Insomnio MEDICINA
Categoria:
Medicina
El i., como dificultad de conciliar el sueño, es incidencia muy corriente. Cuando, como de ordinario, aparece como hecho aislado apenas se le presta atención. Para la fisiopatología del sueño, el síntoma reviste un interés muy relativo dentro del cuadro de otras alteraciones, como las hipersomnias (sueño desmedido), el sonambulismo, la enuresis (incontinencia de orina) o las crisis de pavor nocturno. Sin embargo, en el ámbito de los trastornos psicopatológicos en sentido estricto, el i. es, a menudo, manifestación muy molesta cuyo significado no puede despreciarse (v. SUEÑOS).Clases. Desde un punto de vista clínico los i. se clasifican de acuerdo con la duración, con la forma o cualidades de los mismos y según el momento de su presentación.El i. puede ser completo. Quienes lo sufren hablan de "pasar las noches en blanco". Sin embargo, pocas veces puede comprobarse un i. absoluto que dure más de cuatro o cinco días. Las alteraciones orgánicas y psíquicas que pueden derivarse de la falta de dormir se agravan de una forma tan acelerada que, de hecho, resultarían irresistibles. Es más corriente el llamado i. parcial. La duración media del sueño fisiológico (alrededor de ocho horas) resulta recortada. También ocurre que el paciente duerme y despierta por periodos más o menos variables. Tanto en una como en otra forma la impresión subjetiva del i. suele no ajustarse a la realidad. De hecho, los pacientes que se quejan de i. duermen más de lo que creen.Un segundo tipo de alteraciones depende de la cualidad formal del i. Los enfermos se quejan de no haber conseguido un sueño reparador, aun cuando éste haya sido profundo y sin alteraciones. Pero lo más frecuente es que se trate de formas superficiales y ligeras del sueño incapaces de producir los efectos beneficiosos del proceso fisiológico.El i. puede equivaler sencillamente a un retraso en la conciliación del sueño. El malestar del enfermo no procede solamente del hecho de encontrarse desvelado, sino de una serie de sensaciones físicas, tales las de "hormiguillo", dolor difuso de las extremidades, adormecimiento o actividad incontrolable de las mismas, etc., y de una intensa o insuperable actividad psíquica: recuerdos persistentes, preocupaciones muchas veces banales, representaciones obsesivas, etc. En otros casos el paciente despierta tempranamente sin poderse dormir de nuevo. Puede ocurrir también que, en medio de la noche, despierte con la impresión de que no ha de dormir más aunque inesperadamente le sorprenda de nuevo el sueño.Etiología. Las causas del i. patológico son muy variadas. Es raro el trastorno psíquico que no curse acompañado de ¡.,considerándose siempre como un síntoma grave o, cuando menos, nada despreciable, al que ha de ponerse remedio con urgencia. El propio i. suele agravar las demás manifestaciones de la dolencia objeto de tratamiento. Generalmente, sobre todo en las psicosis agudas (v. Psicosis), el i. es signo orientador del pronóstico inmediato.Entre las causas psiquiátricas, la psicosis maníacodepresiva va acompañada casi sin excepción de trastornos del sueño. El i. es registrado siempre como una señal de alarma que puede preceder durante días y semanas a la aparición del cuadro clínico. Este mismo significado se aplica en la esquizofrenia (v.).En las psicosis de base orgánica (arteriosclerosis cerebral, atrofia del sistema nervioso central y otras) el i. revela la profundidad lesional de los sistemas reguladores del ritmo vigilia-sueño. Es frecuente la inversión del mismo en los enfermos seniles que, así, pueden pasar las noches despiertos o agitados para dormirse durante el día.En las neurosis (v.) se presentan los más variados tipos de i. Lo más frecuente es que el i. entre dentro de las manifestaciones de la angustia y otros disturbios del estado de ánimo fundamental causantes de la dolencia. Pero, a veces, los enfermos no duermen simplemente como una actitud defensiva frente al temor neurótico de la interrupción de la conciencia.Además de los trastornos psíquicos mencionados ciertas enfermedades generales pueden provocar también alteraciones del sueño. Lógicamente, aquellas que cursan con dolores físicos o con trastornos cardiorrespiratorios suponen una amenaza continua para la instauración del sueño. Deben incluirse en este apartado las enfermedades infecciosas productoras de fiebre, el hipertiroidismo y determinadas intoxicaciones: especialmente, las producidas por el café y el alcohol, las vitaminas de los grupos B y C y los medicamentos estimulantes en general.Por último, suelen registrarse formas de i. de difícil filiación nosológica, pero que están relacionadas con variaciones del temperamento. Así acontece con las personas ansiosas, hiperactivas o sujetos de una afectividad lábil.Tratamiento. Las formas patológicas del i. deben ser tratadas siempre de manera adecuada. La curación de la enfermedad fundamental hace desaparecer de ordinario el trastorno. Sin embargo, es aconsejable tratar en muchos casos el síntoma como tal.La farmacoterapia del sueño ha evolucionado notablemente en los últimos años. Del "luminal" y sus derivados se ha pasado al empleo de medicamentos en los que se atiende más al efecto tranquilizador que al hipnótico. La ventaja de- los psicofármacos actuales es que la creación de hábitos y adicciones es menos frecuente y pueden controlarse con más facilidad. Los propios enfermos prefieren estos medicamentos a los barbitúricos. El recurso a los estratos de origen vegetal como la pasiflora, valeriana y otros sigue siendo interesante. Lo mismo ocurre con la balneoterapia y diversos procedimientos físicos de efecto defatigante y relajador bien conocido.V. t.: DESCANSO;SUEÑOJ. M. POVEDA ARIÑO.
BIBL.: E. BLEULER, Tratado de Psiquiatría, Madrid 1963; K. JASPERS, Psicopatología general, Buenos Aires 1957; J. J. LóPEZ IBOR, Las neurosis, Madrid 1966.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.