Italia, Arte. ARTE
Categoria:
Arte
El curso más que milenario del arte italiano se divide tradicionalmente en los siguientes periodos: bizantino-lombardo (s. VI-VIII), prerrománico (carolingio s. VIII; otoniano s. ix), románico (s. xi-xiii), Trecento, Quattrocento, Cinquecento, Seicento, Settecento, Ottocento y Novecento.1. Arte bizantino y lombardo. Rávena (V. RÁVENA III) y Roma (V. ROMA VI) son los centros más importantes y significativos del primer periodo bizantino-lombardo. La arquitectura ravenesa y la romana revelan, aun en la línea de la tradición tardorromana vínculos estrechos con las modas bizantinas orientales (V. BIZANCIO IV). Nada tiene de extraño, ya que Rávena, sede del exarca, era la capital de la I. bizantina y, al mismo tiempo, Roma tenía la más larga serie de Papas griegos de toda la historia de la Iglesia.El estilo arquitectónico bizantino se difunde por muchas regiones italianas; influencias bizantino-ravenesas se notan también en la mayor basílica italiana de esta época (S. Salvador de Brescia) y en el Templo de Santa María in Valle en Cividale de Friuli. Es también ésta la edad en que inicia su extraordinaria actividad la larga lista de maestros lombardos, artesanos y sólo raramente artistas grandes y verdaderos, conocidos universalmente bajo el nombre de "Maestri Comacini". El origen del nombre es incierto (no se sabe si se les llamó así porque eran originarios de Como o, según confirma el edicto de Rotario, porque trabajaban "cum machina", pero sí es cierta su gran experiencia y sabiduría constructiva que aprovechaba hábilmente fuentes clásicas y recuerdos raveneses. Su actividad se extiende por espacio de algunos siglos y ha dejado su noble huella en muchas partes de 1. También se remontan a la primera mitad del s. VIII dos monumentos arquitectónicos "aislados": en el Norte Santa Maria foris portas en Castelseprio, y en el Sur Santa Sofia de Benevento; son célebres las pinturas murales de la primera, la segunda, erigida por el duque lombardo Ariche, tiene un singular perímetro irregularmente estrellado.En la escultura, mientras en Roma y Rávena se continúa espléndidamente la tradición antigua tardía, los lombardos dejaban el sello de su primitiva rudeza en útiles y objetos de variada orfebrería encontrados en las necrópolis de Cividale de Friuli, de Castel Trosino y de Nocera Umbria. Los lombardos habían tenido contactos con civilizaciones orientales, tal vez asiáticas, de las que habían recibido una beneficiosa influencia, como revela su conocimiento de la técnica del engaste, no sólo en frío, sino principalmente del esmaltado. En el duomo de Monza se conservan dos espléndidas joyas: las tapas de Evangeliario en oro de la reina Teodolinda y la corona de hierro, con la que se coronaban los reyes de I. (la corona es también de oro, pero se denomina de, hierro por estar adornada con un clavo de hierro que la tradición atribuye a la Cruz de Jesús). Otro documento notable del_ arte lombardo es el frontal de cobre dorado, conservado en el Museo Nac. de Florencia.La pintura alcanzó resultados creativos sólo en los mosaicos de Roma y Rávena. Los lombardos, que concebían las iglesias como sobrios lugares de oración, no solían cubrir y adornar las paredes interiores con pinturas (las de Castelseprio son un caso aislado). En la miniatura, la obra más significativa es el Virgilio, del s. vi, de la Bibl. Vaticana, mientras que es precisamente éste el periodo en que llegan a I. gran número de códices miniados bizantinos e irlandeses.2. Arte prerrománico.Abarca los s. ix y x y se divide en una época carolingia (s. ix) y otra otoniana (s. x). En el llamado Renacimiento carolingio participa gran parte de L, pero no toda (v. CAROLINGIOS iI). Carlomagno había conquistado el reino lombardo (774), pero no toda I.; una parte continuaba bizantina, otra había caído en poder de los musulmanes (Sicilia); y Venecia, Amalfi, Pisa y Génova mantenían un tráfico particularmente intenso con el mundo oriental y bizantino. Consiguientemente, el arte italiano se caracteriza por una gran variedad y riqueza regional y local. En este contexto, la arquitectura realiza un nuevo tipo de construcción: la basílica abovedada, muchas veces enriquecida por la cúpula. Las iglesias del mundo prerrománico (v.) no están generalmente precedidas por un pórtico cuadrado, sino por un simple atrio. Se remontan a esta época los campanarios cilíndricos al lado de las mayores iglesias ravenesas, estructuras repetidas a lo largo del s. x en la laguna Véneta, en Las Marcas, en Romaña y Toscana. Los atrios románicos de las iglesias emilianas se inspiran en el grandioso nicho del llamado Palacio de Teodorico de Rávena.Es también la época en que se renueva el presbiterio de la Basílica Ambrosiana y se aligera con listones decorativos y arquillos el amplísimo ábside. Se construyen, además: el campanario de S. Sátiro y S. Vicente in Prato en Milán, la Pieve di Agliate en Brianza, el duomo de Ivrea y S. Esteban en Verona. En Roma la arquitectura religiosa continúa unida a las tradiciones paleocristianas (v.; S. Praxedes, S. María in Domnica, Cuatro Santos Coronados). En Venecia y a lo largo de toda la costa adriática, permanece viva la sencilla estructura ravenesa de la basílica de tres naves con columnas de estilo bizantino. En el Sur, junto con la tradición tardorromana, florece un arte muy complejo llamado "benedictino". Su complejidad deriva del hecho de que, junto a formas carolingiasotonianas, hay formas nórdicas irlandesas. La obra maestra del estilo "benedictino" es la basílica de S. Angelo in Formis (Capua) con su maravillosa serie de frescos, que anuncian el arte románico. La escultura se inspira en motivos clásicos, como lo demuestra el altar de oro de la iglesia de S. Ambrosio de Milán, obra del genial maestro lombardo Vuolvinio.3. Arte románico. En los comienzos del periodo románico. (s. xi), la arquitectura lombarda presenta dos aspectos, uno llamado "comasco" ligado a la actividad de los maestros "comacini" (monumentos principales: S. Pedro en Tuscania, S. Pedro y S. Benito en Monte Civate y S. Abundio de Como); el otro, típicamente milanés, que produce el primer gran monumento del arte románico (v.) italiano: la basílica de S. Ambrosio de Milán. La basílica romana se transforma en la nueva catedral románica por una gran novedad en la construcción; por primera vez en 1. los tramos de la nave mayor están cubiertos con bóvedas de crucería. La decoración de S. Ambrosio es rica en admirables esculturas (ciborio, púlpito, capiteles con dragones, fieras y símbolos cristianos). Directamente relacionada con S. Ambrosio, surge en Pavía la catedral de S. Miguel, además de otras iglesias que hacen de la ciudad uno de los centros artísticos más importantes de Lombardía.También en Emilia se construyen grandiosas catedrales, el duomo de Módena, iniciado en 1099 por Lanfranco, representa un desarrollo más leve y poético del arte románico italiano. La invención del pórtico es ejemplar durante todo el siglo. El duomo de Parma supera incluso al modelo, especialmente en el interior, mientras la abadía de Nonantola es como su traducción en prosa.Con el duomo de Módena se relacionan, aunque con notables variantes, el duomo de Piacenza, la catedral de Ferrara y el duomo de Cremona. La iglesia de S. Lorenzo y sobre todo la de S. Zenón de Verona marcan en territorio véneto el tema modenés, uniéndolo al pintoresco estilo ravenés. No sucede lo mismo en Venecia, aislada en la laguna, que tiene su desarrollo autónomo aparte de la historia italiana (S. Marcos es de la misma época que S. Ambrosio, pero totalmente diferente). Módena es también el primer centro de la escultura románica; Viligelmo, el escultor del duomo, fue un gran maestro con una numerosa y célebre escuela de discípulos, entre los que se distinguieron particularmente Nicolás y Guillermo. Desde Lombardía y Emilia el arte románico se difunde por toda l.: en Piamonte, en Liguria, en Las Marcas, en Umbría (el duomo de Asís). Pocos ejemplos en los Abruzos. El arte apulense, que tiene en S. Nicolás de Bar¡ su monumento principal, está ligado en particular a la estructura de S. Abundio de Como. Una obra maestra de la escultura es la cátedra del obispo Elías en S. Nicolás de Bar¡ (ca. 1105).Es característico el lenguaje arquitectónico del arte románico toscano. La decoración es todo un juego de líneas y colores. El ejemplo más antiguo es el baptisterio de S. Juan, considerado del s. xi, pero la obra suprema es S. Miniato del Monte (1063). Junto a la preciosa policromía geométrica de las iglesias florentinas se aprecian también formas más simples, en las que domina el tipo basilical, como el duomo de Fiesole y muchas parroquias rurales del Casentino. Firme dureza se nota en las casastorres de S. Gimignano y Volterra. En Luca las iglesias de S. Alejandro y S. Frediano guardan sensible relación con las experiencias de los maestros lombardos. Más tarde, Luca pierde su autonomía frente a Pisa (v.). Aquí, con la construcción del duomo se realiza una obra que parece prestar su sello a todas las otras iglesias del s. xii. A esta arquitectura pisana están vinculadas las iglesias sardas contemporáneas (p. ej., S. Gabino en Porto Torres) y las de Capitanata (catedral de Troja). En Sicilia, aun sobre esquemas griegos e incluso románicos, prevalece la decoración de gusto islámico (v. MUSULMÁN, ARTE). El arte siciliano se desarrolla en la línea de la tradición bizantina y musulmana, aun bajo los normandos, que habían arrebatado la isla a los musulmanes en 1072. Los monumentos más representativos son el duomo de Cejalú y el de Monreale.4. Duecento. Variado y rico de contradicciones es el panorama artístico italiano del s. xiii. Venecia (v.) descubre el arte románico y en él inspira los magníficos mosaicos de la basílica. La 1. meridional de Federico 11 mezcla formas bizantinas y góticas, preparando el ambiente en que nacerá el arte genial de Nicola Pisano (v.). Del contraste de formas bizantinas y románicas toma raíz y vida en Toscana el arte de Cimabue (v.) y Duccio (v.). Tiene gran resonanca en 1. septentrional y central la actividad del escultor y arquitecto Benedetto Antelami. A los comienzos del Duecento se remonta el primer grupo de construcciones góticas italianas; está constituido por un núcleo de abadías e iglesias del Lacio y de Toscana, probable obra de monjes arquitectos franceses. Pero el primer ejemplo claro de interpretación italiana del espacio gótico es el duomo de Siena. Otras antiguas construcciones góticas son S. Maria Novella de Florencia, S. Francisco de Bolonia y la basílica de S. Antonio de Padua, singular ejemplo de formas tradicionales y nuevas, que son una de las características del gótico (v.) italiano. En Roma, en este periodo, son particularmente activos dos grupos familiares de arquitectos-escultores: los Cosmati y los Vassalletto. Los primeros completan la iglesia de Civita Castellana; obra maestra de los segundos es el claustro de S. Juan de Letrán.Es de gran interés sobre todo la pintura toscana del Duecento, que anuncia la supremacía artística de Florencia (v.). Una de las más grandes empresas artísticas del siglo es la decoración con mosaico del baptisterio de Florencia. En ella participan en estrecha colaboración muchos artistas florentinos, pero la parte más importante parece corresponder a Coppo, autor, entre otras cosas, del gran Juicio Final. La herencia de Coppo la recoge Cimabue, al que se une la actividad de los maestros romanos, que trabajan con él en la decoración de la iglesia de S. Francisco de Asís. A una corriente diferente, que inicia las formas góticas del refinado Trecento sienés, pertenece Duccio di Buoninsegna. También Nicola Pisano resume genialmente los términos de la civilización artística medieval; el siglo concluye con una síntesis plenamente realizada en la centuria siguiente.5. Trecento. Al comienzo del Trecento, Giovanni P¡sano (v.), Giotto (v.) y sus escuelas parecen ya un primer y espléndido anuncio del Renacimiento (v.). Vasar¡, a quien la tradición atribuye la invención de la bella metáfora, reserva a Giotto el gran mérito de haber "mudado el arte de pintar del griego al latín". Giovanni Pisano, junto con Arnolfo di Cambio (v.), está considerado el genial divulgador de los cánones artísticos propuestos por su padre, Nicola; sus formas serán recogidas en diversas regiones italianas por Tino di Camaino (Siena y Nápoles), Giovanni di Balduccio (1. del Norte) y por el gran creador del duomo de Orvieto, Lorenzo Maitani. Pero en el centro del arte del s. xiv está siempre Toscana (Siena, Pisa, Florencia). En Siena la escuela pictórica fundada por Duccio (v. SIENESA, ESCUELA) es exaltada por el genio de Simone Martini (v.), mientras contemporáneamente se desarrollan las grandes personalidades artísticas de Pedro Lorenzetti (v.) y del más joven Ambrogio Lorenzetti (v.). Las formas de Giotto, aunque en términos menos poéticos, son tomadas por un gran número de "giottescos" que abarca dos generaciones: la primera comprende a Stefano y Taddeo Gaddi (v.), la segunda a Giottino y Juan de Milán, que conservan el original espíritu de Giotto; y finalmente el grupo encabezado por Andrea Orcagna (v.), que inicia la crisis de la parábola de la escuela "giottesca", que concluye en los últimos decenios del siglo con Spinello Aretino y Agnolo Gaddi (v.), hijo de Taddeo. Venecia es impenetrable a las novedades toscanas, y siguiendo el curso de su tradición arquitectónica, crea uno de los más grandes monumentos italianos, el Palacio ducal. También están aislados los pintores vénetos Paolo y Lorenzo Veneciano.A finales de siglo, Gian Galeazzo Visconti emprende la construcción del duomo de Milán, concluida en pocos decenios y fruto de la colaboración de artistas italianos, franceses y alemanes. En cuanto al estilo, el duomo de Milán resulta una imitación ecléctica de modelos góticos, sobre todo alemanes; es particularmente interesante la parte escultórica, en la que se trabajó un tiempo similar. Michelino da Besozzo, que pinta cartones para las vidrieras del duomo de Milán, ocupa un puesto importante en la génesis de la pintura gótica internacional (v.) en Lombardía. Este género de pintura, de carácter cosmopolita, tiene una particular fortuna en 1. en los años a caballo entre los s. xiv y xv. Stefano da Verona, Gentile da Fabriano (v.), Lorenzo Monaco (v.) y Pisanello (v.) son los máximos representantes.6. Quattrocento. Se abre el s. xv con las obras escultóricas de Nanni di Banco, Jacopo della Quercia (v.) y Lorenzo Ghiberti (v.), y con las pinturas de Stefano di Giovanni el Sassetta, Sano di Pietro y Masolino (v.), el último gótico, maestro de Masaccio.Masaccio (v.), Brunelleschi (v.) y Donatello (v.) constituyen la gran tríada de la primera parte del Quattrocento, que, con el signo redescubierto de la tradición clásica, abre el Renacimiento italiano en pintura, arquitectura y escultura. El gran descubrimiento de Brunelleschi, la perspectiva lineal, pone al hombre, al ojo del hombre, en el centro de toda creación artística. En este renovado sentido de la medida clásica se inspira una extraordinaria serie de artistas más o menos grandes en diferentes campos. Leon Battista Alberti, Beato Angelico, Domenico Veneziano, Filippo Lippi, Paolo Uccello, Andrea del Castagno, Michelozzo, Luca della Robbia, Andrea della Robbia, Bernardo Rosellino, Agostino di Duccio, Piero delta Francesca (v. voces correspondientes). En la segunda mitad del Quattrocento destacan en Florencia (v. FLORENCIA, ESCUELA DE): Benozzo Gozzoli, Alessio Baldovinetti, Antonio del Pollaiolo, Andrea di Cione (el Verrocchio), Sandro Botticelli, Domenico Ghirlandaio, Filippino Lippi y Piero di Cosimo (v. voces correspondientes). Los arquitectos de la segunda mitad del siglo están más o menos influidos por Brunelleschi; son: Giuliano y Benedetto da Maiano, Giuliano da Sangallo (v.), Simone del Pallaiolo (el Cronaca), Luciano Laurana, Francesco di Giorgio Martini y Francesco Laurana.En la I. central, también en la segunda mitad del siglo, trabajan grandes artistas, nacidos de la gran escuela de Piero della Francesca, como Luca Signorelli (v.) y Melozzo da Forli (v.), Pietro Vanucci (el Perugino; v.) y Bernadino di Betto (el Pinturicchio; v.). En Venecia encontramos a Jacopo Bellini (v.), con sus hijos Gentile y Giovanni, y sobre todo a Andrea Mantegna (v.), Bartolomeo Vivarini (v.) y Carlo Crivelli (v.). Más tarde, pero también en Venecia, a Alvise Vivarini (v.), Giambattista Cima y Vittore Carpaccio (v.), compañero de Gentile Bellini. En Nápoles: Colantonio y Antonello da Messina (v.). En Ferrara: Cosme Tura (v.), Francesco del Cossa y Biagio Rossetti. En Lombardía: Vicenzo Foppa. La simple lista de nombres basta para dar idea del carácter excepcional de esta época. Pero la etapa dorada del Renacimiento está representada por la primera veintena del Cinquecento.7. Cinquecento. El s. xvi es el más rico en la historia del arte italiano. Todos, desde los más grandiosos artistas hasta los menos, tienen en común el altísimo culto por la belleza clásica, pero cada uno lo revive en la soledad de la propia fantasía y lo realiza en formas originales, índice mayor o menor de su genio. En el ambiente de Urbino, se forma Donato Bramante (v.); en el taller de Verrocchio, el joven Leonardo (v.). Rafael (v.), Leonardo y Miguel Ángel (v.) crean el mito del hombre universal, del genio multiforme, expresión de lo divino en lo humano. Con Rafael, Leonardo y Miguel Ángel, la visión humanística del Cuattrocento se extiende; del hombre se pasa a la inteligencia de la Naturaleza entendida en su realidad cósmica. En la arquitectura, alcanza preeminencia la influencia de Roma, donde Bramante, Rafael y Miguel Ángel están rodeados por un gran número de discípulos procedentes de todos los lugares de 1. Colaborador de Bramante y ayudante de Rafael es, p. ej., Antonio da Sangallo el joven (v.), sobrino del Viejo, que conquista fama de experto indagador de los principios canónicos de la arquitectura clásica. Baldassarre Peruzzi (v.) se forma, en cambio, en la escuela de Laurana y de Francesco di Giorgio Martini. De educación romana y rafaelesca (v. ROMANA, ESCUELA) es Giulio Pippi, llamado julio Romano (v.). Baldassarre Peruzzi y Julio Romano anuncian el manierismo (v.).Con tal término, la crítica designa una particular forma de arte de maniera, propia de algunos pintores y escultores toscanos, que preferían los geniales modelos de la primera veintena del Cinquecento, y en especial a Miguel Ángel y Rafael, a la meditación directa sobre los inagotables aspectos de la Naturaleza. Durante el Cinquecento, el manierismo significó todavía la más amplia y aceptada divulgación de la cultura formal del Renacimiento italiano. Fueron por ello manieristas también los auténticos artistas, que nos explican cómo tal corriente gozó del favor de las cortes más ilustres de Europa. Se le considera iniciador a Jacopo Carucci el Pontormo (v.). A la primera época del manierismo pertenecen además Gian Battista di Jacopo, llamado Rosso Fiorentino, Domenico Beccafumi y Agnolo di Cosimo el Bronzino (v.).La pintura emiliana del Cinquecento toma relieve con Antonio Allegri, el Correggio (v.), que se formó principalmente en la gran escuela de Mantegna. Entre los ayudantes de Correggio encontramos a Francesco Mazzola, el Parmigianino (v.), con el que se relacionan, a su vez, Francesco Primaticcio y Nicolo Dell’Abate.Giorgione (v.) y el "giorgionismo" determinan el curso de la pintura véneta. Es grande el peso de la escuela de Giorgione; forma parte de ella su "mejor creación": Tiziano (v.). Otros dos notables artistas, Sebastiano del Piombo (v.) y Pordenone, se separan del maestro y consiguen una posición independiente, resultado de la distancia de la Roma de Rafael y Miguel Ángel que frecuentaron. Al margen de la pintura véneta se encuentra Lorenzo Lotto (v.). La pintura bergamasca del primer Cinquecento está representada por Palma el Viejo (v.), y la de Brescia por Gerolamo Romano el Romanino, Gian Gerolamo Savoldo y Alessandro Bonvicino el Moretto, junto a su discípulo y continuador Giambattista Moroni. En Venecia, el manierismo está ampliamente representado. En pintura, por Paris Bordone, Bonifacio dei Pitati y, sobre todo, por Andrea Meldolla el Schiavone. En escultura y arquitectura, por Jacopo Tatti el Sansovino (v.), por el nombre de su primer maestro, autor, entre otras cosas, de la Bibl. de S. Marcos; Michele Sanmichele y Andrea Falconetto. Pero el mayor genio de la cultura manierista véneta es Jacopo Tintoretto (v.). Peculiar en la pintura véneta es la posición de Jacopo Dal Ponte el Bassano (v.) y la de sus hijos Francesco y Leandro; ellos crearon ese particular género de pintura, al tiempo idílico y tenebroso, llamado "bassanesco". En este mismo periodo y en esta región, inspirándose en una visión épica y grandiosa de lo antiguo, exaltaron la elegante opulencia de la ciudad de los dogos, Andrea Palladio (v.) y Pablo Veronés (v.). En el Cinquecento tardío, la "maniera" se hizo habitual aun en artistas del talento de Jacopo Palma el joven (v.) en pintura, y en Alessandro Vittoria, discípulo de Sansovino, en arquitectura.Un arte manierista austero y elegante es, en cambio, el que se desarrolla en Florencia en la segunda mitad del Cinquecento. Está representado por Bartolomeo Ammanati, Bernardo Buontalenti y Giorgio Vasari (v.). En tal ambiente se pueden encuadrar también la figura y la obra de Benvenuto Cellini (v.), tras su estancia en Roma y Francia, y asimismo la figura del otro gran escultor de la época, Juan de Bolonia (v.), que anuncia el Barroco (v.).Mientras tanto, en Roma, Jacopo Barozzi el Vignola (v.) precede y anuncia, no sólo con su tratado de las "Regole delli cinque ordini di architettura", tomado como canon por los arquitectos de los s. xvii y xvtn, sino también con sus creaciones arquitectónicas, a los dos grandes del Barroco italiano, Bernini y Borromini. Al final del siglo, Federico Barocci (v.), pintor de Urbino, revela su original fantasía idílica, mientras en Roma la escuela del Cavaliere d’Arpino produce cuadros en serie como "máquinas de maniera".8. Seicento. Los mayores genios del s. XVII desde Caravaggio (v.) a los Carracci (v.), desde Bernini (v.) a Borromini (v.), trabajan en Roma, donde el arte recibe gran impulso del mecenazgo de los Papas, de los cardenales y de los nobles romanos. Tal preeminencia artística se nota incluso en regiones tradicionalmente independientes, como Toscana, Lombardía (V. LOMBARDA, ESCUELA), Piamonte e incluso Venecia. Por un lado, en el realismo de Caravaggio se inspira la pintura napolitana del primer Seicento y, por otro, el decorativismo de Pietro da Cortona (v.) y de sus seguidores hasta Lucas Jordán (v.) en el extremo del siglo se debe a la reforma de tipo clásico de los Carracci. El Seicento comienza dando una nueva cara a Roma con la arquitectura de Bernini y Borromini. Más tarde, Guarino Guarini (v.) se identifica con Borromini y, con su genio fantástico, contribuye al desarrollo arquitectónico de Turín y al incremento del rococó (v.) europeo, especialmente francés y alemán. También puede considerarse europeo el Bernini escultor, cuya lección sirvió de ejemplo durante todo el Settecento. En el marco de la arquitectura barroca italiana asume un relieve particular una ciudad apuliense, Lecce. Sus arquitectos elaboran un barroco "plateresco" semejante al español de la época; ello se debe al hecho de que la región vecina dispone ampliamente de una piedra calcárea especial y muy fácil de trabajar.Nápoles se ufana en este siglo de dos generaciones de "caravaggiescos"; a la primera pertenecen Giambattista Caracciolo el Battistello y el español José Ribera (v.) el Españoleto; a la segunda generación se une la actividad de Artemisia Gentileschi y está representada por Matteo Stanzione, Domenico Vaccaro y Bernardo Cavallino (V. NAPOLITANA, ESCUELA). Protagonista de la segunda parte del Seicento napolitano es Mattia Preti, que se identifica con Lucas Jordán, especialmente en lo que se refiere a la búsqueda común de efectos decorativos. Aislada aparece la poética figura de Salvatore Rosa. También surgieron notables artistas de la Academia boloñesa de los CarracC¡ (v. BOLONIA, ESCUELA DE); los más famosos son Guido Reni (v.), Domenico Zampieri el Domenichino (v.), Francesco Albani y Bartolomeo Schedoni; distinta es la personalidad de Guercino (v.). El Seicento veneciano no da ningún gran pintor o escultor, pero sí un gran arquitecto: Baldasarre Longhena (v.).9. Settecento y Ottocento. La historia de las artes figurativas del s. xviii italiano se caracteriza por dos grandes corrientes que se desarrollan en dos importantes centros, Venecia y Roma en la primera y en la segunda mitad del siglo: el rococó y el neoclásico respectivamente (v. NEOCLASICISMO 1, 1). La moda rococó, originaria de Francia, está enriquecida en I. por el cromatismo fastuoso de los grandes decoradores venecianos, desde Ricci a Pellegrini, desde Annigoni a Tiepolo (v.). La renovada preeminencia veneciana de la pintura perdura también en la segunda parte del Siglo (V. VENECIANA, ESCUELA), principalmente con Pietro Longhi (v.) y Canaletto (v.). En la segunda mitad del siglo se registra una reacción al preciosismo arcádico del rococó en término protorrománticos, gracias a Piranesi (v.) y Guardi (v.). En arquitectura, no son muchos los grandes maestros; se recuerdan los nombres de Filippo Juvara (v.), que trabajó en Turín, Madrid y otros lugares; Giuseppe Mario Crespi, Giambattista Piazzetta y Luigi Vanvitelli, creador del palacio real de Caserta. El Settecento es, pues, el siglo de la pintura y el siglo de Venecia.El neoclasicismo italiano, que había dado ya sus primeros frutos en la segunda mitad del s. xvili, encuentra en los primeros decenios del s. xix en Antonio Canova (v.) su intérprete más genial. Pero Canova trabaja más en Europa que en I. Se inicia así ese proceso de interrupción del curso milenario del arte italiano que madura en la segunda mitad del Ottocento, asignando a I. una función provincial y periférica en comparación, p. ej., con París. Pocos son los nombres válidos de la pintura romántica italiana (V. ROMANTICISMO V): Giovanni Carnevalli el Piccio, Tranquillo Cremona, Giacinto Gigante, Filippo Palizzi, Domenico Morelli; más numerosos son los macchiaioli (impresionistas): Giovanni Fattori, Silvestro Lega, Telemaco Signorini, Raffaele Sanes¡, Adriano Cecioni. También son escasos los nombres en arquitectura, en la que domina un eclecticismo general: Calderini, Sacconi y Antonelli. Entre los pintores impresionistas (v.) y neoimpresionistas (v.) italianos se recuerda a Zandomeneghi, Segantini y Previati. En escultura, el único artista italiano no provinciano, aparte de Canova, es Medardo Rosso.10. Novecento. El arte italiano del Novecento, disgregado en muchas corrientes, desde futurismo a pintura metafísica, desde Correnti a Frente nuevo de las Artes, desde Arte pobre a las formas más audaces de la vanguardia, participa activamente en el contexto contemporáneo del arte europeo. Junto con artistas como Boccioni (v.), Carrá (v.), Balla, Russolo, Severini (v.), Soffici y Sant’Elia, que se adhieren en un principio al futurismo (V. FUTURISMO II), también representan a la pintura italiana contemporánea otros nombres válidos; baste recordar sólo los más importantes: Morandi (v.), De Pisis, De Chirico (v.), Magnelli, Campigli y Guttuso. En arquitectura, Piacentini y Giovannoni, definidos hoy día como "retóricos oficiales del fascismo", han sido sustituidos por los numerosos miembros del Movimiento italiano para la Arquitectura racional, sin que esto señale, sin embargo, cambios radicales; todas las estructuras modernas, excepto raras excepciones, parecen subordinar a la ley de la funcionalidad todo canon estético.GIUSEPPE PALMIERI.
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