Jrushchov, Nikita Sergueevich
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Biografía GER
N. el 17 abr. 1894 en la aldea de Kalinovka, distrito de Kursk, en Ucrania, era, sin embargo, hijo de un minero ruso. Carente de educación escolar, empezó a trabajar muy joven como pastor, granjero, herrero y, por fin, mecánico en Járkov, donde mantuvo los primeros contactos con los círculos revolucionarios. Parece que no aprendió a leer y escribir hasta el mismo año de la Revolución, cuando tenía 23 años de edad.Primeros pasos en el partido comunista. Unido a los bolcheviques, fue designado miembro del Soviet de Lugansk (Ucrania). En abril de 1918, se hizo miembro del partido comunista bolchevique e inmediatamente después de la guerra civil fue enviado a una escuela del partido en la región del Dombas, donde adquirió una instrucción elemental, y luego a la escuela de trabajadores del Inst. Industrial del Donetz. Trabajó más tarde como ayudante de dirección en una mina y llegó a ser secretario del Comité del partido de Kiev. Su labor en este cargo, en el que se inclinó decididamente a favor de Stalin (v.) contra los "desviacionistas" de derecha e izquierda, atrajo la atención de Kaganovich, jefe del Comité Central ucraniano, y cuando Kaganovich se trasladó a Moscú en 1929 llevó consigo a J., que ingresó en la Acad. Industrial Stalin. En 1930, se inicia su meteórico ascenso. Se convirtió en un importante miembro del partido; en 1932, fue nombrado segundo secretario del Comité del partido de Moscú y, en 1934, sucedió a Kaganovich en el puesto de primer secretario del mismo Comité. Como culminación de esta etapa, en el XVII Congreso del partido, celebrado en 1934, fue elegido miembro de pleno derecho del Comité Central y, en 1935, era también el primer secretario del Comité del Oblast de Moscú.Hombre de confianza de Stalin. Durante el periodo de la gran purga (1935-38) fue uno de los pocos dirigentes comunistas que sobrevivieron. Fiel seguidor de Stalin, éste le envió al Cáucaso septentrional con plenos poderes para liquidar la oposición. Después, con el mismo objeto, marchó a Ucrania investido con el cargo de secretario del Comité Central del partido comunista ucraniano (diciembre 1937). Junto con el coronel Serov, jefe de la policía secreta (NKVD), acabó con los "desviacionistas", cambió los 13 miembros del Politburó ucraniano y destituyó al 97% de los miembros del Comité Central, al mismo tiempo que emprendía una feroz lucha contra el nacionalismo ucraniano. La recompensa por el inequívoco apoyo que había prestado a la política stalinista fue su designación en 1939 como miembro de pleno derecho del Politburó (después Presidium). J. se convirtió así en el primero entre todos los comunistas incorporados al partido después de la Revolución que entraba a formar parte del Politburó; era, en consecuencia, un símbolo de "la nueva generación dirigente" y, por no haber actuado en la época presoviética, pudo ser considerado "un producto total de la era soviética".Al estallar la II Guerra mundial seguía siendo secretario del partido en Ucrania y, tras la invasión alemana, fue nombrado teniente general al mando de un ejército de ’guerrillas (octubre 1941) y participó muy activamente en la defensa de Stalingrado. A la vez, compaginó estas actividades con las estrictamente políticas; nombrado en 1944 presidente del Consejo de ministros de* Ucrania, siguió siendo primer secretario del Comité Central ucraniano (salvo el periodo 1946-47, en que cedió el puesto a Kaganovich y pasó a ser segundo secretario) y del de Moscú. La reunión en su persona de los cargos adm~nistrativos y del partido hizo que a J. corresponda la reconstrucción de la economía y de la vida civil ucraniana en los momentos de la posguerra (1944-48), y también la responsabilidad por las tremendas purgas llevadas a cabo en Ucrania por esos años. Uno de los escasos hombres de confianza de Stalin entre 1946 y 1953, J. repartía su tiempo entre Kiev y Moscú, hasta que en 1949 volvió a la capital soviética para reasumir sus cargos de secretario del Comité Central, primer secretario del partido de la ciudad de Moscú y de los comités provinciales. A la vez, sucedió a Andeev como especialista del partido en los asuntos agrícolas, tarea en la que se aplicó a concentrar los koljoses o granjas colectivás, que redujo numéricamente a la mitad.La herencia de Stalin. Cuando murió Stalin (5 mar. 1953), aunque J. seguía siendo primer secretario del partido de Moscú y Kiev, y ya había pronunciado un importante discurso en el XIX Congreso del partido, aún tenía por delante a otros calificados personajes. Así, cuando se acordó sustituir el gobierno personal por otro colegiado, J. no formó parte del triunvirato dirigente (Molotov, Malenkov y Beria). Eso sí, se le encargó la organización de los funerales de Stalin. Malenkov había unido los cargos de secretario general y primer ministro (9 mar. 1953), tal como los había detentado Stalin; pero fue por pocos días. A las dos semanas escasas, sin más explicaciones y en un proceso que se mantiene oscuro, fue anunciado que Malenkov cedía a J. el puesto de secretario general del partido’, que ahora parecía menos importante en cuanto su nombre pasaba a ser el de primer secretario. Era el indicio de una lucha por el poder que se estaba desarrollando en la penumbra entre Molotov, Malenkov, J. y Beria. Este último, jefe de la policía secreta, acusado de intentar adueñarse del poder, fue escandalosamente ejecutado en diciembre de 1953. Y a partir de entonces comenzó la escalada de J. hacia el poder supremo. En 1954, adquirió notabilidad alt anunciar un ambicioso programa que pretendía aumentar la producción de cereales en las tierras vírgenes y, sobre todo, al rechazar el programa de Malenkov basado en la prioridad de los bienes de consumo sobre -los de la industria pesada. La lucha por la herencia de Stalin tocaba entonces a su fin.La conquista del poder. J. había aprovechado el tiempo y su puesto de secretario del partido para, como había hecho años antes Stalin, asentar su propio poder sobre unas secretarías del partido leales. Había revitalizado los órganos supremos del partido, especialmente el Comité Central, aunque sus reuniones sólo servían para rubricar las decisiones que se les proponían desde fuera de la escena. El resultado es que J., apoyándose en su íntimo amigo el mariscal Nikolai Bulganin, con cuya colaboración se atraía la del ejército, adquirió la fuerza precisa para desbancar a Malenkov como primer ministro (enero 1955).El reajuste político resultaba muy significativo. Bulganin reemplazó como primer ministro a Malenkov; éste pasó a desempeñar el ministerio de la Industria eléctrica y J., que se mantenía como primer secretario del partido, es quien tras la descolorida figura política de Bulganin detenta verdaderamente el poder y quien desde 1955 va a inaugurar una nueva política. En el exterior, busca una distensión: el tratado de paz con Austria, el acercamiento a Yugoslavia y la conferencia de Ginebra (julio 1955) son las más importantes manifestaciones de esta política. En el interior, la mejora de las condiciones de trabajo, el aumento en la producción de bienes de consumo, la supresión de algunos abusos de la era de Stalin y el sorprendente "discurso secreto" pronunciado ante el XX Congreso del partido (1956), en el que J. denunciaba a Stalin como un tirano, constituyen la expresión de la época del "deshielo". Pero el "deshielo" produce una honda inquietud en los países comunistas europeos, que empieza a manifestarse en Polonia (junio) y acaba cuajando en la revolución húngara (octubre-noviembre 1956). Enfrentadc con la posibilidad de que el comunismo desapareciera de un país satélite, J. decidió enviar a Budapest tanques soviéticos para aplastar la insurrección.Las consecuencias exteriores de la política de J. dieron pie a que, en 1957, la facción constituida por Malenkov, Molotov, Kaganovich y Chepilov realizara un intento de recuperar el poder. Lograron imponerse en la reunión del Presidium; pero J. obtuvo el apoyo del Comité Central, controlado por sus partidarios, y el del mariscal Zhukov y pudo desbancar de sus puestos a sus opositores, "el grupo antipartido", como les designó. Malenkov fue enviado a dirigir una industria siberiana, y Molotov fue nombrado embajador en la Mongolia exterior.El "nuevo camino". Su triunfo lo redondeó J. en 1957, cuando hizo dimitir espectacularmente al mariscal Zhukov, ministro de Defensa, y, en 1958, cuando reemplazando a Bulganin se autonombró primer ministro. Aunque tenía ya 64 años nunca había sido ministro hasta entonces; pero desde ahora se convierte en el indisputado gobernante de la URSS. Un gobierno que constituía una aventura difícil, en inestable equilibrio, un "nuevo camino" que le llevaría a la caída. En efecto, hombre de una acusadísima personalidad, se presenta en la URSS como el enemigo del "culto a la personalidad" típico de la época de Stalin, que ya había denunciado en el discurso ante el XXII Congreso del partido (octubre 1961), cuando decreta la retirada del cadáver de Stalin del mausoleo de la Plaza Roja, la destrucción de sus estatuas y el cambio de nombre de las innumerables ciudades que llevaban el del "padrecito" georgiano, incluida la propia Stalingrado. Es evidente que, a medida que concentraba más poder en sus manos, el paralelo con Stalin se imponía claramente a los soviéticos.No menos clara es la antinomia de su política exterior. Aunque lo hiciera pensando que el comunismo podía imponerse sin necesidad de una lucha militar, en virtud de "los vientos de la historia", lo cierto es que abandonó la tesis marxista-leninista de la inevitabilidad de la guerra entre los capitalistas y los comunistas, y se adhirió a la doctrina de la coexistencia pacífica competitiva. Esta actitud explica los acontecimientos en los que J. va a intervenir. En 1959, viaja a Estados Unidos y se entrevista con el presidente Eisenhower (v.); la cordialidad y las ilusiones despertadas por el llamado "espíritu de Camp David" (lugar de la entrevista) se vieron rotas bruscamente cuando en mayo de 1960 fue derribado sobre territorio soviético un avión de reconocimiento norteamericano, haciendo inútil la reunión en la cumbre de París. La reunión en Viena (junio 1961) con el nuevo presidente norteamericano Kennedy (v.) pareció resucitar la cordialidad anterior; pero la crisis de Cuba puso al mundo al borde de la guerra (1962), evitada porque en el último momento J. cedió ante los Estados Unidos. Nueva prueba de la política de distensión fue la firma de un tratado con los Estados Unidos prohibiendo las armas nucleares (1963). Esto no implica que J. abandone el propósito de imponer el socialismo en el mundo. Ya en mayo de 1955 ligó la URSS a las "democracias populares" mediante la firma del pacto de Varsovia (v.); y, por otra parte, sus viajes a Asia y el Cercano Oriente tendían a consolidar el neutralismo afroasiático.El fracaso. Pese a todo, la oposición a J. crecía. En el interior, muchos comunistas le consideraban poco ortodoxo. En el exterior, China se encarga de poner de relieve las contradicciones internas de la política de J. Desde 1963, Mao Tse-tung señala, frente a la coexistencia defendida por J., que el miedo a la guerra nuclear no debe impedir que las naciones comunistas den los pasos precisos para derrotar a las fuerzas del "imperialismo". En los meses siguientes, la disputa chino-rusa se hizo cada vez más tensa y contribuyó a que muchos partidos dieran muestras de independencia ante Moscú y manifestaran su más o menos velada oposición hacia la reunión comunista internacional que J. había convocado para diciembre de 1964, con el verosímil propósito de condenar a China. La reunión no se celebró. Dos meses antes, el 16 de octubre, un comunicado oficial anunciaba que J. había sido retirado por "su avanzada edad y deteriorada salud". Brezhnev y Kosygin, sus herederos, declararon que mantendrían la política de coexistencia pacífica inaugurada por J. Éste fue totalmente apartado de la política y desapareció como miembro del Comité Central y del Presidium.La dramática y sorprendente destitución de J. es posible que se debiera en parte a la política de dureza seguida con China; pero es indudable que otros factores pesaron decisivamente. La mejora del nivel de vida de los ciudadanos soviéticos se había visto amenazada por el fracaso agrícola agudizado por las dos desastrosas cosechas que se sucedieron a principios de la década de los sesenta. Y su acusada personalidad, robustecida por sus costumbres campesinas, su tosco lenguaje y su sentido del humor, se hizo crecientemente molesta para quienes querían olvidar todo "culto a la personalidad". Así, J. fue arrinconado oscuramente hasta que la muerte natural (11 sept. 1971) le sacó brevemente al primer plano de la actualidad.O. GIL MUNILLA.
BIBL.: C. ESTIER, Kruschev, Barcelona 1967; E. CRANKSHAW, Khrouchtchev, París 1967; C. PALOCZI, Kruschev, el camino hacia el poder, Buenos Aires 1964; A. COVALLARI, Rusia contra Kruschev, Buenos Aires 1965; I. DEUTSCHER, La década de Iruschov, Madrid 1971.
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