacia mediados del s. XIX; consecuencia de ello es el matiz librecambista del arancel de 1849, triunfando definitivamente con la revolución de 1868, concretamente en 1869 con el arancel Figuerola. Durante todo el periodo 1869-89 se sincrotliza la polémica librecambio-proteccionismo, fundamentalmente entre los teóricos liberales y los industriales catalanes, fervorosamente proteccionistas. Los retoques del arancel dependían del partido de turno en el poder. En 1890, con el Gobierno de Cánovas, se nombra una comisión que dictaminó sobre la necesidad de introducir reformas en el arancel tendentes a eliminar cualquier plazo o regla cuya finalidad fuese la rebaja de los derechos arancelarios. En 1892, se aprueba el arancel cuyo matiz es marcadamente proteccionista (V. ESPAÑA VII).Hoy día se puede afirmar que no existen defensores a ultranza de un sistema librecambista, entendido al modo de los clásicos. El hecho concreto de que los economistas liberales aceptaran el argumento proteccionista de List (v.), denominado de la "industria naciente", según la cual es necesario que un país que comienza su desarrollo industrial necesita de una protección temporal para ayudar al establecimiento y desarrollo de las industrias productivas, es sintomático de que el I. como tal ha pasado a la historia.Ello no quiere decir que se deba implantar un proteccionismo a ultranza como el que se dio en el periodo de entreguerras, en Europa y Estados Unidos fundamentalmente, sino que son necesarias ciertas dosis de protección. Viner señala que el argumento de la protección temporal no debe defenderse si se dan una serie de motivaciones de tipo histórico e institucional, como son el que cuando esta protección ha sido aplicada, lo ha sido de una forma arbitraria e indiscriminada. En muchos casos, el hecho de que una vez que haya sido establecida la protección para una determinada industria deja la puerta abierta para una protección indiscriminada. La tendencia moderna es la de libertad de comercio dentro de determinadas áreas económicas, con eliminación de barreras arancelarias entre los países que forman parte de una unión económica, pero manteniendo un arancel común, no excesivamente proteccionista frente a terceros países (V. COMUNIDAD ECONÓMICA EÚROPEA; etc.).A. RUIZ LIGERO.
V. t.: LIBERALISMO II; MERCANTILISMO; PROTECCIONISMO. BIBL.: l. VINER, Comercio internacional y desarrollo económico, Madrid 1961; P. T. ELLSWORTH, Comercio internacional, México 1946; M. VARELA, Organización económica internacional, Madrid 1965; A. C. L. DAY, Principios de economía monetaria, Madrid 1967; A. I. BLOONFIELD, Monetary Policy under the international gold Standard, Nueva York 1959.
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