Juvara (juvarra), Filippo
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Biografía GER
Uno de los arquitectos italianos más cotizados del s. XVIII, cuyo influjo se extendió hasta España, donde introdujo la arquitectura cortesana de tipo monumental emparentada tanto con el gusto francés e italiano cuanto alejada del casticismo ibérico dominante en tiempo de los Austrias. N. en Mesina el 27 mar. 1678, era hijo de un orfebre local en cuyo taller aprendió el gusto por la línea dúctil y graciosa y el repertorio decorativo que utilizó luego en su obra. A los 13 años abrazó la carrera eclesiástica, estudiando Filosofía y Matemáticas con el P. Guarini (v.), residente entonces en Mesina, quien debió iniciarle en los secretos del barroco borrominesco. De 1701 data su primera obra conocida: la máquina decorativa que levantó en su ciudad natal para la proclamación como rey de Sicilia de Felipe V, el mismo que más tarde le llamaría para construir en Madrid el Palacio de Oriente. A los dos años se estableció en Roma, donde frecuentó el taller de C. Fontana, quien imprimió en su discípulo aquel gusto equidistante entre el barroco y el clasicismo que caracterizó su arte. Allí realizó diversos decorados para representaciones escénicas alcanzando gran fama, pues en 1706 fue elegido miembro de la Academia de S. Lucas. En 1714 fue llamado a Turín por Víctor Amadeo 11, quien le nombró arquitecto de la casa de Saboya. En dicho cargo permaneció por espacio de 20 años, lo que no fue óbice para que realizase viajes a París, Londres y Lisboa, donde presentó proyectos para el palacio lusitano de Mafra. También de Roma recibió el encargo de diseñar la sacristía de S. Pedro, la escalinata de S. Trinitá dei Monti y la fachada de S. Juan de Letrán, diseños que no llegaron a realizarse. Por último, por deseo de Felipe V se trasladó a Madrid en 1735 con objeto de construir el nuevo Palacio Real, una vez incendiado el viejo Alcázar de los Austrias. Allí se sorprendió la muerte el 12 abr. 1736, apenas transcurrido un año de su llegada.La obra arquitectónica más notable de J., aparte el Palacio Real de Madrid, se realizó en la corte del rey piamontés Víctor Amadeo 11. En Turín llevó a cabo la urbanización de la vía del Carmine, trazando una calle con amplios pórticos que marcó el ritmo a la posterior expansión ordenada y geométrica de la ciudad. Construyó también la fachada de Sta. Catalina, borrominesca, si bien falta de las complicadas estructuraciones a que era tan dado su primer maestro Guarini. Emparejada esta iglesia con la cercana de S. Carlos, J. cuidó de que ambas contribuyeran decisivamente a la sistematización urbanística de la plaza que se abre a sus pies. Entre 171821 adosó al edificio medieval del Palacio Madama una fachada monumental, de indudable inspiración versallesca, preludio de la que luego proyectaría para el Palacio Real de Madrid. En el admirable pabellón de caza de Stupinigi (1729-31), que tiene su precedente remoto en los castillos del Renacimiento francés (Chambord), concibió un proyecto completamente identificado con el ambiente para el que se destinaba. Se compone de una rotonda central de la que emergen en forma de aspas cuatro alas decrecientes que van a perderse y confundirse con el paisaje. Al mismo efecto contribuyen las enormes cristaleras del cilindro, por donde entra a raudales la luz de los bosques circundantes. Este cilindro se corona con una cúpula pizarrosa de buhardas que ondulan su perfil y remata graciosamente la figura de un ciervo. La armonización con el paisaje, de inspiración seguramente palladiana, preside también la arquitectura de la basílica de la Superga (1717-31), levantada sobre un montículo a orillas del Po. La rotonda de la iglesia, sobremontada por una rotunda cúpula, es como la culminación del montículo, y el atrio cuadrado de columnas exentas y aireadas que le precede, de idéntico aliento palladiano, se abre hacia la plazoleta que queda delante.En Madrid J. apenas tuvo tiempo de proyectar el Palacio Real que Felipe V deseaba levantar en el solar del viejo Alcázar, incendiado en 1734. Sin embargo, el arquitecto concibió un proyecto tan ambicioso que pensó situarlo a las afueras de la ciudad, en los altos de Leganitos, parte porque el antiguo emplazamiento le venía pequeño, parte porque deseaba enlazar el palacio con el paisaje circundante. En efecto, el nuevo edificio debía igualar, cuando no superar, al palacio de Versalles con sus fachadas de 1.600 pies de longitud por 100 de altura, sus cuatro grandes patios y 16 más pequeños, teatro, capilla, biblioteca, dos enormes escaleras, 34 entradas, 2.000 columnas y otras tantas estatuas. Sin embargo, el diseño no guardaba mucha semejanza con su modelo versallesco, si no es en el desarrollo horizo’ntal de los pabellones y en la disposición consecutiva de los patios principales sobre el eje central. En cambio éstos eran cerrados y a sus costados, en lugar de alas abiertas, se disponían cuerpos cerrados alrededor de nuevos patios. Además el patio central albergaba en sus ángulos otros cuatro más pequeños, como en el proyecto irrealizado de Bernini para el Louvre. J. tradujo también otros rasgos del diseño berninesco, sobre todo en los alzados de las fachadas. Como allí, sobre un piso bajo vigorosamente almohadillado, se elevaba un orden gigante abarcando dos pisos, y sobre la balaustrada de coronamiento había una estatua rematando cada columna. Pero al espaciamiento rítmico de las ventanas utilizado por Bernini, J. opuso la misma sucesión de elementos repetidos a través de las interminables fachadas con indudable monotonía. A un esquema tan rígido sólo le conferían cierta gracia los abundantes motivos ornamentales de vasos, trofeos y estatuas de gusto muy italiano. J. B. Sacchetti (v.), que en 1738 sucedió a J. en la dirección de las obras, redujo su ambicioso proyecto a una cuarta parte, devolviéndolo a su primitivo emplazamiento, el del antiguo Alcázar de los Austrias. Aprovechando su estancia en Madrid, J. diseñó también la fachada del Palacio de La Granja que da a los jardines, cuyo cuerpo central repite con ritmo más cadencioso el esquema adoptado para las fachadas del Palacio Real.A. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS.
BIBL.: R. WITTKOWER, Art and architecture in Italy. 1600-1750, Londres 1958; G. KUBLER, Arquitectura de los s. XVII y XVIII, Madrid 1957; R. BOTTINEAU, L’art de Cour dans l’Espagne de Philippe V, Burdeos 1962; íD, Etapas de la construcción de La Granja, "Goya" (46) 1962; A. TELLUCIxI, L’arte di Filippo Juvara, Turín 1929; L. ROVERE, V. VIALE, A. E. BRINCKMANN, Filippo Juvara, Turín-Milán 1937.
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