Iran, Prehistoria, Arqueologia y Etnografia. HIST.
Categoria:
Historia
En los macizos montañosos que rodean a la meseta (v. i, 1), especialmente Zagros y Elburz (v.), se abren espléndidos valles, en los cuales se realizó, en gran parte, la historia antigua de I., por ser zona de múltiples recursos y en donde la ganadería encuentra el medio idóneo durante todo el año. Esto hizo que desde muy antiguo (V milenio) el Zagros cobijara varios núcleos de población, de los que se desconoce por el momento su lugar de procedencia.La arqueología de 1. tiene una breve historia. En los últimos años, se ha producido una serie de hallazgos revolucionarios que han hecho desplegar una gran actividad y que han despertado el interés hacia una rama de la Arqueología que, por razones diversas, permanecía un poco aletargada. Con los grandes descubrimientos de Susa, Persépolis, los famosos bronces del Luristán, que guardan un exquisito sabor a moderno y son, cada uno de ellos, independientemente, verdaderas obras de arte, el tesoro de Ziwiyé, compuesto por piezas de oro y marfil, por citar unos ejemplos, los distintos organismos científicos han puesto atención en esta zona. Esto hace que muchos aspectos de las más antiguas culturas queden aún hoy día un tanto confusos. Además, las excavaciones antiguas no seguían el método estratigráfico y muchas piezas se han rescatado de manos de anticuarios o aficionados, sin la menor referencia cronológica ni del contexto arqueológico en que se hallaban. Este problema se multiplica en un país como l., que es un lugar de paso, que ha recibido influencias muy dispares y tenido contacto con todas las grandes culturas de las tierras vecinas, lo cual obliga a utilizar métodos muy rigurosos y equipos numerosos dirigidos por personas muy capacitadas.Es de lamentar también la falta de testimonios escritos, que no fueron importantes hasta el florecimiento del Imperio aqueménida, momento en que I. entra de lleno en la Historia.El más antiguo establecimiento humano en I. es el yacimiento de Tepe Sialk, junto a un oasis; fue reconocido por R. Guirshman. Sialk 1, el más antiguo, no contiene restos de arquitectura, porque sus casas debían ser muy sencillas, hechas a base de materiales bastante blandos. Sus gentes practicarían la agricultura y tenían ya animales domésticos, especialmente bueyes y corderos, de los que se han encontrado abundantes restos óseos, algunos de ellos utilizados para la fabricación de hoces, incrustándoles dientes de sílex. Quizá existiera también un artesanado textil, ya que la aparición de numerosas /usayolas (cabezas, a veces decoradas, de husos para tejer) así lo hace suponer. Poseían una cerámica de color rojo, hecha a mano, bastante fina, utilizando siempre la paja coma. desengrasante, a fin de evitar que pudiera romperse durante la cocción. Esta fase con pintura y decoración sencilla marca el comienzo de la historia de las cerámicas pintadas en 1. En Sialk 1, los cadáveres, previamente pintados de rojo, se enterraban en el subsuelo de las viviendas. Sialk II presenta pocas novedades con respecto al periodo anterior. Una de ellas es la utilización del ladrillo crudo secado al sol, que sustituye a los suelos de tierra batida que existían hasta entonces en todas las casas y que en Sialk II, sirve ya para construir también los muros. Sí hay, en cambio, importantes novedades en el tipo de cerámica, que ahora se cuece ya en un verdadero horno construido al respecto. Desciende considerablemente la cantidad de paja y se fabrican piezas más pequeñas, de paredes más finas. Es de pasta roja y muestra una decoración geométrica, que poco a poco deja paso a representaciones muy esquematizadas de escenas animalísticas.Sialk III aparece a unos 800 m. al S de los antiguos emplazamientos y su vida se desarrolla a lo largo de casi todo el IV milenio. Sialk 111, 1 entra en contacto con otra cultura bastante parecida, Tepe Hissar (nivel Hissar I, A). En Sialk II, 2 se hicieron cada vez más frecuentes los pequeños objetos de cobre martilleados. A partir de Sialk III, 4 y Hissar 1, B el cobre empieza a fundirse y colarse en un molde. Asimismo, aparece el torno de alfarero, que permite una mayor rapidez en la fabricación y la obtención de formas mucho más regulares. En Susa (v.), aparecieron numerosas piezas, consideradas como obras maestras de la primitiva cerámica pintada de I. La primera fase de Susa (Susa A) es conocida por su necrópolis.Durante la segunda mitad del II milenio, una dinastía elamita se instala en Susa, cuyas excavaciones han puesto al día los variados testimonios de la época, que van desde la arquitectura monumental a la pequeña estatuaria. No hay restos arquitectónicos que correspondan a la primera época. El periodo siguiente (1500-1000 a. C.) ha dejado importantes restos de edificaciones como el zigurat (v.) de Choga-Zembil, de 25 m. de alto y 105 de lado, que es uno de los mejor conservados; y una serie de valiosas esculturas en piedra o bronce, como la de la reina Napir-Asu, esposa de Untash-Huban.Los bronces de Luristán. Procedentes de sitios muy dispares, los museos y colecciones particulares han conseguido reunir numerosos bronces procedentes de las necrópolis descubiertas en las montañas de Luristán. Las armas constituyen una de las series más interesantes, consistente en una gran variedad de puñales, hachas, esIRÁN IIIpadas, puntas de flecha, etc. Entre los puñales, destaca el tipo de una sola pieza, cuya empuñadura presenta unas acanaladuras huecas, en donde se incrustaban placas de madera o hueso. El resto de las armas, en especial las hachas, se hallan tan profusamente decoradas y algunas de ellas tienen el filo tan vertical que hace suponer fueran de tipo ritual y no utilizables en combate. Los objetos de adorno como torques, brazaletes, collares, anillos, etc., constituyen también una larga y riquísima serie.Sobre la cronología y filiación de estos bronces, hay opiniones de todo tipo. Algunos autores, entre ellos A. Godard, los atribuyen a los cassitas, gentes que desde muy antiguo ocuparon los Zagros y que en el s. xvt a. C. fundaron su dinastía en Babilonia. Pero, según parece, estos bronces no existían todavía en el momento de la ocupación, la mayoría de ellos debió de fabricarse después de la vuelta de los cassitas a sus montañas (posterior al s. XII) y antes de la aniquilación de éstos por los asirios (s. vit a. C.). El autor soviético Piotrovsky relaciona el arte de Luristán con los cimerios, fechándolos entre los s. VIII-VII a. C.Sialk B. Por encima de Sialk IV, se documentan dos niveles de necrópolis muy interesantes. La primera (A) proporcionó 15 sepulturas, cerámica gris y una serie de instrumentos pertenecientes al final de la Edad del Bronce. La necrópolis B, la más interesante y fechada a principios del I milenio a. C., contiene unas 200 tumbas y no parece guardar relación alguna con la’ primera, ya que el tipo de inhumación es distinto, prueba evidente de un cambio de población. La cerámica presenta decoración geométrica y animalística muy estilizada.El periodo Aqueménida (550-331). La dinastía Aqueménida (v.), que acaba por englobar bajo un solo cetro I., Mesopotamia, Siria, Egipto, Anatolia e India occidental, crea el más grande imperio jamás conocido hasta entonces. Se mantuvo dos siglos gracias al despotismo de los monarcas, quienes promovieron un arte fundado en la exaltación de su real persona. Después de la victoria sobre Astiages, Ciro anexionó el territorio medo y fundó Pasagarda (v.). El arte de la época aqueménida alcanza en Persépolis (v.), la nueva capital fundada por Darío I (v.), su máximo apogeo. Muerto este monarca, empieza para el imperio el periodo de decadencia. La arquitectura aqueménida es ante todo monárquica, y su monumento esencial es el palacio del rey. El palacio que Ciro mandó construir en Pasagarda es un perfecto ejemplo de ello. La monumental ’entrada en el sector SE es seguida de una sala hipóstila con dos alineaciones de cuatro columnas que sostienen el techo. La puerta principal está custodiada por cuatro grandes toros, dos de ellos alados y dos androcéfalos. Algo más al S se halla la tumba de Ciro el Grande, cuya cámara funeraria se levanta sobre un zócalo de seis peldaños.En Persépolis, se celebraba con toda majestuosidad la fiesta del Año Nuevo, en que las representaciones de cada uno de los pueblos que estaban bajo el poder del monarca ofrecían a éste presentes como muestra de sumisión y respeto. Algunas de estas ceremonias se hallan bellamente representadas en los frisos conservados en la ciudad. A pocos kilómetros de Persépolis, en un lugar llamado Nags-i-Rustam, se esculpieron en la pared rocosa cuatro grandes hipogeos correspondientes a Darío I, Jerjes, Artajerjes y Darío II, todos con un mismo tipo de fachada cruciforme. La arquitectura de la época aqueménida no es del todo original, ya que toma elementos de cada uno de los países sometidos o con los que entabló relación. Estos elementos, magistralmente sintetizados, constituyen la base de su originalidad. Los arquitectos persas poseyeron el genio asimilador y la fuerza creadora que evoca diferentes gustos y responde a un mismo programa: la exaltación de la figura del monarca.La escultura de este periodo se ha relacionado en repetidas ocasiones con los relieves asirios (v. MESOPOTAMIA Iv). En efecto, el principio es el mismo, pero no su utilización. Si el friso asirio es puramente decorativo, el aqueménida tiene además un papel arquitectónico. Sus figuras debían estar policromadas y algunas de ellas cargadas de elementos metálicos, que producirían un violento efecto. Típicos de un arte real, especialmente suntuoso, son los frisos aqueménidas, a base de ladrillos vidriados. El más conocido representa a los arqueros del rey con larga túnica bordada, sosteniendo la lanza con ambas manos y a la espalda el arco y el carcaj. Otro tema muy generalizado son los animales fantásticos como grifos o animales compuestos, corrientemente alados. El colorido ofrece una gama variada, con predominio del verde, amarillo, blanco y marrón. Son también interesantes las pequeñas figurillas de animales, normalmente de metales preciosos, en algunos de los cuales, como ocurre con la cabra alada del Museo del Louvre, que es un asa desprendida del vaso, se observa un lejano, pero evidente gusto griego. Esta figurilla corresponde al s. Iv a. C.El periodo seléucida (331-250). A la muerte de Alejandro Magno (v.) en el 323 a. C., los diadocos, sus sucesores, sostuvieron enconadas luchas entre ellos para repartirse la fabulosa herencia del macedonio. Seleuco y Ptolomeo impusieron su superioridad sobre los demás. Seleuco, después de conquistar casi todas las provincias de Alejandro en Asia, fundó un vasto imperio (v. SELUCIDA, DINASTÍA). Su dinastía duró hasta el s. I a. C. El arte de esta época es bastante mal conocido, debido a que los monumentos conservados son muy pocos. Sin embargo, ha sido posible observar dos diferencias en su producción artística: hay en primer lugar un arte persa conservador y portador de las más arcaicas directrices, sin asomo alguno de ideas extrañas. El templo de Nurabad, cerca de Persépolis, es un claro exponente. La segunda variante es un arte griego, cuyas obras pudieron ser realizadas por artistas griegos, como algunas esculturas de Susa, Persépolis, Tall-i-Zuhak, etc., o bien por artistas locales que trabajaron para clientes griegos o para clientes persas influenciados por el helenismo. Citaremos como ejemplo los templos de Kangavar y Khurhah.La época parta (250 a.C.-224 d. C.) . Las tribus partas, que se habían instalado al Sur del mar Caspio, se rebelaron contra los Seléucidas y crearon, hacia el 250 a. C., la dinastía Arsácida, que no llegó a dominar todo el territorio hasta el s. II a. C. Representa un periodo de violencias y guerras contra los romanos y desaparece con la llegada de los Sasánidas (v.).El arte parto es un cúmulo de corrientes diversas que se extiende desde Siria hasta Asia central. Hay notables cambios en el aspecto constructivo, pues las ciudades se proyectan según un plano circular, como ocurre en Firozabad y Takht-i-Sulaiman; y para la cobertura de los palacios se utiliza la bóveda en lugar del techo plano, sobre columnatas que utilizaban los arquitectos aqueménidas y seléucidas. Las paredes ofrecen mayor superficie para la decoración, que se hace con motivos geométricos o vegetales, sobre una capa de estuco. De escultura quedan interesantes restos. Para la estatuaria masculina hay una serie de rasgos característicos que merece la pena enumerar: suelen llevar la cabellera sujeta con una diadema; ojos muy grandes, que infunden a la mirada una gran fijeza; visten túnica y largo pantalón, y en la cara se observa un espeso bigote y barba corta muy apuntada. Abundan también los bajorrelieves, cuyas figuras se destacan muy poco de la piedra y son de escasa movilidad. Parece ser que la influencia griega es mucho más intensa en las figuras femeninas que en las masculinas. Los temas ecuestres son los más frecuentes y también las escenas del monarca recibiendo el homenaje de sus vasallos o de algún sacerdote celebrando sacrificios ante el altar. Son frecuentes además las figurillas de tierra cocida que representan alguna diosa o jinetes al galope disparando el arco.La época sasánida (224-642). Es un periodo próspero, parecido al de los antiguos aqueménidas. El zoroastrismo (v. ZOROASTRO) fue el credo oficial de los persas, cuyo arte continuó siendo, como en tiempos anteriores, del rey y su corte; los trabajos fueron de tanta magnitud como los de Roma o Bizancio. El arte sasánida es una síntesis perfecta entre el del I. tradicional, con raíces a muchos siglos de distancia, y las nuevas influencias venidas de Oriente y Occidente. La arquitectura sasánida ha legado una serie de palacios, templos o santuarios, dos piezas principales. La primera es múltiple, de recepfortalezas y algunos puentes. Los palacios constan de ción, entre las que hay que contar la sala del trono, y en la parte trasera se hallan los patios rodeados de habitaciones y otras dependencias. La tradición griega y romana se manifesta sobre todo en la decoración de los muros, cubiertos de estuco pintado con temática variada, pero en donde no faltan casi nunca las grecas, denticulados y hojas de acanto; son corrientes las mezclas con elementos orientales, ?tales como grifos o animales afrontados y cabezas entrelazadas. A veces, se cubren los suelos con bellos mosaicos, que representan escenas de tema diverso.La escultura halla su máximo exponente en los relieves rupestres, muy abundantes en la provincia de Fars. Los temas predilectos son la representación del rey y su corte, investidura del monarca, el rey ante el fuego sagrado, sentado en su trono, escenas de cacerías reales o el rey a caballo arrollando a sus enemigos. Otro aspecto artístico de los Sasánidas es el trabajo del metal, especialmente la plata, con la que consiguen meritorias piezas de orfebrería como copas, botellas de plata maciza con escenas decoradas y a veces combinando el oro y la plata para que los relieves se destaquen más del fondo. La numismática juega en este caso un papel muy importante para la datación de los demás restos. En las monedas, cada rey tiene su peinado personal, distinto del de los demás soberanos.V. t.: IV; MUSULMÁN, ARTE.E. RIPOLL PERELLÓ, J. MONFORT.
BIBL.: V. la de IV y además, E. PORADA, El Antiguo Irán, Barcelona 1963; A. GODARD, El arte del Irán, Barcelona 1969; R. GuIRSHMAN, Irán, Partos y Sasánidas, Madrid 1962.
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