Jordán, Lucas
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Biografía GER
Luca Giordano, conocido en España como Lucas Jordán, es figura de primer plano en la historia de la pintura barroca europea, y desde luego el decorador de mayor personalidad y relieve de todo el seiscientos italiano. Hijo de un mediocre pintor de oficio, n. en Nápoles el 18 oct. 1634. Se supone que recibiría la primera educación pictórica en el taller de su padre, pero su vérdadero maestro hubo de ser José de Ribera (v.), en cuyo taller permanece toda su adolescencia y de cuyo estilo hay amplia huella en toda su obra posterior. Artista precocísimo y con unas excepcionales cualidades técnicas que le permitieron un mimetismo sin igual, asimila por completo el estilo de su maestro, del cual realiza imitaciones y copias que, incluso en nuestros días, han pasado por ser obras de Ribera. En 1654, es decir, a los 20 años, es ya pintor independiente y de calidad, realizando los grandes lienzos de la iglesia napolitana de S. Pedro ad Aram, impregnado aún del tenebrismo riberesco, pero con personalidad independiente y un claro conocimiento del mundo colorista veneciano y romano, amén de una segura meditación sobre composiciones rubenianas. Los años siguientes ven crecer su estimación en Nápoles. Contrae matrimonio (1658) y le llueven encargos no sólo en su ciudad sino en toda Italia, especialmente en Venecia, lo que hace suponer uno o más viajes a la ciudad del Adriático, que explicarían su magnífico conocimiento de los grandes venecianos, Veronés (v.) y Tiziano (v.) especialmente, además de sucesivos pasos por Roma, donde estudia las decoraciones de Pietro de Cortona (v.) y Lanfranco, en las que toma aliento su capacidad de decorador. En 1677 recibe el encargo de la decoración de la abadía de Montecassino (v.), una de sus obras más importantes, destruida en 1943. En 1682 está en Florencia, pintando en la iglesia del Carmine y en el gran salón del Palacio Medici-Ricardi, obra esta última de excepcional belleza.En abril de 1692 embarca para España, llamado por Carlos 11. Había ya enviado a la corte española y a muchas casas nobles abundantes lienzos que habían afianzado su estimación. En Madrid es recibido con extraordinario honor y se le conceden puestos importantes en Palacio, asignándosele un elevado salario y concediendo además puestos importantes a sus hijos. Pinta, entre 1692 y 94, las bóvedas de la iglesia y la escalera del Monasterio de El Escorial. En los años siguientes abundan los encargos de importancia, tanto para edificios reales (bóveda del Casón del Buen Retiro, quizá su obra maestra, con la historia del Toisón de oro) como para iglesias (frescos de S. Antonio de los Portugueses en Madrid; bóveda de la sacristía de la catedral de Toledo) y particulares (series de lienzos de la Casa de Medinaceli, con temas literarios y religiosos). El cambio de dinastía en 1700 no le priva de sus honores y encargos; retrata al nuevo rey, como había antes retratado a Carlos 11 y a su esposa, y en 1702 vuelve a Nápoles acompañando a Felipe V en su viaje a aquel reino. M. en su ciudad natal el 3 en. 1705.J. es quizá el más fecundo artista de tbdo el barroco. Dotado de unas condiciones excepcionales cultivó todos los géneros e incluso hizo gala de su habilidad de imitación, pintando abundantemente "a la manera de" artistas tan diversos como los primitivos flamencos Rafael, Correggio, Bassano o su maestro Ribera. En sus grandes aciertos de decorador, donde recoge y enriquece la herencia de Cortona, y a lo lejos, de Correggio, cuenta entre las cimas más altas del barroco europeo. Su sentido dinámico y colorista; su invención y su prontitud y eficacia en la realización no tuvieron rivales. El calificativo de Fa presto con que se le ha conocido tanto tiempo, dice a las claras su rapidez de ejecución. Su influencia fue muy amplia. La escuela napolitana del Settecento a él se debe, así como buena parte de la florentina. Los pintores madrileños de los primeros años del s. xvlli le imitaron también y excepcional es su peso en A. Palomino (v.). Desdeñado por la crítica neoclásica que veía en él un corruptor del "gusto", debe a nuestros días su revalorización, exaltando ante todo su magia de composición y su sentido dinámico y colorista. Los infinitos lienzos y frescos de su etapa española, en los que se ha querido ver un eco de su admiración por Velázquez, son quizá. lo más bello y jugoso de su obra.V. t.: BARROCO V, 1.A. E. PÉREZ SÁNCHEZ.
BIBL.: O. FERRARI y G. SCAVizzi, Luca Giordano, 3 vol., Nápoles 1966.
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