Joyce, James
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Biografía GER
Biografía. Escritor irlandés. James Augustine Aloysius Joyce n. el 2 feb. 1882 en Dublín. Hijo de un recaudador de impuestos. Estudió en los colegios jesuitas de Clongowes y Belvedere, y en la Univ. de Dublín. De estos primeros años dejó un vivo recuerdo en su novela autobiográfica El artista adolescente, donde el protagonista sufre una intensa crisis espiritual que le lleva a apartarse del catolicismo y a emprender el solitario camino del arte. A pesar de aquel apartamiento, la educación religiosa recibida en sus primeros años dejaría profunda huella en la mente de este escritor, cuya obra ofrece muchas conexiones con la escolástica jesuita. Se dedicó con gran interés a las lenguas modernas, particularmente el noruego para leer a Ibsen (v.), estudió el italiano, y en 1902 se trasladó a París, donde viviría en una penuria extrema hasta que la grave enfermedad de su madre le obligó a volver a Irlanda. En estos años se produce un gran renacimiento de las letras irlandesas, estimulado por W. B. Yeats y otros escritores, pero J. no sentía simpatía alguna hacia este movimiento nacionalista y se disoció totalmente de él.A la muerte de su madre, en 1903, abandonó su tierra natal en compañía de una joven irlandesa, Nora Barnacle, con quien contraería matrimonio, y pasó el resto de su vida en el exilio. No obstante, los recuerdos de su adolescencia permanecieron vivos en J. y toda su obra arranca de las experiencias dublinenses de sus primeros 20 años. Hasta 1915 residió con su esposa y dos hijos en Trieste, donde vivía de manera muy precaria como profesor de lenguas de la escuela Berlitz y ayudado por su hermano Stanislaus. Al estallar la I Guerra mundial, se refugió en Zurich; después vivió algunos años en París y, finalmente, al comienzo de la II Guerra mundial, retornó a Zurich, donde murió el 13 en. 1941, tras una larga y penosa serie de operaciones de la vista, de la que había padecido durante muchos años. J. vivió al margen de los grandes acontecimientos de su época, dedicado por entero a su obra, a la música y al canto, y a su pequeña familia, más particularmente a su hija Lucía, cuyas perturbaciones mentales le causaban honda preocupación.Carrera literaria. Se inició en 1907 con la publicación de unos versos, Chamber Music (Música de cámara), seguidos en 1914 por un magnífico libro de cuentos, Dubliners (Gente de Dublín) y por la novela autobiográfica A Portrait of the Artist as a Young Man (Un artista adolescente), 1916, publicada primero por entregas en la revista norteamericana "Egoist", bajo el patrocinio de Ezra Pound (v.). Una obra teatral, The Exiles (Los desterrados), 1918, muestra el influjo de Ibsen, pero su mérito dramático es escaso. Durante todos estos años trabajó en su obra magna, Ulysses, extensísima novela que pasó por mil vicisitudes antes de convertirse en la obra más original de la novelística moderna. Algunos de sus pasajes empezó a publicarlos Ezra Pound en la rev. "Little Review", pero intervinieron las autoridades estadounidenses y confiscaron los números. Una norteamericana, Silvia Beach, dueña de una librería, se hizo cargo de la publicación de la obra completa en Francia. Fue una edición muy ardua, debido a la dificultad del texto y su puntuación, y al hecho de que las enmiendas de J. obligaron a recomponerla seis veces. El libro salió finalmente en 1922; algunos ejemplares fueron llevados de contrabando a Estados Unidos y pronto aparecieron ediciones piratas, por las cuales el autor no recibía derecho alguno. Esto motivó una carta de protesta en 1927, firmada por 167 escritores célebres. A partir de entonces, Ulises alcanzó fama mundial y fue considerada como la novela más revolucionaria del siglo. Gracias a la generosa ayuda económica de otra norteamericana, miss Weaver, J. pudo dedicarse exclusivamente a la literatura, y más concretamente, a escribir Finnegan’s Wake (La vela de Finnegan), que apareció en 1939. Un extenso capítulo de este libro había sido publicado ya en 1928 con el título de Anna Livia Plurabelle, y otro apareció en 1932.Estudio de su obra. Los primeros libros, Dubliners y El artista, revelan un escritor de primerísima categoría del lenguaje; no obstante, estas obras siguen más o menos la tradición novelística del s. xix. Con Ulises, J. explora terrenos absolutamente nuevos en cuanto a técnica. Nos ofrece una visión de 20 horas en la vida de Dublín, en un día de junio de 1904. Siguiendo los pasos de dos personajes a lo largo de este día, J. intenta al mismo tiempo ofrecer una visión de toda la humanidad a través de los siglos. Uno de aquellos personajes es el estudiante Stephen Daedalus, que ya había utilizado en El artista adolescente, estrechamente asociado a la propia personalidad del autor; el otro es Leopold Bloom, un judío, agente publicitario, hombre pedestre y vulgar, a quien llegamos a conocer muy íntimamente mediante el monólogo interior, técnica que J. declaró haber aprendido de una novela de Édouard Dujardin, Les lauriers sont coupés (1887). El efecto impresionista y difuso de este método está compensado por la rigurosa forma que el autor impone a su extensa obra, dividida en 18 partes, cada una de las cuales corresponde a una aventura del Ulises de Homero. Hay, sin embargo, un singular contraste entre el plebeyo mundo de Bloom y de su voluptuosa mujer Molly y el mundo heroico de Ulises y la casta Penélope. Por otro lado, cada una de las partes tiene su estilo y lenguaje propios. El virtuosismo en el manejo de estas variantes es realmente asombroso. Se vale de todas las figuras retóricas, hace frecuente uso de juegos de palabras, inventa vocablos nuevos, suprime, a veces, la puntuación; y en la larga parte 14, que simboliza los nueve meses de gestación de un niño, imita todos los estilos de la prosa inglesa conocidos durante los últimos mil años, desde el anglosajón hasta los múltiples dialectos y jerigonzas del inglés moderno. La comprensión de este libro no es nada fácil, y sólo después de varias lecturas puede el lector apreciar la inmensa y rígida estructura que existe tras el aparente desorden e inconexión de las diversas escenas, así como la precisión casi científica en el empleo del lenguaje.En El artista adolescente J. había hecho suya la máxima de Santo Tomás: ad pulchritudinum tria requiruntur: integritas, consonantia, claritas (la belleza requiere tres requisitos: integridad, armonía y claridad). Éste es el ideal artístico dominante en Ulises, aunque la afición de J. hacia lo enigmático y hacia el doble sentido de las palabras haga que aquel propósito no siempre se comunique al lector. Este extraño libro ha sido juzgado de muchas maneras a través del tiempo. Por algunos ha sido aclamado como una gran novela que rompe las viejas y gastadas tradiciones y abre nuevos caminos en la técnica del género. Otros, en cambio, creen que J. caminaba por una vía que no podía llevar más que a la extinción de la novela. El libro ha sido también muy criticado por el supuesto contenido escatológico de algunas de sus escenas, debidas al empeño del autor en revelar todos los aspectos físicos y morales de sus personajes, sin escamotear detalle, aunque su actitud sea siempre severa, objetiva y ajena a toda intención pornográfica. Lo que no puede dudarse es que este libro ha ejercido enorme influencia sobre muchos novelistas posteriores que, de un modo u otro, han hecho suyos muchos elementos de la técnica de J.En su última obra, La vela de Finnegan, intentó explorar el mundo subconsciente, lo cual requería nuevos y aún más atrevidos experimentos con el lenguaje. La tendencia a romper con las normas estructurales de la lengua, ya notable en Ulises, es llevada a tales extremos que el lector se encuentra con grandes y a veces insuperables dificultades. El inglés se mezcla con otros idiomas, las palabras se tuercen y se funden en nuevas y evocativas formas. A través de los soliloquios semiconscientes de un tabernero dublinense, el libro pretende revelar las relaciones de éste con su mujer e hijos y al mismo tiempo trata de situar estas humildes vidas en el vasto panorama de la historia humana. Así, p. ej., Anna Livia, además de representar la mujer de Earwicker, simboliza también el río Liffey, que a su vez comprende todos los ríos y toda la historia transcurrida en sus orillas. La vela de Finnegan resulta un libro extraordinariamente difícil y en cierto modo justifica la crítica de los que consideran que el arte de J. conduce a la anulación de este tipo de literatura.DOIREANN MACDERMOTT.
BIBL.: H. LEVIN, lames Joyce. Introducción crítica, México 1959; R. ELLMAN, James Joyce, Oxford 1959; STUART GILBERT, lames Joyce’s Ulysses, Londres 1964; D. GARCÍA-SABELL, Tres síntomas de Europa: James Joyce, Vincent Van Gogh, lean Paul Sartre, Madrid 1968.
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