Inmunidad MEDICINA
Categoria:
Medicina
Las enfermedades infecciosas han sido una terrible plaga para la humanidad, pues se encontraba inerme ante la acción mortífera e invasora de los microorganismos. El último tercio del siglo pasado significó el comienzo de la Bacteriología, gracias a la ingente labor de hombres como Louis Pasteur (v.) y Robert Koch (v.), y tantos otros científicos de los países civilizados. Era esencial el conocimiento de los gérmenes productores, antes de que se pudieran idear las armas para contener su agresión. Aunque los microorganismos ya se observaron en el s. xvl, cuando Jansen descubrió el microscopio, fue en el s. xix cuando se vislumbró la relación patógena gérmenes-enfermedad. Pasteur fue quien identificó el germen productor del cólera de las gallinas y a continuación el bacilo anthracis, y casi simultáneamente Koch estudiaba este último y el bacilo de la tuberculosis y Loeffler hablaba del bacilo diftérico.Pero a todos estos investigadores, más que el descubrimiento en sí de los microbios (denominación debida a Sir Sedillot, en 1878; de bios, vida, y micro, pequeño), lo que les interesaba era el hallazgo de medios eficaces de lucha contra las enfermedades por ellos producidas. Pasteur consiguió inmediatamente una vacuna contra el cólera aviar y el carbunco, y Behring un suero que neutralizaba la toxina diftérica y la tetánica. Incluso con anterioridad, Jenner destacó como brillante y genial impulsor de la lucha contra la viruela que asolaba todos los países, desconociendo por completo el virus causal, de la misma manera que Pasteur y su discípulo Roux combatían dramáticamente la rabia.Evidentemente, todos los microbios patógenos (de pathos, enfermedad, y genos, producir) desarrollan una acción agresora contra los seres vivos y éstos tratan de poner en marcha una serie de mecanismos defensivos. El que la infección progrese y se desarrolle dependerá, por una parte, de la virulencia y cantidad de gérmenes, y por otra, de las fuerzas de resistencia del organismo. Aun en las epidemias más intensas hay personas en las que no se manifiesta la enfermedad, se dice que son resistentes o que están inmunizadas (de inmunis, exento, privilegiado); los que la sufren son susceptibles a ella, por tanto, no inmunizados. No ha existido epidemia, por intensa o virulenta que fuere, que haya terminado con una especie animal. Es de conocimiento común el hecho de que superadas algunas infecciones, tales como la viruela, el sarampión, la poliomielitis, etc., éstas ya no vuelven a aparecer en el mismo individuo. En cambio, hay otras que no condicionan i. en absoluto, e incluso predisponen a nuevas invasiones, como ocurre a veces con la gripe, la neumonía, etc.En la defensa contra las infecciones existen una serie de mecanismos inespecíficos, comunes a todos los seres vivos, que son las barreras mecánicas, celulares y hemáticas que se oponen a la penetración del microorganismo o de otros elementos extraños. Por otra parte, puede haber una defensa específica, con un carácter intencionalizado, especializado y preciso, ante el germen concreto de una infección y de un individuo.Resistencia natural. Podemos sistematizarla siguiendo a Foz y Balcells como: 1) Defensa contra el intento de penetración del germen.a) Barrera mecánica y dinámica. Es esencial la integridad de la piel y mucosa que aíslan nuestro medio interno del ambiente exterior. Se necesita una solución de continuidad de estas estructuras para que los gérmenes las atraviesen, aunque puede tratarse de insignificantes erosiones inaparentes. Algún estreptococo y estafilococo se abren paso por los folículos pilosos y glándulas sudoríparas.Tenemos también la función de muchas secreciones, que actúan a modo de lavado y arrastre: lágrimas, saliva, orina, contenido gástrico e intestinal. A su lado, la función defensiva de algunas mucosas con su epitelio ciliado o vibrátil, junto con el manto de moco que las recubre (p. ej., la mucosa bronquial).Otras defensas más profundas son las diferentes fascias y aponeurosis, y sobre todo, la especial constitución del tejido conjuntivo a manera de espesa malla de ácido hialurónico (uno de sus constituyentes), que impide la progresión de muchos gérmenes. Se necesita la demolición de las moléculas de este ácido, para que la infección bloqueada en el tejido subcutáneo pueda extenderse. Desgraciadamente algunos microbios (estreptococos) producen fermentos que tienen esa acción demoledora (hialuronidasa) que, como una avanzadilla, van facilitando su penetración.b) Barrera química y biológica. La secreción ácida del sudor, el CIH del estómago, el pH ácido de la orina y de algunos conductos genitales tienen carácter protector por sus propiedades bactericidas. Mucho antes del descubrimiento de la penicilina, en 1922, Fleming (v.) demostró la existencia de un producto que llamó lisozima en las lágrimas, saliva, secreciones bronquiales y digestivas, que producen la lisis de numerosos gérmenes. El moco nasal puede neutralizar el virus de la influenza y de la poliomielitis.En el intestino hay abundancia de gérmenes saprofitos (no perjudiciales), sobre todo del grupo col¿ que intervienen en la génesis de algunas vitaminas y evitan la proliferación de microbios patógenos. Si por el uso de antibióticos se destruye esta flora favorable, se originan trastornos intestinales y pueden aparecer hongos y otros microbios patógenos. Hay que señalar también el papel de las amígdalas como filtro y barrera para muchos gérmenes.2) Defensá contra la difusión del germen que ha penetrado. Reacción celular y sistémica. a) Inflamación. Reacción local de gran importancia y que sirve para acantonar y evitar el desarrollo infectivo. Recuérdese la fijación de un forúnculo o un absceso, que impide su expansión. b) Fagocitosis (de fagos, tragar, y citos, célula). Fue así denominada a fines del siglo pasado por Metchnikoff (v.), considerándola como la lucha más eficaz de las células contra los gérmenes invasores. Consiste en la capacidad que tienen algunos leucocitos (micrófagos) y células del sistema retículo-endotelial (macrófagos) de emitir seudópodos ante el contacto de partículas extrañas y englobarlas en su protoplasma. c) Opsoninas. Sustancias de la sangre que tienden a facilitar y potenciar la capacidad fagocitaria de las células. Se piensa que los anticuerpos específicos sensibilizarían a los microbios para que fuesen fagocitados más fácilmente. d) Complemento. Otra fracción muy importante del plasma (v.) sanguíneo, necesario para que el anticuerpo se una al antígeno. e) Interferón. Un virus puede dar lugar a que las células del huésped produzcan esta sustancia, que no es un anticuerpo, y que actúa en contra de ése y otros virus. f) Properdina (de perdere, destruir). Se trata de una gamma-globulina que en presencia de complemento y de iones magnesia lisa o destruye determinadas bacterias, virus, protozoos y hematíes anormales. g) Reactantes de fase aguda. Proteína C reactiva, bactericidinas, inhibidores de la antihialuronidasa.Todos estos mecanismos requieren una completa normalidad del organismo. Las infecciones aparecen más fácilmente en personas depauperadas o carenciales (guerras, catástrofes, etc.), en estados de fatiga, ante la presencia de otras enfermedades como la diabetes, en las alteraciones de función de algunas glándulas endocrinas, etcétera.Defensa específica. Es la verdadera i. En la voz alergia (v. ALERGIA Y ANAFILAXIA) se hace una descripción somera de lo que se entiende por inmunología. Al igual que la anafilaxia y alergia, la i. descansa en la formación de anticuerpos, reactivamente creados por los propios antígenos microbianos, con poder destructor para estos últimos.Existe una i. natural o innata, de especie, incluso de raza y tal vez de individuos, no perfectamente conocida en sus mecanismos, que hace que los humanos seamos resistentes a muchas enfermedades de animales, y viceversa. Así, p. ej., los carneros argelinos son muy resistentes al carbunco, en oposición al ganado lanar europeo, que es muy susceptible.Desde el punto de vista que nos ocupa, la más importante es la i. adquirida. Esta protección puede alcanzarse de una manera natural y activa por el previo padecimiento de la infección, o bien por la estimulación de la formación de anticuerpos por medios artificiales (vacunación). Por otra parte, existe una i. pasivamente adquirida, como la de los niños de corta edad que tienen aún anticuerpos específicos contra muchas infecciones comunes, trasmitidos por la madre a través de la placenta. La i. pasiva fundamental es la conseguida con la inyección de sueros específicos, antimicrobianos o antitóxicos.ActivaNatural. Padecimiento de enfermedad. Artificial. Vacunación.I. adquiridaPasivaNatural. Heredada, i. infantil. Artificial. Sueroterapia.La i. activa, más la adquirida por haber pasado la enfermedad que por vacunación, es duradera o por varios años, debido precisamente a la participación activa del propio ser. El organismo queda "señalado" y con capacidad prolongada en la formación de anticuerpos. Tiene una clara significación preventiva o profiláctica. Por el contrario, la i. pasiva es pasajera, dura uno o dos meses hasta que los anticuerpos inyectados desaparecen. En ella falta la intervención activa del organismo; no obstante, tiene un evidente valor terapéutico cuando se trata de proteger a una persona, infectada o con peligro de estarlo, como en la difteria y tétanos.Anticuerpos. Son proteínas de un gran peso molecular pertenecientes principalmente a la gamma-globulina y fracción de la beta-globulina. Se producen activamente por la acción de los microbios y sus toxinas, que actúan como antígenos. El lugar de su formación radica en las mismas células linfocitarias y plasmáticas que generan la gammaglobulina. Un hecho muy interesante a este respecto es que existen personas con defectos congénitos que dan lugar a la ausencia total de gamma-globulina; estos pacientes son propensos a desarrollar numerosas y repetidas infecciones, sobre todo neumonías, precisamente por su incapacidad en la formación de anticuerpos. Los anticuerpos "antivirus" tienen la misma génesis y actuación que los aquí señalados.Antígenos. De anti, lo contrario, y genos, engendrar. Son aquellas sustancias capaces de estimular la producción de anticuerpos y reaccionar después específicamente con ellos. Hay muchas clases de antígenos, pero nos referimos únicamente a los de procedencia bacteriana o virásica. El cuerpo de las bacterias está constituido por diferentes sustancias que actúan como antígenos (las denominadas endotoxinas), como si fuera un "mosaico antigénico", pero sólo algunos de ellos intervienen en la i., por lo general los situados en el soma periférico de la célula. Hay otros gérmenes productores de exotoxinas que se vierten en el medio de cultivo o dentro del organismo a partir del foco primario de la enfermedad infecciosa, como ocurre en el tétanos y en la difteria; los gravísimos síntomas de estas enfermedades no son producidos por la multiplicación e invasión bacteriana, sino por la suelta de estas toxinas que se diseminan por todo el medio interno del enfermo. Otra toxina activísima y mortífera es la botulínica (producida por el Clostridium Botulinum, 1 mg. de toxina botulínica puede hacer sucumbir miles de cobayos), al contaminar en ocasiones productos alimenticios (conservas, carnes, embutidos) puede realizar su efecto sin la necesaria presencia de los gérmenes que la producen.Estas exotoxinas son de naturaleza antigénica y crean los correspondientes anticuerpos, antitoxinas, tan importantes en el tratamiento.Vacunas. La vacunación se inicia en 1798, cuando el médico inglés Edward Jenner dio a conocer sus experiencias con la vacuna antivariólica. Desde muchos siglos atrás se conocía el hecho de que las personas que habían sobrevivido a la viruela no la volvían a padecer.Fue hecho de observación en muchos países que los ordeñadores de vacas se infectaban fácilmente en sus manos con unas pústulas que solían tener los animales en las ubres, y que estas personas resultaban resistentes a la viruela. La afección de las vacas se conocía como viruela bovina o "vacuna". Fue Jenner quien intuyó científicamente el valor de estos hechos, atreviéndose a inocular directamente el virus a un niño en 1796 con excelente resultado. En aquellos años hizo múltiples y sucesivas reinoculaciones de persona a persona utilizando el contenido de las pústulas, llenas sin duda de material virulento. Estos resultados se conocieron rápidamente en toda Europa y la sensación que produjo fue extraordinaria. Fue el comienzo de la desaparición de la viruela en todos los países civilizados. Posteriormente Pasteur y Koch inician la Bacteriología, como se ha dicho al principio.Con la vacunación se consigue un estado inmunitario activo. Existen vacunas contra la mayor parte de las enfermedades infecciosas, bien sean producidas por microbios y virus, y en todas ellas se utiliza como antígeno el propio germen muerto, o vivo y atenuado en su virulencia, siendo este último proceder el más empleado, pues se sabe que su inmunidad dura más tiempo. En las enfermedades en las que juegan un papel fundamental las toxinas bacterianas, como en la difteria y tétanos, las vacunas están constituidas por filtrados de los cultivos bacterianos, debilitada la toxina por el calor y el formol, denominándolas anatoxinas. Éstas serían los preparados más puros, desde el punto de vista antigénico, ya que están constituidas por un solo antígeno; a diferencia de las vacunas bacterianas en las que varios constituyentes del cuerpo y la membrana del germen actúan como antígenos. Por último, tenemos las vacunas antivirus, como las precursoras de la viruela y rabia, poliomielitis, gripe, etc. La i. conseguida por unas y otras dura algunos años, por lo que conviene hacer revacunaciones periódicas.La Sanidad Nacional de cada país exige con obligatoriedad la práctica de una serie de vacunaciones. En España son obligatorias la vacunación de viruela y difteria y muy preconizadas las de tétanos, poliomielitis y tifoidea. En relación con la situación geográfica, puede ser obligatoria la vacunación contra el paludismo, cólera, fiebre amarilla, tifus exantemático y peste. Y son ocasionalmente utilizadas las de la tos ferina, fiebre de Malta, gripe, diferentes sepsis, etc. Por lo general, las que se recomiendan en la infancia son las de la viruela, difteria, tos ferina, tétanos y poliomielitis. La vacuna contra el virus del sarampión no está perfeccionada y puede provocar estados discretos de enfermedad, por lo que no es recomendable.Sueroterapia. Es un sistema de inmunización pasiva. No es preventivo, sino terapéutico, aplicándose en los estados iniciales de la enfermedad, incluso antes si se sospecha que el individuo ya está afectado. Suele aplicarse en combinación con la vacuna correspondiente. Los sueros más utilizados son los antidiftérico, antitetánico y antibotulínico, anticarbuncoso, antigangrenoso, etc.Como defensa específica e inespecífica, en los últimos años, se emplea la gamma-globulina, a veces obtenida de animales, y otras, de humanos, vacunados específicamente contra una determinada enfermedad.V. t.: INFECCIÓN; ALERGIA Y ANAFILAXIA.M. BONDÍA GARCÍA-PUENTE.
BIBL.: A. BALCELLS, Patología general, Salamanca 1963; W. vox DRIGALSxi, Hombres contra microbios, Barcelona 1954; H. FLOREY, General Pathology, Londres 1962; L. H. CRIEP, Inmunología clínica y alergia, Madrid 1964.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.