Jordaens, Jacob
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Biografía GER
Pintor flamenco del s. XVII, hijo de un mercader de tejidos de igual nombre, y de Bárbara Wolschaten, n. en Amberes, siendo bautizado en la iglesia de Notre Dame el 20 mayo 1593. En 1607, constando ser discípulo de Adam van Noort, se inscribe en la guilda de pintores de S. Lucas, y en 1615 es elegido maestro del mismo gremio, pero sólo en calidad de wterschilder, esto es, de acuarelista y de pintor al temple. El 15 mayo 1615 casa con Catalina van Noort, hija de su maestro, y se instala en el n° 14 de la calle Alta, casa aderezada merced a una hipoteca que facilita Adam. El 15 en. 1618 adquiere una casa en la calle citada y el 28 sept. 1621 es elegido Decano de la guilda de S. Lucas. En 1635 y 1637 trabaja para la municipalidad de Amberes, y en el último de dichos años y en 1638 para la Torre de la Parada, del Pardo (Madrid). En 1640-41 recibe de los herederos de Rubens (v.) cantidades por concluir determinados cuadros del gran maestro del barroco. En realidad, al morir éste, se convierte en el principal pintor de Amberes y, sin duda, adquiere mayor personalidad. De 1649, según declarara, hasta 1652 trabaja en la decoración de la Sala de los Orange en la Casa del Bosque (Huis ten Boch), cerca de La Haya. Por este tiempo parece haberse convertido al calvinismo. En 1654 pinta un cuadro conmemorativo de la Paz de Münster (Museo de Oslo). En 1651 y 1658 es multado por blasfemo. Su esposa muere el 17 abr. 1659. En 1665 regala a la guilda de S. Lucas tres pinturas -La Justicia, Pegaso y Honor a la Poesía-, lo que le vale grandes regalos, festejos y un copioso banquete. En fin, fallece en su ciudad natal el 18 oct. 1678. Dado su cambio de religión, sus restos, que no pueden ser inhumados en un cementerio católico, lo son en el protestante de Putte, Holanda. Tal es el personaje que sustituía a Rubens en la mayor jerarquía artística de Amberes.No había viajado, no conocía Italia, ni otra vida artístiva que la de los Países Bajos, pero estaba lejos de ser inculto y, antes bien, su cultura clásica y cristiana parece haber sido copiosa, así como no se dedicó exclusivamente a la pintura, sino también al grabado y a los cartones para tapices. Trabajó mucho y, si es permitido decirlo, demasiado, resultando ser su obra desconsideradamente desigual en cualquiera de los géneros por él cultivados. Sus primeros cuadros, Sagrada Familia con los pastores, de 1616 (Metropolitan Museum de Nueva York); Cristo en la Cruz, de 1617 (S. Pablo, de Amberes), son todavía tanteos, un poco a ciegas, de un artista indudablemente dotado, pero que no acaba de hallar su camino. En 1618, Adoración de los pastores (Museo de Estocolmo), acaso lo haya encontrado, mediante una especie de tosco caravaggismo que persistirá en años posteriores en los excelentes Cuatro Evangelistas, del Louvre (ahora este cuadro se interpreta como Jesús en el templo, ante los Doctores), un verdadero acierto; tampoco indicador de su ruta definitiva. Otras obras religiosas -las todavía tempranas Martirio de S. Apolonia, de 1628 (Amberes, S. Agustín) y S. Martín curando a un poseso, de 1630-35 (Bruselas, Galería de Arte Antiguo)- acreditan la escasa predisposición del artista para los motivos religiosos. De ello puede ser la mejor prueba El desposorio místico de S. Catalina (Museo del Prado), que alguien opina absurdamente pueda ser obra de Van Dyck (v.). Bien lejos estaba Van Dyck de haber podido presentar a esta santa como una basta y gruesa multípara.Con lo cual, será mejor que abandonemos la pintura católica de J. y que aludamos a otros géneros en que se reveló más diestro. Uno, en el que se muestra excelente, es el del retrato, ya se trate del encantador Retrato de familia, del Prado, obra creída de 1620-21 en que aparecen el artista, su esposa, su hijita Isabel y una sirvienta; otro, el del Ermitage, de Leningrado, en que, pese a la presencia de Eros y al aspecto mitologizante de la composición, no desaparece la condición de retrato familiar. Pero tampoco es ésta la verdadera vena de J. Gusta incansablemente de retratar campesinos divirtiéndose, bebiendo y comiendo, ya sea en las versiones (Bruselas, Viena, Louvre, Leningrado) de El rey bebe o Rey de habas, o bien en las ilustraciones del proverbio Los jóvenes silban cuando cantan los viejos (Museo de Amberes). Y, como aportación personal, la convivencia de esos campesinos glotones y aficionados a la bebida con sátiros que llegan de visita y participan de tales goces. J. debió quedar muy contento de esta amistad entre labriegos y sátiros -invención propia- y la prodigó más de lo conveniente. No iba descaminado, porque cuando solos esos seres resultan de lo más vital y personal del artista, aunque quizá siempre inferiores a los sanguíneos y admirables Tres músicos ambulantes, cuya paternidad se trata de negar a J. con nada convincentes razones. Y es que su verdadera vena estriba en lo mitológico. Curiosamente, pudiera esperarse que este artista nada fino, extremase las opulencias carnosas de Rubens, pero no es así. El Meleagro y Atalanta, del Prado (ca. 1628), resulta más nerviosa colección de desnudos que los normales de Rubens; las versiones de El juicio de Paris (Museos de Bruselas y de Miami) o la Ofrenda a Pomona (Museo del Prado) contienen desnudos femeniles y escurridos de carne como no los hubiera imaginado Rubens. Mas con todo J. es artista de indudable mal gusto, inaguantable en casos como el de El rey Candaule (Museo de Estocolmo), sin dejar de abundar en magistrales trozos aislados.¿Triunfa, por el contrario, en sus grandes composiciones decorativas y triunfalistas? Nos apresuraríamos a decir que sí a la vista de sus tres grandes composiciones, ya mencionadas, que glorificaron a Federico Enrique de Orange y de las que hay un boceto admirable en el Museum Narodnowe, de Varsovia. Son composiciones tumultuosas, un poco anárquicas, pero en resumen obra de un buen decorador. Con todo, el juicio definitivo sobre este hombre que se dedicó a la pintura durante casi 65 años de su vida, no puede ser benigno, porque, siendo de natural osado y sólo muy regularmente educado, trató de llenar el irreemplazable lugar de Rubens en Amberes. Nunca tuvo una meta fija, sino que se dispersó en muchas direcciones que no siempre llegaban a ser impregnadas de su en general tosca personalidad. Con todo, hoy se advierte una tendencia de la crítica de arte a revisar y revalorizar la figura y la obra de J., y muestra de ello ha sido la interesante y copiosa exposición de sus cuadros y dibujos mantenida en Ottawa, Canadá, desde noviembre de 1968 a enero de 1969, con espléndido estudio que se cita en la bibliografía.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: M. ROOSES, Jordaens’s Leben und Werke, Stuttgart 1908; P. BUSCHMANN, Jacob Jordaens, Bruselas 1905; H. FIERENS-GEVAERT, ]acob Jordaens, París 1905; L. VAN PUYVELDE, Jordaens, París-Bruselas 1953; M. JAFFÉ, Jacques Jordaens, Ottawa 1968.
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