Isáurica, Dinastia HIST.
Categoria:
Historia
Ni Bardanés Filípico (711-713), ni su ministro Anastasio II, elevado al trono (713-716), lograron imponer el orden en el Imperio (v. BIZANCIO I), ni superar la crisis económica y espiritual cada vez más intensa. Esta debilidad fue aprovechada por búlgaros y árabes para invadir los territorios imperiales. Las tropas de la provincia militar (tema) de Opsikión declararon Emperador a Teodosio III (716-717), un funcionario tan débil como los anteriores. León III el Isáurico o el Sirio (717-741), estratega de los anatolios, ayudado por el estratega de los armenios, Artavasde, entró en Constantinopla en el 717 y se hizo coronar en Santa Sofía por el patriarca Germán, para restablecer la autoridad imperial, iniciándose con él la dinastía I. (717-802). Bajo los Isaurios, el Imperio resiste a los agentes exteriores que intentan destruirlo, desarrolla las instituciones creadas en la etapa anterior, se humaniza el Derecho y se experimenta una grave crisis interna en el intento de conseguir la unidad lingüística, territorial y religiosa. Esta última se manifiesta en el gravísimo conflicto de los iconoclastas (v.), que oscurecieron en gran parte el aspecto positivo conseguido por la dinastía.Como en la época de Heraclio, continúa la helenización progresiva del Imperio, mientras que la influencia eclesiástica conduce al distanciamiento de Occidente. Al mismo tiempo, junto a la militarización del Estado los Emperadores intervienen en la dirección de los asuntos eclesiásticos. León 111, gran general y excelente economista, reorganizó los cuadros militares igual que Heraclio (V. HERACLIANA, DINASTÍA), restableció el orden en el Imperio y salvó a Constantinopla, sitiada por los árabes (718), venciendo a la flota musulmana; por la victoria de Akroinon (cerca de Amorium, 739), les obligó a retirarse de Asia Menor. Terminó con la anarquía interior, dominando los intentos de rebelión del estratega de Sicilia y del ex Emperador Anastasio. Publicó una importante obra legislativa: la Égloga (740) o selección de leyes del Derecho justinianeo adaptadas a la evolución social de la época y que influyeron entre los eslavos.Lucha de iconófilos e iconoclastas. Su política religiosa relegó a un segundo plano la extraordinaria labor jurídica, y su nombre va unido al problema espiritual bizantino de esta etapa, en la cual existieron dos partidos: los iconófilos o partidarios del culto a las imágenes, y los iconoclastas, que consideraban que este culto había fomentado la idolatría en el pueblo, y deseaban eliminar las imágenes. El monacato fomentaba el culto, mientras que parte del alto clero y el ejército eran iconoclastas. El Emperador tomó partido por estos últimos (726); en el 730, proscribió el culto y ordenó la persecución de los iconófilos. Hubo revueltas populares, se alzaron el patriarca Germán de Constantinopla, el papa Gregorio II y S. Juan Damasceno (v.), que advertían que la imagen era sólo un símbolo, no un ídolo, pero que contribuía a la veneración de Cristo, la Virgen y los santos. La crisis iconoclasta perturbó al Imperio durante más de un siglo (726-843).Constantino V (741-775), hijo y sucesor de León III y Emperador con él desde el 720, continuó la misma política religiosa. Después de realizar con éxito campañas contra los árabes en Armenia y Mesopotamia (752), inició las hostilidades contra los búlgaros (756-775), que le costaron la vida. Constantino llevó el problema de la iconoclastia a la dogmática cristológica, preguntándose si era posible representar la imagen de Cristo-Dios, con lo que continuaron las viejas discusiones cristológicas. Se apoyó en el partido iconoclasta, cuya fuerza principal la formaban los militares de los temas de Asia. Convocó un concilio, en el que participaron 338 obispos, reunidos en el palacio de Hieria (10 feb. 754), que propugnó la destrucción de las imágenes religiosas, y su sustitución por las representaciones del Emperador y sus hazañas. Este concilio, que duró siete meses, rechazó las doctrinas heréticas del Emperador con relación a la intercesión de la Virgen y los santos. De nuevo se suceden las persecuciones de los iconófilos y el exilio de los monjes, con la confiscación de bienes eclesiásticos y cierre de las iglesias. Esta política desprestigió en Italia la autoridad del Emperador, si bien el Pontificado y el Imperio tuvieron un régimen de compromiso frente al poderío lombardo. Sin embargo, la aproximación del Papado a los carolingios distanció aún más ambos poderes.León IV, hijo y sucesor de Constantino, continuó durante su corto reinado (775-780) la política de su padre, pero con menos energía; su época puede considerarse de transición; supo conservar los resultados de la política de Constantino. Casado con la ateniense Irene, iconófila, se mostró más benigno que su padre y cesaron las persecuciones antimonásticas. Pero no pensó suprimir las leyes iconoclastas. Cuando la situación comenzó de nuevo a ponerse tirante, murió repentinamente el Emperador de carbunco, a la edad de 30 años (780). Le sucedió su hijo Constantino VI (780-790), de 10 años de edad, bajo la regencia de su madre Irene, que fue preparando la restauración del culto a las imágenes. Después de dominar una conspiración militar, firmó una tregua con los árabes (782) por tres años; y solicitó del papa Adriano I la reunión de un concilio, que restableciera el culto a las imágenes. El patriarca Paulo, mientras tanto, arrepentido del juramento iconoclasta que había prestado, abdicó de su cargo; vacante la sede arzobispal, Irene hizo elegir para ella a su secretario, el laico Tarasio.Escisión espiritual entre Oriente y Occidente. Con su ayuda, se preparó el II Conc. de Nicea (v.; mayo 787), último reconocido como ecuménico por la Iglesia ortodoxa oriental y que restableció la iconodulía o iconofilia. Parte del ejército intentó oponerse, pero, en el 790, Irene, que había sido retirada de la regencia en ese año, se hizo coronar Emperatriz (790-802), después de cegar a su propio hijo Constantino VI, para poder reinar independientemente. Carlomagno, coronado por el papa León III (Navidad del 800) como rey de francos y lombardos, envió a Bizancio una embajada para que se confirmara su elección (802). Una nueva revuelta deponía a Irene, desterrada a Lesbos (802), y entronizaba a Nicéforo 1 (802-811), quien organizó la defensa y levantó la economía, arruinada con la Emperatriz Irene, último representante de la dinastía 1.C. TORRES DELGADO.
BIBL.: C. OSTROGORSKY, Histoire de !’Empire Byzantin, París 1956.
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