Juan de Borgoña
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Biografía GER
Pintor actuante en España entre 1495 y 1535, por lo que las fechas presumibles de vida pudieran ser las de 14681536. Más difícil es constatar o suponer su lugar de nacimiento, que de fiarnos tan sólo de su apelativo no podría ser sino la región borgoñona; mas cabe también que el topónimo se refiera a la ascendencia familiar, y que incluso fuera español. Pero si ello queda oscuro, no así su estilo, que es el de un cuatrocentismo florentino tardío, tan claro y evidente como para creer obligadamente en una educación italiana, quizá al lado de Domenico Ghirlandaio (v.) y no sin débitos para con Piero della Francesca (v.) y Melozzo da Forli (v.), y aun con otros para con determinados artistas lombardos y venecianos. En todo caso, esta compleja formación había llegado a su madurez en 1495, cuando J. de B. aparece trabajando en el claustro de la catedral de Toledo. Ya su condición de muralista reitera y afirma el perfecto aprendizaje italiano. De que el cabildo de la catedral quedara contento de lo realizado en el claustro, es prueba un segundo encargo, el de las pinturas murales de la Sala Capitular, realizadas de 1509 a 1511. Este importantísimo ciclo se desarrolla en cuatro temáticas, correspondientes a los otros tantos muros de la estancia; los laterales se refieren a la vida de la Virgen, el del fondo, a tres escenas del Calvario, y el de entrada, opuesto al anterior, al juicio Final. No es dudable que los frescos más bellos sean los de tema mariano, como Nacimiento, Purificación y Tránsito de la Virgen; pues en éstos, como en los restantes, enamora el sentido de claridad y de luz bien organizada que preside cada composición, así como un exquisito sentido lineal de la mejor estirpe florentina, todo traído a un orden nuevo. Las arquitecturas son renacentistas -florentinas- en general, pero también hay alguna gótica, de rigurosa e impecable perspectiva. Muy bellas las escenas del Calvario, son, no obstante, superadas por la amplia del juicio Final, y concretamente por el grupo de los condenados. Como quiera que se hace obligatorio el recuerdo de la misma representación, por L. Signorelli (v.), en la catedral de Orvieto, ha de recordarse que la fecha de ésta es de 1499. Entonces, si J. de B. no ha vuelto a Italia entre las pinturas del claustro y estas otras de la Sala Capitular, habrá que pensar en un asombroso paralelismo de inspiración. En la misma sala, los retratos de los arzobispos toledanos, valioso iconográficamente el del Cardenal Cisneros, arbitrarios los restantes.Dicho cardenal es el que encarga a Juan, en 1514, las pinturas de la Capilla mozárabe de la catedral, refiriendo tres momentos de la Conquista de Orán, suceso del que fue protagonista Cisneros y que había tenido lugar cinco años antes. Pero, en este caso, el interés es más documental que estético; la mera narración de un hecho guerrero no podía suscitar en el artista los grados de elevación que los temas de la Sala Capitular. Sin embargo, son muy interesantes algunos detalles documentales, como los que atañen a la flota. Otra gran obra de J. de B. es su participación en el retablo mayor de la catedral de Ávila, inconcluso tras el fallecimiento del gran Pedro Berruguete (v.). El contrato data de 23 mar. 1508, y las tablas principales son las de la Anunciación, Nacimiento, Purificación y Descenso al Limbo, siendo menos interesante la de la Transfiguración. El artista está lejos de superar aquí las composiciones de la Sala Capitular toledana, pero, por lo menos, su colaboración resulta lo suficientemente discreta como para no discrepar demasiado de lo hecho por el genial Berruguete (v.), y es de suponer que no otro fin se propusiera nuestro hombre. Otras obras suyas -importantes- son los retablos de la Epifanía y La Concepción, en la catedral de Toledo, conjuntos muy afortunados, muy sencillos de composición, notables por las caracterizaciones individuales. Una indagación pormenorizada de la labor de J. de B. nos conduciría hasta sus obras de Illescas (Toledo), La Piedad, y de Carboneras (Cuenca), pero sin añadir mayores méritos a quien los guardaba sobrados por sus diáfanos murales de la Sala Capitular toledana. Fue J. de B. el seguidor inmediato, en Castilla, del estilo castellano-italianizante de Pedro Berruguete (v.), y aunque sólo fuera por ello, independientemente de su notoria maestría, merecedor de total elogio. Formó escuela en Toledo, pudiendo contarse entre sus discípulos a Antonio de Comontes y a Pedro de Cisneros.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: Cx. R. POST, A History ot Spanish Painting, IX, Cambridge (Mass.) 1947, 162-234; D. ANGULO IÑIGUEZ, Juan de Borgoña, Madrid 1954.
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