Iriarte, Tomás de
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Biografía GER
Fabulista español de la segunda mitad del s. XVIII. N. en el Puerto de la Cruz (Tenerife) el 18 sept. 1750, y allí permanece hasta la edad de 10 años, en que es trasladado a Orotava, donde, de 1760 a 1764 aprende las primeras letras junto a su hermano, el dominico Juan Tomás. A instigación de su tío Juan de Iriarte (1702-71), bibliotecario del Rey, marcha a Madrid el 4 jul. 1764, componiendo al partir, según afirman Pignatelli y Martín Fernández Navarrete (cfr. o. c. en bibl.), un poema en dísticos latinos. Durante los siete años siguientes, 1. adquiere una considerable erudición, sobre todo en el terreno filológico, pues aparte sus traducciones frecuentes del latín y del francés, aprende inglés e italiano.Muerto su tío en 1771, T. de I. es nombrado para ocupar su puesto e ingresa como oficial traductor de la primera secretaría del Estado, traduciendo por orden superior varios apéndices para una obra en defensa del obispo Palafox. Cuatro años más tarde, traba conocimiento con José Cadalso (v.), que ejerce una enorme influencia en él, al chocar su carácter temperamental y exaltado con el frío y poco flexible comportamiento del escritor canario. Aunque 1. no llega a centrar, como Cadalso, la temática en los problemas de su tiempo, al menos humaniza su pensamiento, liberalizándolo del ambiente de su biblioteca, y las obras escritas por esos años figuran entre lo mejor de toda su producción. En 1776 le nombran archivero del Supremo Consejo de Guerra. A partir de entonces su prestigio aumenta y Floridablanca (v.) no sólo le defiende de los despiadados ataques de J. P. Forner (v.), prohibiendo la publicación del libelo Los gramáticos chinos, sino que incluso le ayuda económicamente, editando su poema La Música (1779). Escribe Los literatos en Cuaresma, Epístolas, El egoísmo, y traduce la Epístola ad Pisones, además de la Sátira 1° del Libro I del mismo Horacio, 14 Fábulas de Fedro y los 4 Primeros Libros de la Eneida, aparecidos en la primera edición de sus obras completas. En 1782 publica el libro que le daría más fama, Las Fábulas literarias. Durante los años siguientes escribe varias obras para el teatro, El señorito mimado (1787), La señorita malcriada (1788); recluido por la enfermedad de gota en Sanlúcar de Barrameda, compone en 1790 El don de gentes, el juego Donde menos se piensa salta la liebre, y el monólogo Guzmán el Bueno. Agravado su mal, m. en Madrid, el 17 sept. 1791.Según puede verse en esta biografía, el caso de I. es el de un escritor cuya vida carece de continuidad. Prácticamente, salvo la novela, lo abordó todo, pero no profundizó en nada. Como traductor, tiene el mérito de haber introducido las reglas horacianas y el nuevo teatro francés. Asimismo, a pesar del academicismo afrancesado de sus teorías literarias, en el terreno de la lengua buscó siempre el uso del español castizo. huyendo de giros extranjerizantes que alterasen el idioma. Como dramaturgo, es precedente de la típica comedia neoclásica de L. Fernández de Moratín (v.), pues a pesar de su escaso valor dramático, no se le puede negar una cierta perfección formal tanto en el desarrollo hábil de las escenas, como en el trazado de sus personajes, que pretenden ser una copia aleccionadora de la realidad, aunque sin demasiadas pretensiones de profundización.Tal vez sea su labor de poeta la que mayor interés presente. Las Fábulas literarias muestran un complejo tratado de estética bajo forma de apólogos entre animales. A diferencia de Samaniego (v.), para quien la fábula es una manera de moralizar, para I. sólo es una forma de hacey crítica literaria. Introduce esquemas métricos ya olvidados, como el dodecasílabo y el alejandrino de 14 sílabas con dos hemistiquios de siete. Pero, sin embargo, sólo en contadas ocasiones sus versos poseen calidad, faltos casi siempre de un mínimo calor humano que les dé vida. A pesar de ello, hay un hecho cuyo mérito nadie puede negarle: su originalidad como fabulista, pues mientras Samaniego en España y La Fontaine (v.) en Francia calcan sus modelos de las obras de Fedro (v.) y Esopo (v.), I. crea sus propias historias; aunque, al final, llevan a una moraleja tan convencional como la época en que nacieron. Para la visión del s. xx, I. queda como un valor de un siglo poco menos que estéril en el terreno de la poesía española. Desarraigado de la tradición propia y sólo cultivador de una manera de creación ajena (la fábula), a la que, pese a sus intentos de renovación, no consigue revitalizar, su obra apenas si ha podido resistir el paso del tiempo.V. t.: FÁBULA; SAMANIEGO, FÉLIX MARÍA.JENARO TALÉNS.
BIBL.: T. DE IRIARTE, Poesías, estudio preliminar de M. FERNÁNDEZ NAVARRETE, Madrid 1935; íD, Poesías, ed. de A. NAVARRO GONZÁLEZ, Madrid 1953; C. PIGNATELLI, Notice sur T. de Iriarte, "Revue Hispanique" XXXVI (1916) 200-252; E. COTARELO, Iriarte y su época, Madrid 1897; P. S. RUSSELL, Poética y poesía dieciochesca, Madrid 1969; J. SUBIRÁ, El filarmónico don Tomás de Iriarte, "Anuario de Estudios Atlánticos" 9 (1963) 439-464.
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