Japon, Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Lengua. El origen de la lengua japonesa es todavía discutido; siempre han existido numerosas hipótesis. Se ha abandonado la antigua teoría de su relación con un vasto grupo lingüístico escita o turano; la de su origen polinésico y la de sus posibles relaciones con el malayo de. Indonesia, cuya fonética y estructura silábica son semejantes, es una teoría muy discutida. Corea fue verdaderamente el primer país extranjero con el que J. tuvo relaciones, pero no se puede deducir de ello que su lengua proceda de este país. Se ha admitido que el japonés arcaico se trasmitió oralmente por medio de los bardos; la transcripción gráfica de este japonés recitado se hizo hacia el s. VII. Se ignora si los antiguos japoneses poseían una lengua escrita; en el 405, el país adoptó el sistema de escritura de China (v. CHINA ix) por intermedio de los eruditos de Corea (v. COREA vi), a pesar de la gran dificultad de adaptar la lengua aglutinante del japonés a los ideogramas chinos. Esta adopción general hizo desaparecer totalmente las escrituras autóctonas que pudieran existir antes de esta fecha. La escritura monosilábica e ideográfica china la utilizaban las personas cultivadas, pero pronunciándola al estilo japonés. El ideograma chino chen (hombre) se leía, y todavía se lee, hito; la estructura y el vocabulario de las dos lenguas son completamente diferentes.Hacia el s. IX, como los antiguos egipcios, buscaron una forma de simplificar su escritura utilizando los ideogramas chinos, a los que se dio un simple valor fonético sin ninguna otra significación; de esta forma, los japoneses pudieron escribir las desinencias gramaticales de su lengua que no existían en el chino. Así se creó un silabario de 48 caracteres, sistema de escritura fonética llamado kana (los nombres plagiados), para personas poco letradas, con el fin de que pudieran escribir de esta manera en japonés, sin tener necesidad de conocer los múltiples y difíciles ideogramas chinos. Este silabario se presenta bajo dos aspectos: a) caligráfico, el katakana (kana, de ’margen’), y b) cursivo, el hiragana (gana, es decir, kana ’fáciles’) más utilizado que el precedente.En la actualidad, el katakana se emplea sobre todo para escribir las palabras no japonesas. Sin embargo, los japoneses se sirven siempre de los caracteres chinos al lado del silabario kana; los caracteres chinos se llaman kanji y se utilizan para escribir la parte invariable de los nombres, adjetivos y verbos, y a ellos se les añaden los signos kana para indicar las flexiones gramaticales, denominadas okurigana. El Gobierno nipón promulgó en 1946 una lista de 1.850 caracteres, tóyó kanji (kan¡¡ ’para el uso práctico’), de uso en la prensa y revistas populares. De ellos, los más corrientes son 881 y se aprenden durante los diez años de la enseñanza primaria. La transcripción fonética del japonés en caracteres latinos se llama romaji. Habitualmente se utiliza el sistema Hepburn, nombre de un misionero americano que dedicó su vida (1815-1911) a la lengua y cultura de J. Un diccionario japonés contiene de 5.000 a 15.000 caracteres. Recientemente se ha publicado un extenso diccionario que recoge 48.902 kanji.El japonés, a diferencia del chino, es un idioma polisilábico. Todavía posee vestigios del uso de los tonos, pero no en función semántica. Tiene vocales breves y largas y consonantes dobles. La palabra carece de acento principal, excepto sobre las vocales largas. Tampoco tiene género gramatical y utiliza prefijos y sufijos para muchas funciones gramaticales. La noción de número y persona gramaticales es muy vaga y existe una curiosa indiferencia del idioma hacia el género verbal. El verbo ocupa una posición particular; siempre va colocado al final de la frase; no existe una forma especial para la voz pasiva, que se utiliza raras veces. Las formas potencial y pasiva se hacen por agregación de un sufijo a la raíz verbal, y los casos se indican por medio de proposiciones. Existen formas familiares y de cortesía, así como una multiplicidad de modos y tiempos. Hay dos formas de numerales, una japonesa pura y otra derivada del chino.2. Literatura. Primeros testimonios. Los primeros restos de una literatura japonesa primitiva se encuentran en los textos de las salmodias de las ceremonias del sintoísmo (v.), recogidas en una colección en el s. x. Estas salmodias se hallan en forma de letanías, norito, fórmulas mágico-religiosas, encantamientos litúrgicos escritos en prosa y verso.El budismo chino fue introducido en el 552 por los monjes budistas llegados desde Kudara, reino de Corea, con el fin de presentar al Emperador de Yamato la nueva religión. Después de un periodo de oposición, el príncipe regente Shotoku Taishi (573-621) impuso el budismo en todo el Imperio, por medio de un edicto, en el 604. La influencia de China sobre el pensamiento japonés fue muy profunda. Desde entonces se observó una verdadera pasión y un gran respeto por las letras chinas que se prolongaron a todo lo largo de la historiade J., marcando poderosamente su literatura hasta los tiempos modernos.Época de Nara. El más antiguo documento chino-japonés conocido es una inscripción grabada sobre una estela de un templo de Nara: es un texto budista que data del 596. Imitando a los cronistas de China, los japoneses redactaron sus propias crónicas. La Kijujiki, escrita durante el reinado del príncipe Shotoku, fue quemada, pero se ha conservado otra colección de crónicas, el Koyiki, publicada en el 712. En el 720 apareció Nihonshoki (Los Fastos del J.), colección de 30 vol. que recoge leyendas, relatos históricos y fantásticos, y que los japoneses consideran sagrado. Hacia la misma época, llamada de Nara (v.), primera capital de J. (710-794), se estableció una lista genealógica de las familias principescas y de los nobles: Shinsen-Seishiroku (Nuevo almanaque onomástico). La época Nara no parece tener todavía ninguna preocupación lírica e imita las costumbres y el vestuario de los chinos. Fue un periodo preclásico, durante el cual la lengua, el gusto y la estética de J. se formaron poco a poco en la corte y en los medios feudales. Se instituyó un Ministerio de Asuntos poéticos, una especie de Acad. de Letras y Artes. Por entonces se escribieron numerosos poemas y, a principios del s. ix, se publicó la primera antología poética, titulada Manyóshú (Colección de un millar de hojas), y compuesta en caracteres chinos. Los autores pertenecían a todas las clases sociales. Esta colección contiene 4.173 tanka, poemas cortos compuestos por 31 sílabas, en cinco versos, respectivamente de 5, 7, 5, 7 y 7 sílabas, excluyendo toda palabra de origen chino, y 324 naga-uta, largo poema en el que alternan los versos de 5 y 7 sílabas. Esta última forma decayó rápidamente después de la época de Nara, pues los poetas japoneses tienen poca disposición para las composiciones largas. El poema japonés canta en cortas estrofas las emociones íntimas, los sentimientos humanos, la naturaleza; por ello se ve que la influencia china es nula. Queda, sin embargo, la belleza caligráfica de un poema autógrafo escrito sobre el papel o la seda y sus ideogramas estéticamente dibujados. El ritmo de la poesía japonesa es simple; el verso clásico tiene siempre un número impar de sílabas, 5 ó 7. Estos versos se usan en los cinco géneros siguientes: naga-uta (o chóka), dodoitsu, tanka (o waka), haiku (o haikai) y shintaishi.La época de Heian (794-1185). Tomó su nombre de la capital que sucedió a la efímera Nara, ya que apenas duró ésta un siglo. La corte fastuosa, establecida durante poco tiempo en Nagaoka, pasó a residir en la "Ciudad de la paz", Heian-Kyó (la actual Kyóto) y la cultura japonesa alcanzó rápidamente un esplendor y un refinamiento extraordinarios, llegando a ser la verdadera edad clásica de J., caracterizada por una abundante prosa y por el predominio de las mujeres con talento, damas de la corte o hijas de cortesanos, que utilizaban el silabario kana e hicieron que se conociera a J. bajo el nombre de "país de las reinas". El privilegio de leer y escribir era únicamente de la alta sociedad, por eso la literatura clásica japonesa refleja una corte elegante, culta y refinada. Las obras maestras de este periodo son las de las damas de la corte que redactaban sus diarios íntimos, nikki, verdaderos testimonios literarios de esta época. Citemos uno de los más antiguos: Kagero Nikki (Diario de un efímero), de autor desconocido; y a su lado, señalemos los Makura no Soshi (Bocetos íntimos) de Se¡ Shonagon (n. 965), dama de honor de la Emperatriz, hija de un poeta que recogió todo lo que vio y escuchó; así como el Guenyi Monogatari (El relato de Guenyi), biografía novelada de 4.000 páginas de un caballero y de su favorita, de Murasaki Shikiku (987-1074), que ha sido siempre muy leído por su valor literario y psicológico (se le ha comparado con las novelas de Proust).Un escritor de esta época, Kino Tsurayuki (s. x), autor de un diario de viaje, Tosa Nikki (Esbozos de un viaje a Tosa), escribió por vez primera en el estilo reservado a las mujeres, es decir, sin utilizar el chino. La corte mandó componer una nueva antología con las poesías más importantes de los dos siglos precedentes, Kokin Uaka Shú, escrita en el 922 y considerada como un notable ensayo de crítica poética. Los poetas elegidos fueron cortesanos, bonzos y damas de la corte. Se hace una mención especial del grupo de seis poetas particularmente admirados. De la misma época son relatos históricos conocidos, como en China, bajo el nombre de Espejos, y que son biografías de Emperadores y altos personajes. Pueden citarse el Eiga Monogatari (La gloriosa descripción de los Fuyiuara) y el Okagami (El gran espejo).Periodo de Kamakura. El periodo que siguió a la época refinada y culta de Heian estuvo lleno de encarnizadas guerras civiles y luchas feudales. Los clanes victoriosos instalaron la nueva capital en Kamakura (v.), la actual Tokio. Este periodo (llamado también de Kamakura) duró desde 1186 a 1332. Al reinado de las damas cultas de la corte sucedió la era de los guerreros, el reino de los shogun, del feudalismo combativo de los Minamoto y de los Taira. La literatura del J. vio desaparecer los poemas de las damas de la corte, sustituidos por las gestas, las epopeyas como la de Gempei Seisuiki (Grandeza y decadencia de los Guen y de los He¡) escrita ca. 1190, y la de Heike Monogatari (La gesta de los He¡). La cultura japonesa se refugió en los monasterios, donde los Emperadores y escritores tomaron los hábitos budistas para escapar de los desórdenes políticos. Citemos a Kamono Chomei (s. XIII), poeta y ermitaño, autor del Hoyoki, escrito en 1212, obra de filosofía budista y de meditaciones sobre la vida; y, sobre todo, al oficial de la Guardia imperial y valiente guerrero que abandonó a su familia y su situación para convertirse en un monje-poeta errante, Saigyó (1118-96). Se puede citar también al monje eremita Kenkó Hóshi (1283-1350), autor de meditaciones sobre las vanidades del mundo y de Pensamientos de inspiración taoísta. La composición realizada en 1205 de una antología oficial, ’Shin Kokinshú (El nuevo Kokinshñ), contiene los mejores poémas del fin de los Heian y de los textos sintoístas y budistas. Esta antología fue la última de los Hashidaishú, las ocho antologías compuestas por orden imperial.El Manyóshú, el Kokin Uaka Shú y el Shin Kokinshü son las tres grandes antologías japonesas, las más estimadas y famosas en J. La última colección marca la decadencia de la poesía tanka, así como la de la literatura cortesana. Finalmente, de esta época citaremos la colección de Fujiwara-no-sadaie (s. xiii) que llegó a ser muy popular, Hyakunin Ishu (cien poemas de cien autores), versos escogidos del s. vii al xiii.En los monasterios budistas, únicos depositarios del buen gusto y de la cultura de la época, nació en el s. XIV el nógaku o no, drama lírico que tuvo como origen las antiguas pantomimas sagradas chino-coreanas, el kagura, en el que se introdujeron los diálogos. En principio, estas obras se interpretaban ante los grandes santuarios sintoístas, y más tarde en los palacios de los shogun. El espectador, texto en mano, escuchaba el lento recitar del coro y admiraba los gestos pausados y convencionales de los actores. Los nó carecen de acción e incluso el japonés cultivado necesita de una larga iniciación para poder admirar su profundo sentido. En cada sesión se representan, cinco piezas, entre las que se intercalan farsas (kyoguen) a modo de intermedio. Es un teatro muy esotérico, de esencia budista, que describe la inestabilidad de las cosas y la impermanencia universal.Literatura burguesa y popular. La nueva dinastía de los shogun Tokugawa puso fin a las guerras civiles de las épocas Nambokucho (1332-92) y Muromachi (1392-1603). Los shogun Tokugawa reinaron de 1603 a 1868 y se instalaron en Yedo o Edo (actualmente Tokio). Fueron dos siglos y medio de paz y prosperidad, que refleja la literatura, aunque sin llegar al encanto del periodo Heian. La poesía pasó de la corte a la burguesía y al pueblo; hacia el s. xvii se crearon las piezas de canto y danza llamadas kabuki. Antes ya había un teatro de marionetas y diálogos populares, los yoruri, para los que los autores se dedicaron a escribir obras. Siempre ha sido muy popular en J. este teatro de marionetas, que tiene su centro en Osaka, desde donde se desplaza a las grandes ciudades. El kabuki es la forma moderna del teatro popular. Chikamatsu Monzaemon (v.) fue el gran autor dramático de este género. Los shogun protegieron las artes y favorecieron la literatura. Durante la expedición de Corea en 1597 fueron introducidos en J. nuevos textos chinos, así como la técnica de la imprenta. Todo un equipo de sabios difundió la ética confucianista y la cultura Sung. El nuevo humanismo chino tuvo gran influencia sobre J., impregnándose nuevamente de la cultura de su potente vecina.La gramática japonesa fue fijada por Moturi Norinaga con sus comentarios del Koyiki. El estudio del sintoísmo, la religión nacional, hizo disminuir los trabajos sobre el budismo. Hubo dos escuelas importantes en literatura: los sinólogos, kangakusha, que se oponían a los especialistas en temas de J., y los wagakusha, lo que hizo resurgir nuevamente la literatura nacional. La tanka fue reemplazada poco a poco por el haiku, que llegó a ponerse de moda, y por el renga, poemas encadenados unos a otros. Entre los grandes poetas de esta época puede citarse el grupo de los "Seis grandes genios poéticos", los Rokhasen, y a la cabeza de ellos Basho (164394), que perfeccionó lo que en un principio sólo era un epigrama divertido convirtiéndolo en un mundo lleno de misterio, de sentimientos poéticos. En efecto, el haiku fue primero elemento de una tanka agradable y a veces humorística. Desde el s. xvi se conservaron los tres primeros versos de la tanka y se construyó el haiku con un conjunto de 17 sílabas, compuestas por un verso de cinco sílabas, otro de siete y un nuevo verso de cinco. El haiku se transformó en un poema delicado y minúsculo, pleno de armonía y de refinada sutilidad y poesía, que reflejaba uno de los aspectos del alma japonesa. La escuela simbolista de Bashó fue llamada Jittetsu. A esta escuela sucedió la del impresionista Yosa Buson (1716-83) y la de Kokahashi Issa (1763-1827). Senryu, en el s. XVIII, volvió al tipo satírico del haiku antiguo. La novela de esta época era, en general, licenciosa e inmoral; Saikaku (1642-93) fue quien lanzó este género, que rápidamente llegó a ser muy popular; Kyoden (1761-1816) añadió a este género las novelas de aventuras, pero el novelista más prolífico y famoso de esta época fue, sin duda, Bakin (1768-1848), que escribió 190 obras, de las cuales Hakenden (Historia de ocho caballeros), comenzada en 1814 y terminada en 1841, comprende 106 tomos, la mayor parte ilustrada por el dibujante Hokusai (1760-1849).La apertura a la influencia occidental. Tuvo lugar en la época Meiji (v.), que se extiende desde 1868 a 1912, y ya se sabe con qué velocidad y flexibilidad se ha transformado y convertido el país en una gran potencia internacional. El progreso económico, las condiciones sociales y políticas tuvieron una evolución acelerada; sin embargo, la literatura sufrió un descenso como consecuencia de este contacto con Occidente. En esta época se tradujeron al japonés obras originarias de Europa y América, y se formaron dos corrientes, una tradicionalista indígena y otra occidental, que se fusionaron y crearon la literatura contemporánea de 1.Bajo esta etapa del descubrimiento de Occidente, los eruditos, investigadores y escritores de 1. trataron de ilustrarse sobre las culturas occidentales que ellos ignoraban. Escritores japoneses, tales como Fukuzaua (18341901), divulgaron los estudios generales que habían realizado sobre Occidente y su civilización. Otros estudiosos se especializaron por países: Tsubutchi (1859-1935) se dedicó a Inglaterra; Mori (1862-1922) a Alemania; Hasegaua Futabatei (1864-1909) a Rusia. El primero fue, además, un crítico y un novelista muy estimado aún en la actualidad, todo por su Shosetsu Shinzui (Principio de la novela), escrita en 1882. Para poder mantener pura la tradición de la poesía clásica, el emperador Mitsu-Hito ordenó la creación en Tokio (la nueva capital) de una Academia de la Poesía, O-uta-dokoro, y la fundación de una Sociedad poética, Uta-kai, que todavía existe. Se convocan concursos en los que se otorgan premios. El gran poeta Masaoka Shiki (1867-1902), admirador de Bashó, restauró el haiku y la tanka y creó en 1897 una revista literaria llamada Hototogisu (El cuco), que fue muy bien acogida por numerosos escritores, en los que influyó mucho.Literatura moderna. En oposición a la poesía tradicionalista, Shimazaki Tóson (1872-1943), escritor naturalista, creó la poesía shintai-shi (poesía de nueva forma), o shi, que adoptó un verso nuevo de 17 y 20 sílabas, que marca el principio de la poesía moderna en J. La rev. Myójo (Estrella de la mañana), creada por Yosano Tekkan (1873-1935), ha desempeñado un papel preponderante en el mundo literario de la época y ha introducido la antigua tanka en el mundo poético moderno, así como el uso de palabras chinas en la poesía japonesa. Uno de los mejores poetas de tanka y precursor de la poesía japonesa contemporánea fue Ishikawa Takuboku (18851912). A principios del s. xx revelaron en J. las diversas escuelas literarias occidentales: romanticismo, simbolismo, naturalismo, idealismo, neo-romanticismo. Cada una tuvo sus partidarios y sus escritores japoneses, y es curioso, y a veces sorprendente, observar cómo había autores "románticos" al mismo tiempo que otros imitaban a Paul Valéry. De esta época puede citarse a Kitahara Hakushu (1885-1942), que publicó en 1909 su extraordinario Jashumon (La religión perversa) y cuyos waka y canciones Dó-yó son muy admirados.Con la emancipación de la regla de las 5, 7 y 5 sílabas del haiku y la vulgarización del verso libre, del shintaishi, se abrió una nueva época. Fue un arte nuevo, una poesía popular emocionante que se opuso a la poesía pura y artística. El maestro de la tanka fue Saito Mokoshi (1882-1953), fundador de la escuela Araragi en 1908; y el maestro del haiku, después de la muerte de Masaoka Shiki, fue Takahama Koyshi (n. 1874). Se ha creado, recientemente, una poesía proletaria, comunista, que ignora y desprecia las reglas poéticas. La prensa diaria y las revistas literarias difunden las obras de los jóvenes poetas y novelistas. En estos últimos años ha adquirido importancia la literatura dirigida: exaltación del soldado japonés en tierra china durante la 11 Guerra mundial. La trilogía de Hino Achihei (n. 1902) sobre el soldado tuvo mucho éxito.Actualmente existe una literatura moderna de la posguerra que no tiene mucho valor estético. Descripciones sobre la vida de la posguerra, del drama de las bombas atómicas, del traumatismo de la derrota, fueron leídas con avidez, y las obras de Dr. Nagai (m. 1951), Las Campanas de Nagasaki (1947), Mis hijos que pueden verse (1948), tuvieron y tienen aún profundas resonancias. También se advierte una nueva corriente en favor del clasicismo chino y japonés hacia las obras maestras inmortales de siglos pasados. Y, en oposición, otra tendencia moderna busca acomodar la sensibilidad japonesa al mundo moderno. Citemos los nombres de Tamura Ryuichi (n. 1923) y Tanigawa Shuntaro (n. 1931). La literatura de J. está pasando, por tanto, por un periodo de transición, en el que cabe destacar a Kawabata Yasunari (1899-1972), premio Nobel de literatura 1968.V. t.: TEATRO.J. ROGER RIVIÉRE.
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