Juvenco, Gayo Vetio Aquilino
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Biografía GER
Sacerdote de una familia aristocrática, oriundo de Hispania, y creador, con Sedulio (mitad del s. v), de la poesía narrativa cristiana, que floreció en tiempos de Constantino. Ocupa cronológicamente uno de los primeros puestos en el grupo de escritores cristianos que, entre los s. iv y v, intentaron escribir una poesía que pudiera rivalizar con la de los paganos y sustituirla en muchas de sus funciones. Este movimiento respondía a las nuevas condiciones políticas y religiosas introducidas por Constantino, primero con el edicto de tolerancia (Milán, 313) y luego con el reconocimiento oficial del cristianismo (Concilio de Nicea, 325). J. se hace el heraldo de esta nueva situación, poco después del Concilio de Nicea, entre el 325 y el 330: Haec mihi pax Christi tribuit, pax haec mihi saecli (IV,806). Se convierte así en el primer poeta que se propone utilizar las ideas cristianas fundiéndolas con los procedimientos derivados de la técnica clásica tradicional. Nos hallamos ante una faceta de la nueva cultura cristiana, que se trazó el objetivo de conciliar la ciudad de Dios con la ciudad de los hombres.Frente a la epopeya nacional de Virgilio (v.), intenta crear J. una nueva epopeya, cuyo héroe, en lugar de Eneas, será Cristo: mihi carmen erit Christi uitalia gesta (I,19). La ritual invocación a las Musas se convierte en una invocación al Espíritu Santo. Con este propósito aplica el mismo formulario y los mismos cánones de la Eneida al contenido del Evangelio en una serie de cuatro libros, integrados por 3,190 hexámetros, bastante correctos, a veces provistos de rimas. La base estructural de su poema o Euangeliorum libri IV es el relato de Mateo, según el texto de la Itala, con algunas inserciones de Lucas y Juan, raramente de Marcos. Pero el texto sagrado se muestra manipulado con un criterio incoherente y confuso; el poeta no consigue evitar, a veces, una seca y demasiado respetuosa literalidad; otras, sin razones que lo justifiquen, acude a una libertad desenfrenada y a recursos de gusto discutible.No son, en el fondo, más claras las ideas de J. sobre la poesía misma: considera sustancialmente que la inmortalidad de su poema está garantizada por la misma materia que canta. Rehúsa, en efecto, los mendacia (embustes) de los poetas profanos: su poema cantará sólo la verdad; se mantendrá fiel a la palabra divina; temerá ofender a Dios si altera el contenido de los libros santos. Al aplicar con rigor tal principio, parece que toda proyección poética se hace imposible. El poeta pretende superar el obstáculo sirviéndose ampliamente, al mismo tiempo, en su exposición de los ornamenta... terrestria linguae (IV,805). No se trata propiamente de una contradicción interna, sino de un gusto específico de su época, viciado, desde el punto de vista cristiano y pagano, por el resurgimiento de las escuelas de los gramáticos y rétores. Por ello las palabras, la verdad, del EvangelioLa epopeya cristiana se enfrenta así desde sus comienzos con una seria desventaja. Se advierte al punto el áspero contraste entre la limpia esencia de las acciones y palabras divinas y el inútil alarde de las galas retóricas tomadas en préstamo de la tradición épica. No es posible dejar de preferir hoy la desnuda y poética sencillez del evangelista inculto al énfasis solemne y a menudo vacío de un presunto poeta como J. y de cuantos, en aquellos tiempos, continuaron su línea en un apostólico afán de versificar, para el lector culto, el Nuevo o el Antiguo Testamento. Pese a todo, J. es el fundador de una tradición; su iniciativa fue suficiente para asegurarle el respeto de sus sucesores cristianos, que imitaron a menudo sus adaptaciones. Su gloria se mantuvo a lo largo de la Edad Media, pero no logró apenas rebasarla.
MIGUEL DOLO.
BIBL.: C. WEYMAN, Zu Juvencus. Beitrüge zur Gesch. der christlich-lateinischen Poesie, Munich 1926; F. LAGANÁ, Giovenco, Catania 1947; N. HANSSON, Textkritisches zu Juvencus, mit vollstdndigem índex uerborum, Lund 1950; P. FLURY, Zur Dichtersprache des Juvencus, Munich 1968, 38-47.-Ediciones: C. MAROLD, Teubner, Leipzig 1886; J. HUEMER, Corpus Vindob, XXIV, Viena 1891.
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