José I Bonaparte
Categoria:
Biografía GER
Rey impuesto a España por Napoleón (v.), después de las renuncias de los Borbones en Bayona. N. en Corte (Córcega) el 7 en. 1768. Estudió Derecho, y no hubiera pasado de inteligente jurista si no le hubiese conducido a la política el papel desempeñado tras la Revolución francesa por su hermano Napoleón. Si no como militar, destacó como diplomático bajo el Directorio y el Consulado, participando en casi todos los tratados que firmó el nuevo régimen francés. Llegó a ministro en 1804, y en 1806 fue impuesto como rey a los napolitanos. En Nápoles pasó quizá los dos años más felices de su vida, y llevó a cabo con éxito un completo plan de reformas, que luego quiso repetir en España, cuando, en la primavera de 1808, su hermano le puso en el trono de Madrid. Su reinado no duró ni cinco años, porque el pueblo español se negó a admitirle como legítimo y se alzó en armas contra las tropas imperiales, que solapadamente se habían apoderado de las principales plazas militares de España (V. INDEPENDENCIA, GUERRA DE LA). José I llegó a la Península a principios de julio, después de ser otorgado un estatuto constitucional a una Asamblea de Notables españoles, convocada por el propio Napoleón. A pesar de ello, tuvo que abrirse paso por la fuerza para poder entrar en la capital; a los pocos días, recibida la noticia del descalabro napoleónico de Bailén, José I con su Corte y Gobierno se replegaron a Vitoria, para asegurar mejor las comunicaciones con Francia. Fue Napoleón en persona, quien al frente de su Grande Armée, le repuso en el Palacio Real de Madrid (diciembre 1808), después de haber abolido el régimen feudal y castigado a los Grandes de España, que le habían sido infieles.José I inició su efectivo reinado en enero de 1809, contando con un pequeño equipo de españoles colaboracionistas, los afrancesados (v.), con los que constituyó un gobierno. En el verano de 1809, se produjo una crisis, cuando las tropas españolas insurrectas, flanqueadas por los ingleses de Wellington (v.), que habían desembarcado en Portugal, estuvieron a punto de expulsar a José I de Madrid. La batalla de Talavera, empero, fue indecisa y sólo dio pábulo a las divergencias entre hispanos e ingleses, con lo que las tropas de José 1, tras la batalla de Ocaña, lograron forzar los pasos de La Mancha (noviembre 1809) y asegurarse el dominio de la Meseta castellana. Mientras tanto, José I había constituido su Consejo de Estado, a imitación del de París, pieza clave, juntamente con su Consejo Privado, de toda su administración y reformas (regularización de la Deuda pública, supresión de las órdenes religiosas y su secularización). Aprovechando su inmejorable situación, quiso dar José I un golpe mortal a lá Junta de Sevilla, erigida en Gobierno legítimo español. En enero de 1810, juntamente con un fuerte ejército y varios de sus ministros y consejeros de Estado, penetraron las huestes josefistas en el Mediodía andaluz, conquistando Córdoba, Sevilla, Málaga y Granada, y dictando disposiciones "benéficas" en ellas; mas no pudieron con el último reducto de Cádiz, protegido por la escuadra inglesa.Dejando en Andalucía al mariscal Soult como su lugarteniente, y al comisario Montarco como supervisor civil, José I volvió a Madrid en mayo de 1810. Pero ya entonces Napoleón, que había malvisto los éxitos de su hermano y su recibimiento triunfal en Andalucía, hizo publicar los cuatro famosos decretos del 8 feb. 1810, según los cuales Cataluña, Aragón, Navarra y Vizcaya, o sea, las provincias de la izquierda del Ebro, serían administradas por unos gobernadores generales, quienes aplicarían la integridad de sus rentas al ejército napoleónico ocupante. Las protestas de José 1 sobre este intento de desmembración de España fueron vanas. Sin embargo, José I mantuvo allí una autoridad nominal, mas no en Cataluña, en donde Augereau, y luego sus sucesores (Macdonald, Decaen) gobernaron siguiendo las instrucciones recibidas directamente de París.Pese a las gestiones hechas por José I para que su hermano revocase los decretos del 8 de febrero y pese a haberse valido en París de su esposa y de otros dignatarios y haber enviado a dos ministros (Azanza y Almenara), como embajadores extraordinarios para discutir y neutralizar el asunto de los gobiernos militares susodichos, pese a que también él en persona acudió a París en abril de 1811, con ocasión del bautizo del Rey de Roma, no logró más que la promesa de una subvención mensual, reembolsable al final de la guerra. Pero ni consiguió el título de general en jefe de los ejércitos imperiales en España, como deseaba para hacer respetar su autoridad a los distintos mariscales que operaban en la Península, ni tampoco pudo evitar que la anexión de Cataluña al Imperio francés se hiciese efectiva (enero 1812), ya que no legalizada por un senatus-consulto imperial. Altos funcionarios franceses (intendentes, prefectos, subprefectos y directores de servicios), surgidos todos ellos del Consejo de Estado napoleónico, acapararon todos los puestos civiles de la Administración catalana, comunicándose en todo con los ministros del Gobierno de París. José I protestó y también quiso contestar a la maniobra napoleónica con una nueva división prefectural para toda España y con una hipotética convocatoria de Cortes generales para replicar a las de Cádiz. Sólo al fin Napoleón le concedió la jefatura de todos sus ejércitos en la Península, cuando en 1812 estaba enfrascado en la campaña de Rusia, que fue el mayor desastre para la Grande Armée.Después de un periodo de escasez (como resultado de unas malas cosechas en toda la Europa occidental) y de hambre atroz en Madrid (1812), la retirada paulatina de los imperiales en España debilitó sobremanera los efectivos que en la Península contaba José I. El mariscal Marmont, que operaba en la frontera portuguesa, fue vencido por Wellington en la batalla de los Arapiles (julio 1812), hecho que acarreó la evacuación de Madrid y el repliegue de las tropas de José I y hasta de sus ministros y demás funcionarios a la ciudad de Valencia, en la cual el mariscal Suchet había conseguido crear un ambiente seguro y apacible. También las tropas de Soult, del Mediodía, tuvieron que hacer este periplo para no verse desbordadas. Y aunque estos tres cuerpos de ejército lograron desalojar a Wellington de Madrid (noviembre 1812), poco tiempo pudo ya quedarse en él José I. En la primavera de 1813, una contraofensiva de Wellington le hizo dirigirse otra vez a la frontera (Valladolid, Burgos) hasta que tras la batalla de Vitoria, José I, fugitivo a Francia, cesó en su azaroso reinado español (junio 1813). Tras la derrota de Waterloo, se le permitió ir a los Estados Unidos, donde vivió como conde de Souvilliers. La Revolución de 1830 en Francia le hizo confiar en su rehabilitación, y con tal motivo pasó a Inglaterra; pero al no conseguir sus propósitos fijó definitivamente su residencia en Florencia, donde m. el 28 jul. 1844.J. MERCADER RIBA.
BIBL.: G. DE GRANDMAISON, L’Espagne et Napoléon, París 190831; M. ARTOLA, Los afrancesados, Madrid 1953; H. JURESTKE, Los afrancesados en la Guerra de la Independencia, Madrid 1962; C. CAMBRONERO, El rey intruso. Apuntes históricos referentes a José Bonaparte y a su gobierno, Madrid 1909; MARQUÉS DE VILLAURRUTIA, El rey José Napoleón, Madrid 1927; C. MARTIN, José Napoleón I, "Rey intruso" de España, Madrid 1969; J. MERCADER RIBA, José Bonaparte, Rey de España (1808-1813), Madrid 1971.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.