Investigación Agraria. CIENCIA
Categoria:
Ciencia
Objetivos. La i. a., en general, es el conjunto de actividades que se desarrollan en la búsqueda de soluciones para: 1) Encontrar nuevos factores, variables o técnicas que hagan más productiva la explotación agraria. 2) El aprovechamiento óptimo de cada uno de estos factores, variables o técnicas. 3) La combinación más adecuada entre varios de ellos.La búsqueda de las variables o factores más productivos de la explotación agraria persigue: la obtención de nuevas variedades de plantas y razas de animales o de nuevas asociaciones de plantas o de plantas y animales (de patrón e injerto, de pastos y producción de carne, etc.); el conocimiento de factores positivos de la producción (nivel ecológico-clima y suelo-adecuado a las distintas producciones agrarias, p. ej.), o de factores negativos (plagas y enfermedades, virosis, deficiencias, etc.). Comprende, en suma, el conjunto de actividades, que se podrían llamar técnicas, que actúan sobre el material vegetal o animal y las condiciones ambientales, biológicas y artificiales que rodean la producción.La búsqueda del óptimo de aprovechamiento de una variable o factor individual pertenece a la i. económica en tanto en cuanto trata de conocer el punto de máximo beneficio debido a su empleo a niveles distintos. Comprende esta i., p. ej., la búsqueda del óptimo de densidad de plantas por Ha. o mz, de, su abonado, del riego, de los tratamientos fitopatológicos, de la mecanización de su cultivo, recolección, etc., o planteado al revés, el óptimo aprovechamiento de una unidad de mano de obra, de una unidad de superficie agraria útil o de una unidad de inversión.La combinación más adecuada de varias variables, factores o técnicas pertenece al dominio de la i. de la empresa agraria, que busca el óptimo económico haciendo variar las variables productivas (técnicas, material vegetal o unidades de mano de obra) o las puramente económicas (superficie de la explotación, niveles de inversión o financiación), o bien, conjuntamente factores técnicos y económicos. Este tipo de i. moderna de la empresa se llama Gestión de la empresa agraria y a nuestro juicio debe incluir el análisis previo de los mercados agrícolas, sin cuyo estudio no es racional pensar en la salida, a corto o medio plazo, de las producciones consideradas.Tal como ha quedado objetivada la ¡.a., no debe considerarse como tal la parte de la i. fundamental que estudia los fenómenos biológicos y las relaciones de causa a efecto de los procesos vitales de las plantas y animales económicos. Esta parte de la i. está incluida en la fundamental, básica o científica y no considera entre sus objetivos el fenómeno económico agrario directa o indirectamente, sino de forma remota.Responsabilidad. Dado el carácter amplio de los objetivos indicados y la importancia de la producción agraria en las economías nacionales, la i. de este sector es de la competencia y responsabilidad de los Gobiernos correspondientes, que la organizan y desarrollan a sus expensas en cada país. Por ello en este artículo se exponen no sólo los conceptos específicos de las actividades propias de la i. a., sino la concepción y organización de esta actividad con carácter nacional, todo ello con la experiencia de los países más desarrollados y, en el caso de España, de acuerdo con los estudios más recientes (FAO, marzo de 1970).Metodología. Concebida así, la i. a. no puede ser sino regional, considerando a la región como parte de cada nación que tiene un conjunto de caracteres ecológicos y sociológicos peculiares. En efecto, no se puede investigar la técnica y la economía de la producción empresarial agraria si no se las refiere a un medio ecológico y sociológico homogéneo. Esta regionalización de la i. a., no debe ser, pues, exclusivamente política, geográfica, histórica o ecológica; debe ser natural, en tanto en cuanto habitat común para el hombre, sus plantas cultivadas y sus animales económicos.Aplicando esta idea a España, veamos un ejemplo: En la región natural del Valle del Ebro se incluye, por razones ecológicas claras, la provincia de Lérida, aunque razones históricas y sociológicas (idioma distinto, distinto nivel económico y cultural, etc.), aconsejan que dependa políticamente de la región de Cataluña y no de la del Ebro, en la que geográficamente está incluida.Dividido, pues, un país en las distintas regiones empresariales agrarias, debe procederse a: 1) Calcular las previsiones de la demanda futura a corto y medio plazo (5-10-25 años) de las distintas producciones agrarias (estudios de los Planes de Desarrollo); 2) distribuir las producciones a obtener entre distintas regiones, atendiendo a la teoría del mínimo coste de producción y de comercialización y en función de los plazos previstos (estudios de Programación interregional).Quedan así definidos los grandes objetivos del Desarrollo regional agrario y, por consiguiente, las actividades investigadoras que han de llevar a cabo en cada región los Centros que por ello deben llamarse de Investigación y Desarrollo agrario regional. Estos Centros se estructuran en los Departamentos necesarios, de los cuales unos pueden ser comunes a todos los Centros; son los de Ecología, Fitopatología, Ingeniería rural y Economía. Otros son más o menos comunes: Plantas industriales, Horticultura, Fruticultura, Pastos y Forrajeras, Zootecnia, Plantas de gran cultivo, etc. Otros son específicos: Citricultura, Olivicultura, invernaderos, etc. La dotación de los distintos Departamentos en medios y personal estará en función de la importancia de la producción que atiendan o de la diferencia entre la producción actual y la necesaria o prevista.La investigación agraria departamental. Definidas las líneas de actuación de la i. a. y estructurados los Departamentos regionales, procede definir la labor de cada Departamento investigador, que es el que realiza la verdadera i. a., en función de los objetivos previamente fijados con carácter nacional y regional. Para ello cada Departamento fija sus propias líneas de i. de acuerdo con el siguiente esquema:Desarrollo agrario regionalExperimentación técnico-económica
Experimentación técnica
Investigación aplicada
Investigación previa
La i. previa es la que tiene por fin encontrar nuevos factores variables o conocimientos de utilidad, por no existir hasta entonces en la agricultura de la región. Ejemplos de esta actividad son: obtener una nueva variedad de cebada, conocer el ciclo biológico de una plaga del peral, estudiar la compatibilidad de un pie de ciruelo resistente a la asfixia con variedades de melocotonero, seleccionar una variedad de trébol subterráneo espontáneo, etc.La i. aplicada tiene como fin comparar entre sí las variables o factores útiles a la producción agraria ya existentes u obtenidos por la i. previa, utilizando para ello métodos estadísticos. Ejemplos de este nivel de i. son: la comparación de variedades, de niveles de abonado, de dosis de riego, de productos fitosanitarios, etc.La experiencia técnica tiene como objeto comprobar los resultados de las i. previas o aplicadas obtenidos anteriormente o de nuevas técnicas, a escala real agraria, como la viabilidad de una pradera artificial, la posibilidad de adaptación de una nueva raza de ganado, la eficacia de los turnos de riego de un cultivo, de la mecanización de la siembra o recolección de la remolacha azucarera, de las protecciones de plástico, etc.Por último, la experimentación técnico-económica estudia el valor empresarial de la combinación de factores analizados por las i. Anteriores, o exteriores a la región y no conocidas en ella. Consiste en el análisis de unidades empresariales perfectamente concebidas y dirigidas que forman, una vez comprobadas económicamente, las unidades modelo para el desarrollo de las producciones agrarias.Como se indica en el esquema, hay una comunicación íntima entre los distintos grados de i. y entre ellos y el desarrollo agrario de la región.Veamos algunos ejemplos de esta mutua interconexión:a) En el supuesto de que interese desarrollar el cultivo de cerezo temprano de exportación del Valle de X, que está sometido al destructivo ataque del hongo Y, los trabajos de i. previa del diagnóstico y ciclo de dicho hongo pueden ser suficientes para emprender la implantación del cultivo deseado.
b) La producción de carne en praderas de regadío puede exigir una experimentación técnico-económica para determinar cuál es el equilibrio óptimo inversiones -número de cabezas- unidades de mano de obra que consigan el máximo beneficio a precios constantes y previamente conocidos.c) El cultivo de la remolacha azucarera en una nueva región puede necesitar estudios de experimentación técnica para determinar cuál es la cosechadora más eficaz y el tiempo necesario para el entrenamiento del personal que la maneje.d) La expansión del cultivo del girasol oleaginoso puede necesitar una serie de experiencias estadísticas correspondientes a la i. aplicada para saber cuáles son las variedades de origen ruso más adaptables al cultivo de secano o regadío en las distintas comarcas de la región.Importancia de la investigación agraria. La responsabilidad que recae sobre la i.a. debe mover a los Gobiernos a dotarla de los medios financieros y de personal que necesite. Como ha quedado indicado, la i. es una necesidad nacional y regional que no se puede cubrir con importaciones. La obtención de resultados aplicables a un país concreto requiere plazos más o menos largos, condición que debe forzar a la más pronta iniciación de las actividades de la i. a. para no hipotecar a las futuras generaciones de agricultores. La capitalización y desarrollo de la industria y los servicios se deben en gran parte, al capital y emigración rurales, por lo que ha de devolverse ahora al campo al menos una parte de lo que el campo dio a aquellos sectores económicos en las últimas centurias.V. t.: AGRICULTURA.**AUA. CASALLo GÓMEZ.
**SOCINVESTIGACIÓN EN CIENCIAS HUMANAS.
l. Introducción. Investigar es un términó que alude a una actividad humana, actividad fundamentalmente de la inteligencia (v.), entendimiento (v.) o mente (v.), y de gran complejidad. De modo sintético, y tal vez excesivamente simplista, puede concebirse que investigar es avanzar en el conocimiento (v.) de las "cosas", avance que puede ser en extensión, de simple aumento cuantitativo de los conocimientos, o en profundidad, de conocimiento más profundo de los "por qué" de las cosas, o conocimiento de los "por qué" primeros, fundamentales de las cosas. El deseo de conocer la esencia, naturaleza y fundamentos de sí mismo y de las cosas y hechos que le rodean es innato al hombre. Esos conocimientos, adecuadamente ordenados y sistematizados, constituyen la ciencia (v.).Clásicamente la distinción o clasificación de las ciencias se ha venido haciendo más bien por los objetos a que cada una se dedicaba (así, la Biología sería estudio de los seres vivos; la Mineralogía, estudio de los minerales; la Lógica, de las operaciones del entendimiento; etc.); aunque ya Aristóteles, y después de él otros muchos filósofos, distinguió lo que se han venido llamando grados de abstracción (v.), que indican que los mismos objetos pueden ser estudiados desde o en distintos planos y con diferentes métodos (v.), y por consiguiente que puede haber distintas ciencias que se ocupen del mismo objeto, sin embargo, la distinción o clasificación de las ciencias sólo por el objeto material al que se dirigen ha solido prevalecer y ser fuente de numerosas confusiones en la historia. En la época contemporánea los investigadores son ya mucho más conscientes de que la distinción de las ciencias se produce no sólo por los objetos materiales de las mismas, sino sobre todo por los métodos empleados, por el nivel o grado en el que se sitúe el conocimiento.Así, las ciencias que utilizan los métodos llamados empíricos o experimentales (V. CIENCIA rI) son diferentes de las que utilizan los métodos filosóficos o racionales, como las llamadas ciencias humanas (v. CIENCIA III), aunque ello no. quiere decir que no se basen también en la experiencia (v. CIENCIA VII, 6), se basan en ella, pero de otro modo. Hoy día junto a estos dos grupos de ciencias suele colocarse un tercero, que tiene afinidades con los dos anteriores, dándose a cada grupo diversos nombres, según los autores.El primer grupo sería el de las ciencias experimentales o ciencias de la naturaleza, o de la materia, también llamadas ciencias empíricas, positivas o productivas. El segundo sería el de las ciencias filosóficas, o ciencias del espíritu, ciencias humanas o humanidades, también ciencias especulativas o teóricas. Y, finalmente, el tercer grupo es el complejo de las ciencias sociales, a las que a veces se considera también ciencias humanas (y en parte lo son) pero que se diferencian de las humanidades teóricas, en cuanto que son y pueden llamarse ciencias prácticas (diferenciándose así del primer grupo, de las ciencias más productivas; y del segundo, más teóricas; v. CIENCIA VII, 1 y 3). Puede haber alguna discrepancia en los autores respecto a dar un nombre u otro a los distintos grupos, o a incluir en uno u otro grupo alguna ciencia (p. ej., acerca de si las ciencias morales y políticas entran más en el grupo 2° o en el 3°); pero en conjunto esta clasificación es válida, y señala al menos tres géneros de ciencias; las discrepancias son sólo de nombre, o del hecho de que a veces se da un solo o mismo nombre a ciencias en realidad distintas (así, se llama a veces Sociología tanto a la ética o filosofía social, del 2° grupo, como al estudio más positivo, por métodos cuantitativos, estadísticos e históricos de la sociedad). Para toda esta cuestión, pueden verse más detalles en CIENCIA VII.Las ciencias del primer grupo mencionado tratan de avanzar en el conocimiento de las leyes que condicionan el desarrollo y relaciones de los seres que integran nuestro mundo; relacionan datos proporcionados por la experiencia con el fin de explicar los fenómenos ligados al llamado mundo de la naturaleza. En este tipo de fenómenos, tanto las causas como sus más conocidos efectos se producen independientemente de la voluntad del hombre; son hechos físicos o biológicos que obedecen a impulsos o leyes predeterminadas según el plan y orden de la Naturaleza (v.). En ellas el grado de participación humana es mínimo, en cuanto a la posibilidad de alterar esas leyes que gobiernan los fenómenos; los hechos recogidos pueden verse (a través del microscopio o del telescopio), medirse y registrarse con arreglo a principios independientes de la voluntad humana; es decir, los hechos físicos y biológicos están ahí, tal cual son, y lo más que puede hacer el investigador es conocerlos, combinar sus reacciones y desencadenar nuevos procesos, pero no alterar a su antojo los principios que los rigen (v. i).En la perspectiva de las ciencias de los otros dos grupos, que a partir de ahora podemos englobar genéricamente bajo el nombre de humanidades o ciencias humanas (aunque algunos autores reservan ese nombre sólo al segundo grupo), la i. busca también situarse en un nivel de "objetividad", es decir, de no influir en la realidad con juicios, valoraciones o posturas personales, lo cual puede ser más posible en unos campos (p. ej., la Lógica, la Metafísica) que en otros (p. ej., la Estética, o la Filosofía de la Historia), porque siempre el hombre mismo forma parte de la realidad; en todo caso en estos dos grupos la ¡.requiere un mayor esfuerzo o ascesis personal del investigador para mantenerse al máximo nivel de objetividad. El género de conducta y rectitud moral del investigador puede a veces influir decisivamente en la bondad o eficacia de los resultados. De ahí que en las ciencias humanas, sobre todo del 2° grupo, el progreso del conocimiento no sea tan lineal como en el de las ciencias positivas; es decir, en estas últimas el camino es más bien siempre ascendente, mientras que en las otras se dan cumbres o cimas que tal vez no vuelven a darse más que al cabo de los siglos, sin que queden tampoco por eso superadas: una nueva cima ni anula ni se suma simplemente con la anterior (v., p. ej., ÉTICA II). En el caso de las ciencias positivas, el progreso del conocimiento es más bien en extensión, es decir, el número de conocimientos es más bien cumulativo; en el otro caso, el progreso es más bien en profundidad, en penetración en el porqué primero de las cosas o de los hechos (aunque ambos no se excluyen en cada grupo de ciencias).JORGE IPAS.2. La investigación humanística. Puede afirmarse que la i. "humanística", semejante a la "científica" (v. I) en cuanto a la actitud de conocer o de "avanzar en el conocimiento", difiere sensiblemente en cuanto al sujeto protagonista de los hechos, es decir, el hombre, y en cuanto a su carácter universal, teniendo en cuenta que la i. humanística abarca la totalidad de lo real y profundiza hasta llegar al conocimiento de sus razones o fundamentos últimos.El hombre como ente racional, supone una fuente de ideas, intuiciones, afectos y sentimientos que él siente dentro de sí y tiende a exteriorizar normalmente a través de la expresión hablada (lenguaje) y movimientos corporales (acciones). Por eso, afirma J. Lotz que "el punto de partida más íntimo de la Filosofía lo constituye el hacer humano, única cosa inmediatamente dada al hombre, en la que se le revela su yo y todo lo demás. Considerada desde este ángulo, la filosofía entera se presenta como una interpretación de aquel hacer humano llevada hasta sus más profundas raíces". Aunque quizá no sea muy exacto afirmar que la Filosofía (v.) parte del hacer humano (en todo caso sería más preciso decir que parte del ser humano) sí puede decirse que la i. filosófica supone un concepto unitario que engloba cualquiera de las otras formas de i. humanística ya que es el hombre, generador de ideas, acciones, hechos y relaciones, la fuerza común capaz de atraer todas las ciencias dedicadas a su estudio. De la i. filosófica entendida en su más amplio concepto, se han separado actividades dedicadas a conocer aspectos parciales de la realidad total (que incluye al hombre) y así han aparecido la Psicología, el Derecho, la Política, la Sociología, la Religión, la Historia o la Pedagogía, que utilizando la experiencia del pensar lógico de la ciencia filosófica han logrado, a través de los siglos, especializar sus campos de conocimiento y acumular gran cantidad de datos y conocimientos parciales, que es necesario sistematizar adecuada y orgánicamente. Según este esquema, aparecen englobadas como aspectos o ramas parciales de un tronco común, las llamadas ciencias humanísticas, dentro de las cuales, la Filosofía jugaría un papel de tipo más general o absoluto capaz de seguir ejerciendo su primitivo padrinazgo sobre las demás ramas de la i. humanística que le deben el "ser", pero con cierta independencia en cuanto a sus terrenos de aplicación.Conviene aclarar que la necesidad de separar aspectos parciales de una realidad indivisible, es una limitación tanto de orden conceptual como científico, pero necesaria para lograr que la mente humana no se pierda en la complejidad propia de los fenómenos de la mente y de la realidad. Por eso, con fines conceptuales y sistemáticos, se acepta hoy la diferenciación entre las tareas investigadoras propias de la Filosofía, la Moral, la Teología, la Sociología, la Política, el Derecho y la Historia, como aspectos parciales englobados dentro de la i. humanística.De acuerdo con los criterios expuestos, la i. humanística puede ser considerada como aquella actividad destinada a profundizar en el conocimiento científico de las razones últimas que explican la realidad y las actividades humanas, tanto las de orden superior (Filosofía, Moral, Teología) como las derivadas de sus relaciones con los demás hombres, de carácter social (Derecho, Sociología y Política).La i. en su vertiente humanística contempla al hombre en su totalidad, considerado preferentemente en su dimensión anímica, espiritual y racional, sin olvidar sus componentes físicos y biológicos, pero sin abordar tan directamente su estudio, como lo hacen las llamadas ciencias de la naturaleza, que encuentran sus propias vías de i. científica. La i. humanística delimita su esfera de competencia en función del hombre. El ser humano, capaz de pensar, discurrir y establecer relaciones lógicas en su pensamiento, constituye, en el fondo, el núcleo de la ciencia filosófica. El conjunto de principios que explican la existencia y justifican las normas de conducta del hombre para con Dios y con sus semejantes, se llama la Filosofía moral o religiosa. En el terreno de las realidades de la vida entre las cuales se produce la convivencia humana se encuentran las llamadas ciencias sociales. El Derecho establece los cauces normativos de las relaciones inter-individuales (derecho privado) o bien las leyes que recogen las obligaciones de los individuos con la sociedad representada por las formas de Estado (derecho político). La Sociología estudia la naturaleza y el contenido de las relaciones sociales que surgen entre individuos o grupos o entre el individuo y la sociedad, organizada de acuerdo con una serie de condicionamientos culturales, económicos, temporales e históricos. El hombre, en su dimensión temporal, constituye la esfera de atención de la Historia. Las ciencias históricas presentan una doble vertiente. Una se fundamenta en eJ dato rigurosamente histórico, es decir, el conocimiento de los hechos tal como sucedieran en la realidad, y la otra la que aborda el terreno más incierto de la Filosofía de la Historia, es decir, la interpretación de esos hechos puestos en relación con la lógica imperante en el acontecer histórico. En las diversas manifestaciones de las llamadas ciencias humanas, la i. tropieza con dificultades semejantes y acude a soluciones de índole muy parecida.Cualquier proceso de i. necesita para su posterior avance conocer cada vez más profundamente los diversos elementos que constituyen su esfera de atención. La i. humanística presenta, asimismo, una preocupación común por disponer de datos sobre la naturaleza de la mente humana y de los procesos desencadenados por la razón considerada en su función de "actividad intelectual superior que tiende a la conexión y unidad definitiva del saber y del obrar" (De Vries). La diversificación de los métodos de i. se opera en función de las líneas que se pretendan seguir en cada caso, que deberán coincidir en cuanto haga referencia al sentido último de la vida individual. La i. filosófica se hallará vivamente interesada por reunir datos sobre las actividades de la razón en cuanto descubridora del ser, sobre el ente y la naturaleza del alma (Psicología), sobre las formas del pensar (Lógica). La aprehensión de estos datos la lleva a cabo cada filósofo con el desarrollo de su capacidad intelectiva aplicada a los datos extraídos de su experiencia personal y del conocimiento de las ideas elaboradas a través de los siglos, proporcionada por la Historia de la filosofía. Al investigador filosófico le preocupa el hombre (v.), sus fines, origen, naturaleza y trascendencia (v.). Pero el problema de la Filosofía estriba en su tendencia hacia la dispersión. En efecto, el investigador filósofo, por la propia naturaleza de su función, se sitúa ante los elementos que analiza con una disposición crítica que sólo acepta las deducciones que su razón le dicta. Si ante cada aspecto de la realidad y ante cada concepto filosófico plantea una pregunta o intenta dilucidar su auténtico significado, resultaría difícil llegar a una conclusión de síntesis, necesaria para no detener el proceso de avance en la i.3. Investigación filosófica. Nos encontramos pues, en primer lugar, ante el camino abierto a la i. propia de la Filosofía pura y los métodos de i. centrados en la búsqueda de otras ramas parciales del común tronco de la Filosofía.Filosofía, cuyo significado etimológico bien sabido es el de "amor a la sabiduría", supone una actitud de eterna búsqueda, un deseo permanente de conocer hasta sus raíces últimas la verdad del mundo que nos rodea. Filosofar es tanto como investigar. El método propio de la actividad filosófica va destinado a proporcionar una clarificación de los hechos y fenómenos del humano acontecer, los cuales constituyen el bagaje cultural llamado por algunos autores "sabiduría mundana". Cuando la actividad del pensar filosófico se proyecta sobre verdades de índole sobrenatural, en las cuales participa la Revelación divina para aclarar la naturaleza de Dios y su acción en el mundo, nos hallamos en presencia de la "sabiduría divina", superadora e integradora de la anterior, e incluida en la Teología.La Filosofía aparece apoyada en la razón (v.). Pero no puede quedar encerrada en ella sin caer en un racionalismo "enemigo de la vida" (Lotz). La razón es una parte de la vida del hombre relacionada íntimamente con otras facultades. Pero además, esta razón debe separar los aspectos contingentes sometidos a cambios espacio-temporales, de aquellos que no se alteran con el paso del tiempo y forman parte de la philosophia perennis. Existe en la razón, como impulso generador de la Filosofía, una clara tendencia universalista. Condición que es considerada por Blondel (v.) como "el rasgo específico de la Filosofía". Actitud de ambición comprensiva que a través de una reflexión racional sobre los hechos, de carácter analítico, débe llegar por un proceso de síntesis (v.) a la concepción unificada de los saberes. Pero la razón, que actúa a través de un método de análisis (v.) y logra obtener síntesis universalistas de los conocimientos no puede limitarse a la construcción de un mundo de ideas, sino que debe incorporar los argumentos capaces de resolver el problema mismo de la vida. La Filosofía pura, que podríamos considerar dedicada a investigar "el saber" sólo ha logrado el reconocimiento universal como origen y motor de las ciencias humanísticas, cuando se ha traducido en una filosofía "practicante", en argumentación captada por la razón, capaz de proyectarse en la vida real de los seres. La actitud del filósofo no puede limitarse a la mera lucubración abstracta sobre un mundo de ideas, sin qué su especulación sirva para resolver el problema de lo real, previamente sometido al tamiz de la reflexión.Según afirma Blondel "el verdadero filósofo, según opinión común, no es quien se contenta con pensar; tampoco el que se limita a realizar; es el que, conociendo más, actúa mejor y extrae de su propia experiencia un esfuerzo de luz y poder, sabe mejor lo que hace, porque hizo primero lo que sabía". La i. filosófica, consciente de las dificultades a las que se enfrenta, supone una acción creativa en cuanto al arbitraje y utilización de recursos capaces de hacerla avanzar en esa búsqueda insaciable de verdad, contrastada siempre con los datos proporcionados por la experiencia debidamente aquilatada. El filósofo, ve, relaciona, piensa, elabora y abstrae, siempre en relación con las actividades vitales que constituyen la realidad circundante. Su labor es compleja en cuanto al objeto que desea conocer, múltiple en el método y diversa en sus resultados. Forma así el bagaje doctrinal firmemente asentado sobre verdades universalmente reconocidas por los filósofos a lo largo de la historia, que permite desplegar nuevos horizontes para avanzar en los diferentes campos sobre los cuales la Filosofía ejerce su influjo ordenador. La sistematización de datos, su agrupación por afinidad de materias y fácil localización sientan las bases que permiten al investigador disponer ágilmente de instrumentos sólidamente respaldados por el saber científico (v. FILOSOFÍA I).4. Investigación psicológica. Uno de los objetos primordiales que inquietan a la Filosofía, aparece constituido por el hombre, considerado como una entidad fisicobiológica dotada de un espíritu (v.), también llamado alma (v.). El conocimiento filosófico dirigido al estudio del alma o de lo anímico (psíquico), ha sido el origen de una ciencia con caracteres diferenciales, conocida con el nombre de Psicología. El primer filósofo que logró construir una teoría coherente sobre el alma fue Aristóteles (v.), que la entendía como "el principio formal sustancial de los procesos vitales". Siglos más tarde, la filosofía escolástica (v.), avanza en el proceso de elaboración de la doctrina sobre el alma. El nombre de esta ciencia, con el cual se la conoce en la actualidad, Psicología, se consolida posteriormente, en el s. XVII, y adquiere su consagración a través de los estudios realizados por Wolff.La i. psicológica se centra en el acopio y elaboración de datos en torno al hombre considerado en su dimensión anímica. En el estudio del alma humana, pueden analizarse separadamente, tanto las vivencias (de orden general o de carácter individual) como las bases ónticas de la vida consciente.El trabajo realizado para conocer las vivencias conscientes (sentimientos, v.; carácter, v.; temperamento, v.), se lleva a cabo a través de la llamada "Psicología empírica", que, a su vez, se divide en Psicología descriptiva, Psicología diferencial, psicotécnica, pedagógica, etc. En la Psicología empírica, el método de i. aplicado es el de la simple observación de las vivencias que en épocas recientes se agrupan según criterios estadísticos o valorativos extraídos de las ciencias experimentales.El estudio de las bases ónticas de la vida consciente, se dirige hacia el encuentro de la esencia "sustancial, libre e inmortal" (Willwoll) del alma. Surge así la "Psicología racional y filosófico-metafísica" ciencia que, al perseguir la valoración total de la existencia humana intenta profundizar en la esencia del alma. El método aplicado al estudio de la Psicología racional se centra en la actitud de enfocar los hechos desde el punto de vista de las leyes universales del ser (v. PSICOLOGíA).5. Investigación teológica. Una de las acepciones más corrientemente admitidas sobre el significado de la Teología es la que hace relación a su carácter de "Ciencia de Dios". El objeto de la investigación teológica lo constituye, pues, el mismo Dios, su "existencia, esencia y operación" (Brugger). El investigador se aproxima al conocimiento de su objeto, o bien basado en su propia capacidad cognoscitiva (Teología natural) o bien apoyado en las verdades reveladas (Teología revelada).La Teología natural, o Teodicea (v.), desarrolla las pruebas o vías de conocimiento de lo divino, de cómo se llega a conocer la existencia de Dios, y de todo aquello que acerca de Dios es dable conocer con sólo la razón humana; materia esta última en la que los datos elaborados no pueden nunca proporcionar la exhaustividad que es fácil obtener de hechos tangibles y mensurables, como los propios de las ciencias experimentales.La Teología sobrenatural o revelada recoge las fuentes de la Revelación con el fin de exponerlas de un modo conceptual, científica y orgánicamente estructurado (v. REVELACIÓN II-IV). Lo mismo que sucede con la Teología natural, la Teología revelada tiene por objeto de su estudio a Dios, pero aquí en su papel de Salvador, más que como Creador de la naturaleza. La Teología revelada no presupone la inutilidad de la Filosofía; al contrario, se sirve de ella como instrumento al servicio de sus propios fines relativos al conocimiento de Dios Salvador. Los hechos revelados, la fe en el conjunto de verdades reveladas, su más concreta interpretación textual y la fidelidad a la Tradición (v.), constituyen los elementos básicos en el avance de la i. teológica (V. TEOLOGÍA).6. Investigación de las ciencias sociales. Al considerar al hombre en su dimensión individual (psicología) se hace abstracción de una característica fundamental dentro de la esencia del existir humano, es decir, su aspecto social. Sin embargo, la proyección y alcance de la dimensión social o comunitaria del hombre se hallará en función del concepto previamente aceptado, sobre la naturaleza del individuo o persona (v.). La concepción del hombre, bien como una realidad existencial sometida a la pura biología, o bien como ser compuesto de materia y espíritu, influirá notablemente en la interpretación valorativa que se den a estas tres ciencias sociales: Historia, Sociología y Derecho.a) Historia. La i. histórica parte de una base documental de carácter previo. El hecho cronológicamente recogido y científicamente comprobado encierra una parte que, una vez aceptada como cierta, resulta indiscutible. Pero su interpretación, su significado, la reflexión sobre sus causas y sus consecuencias admiten multiplicidad de criterios. Es aquí donde entra plenamente el concepto del hombre individual como factor decisivo para seguir correctamente el curso de la lógica histórica. Si el hombre no es más que un "animal racional", su papel en la evolución de los hechos históricos no será mucho mayor que el de cualquier otro fenómeno de la naturaleza. En cambio, si el individuo es un ser trascendente y libre, puede participar en los acontecimientos históricos, y alterar sustancialmente su curso. Del juego equilibrado entre datos históricos y actitud del hombre ante ellos, surge la interpretación de la historia, bien como "Ciencia biológica", o como "Ciencia filosófica o especulativa" en cuanto que participa de la necesidad de reflexionar racionalmente los hechos y obtener de ellos conclusiones válidas (V. HISTORIA).b) Derecho. El derecho es una ciencia social, en cuanto que se centra en la relación del hombre con sus semejantes. El sentido del derecho como ius est ad alios, es decir, "el derecho es una relación ante los demás", permanece vigente en las más diversas circunstancias. Pero, ciertamente, no todas las relaciones interpersonales tienen el carácter de relaciones propiamente de "derecho" o jurídicas. Únicamente reciben este nombre aquellas consagradas normativamente en defensa del individuo, o bien de las que le unen a la colectividad que le acoge. Al estudioso e investigador del derecho le interesan no sólo la materialidad de las normas, sino su carácter de normas justas de acuerdo con el concepto de la existencia de normas objetivas o de una "ley natural" (V. LEY). Para ello, se hace necesario precisar cuáles son las exigencias individuales que es necesario respetar y cuáles los principios valorados por el legislador. Elementos extraídos de la historia, del régimen de relaciones interpersonales del hombre, de la ley natural y de los caracteres del individuo, intervienen en la elaboración de la ciencia del Derecho en cualquiera de sus concreciones (V. DERECHO).c) Sociedad. El término sociedad hace relación a cualquier agrupación formada por individuos que unifican sus esfuerzos de un modo estable y ordenado con el fin de alcanzar un mismo objetivo o valor común. El hombre necesita vivir en sociedad, ayudar y ser ayudado por los demás hombres para la más plena realización de su existencia. Interesa, pues, a las ciencias sociales, el hombre como ser individual, sus condiciones físicas y anímicas, así como sus deseos de trascendencia expresados a través de su conducta moral y religiosa. La i. sociológica emplea con carácter complementario métodos de estudio propios de las ciencias experimentales (Antropología, Biología), pero también, y sobre todo, de la Filosofía, de la Moral y de la Religión, sin olvidar la influencia de otros factores que, como los geográficos, económicos y culturales, resultan indispensables para avanzar en el conocimiento de esta ciencia.Los problemas sociales, tanto en su análisis, como en su estudio y valoración, exigen la conjunción de muy diversos elementos. Las conclusiones extraídas en las distintas teorías, escuelas y doctrinas sociológicas, resultan tanto más adecuadas cuanto más equilibradamente acierten a utilizar los datos proporcionados por las ciencias experimentales, sin olvidar que la Sociología, como toda "ciencia humanística", se desarrolla en el terreno a veces movedizo de las ideas. El investigador de temas sociales opera, en primer lugar, con elementos extraídos de la realidad cotidiana. Pero su acción posterior puede o bien remontarse en dirección ascendente sobre las razones que explican los fenómenos sociales, o bien perfeccionar el conocimiento de los hechos, tal como se presentan. En el primer caso, el sociólogo se adentra progresivamente ef el campo de la Filosofía o de la "Sociología individual y colectiva". En el segundo, se limita a relacionar situaciones y facilitar su conocimiento ante una futura política social destinada a corregir deficiencias o prever trastornos de orden social.La teoría sociológica se halla, pues, ante muy distintas perspectivas, según la actitud adoptada por el investigador. Las dos ramas fundamentales, de tendencia filosófica la una, y puramente experimental, la otra, no deberían ensanchar el terreno que las separa. Al contrario, sólo un estudio capaz de tener en cuenta los avances registrados en una y otra tendencia, puede impulsar la i. hacia el cumplimiento de los fines asignados a la "ciencia de la sociedad" (v. SOCIEDAD; SOCIOLOGíA).V. t.: ESTUDIO; CIENCIA III-VII; MÉTODO; RAZÓN I-II; y~FILOSOFÍA; METAFÍSICA; LÓGICA; PSICOLOGÍA; GNOSEOLOGÍA; I~TICA; MORAL; DERECHO; SOCIOLOGÍA; ECONOMÍA; POLÍTICA; ESTÉTICA; HISTORIA; REVELACIÓN IV; TEOLOGÍA.R. GÓMEZ LÓPEZ-EGEA.
BIBL.: 1. M. ALBAREDA HERRERA, Consideraciones sobre la investigación científica, Madrid 1951; íD, Vida de la inteligencia, Madrid 1971; íD, Panorama de la investigación en España, Madrid 1964; C. A. BALIÑAs, El acontecer histórico, Madrid 1965; H. J. BARRAUD, Ciencia y Filosofía, Madrid 1971; 1. M. BOCHENSKI, Los métodos actuales del pensamiento, 7 ed. Madrid 1971; íD, Introducción ál pensamiento filosófico, Barcelona 1971; W. BRUGGER (dir.), Diccionario de Filosofía, 6 ed. Barcelona 1969 (voces Ciencia, Ciencias, Método, etc.); A. DEMPF, La unidad de la ciencia, Madrid 1959; J. DE VRIES, Pensar y ser, 2 ed. Madrid 1952; A. D’ORS, El sistema de las ciencias, Pamplona 1970; íD, Una introducción al estudio del Derecho, Madrid 1963; E. D’ORs, La Ciencia de la Cultura, Madrid 1963; M. GARCÍA MORENTE, Ideas para’una filosofía de la historia de España, Madrid 1957; É. GILION, La unidad de la experiencia filosófica, 2 ed. Madrid 1966; !D, El filósofo y la Teología, Madrid 1962; J. GUITTON, El trabajo intelectual, 5 ed. Buenos Aires 1965; E. HUSSERL, Investigaciones lógicas, Madrid 1967; A. LÓPEZ QUINTAS, Filosofía española contemporánea, Madrid 1971; J. MARITAIN, Los grados del saber, Buenos Aires 1968; íD, Introducción a la Filosofía, Buenos Aires 1969; fD, Ciencia y Filosofía, Madrid 1958; J. M. MARTfNEZ DORAL, Estructura del conocimiento jurídico, Pamplona 1963; A. MILLAN PUELLEs, La claridad en filosofía..., Madrid 1958; fD, La función social de los saberes liberales, Madrid 1961; íD, Persona humana y justicia social, Madrid 1962; V. MUÑOZ DELGADO, De la axiomática a los sistemas formales, Madrid 1961; L. E. PALACIOS, Filosofía del saber, Madrid 1962; R. PANNIKER, Ontonomía de la Ciencia, Madrid 1963; C. PARÍS, Física y Filosofía, Madrid 1952; fD, Ciencia, conocimiento, ser, Santiago de Compostela 1957; P. PEÑALVER, W. STROBL, J. G. COLBERT, J. CRUZ, J. GARCÍA LóPEz, E. LUGO, Crítica de la filosofía actual, "Nuestro Tiempo" n° 191, XXXIII (1970) 5-135 (n° monográfico); J. PÉREz BALLESTAR, La libertad, Barcelona 1960; J. M. RUBERT y CANDAU, El sentido último de la vida, Madrid 1958; R. SAUMELLS, La Ciencia y el ideal metódico, Madrid 1958; W. STROBL, Introducción a la Filosofía de las Ciencias, Madrid 1963; íD, La realidad científica y su crítica filosófica, Pamplona 1966; X. ZUBIRI, Realidad, Ciencia, Filosofía, en Naturaleza, Historia, Dios, 5 ed. Madrid 1963, 3-125.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.