Indoamérica
Categoria:
Cultura
La idea de I. en su conjunto ha significado una realidad, que ha producido entre otros brotes la idea, hoy muy extendida, del indigenismo (v.). No obstante, su verdadero campo de acción es limitado, y su momento histórico ha pasado ya. Para Casariego se trata de "una cosa pedante, difusa y totalmente irreal. Rechaza lo hispano y quiere revalorizar lo que nunca ha existido, esto es, una cultura y una unidad indígenas, unánime en el Continente, para fundamentar sobre ellas el progreso de América" (v. o. c. en bibl.). A mediados del siglo pasado este defecto de visión, que puede calificarse de hipermetropía, hacía decir a Lucas Alemán: "este error que tantas veces hemos hecho notar, de considerarse los descendientes de los españoles como descendientes y sucesores de las naciones que sus padres conquistaron, había echado ya hondas raíces, y lo veremos reproducirse en multitud de ocasiones".Posteriormente, un escritor de origen árabe, Habid Estefano, describe tras un viaje por todas las naciones hispanoamericanas las características del movimiento indoamericano al decir: "El ideal indoamericano tiene para nosotros el encanto de su romanticismo poético y generoso; mas hemos de declararlo incapaz de ser la base de una robusta constitución y vigorosa vida moderna que necesita la América hispana. Los que lo van inculcando pertenecen más al pasado de América que a su futuro; podrán ser sus grandes poetas, mas nunca’ serán sus sabios y acertados directores" (v. o. c. en bibl.). El propio Estefano, al desarrollar su teoría le imprime una concepción de gran claridad. Al plantearse el problema constante y permanente de aquellos pueblos, da el exacto coeficiente etnográfico e ideológico de su actual composición. "La América que sufre y se agita, cuyo despertar mismo es una tormenta, no es la de los aztecas y de los incas; es esta América que vemos, la América que hizo la guerra de la Independencia, y que vivió durante un siglo entero en perpetuas convulsiones; y esta América es más moderna que antigua, es menos india que hispana. Sería el más grave de los errores el olvidarse de la naturaleza de la América que se pretende salvar. El alma de esta América todavía enferma, lo repito, no es el alma india, sino la hispana". Él mismo matiza la sospechosa acogida que esta idea indoamericana tiene en la literatura norteamericana. A dicho efecto pregunta: "¿si el indio es tan excelente y merece tantos elogios en México, por qué despreciarlo y considerarlo como un ser absolutamente inferior en los Estados Unidos?". La respuesta no parece necesaria. Conocidos son y han sido hasta hace poco los intereses y designios estadounidenses en los pueblos que integran la actual América española, para que necesitemos explicar el calor con que se fomenta desde allí esta idea del "indoamericanismo".Para que el ideal del indoamericanismo, factor cultural de I., esté presente hace falta la existencia de una raza aborigen o indígena. La raza india, al decir de Lipshutz, es una noción biológicamente vaga pero socialmente diáfana. La raza india es la gran masa popular indígena o mestiza de América, cuyo común denominador es desde México hasta el sur del continente su lamentable estado económico, físico y cultural. Por eso el I., base de una serie de partidos políticos extremistas, no es en el fondo más que una reivindicación social de esos inmensos porcentajes que constituyen en el Nuevo Mundo las masas populares indígenas o mestizadas, carentes hasta la fecha del más mínimo bienestar personal y humano.De ahí el exaltado carácter nacionalista, agrario y social de las revoluciones en Hispanoamérica. Características que señalan en el nacionalismo el sentido racial típico de las poblaciones aborígenes. En el agrarismo, la marcada característica de poblaciones que tienen en dicho medio su forma, casi siempre infrahumana, de vida. Y finalmente social, porque esas razas aborígenes, fundidas en un común denominador cultural y económico, determinan un status social popular e ínfimo, que los hace equipararse a los grandes movimientos de reivindicación obrerista existentes en otros países. De ahí el interés de esta mejora social, en lo que constituye el verdadero corazón de I., por un proceso de elevación e industrialización que será la base en el futuro de las repúblicas hispanoamericanas. Es terrible, y perjudicial en extremo, el concepto pesimista, y el complejo de inferioridad que ha creado en los pueblos hispanoamericanos su falta de nivel técnico e industrial, en contraste con los abundantes recursos del suelo y del subsuelo, conscientes como están de su incapacidad para su aprovechamiento y explotación. Hasta que ello no se logre no podrá ser alcanzada la resurrección económica, física y cultural de las masas populares, indígenas y mestizadas, y constituirá un grave obstáculo para su pervivencia como Estados independientes.Todo ello tiende a la realización de una gran reforma agraria, para poner término, al decir de Lipshutz, del sistema agrario neofeudal actual, significando la liberación económica del inquilino o colono, transformándolo en campesino; y, por otra parte, una reforma industrial para el desarrollo de las materias primas, respeto absoluto para el obrero, exterminación del pauperismo, y reivindicación económica y cultural de las masas indígenas o mestizadas. Los indigenistas afirman con énfasis que durante los cuatro siglos anteriores se ha producido una desculturalización de la población indígena americana. Son los que afirman que la base cultural de I. es la cultura indígena, queriendo hacerla sinónima de autóctona, e incurriendo en la bárbara e inexacta afirmación de que la llegada de los españoles y sus formas culturales de vida significó para las civilizaciones aborígenes un colapso en su desarrollo y en sus niveles y manifestaciones. Esta teoría, base hoy día de un indoamericanismo trasnochado, en el que ya nadie cree, ha sido no obstante muy perjudicial para los indios y mestizos, a los que en el afán de exaltar frente a los españoles, se les exacerbaron sus manifestaciones culturales y raciales con esta tesis de enfrentamiento al pueblo que les llevó la civilización occidental. Naturalmente, se pone también de relieve el temor y la reserva de estimular la excesiva propensión de los indios a imitar formas de vida y de cultura extrañas, ya españolas ya anglosajonas. La cultura indígena es una tradición varia, y constituye como lo indoamericano una obra colectiva de creación de una propia tradición cultural. I. está superada hoy día como tal forma cultural por otra manifestación más real y más actual, aglutinante de todo el continente que se extiende desde la Tierra del Fuego hasta México, y que son el ,idioma y la raza española, factor común y vínculo de unión de diversas culturas, etnias, y manifestaciones de vida a lo largo de todo un extensísimo continente.El Nuevo Mundo tuvo una larga historia antes del descubrimiento español. Todos los pueblos no eran salvajes ni primitivos. Había en el Nuevo Continente sociedades y culturas cuyo origen se perdía en la prehistoria. Pujantes y sucesivas civilizaciones se habían desarrollado y desaparecido. Grandiosos monumentos evidenciaban la grandeza de la historia pasada. Aztecas, incas, mayas y chibchas demostraban la capacidad de organización de grandes Estados que sometían a su norma y autoridad numerosos pueblos y extensos territorios. Las ciencias naturales y las matemáticas, el calendario y la astronomía, el arte, la cultura y la religión, la organización política y social alcanzaron en los grandes Imperios niveles muy satisfactorios en contraste con el canibalismo y la antropofagia, las prácticas antinaturales, y el escasísimo nivel de vida y civilización de otros muchos pueblos americanos.Los que pretenden exaltar el ideal indoamericano estimulan en el indio su alma patriótica y soñadora, como homenaje a sus antepasados, a una cultura original y autóctona que distinga a los indoamericanos de los demás pueblos de la tierra. Pero ello, como antes decíamos, no es cierto, ni por su unidad de nivel cultural ni por su carácter autóctono. Es la exaltación imaginativa de aspectos que no existieron, y que por motivos actuales se trata de poner de relieve con marcado sentido de exageración. Y al propio tiempo reflejando un complejo de inferioridad, y el fomento desde fuera de este sentido de romanticismo retardatario y autóctono por móviles y causas ni diáfanos ni defendibles.El término político cultural de I. fue inventado por el aprismo peruano, y fomentado desde Estados Unidos por motivos políticos. El indoamericanismo es un, motivo de división de América que, desgraciadamente la del Norte, ha fomentado con frecuencia en cuanto se refiere a la hispana. Y al lado de ello, manifestaciones políticas, como el temor y la reserva al imperialismo del vecino poderoso, factor que anula también ese idealizado mundo indoamericano, roto en nacionalidades, que lejos de ir por las vías de una confederación, se asemeja más a un mosaico político superado hoy día por las actuales corrientes ideológicointernacionales, y que sin embargo es un reflejo del endogenismo típico de los pueblos prehispánicos. Y así vemos cómo ese mundo sin aglutinación que es I. se funde y une con el factor hispano constituyendo Hispanoamérica (v.).I. es, pues, una unidad cultural superada. No son simultáneos los conceptos de América y de lo indígena, ni en lo cultural, ni en lo. racial, ni en las distintas formas de vida que allí existieron. I. es un concepto cargado de romanticismo, de proyección retardataria y retrógrada, que no da un factor común, sino, por el contrario, unos hechos diferenciales, y que no presenta un sentido de unidad cultural continental, diverso en lo indígena y único en lo español.J. A. CALDERÓN QUIJANO.
BIBL.: J. E. CASARIEGO, Grandeza y proyección del Mundo hispánico, Madrid 1941; A. CASO, Indigenismo, México 1958; J. Comas, Relación inter-raciales en América Latina 1940-1960, México 1961; H. ESTEFANO, Los pueblos hispano-americanos: Su presente y su porvenir, México 1931; J. HALCRo FERGUSON, El equilibrio racial en América Latina, Buenos Aires 1963; A. LIPSCHUTZ, El indoamericanismo y el problema racial en las Américas, Santiago de Chile 1944; J. PÉREZ DE BARRADAS, Los mestizos de América, Madrid 1948; A. ROSENBLAT, La población de América en 1492. Viejos y nuevos cálculos, México 1967; J. YCAZA TIGERINO, Originalidad de Hispanoamérica, Madrid 1952.
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