La Tour, Georges de
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Biografía GER
El redescubrimiento de este pintor lorenés es uno de los hechos notables de la historia del arte en el s. XX; se trata de un artista marginal, pero que fue célebre en vida antes y después cayó en un olvido casi total. Entre 1915 y 1930, algunos especialistas franceses y alemanes comenzaron a estudiar sus obras dispersas por museos provinciales o colecciones privadas; en 1934, la exposición parisina de Peintres de la Réalité au XVII siécle, que reunió una docena de sus telas, reveló bruscamente el pintor al gran público. Después, la aparición de otras obras importantes, las investigaciones de archivo, la bella tesis, ya clásica, de Pariset han hecho avanzar nuestros conocimientos aunque sin aclarar toda su problemática. La exposición de 1972, que presentó por primera vez todas las obras que se le atribuyen y, a su lado, otras obras satélites, permite recapitular oportunamente.N. en Vic-sur-Seille, pequeña villa del obispado de Metz, el 19 mar. 1593, parece haber recibido una educación bastante esmerada y haber mostrado pronto sus dotes para la pintura. Parece probable y lógica, dado el atractivo que ofrecía Roma para los pintores de esta generación, una estancia en Italia hacia 1615, pero nada lo prueba. En todo caso, está en Lorena en 1617 y se casa con Diane Le Nerf, hija del tesorero del duque de Lorena y de familia noble, que le dará muchos hijos. Se instala en el país de su mujer: ciudadano de Lunéville en 1620, toda su vida será rico y famoso. Desde 1623 el Duque le compra sus obras. Más tarde, cuando los franceses ocupan Lorena, cogido en el remolino de la guerra de los Treinta Años, es protegido por el gobernador francés, mariscal de La Ferté, que le encarga numerosas pinturas entre 1644 y 1650. Pero antes de esta fecha quizá hizo un viaje a París; en todo caso, Luis XIII le concedió el título de "pintor ordinario del Rey" y guardaba en su habitación, con gran admiración, un S. Sebastián. Su taller debió ser activo: su hijo Étienne colabora con él, al menos desde 1646; y, cuando una epidemia causa la muerte del pintor (30 en. 1652) y de su mujer, Étienne hereda el título aunque no el talento de su padre; por otra parte, parece que descuidó la pintura por la gestión de sus bienes. Pero las certidumbres adquiridas dejan todavía muchos puntos en la sombra sobre el hombre y su obra. Desconcierta un poco: aparece como un propietario apasionado por la tierra y la caza, duro y hasta brutal para sus deudores y a la vez buen esposo y padre de familia y bastante devoto, en cordiales relaciones con las órdenes mendicantes, especialmente con los capuchinos.En cuanto a sus obras, conocemos un número muy limitado (alrededor de 25 parecen indiscutibles); sólo cuatro están firmadas y una fechada (Negación de S. Pedro de Nantes, 1650). Otras pueden aparecer todavía, como ha sucedido a comienzos de 1972 con los Jugadores de dados, descubierta en los desvanes del pequeño museo inglés de Teessicle. En cambio, el interés que hoy despierta ha hecho surgir un número relativamente elevado de réplicas de taller con variantes, de imitaciones o copias antiguas, que atestiguan el éxito del artista y su popularidad en Lorena.La cronología de su obra se nos escapa, aunque se distinguen dos series bien caracterizadas (mitología, paisaje y retrato están totalmente ausentes). Por una parte, "nocturnos" de un tenebrismo caravaggiesco, pero de un estilo más anguloso y gótico, con una sola nota viva: los rojos cereza emergiendo de la sombra. Manifiestan esta fórmula los temas religiosos con excepción del S. jerónimo penitente de Grenoble: Natividad (Louvre), El recién nacido (Rennes), Negación de S. Pedro y Aparición del ángel a S. José (Nantes), S. Pedro liberado por un ángel (Épinal), S. Sebastián cuidado por S. Irene (Berlín), diversas Magdalena penitente, etc., a los que hay que añadir la curiosa Criada expulgándose (Nancy). De otro lado, temas profanos que, en general, son obras con iluminación diurna, colores fríos y claros, brillantes y variados que revelan una corriente "picaresca" salida también de Caravaggio: Tocador de viola (Nantes), Riñas de músicos y mendigos (Chambéry) y sobre todo dos obras maestras: La buenaventura (Metropolitan) y El tramposo (col. Landry, adquirido por el Louvre en 1972). Pero es imposible, en el estado actual de nuestros conocimientos, decir si estas dos series corresponden a una evolución del pintor o si, como se admite generalmente y sucede en Zurbarán, se desarrollan paralelamente durante toda su carrera.Igualmente nos falta todo dato sobre su formación. Natural de una región de fuerte tradición gótica que había conocido muy superficialmente el Renacimiento, pero donde la corte brillante de los Duques había hecho florecer, en torno a 1600, el manierismo atormentado de Druet y de Bellange y, hacia 1620, el tenebrismo con los grabadores vueltos de Italia, Callot y Le Clerc, no parecen muy claras sus influencias. Está mucho más cerca de los tenebristas de Utrecht, Honthorst o Terbruggen, con sus grandes planos de sombra y de luz recortados minuciosamente, a los que pudo conocer en un viaje a los Países Bajos o simplemente en Italia porque hubiera formado parte de su círculo en Roma, pero también podría haberse formado directamente en las obras de Caravaggio o de sus seguidores más fieles como Saraceni. Todo sigue incierto.Lo que sorprende, cualquiera que sean esas afinidades, es su carácter original. Estilista ante todo, su arte intelectual busca la concentración sometiendo la obra a una arquitectura geométrica rigurosa donde el menor detalle alcanza su valor. Pero estos detalles son raros porque renuncia a lo pintoresco y elimina arquitectura, fondos de paisaje, atributos de los personajes, todo lo cual hace enigmáticos sus temas. La Tour intenta, ante todo, meter en sus obras religiosas el máximo de vida interior y de misterio. Misterio de la luz: con fuentes visibles, antorchas y candelas, que atraviesan la noche y dan reflejos extraños a las vestiduras escarlatas, contraponiéndose a otras claridades escondidas por un brazo o una mano que iluminan un perfil o hacen transparente la mano. Misterios de la meditación y el silencio, exaltación de la vida contemplativa y más todavía de la penitencia, de la pobreza humilde y resignada. Temas comunes a la Europa de la Contrarreforma, pero a los que la espiritualidad propia de Lorena en tiempos de "las miserias de la guerra", la de los franciscanos y S. Pedro Fourier, da una intensidad particular. Pocos artistas los han tratado con tanta simplicidad y sobria grandeza; se impone la comparación con las obras más puras del Siglo de Oro español, con Sánchez Cotán y Zurbarán.PAUL GUINARD.
BIBL.: F. G. PARISET, Georges de la Tour, París 1948; M. ARLAND y A. MARSAN, Georges de la Tour, París 1953; I. THUILLIER, Catalogue de 1’Exposition Georges de la Tour, París 1972.
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