Incas. Historia. HIST.
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Historia
El imperio de los i. comienza en el s. xl y termina en 1532 con la conquista española. Ocupaba el territorio que corresponde ahora a las Repúblicas de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Era un país de muy variada geografía, dándose en él los climas extremos, desde el cálido de los valles profundos y la costa, hasta el gélido de los altiplanos y cordilleras. La enrevesada topografía permitió al hombre habitar lejos de los páramos y desiertos, aprovechando para instalarse los abrigos de hondonadas y valles feraces. Pese a los adversos factores de las sequías, las heladas, las grandes lluvias, la erosión y los desprendimientos de la montaña por el agua o por los movimientos sísmicos, el Perú antiguo alcanzó un notable desarrollo agrícola, fruto del trabajo organizado y la técnica avanzada, que hicieron posible el incremento considerable de su población.1. Organización político-económica. Para explicar el fenómeno de una sociedad próspera, sin miseria, como fue la de los i., es necesario analizar su sabia organización político-económica. Los i. integraron a las numerosas poblaciones perdidas en el inmenso territorio, aisladas, autosufic¡entes, con sus propias características culturales. No hacían sino repetir dos esfuerzos anteriores comprobados por la arqueología: el de Chavín (v.) y cl de Tiahuanaco (v.), cuyas huellas son perfectamente claras en sus artes y técnicas, en sus símbolos, que permiten comparar sus mitos y religiones. Hay una evidente base común en todos los pueblos que integran la cultura andina.A los llamados Horizontes Chavín y Tiahuanaco, se agregó el i. o cuzqueño, que logró cumplir en gran medida su propósito de acercar a las gentes hasta formar una sola y gran sociedad. Los movimientos anteriores se redujeron posiblemente al campo mágico-religioso, pero el último acentuó su influencia sobre la economía y la política.Los i. propusieron un programa de gran atracción: acabarían con las consecuencias de las malas cosechas o de su pérdida total, que tan a menudo se producían por causas naturales difíciles de controlar. Para cumplir este primer punto del programa tenían que conocer las gentes y la tierra, es decir, contar las unas, medir la otra, a fin de establecer la relación tierra-hombre. Se implantó un sistema estadístico basado en el yuihu, consistente en cuerdas y nudos de colores que al combinarse representaban seres humanos o cosas según su número y naturaleza. Por lo que se refiere a la demografía, el trabajo o la milicia, este servicio básico de contabilidad se habría de emplear en todos los aspectos de edad, sexo, estado civil, ocupación, etc.; mientras que por lo que se refiere a las cosas, determinaba el número y la calidad de los productos agrícolas o industriales, el ganado, las herramientas o las armas. Esta contabilidad era indispensable para conocer las reservas disponibles en los depósitos del Estado y de los templos, donde se guardaban los frutos de la superproducción con un criterio de previsión social, ya que cuando un cataclismo o un fenómeno originaban para un pueblo o una familia carencia de los recursos de alimentación y vestido, el Estado o el templo proveían de lo necesario a los damnificados. Para conseguir excedentes, era preciso producir más. Se alcanzó la productividad por los mejores métados de cultivo introducidos por los i. y por la conquista de nuevas tierras laborales. Por eso, cuando el i. llegaba a una provincia que iba a ser integrada lo primero que hacía su equipo de técnicos era levantar un mapa del relieve, procediéndose después a un análisis de tierras y a un estudio de factibilidad para obtener mayor acopio de aguas, a fin de establecer el sistema de riego artificial.2. Organización del trabajo. Si los análisis resultaban positivos, los técnicos cuzqueños, con la cooperación de los interesados, procedían a limpiar los terrenos, construir terrazas, canales y embalses. De esta manera se duplicaba o triplicaba la extensión agrícola. Después se organizaba el trabajo, teniendo en cuenta el interés del trabajador y el de la comunidad. Había dos clases de tareas: a) unas se realizaban conjugando el esfuerzo de todos los miembros de la familia; también ayudaban sus vecinos, con cargo de reciprocidad. Éste es el sistema de ayuda mutua o ayni. Toda la cosecha se obtenía de los campos familiares, constituidos por un número de parcelas proporcional al número de familiares. Los productos iban a los graneros de cada grupo doméstico y debían durar para el consumo de un año. La parcela estaba calculada en ese sentido. Éste era el trabajo que los economistas llaman necesario. b) Pero había otro, el suplementario, que realizaban todos los miembros de la comunidad, hombres, mujeres, ancianos y niños, en medio de gran regocijo, en las sementeras dedicadas al Sol (los templos) y al i. (el Estado), cuyos funcionarios proporcionaban alimento y vestido a cada trabajador y, lo que es más, diversión, cantos y danzas, que hacían de esta labor algo esperado ansiosamente por cada comunero. Era la minca o trabajo colectivo de provecho social. Los frutos depositados en los almacenes de una y otra entidad se destinaban al sostenimiento del ejército, de los funcionarios, de los sacerdotes, y, en general, de cuantos no podían cumplir con el trabajo agrícola.3. Producción. Buena parte de esos frutos se guardaban durante años en edificios bien ventilados y mediante yerbas insecticidas que procuraban la buena conservación del maíz y demás alimentos, aparte del empleo de la deshidratación para la patata, la carne y otros alimentos. Los españoles encontraron tales depósitos llenos de provisiones. Éstas se repartían en las comunidades en casos de emergencia. Entre los productos industriales está en primer lugar el tejido, que no sólo se utilizaba para la indumentaria, sino también para cobijas, mantas, alfombras y tapices, aparte de los vestidos para los muertos y las ofrendas. En los depósitos del Estado y de los templos se guardaban grandes cantidades de textiles, pues toda familia debía contribuir al año con cierto número de piezas. Seguía en importancia la alfarería, que era materia de trueque y también de almacenamiento. Los objetos de metal se producían en gran escala, sobre todo los de cobre, como armas o herramientas; la orfebrería del oro y la plata, los adornos para las personas o los edificios y, sobre todo, cuanto era dedicado al culto, ocuparon a muchos trabajadores. El tejido, la cerámica, la metalistería, cuando no eran de aplicación utilitaria sino ceremonial, adquirían al igual que las otras artes, una gran excelencia, como se puede observar en las piezas de museo extraídas de las tumbas.Si el trabajo en beneficio exclusivo del labrador se realizaba por ayuda mutua y el de carácter social por toda la comunidad, la actividad artística era individual y quienes la ejercían eran considerados como personal del Estado, que los mantenía. Las obras públicas, como la construcción de caminos, terrazas de cultivo, canales y embalses, templos y palacios, mausoleos, puentes, graneros, etc., se realizaban mediante trabajo comunal o suplementario. Algunos cultivos como el de la coca y el laboreo de las minas se verificaban por el sistema de turnos o mita (v.), cuidándose que no excediese de 90 días. Los cultivadores de coca debían proceder de regiones de clima tropical, como el cultivo de dicha planta, y los mineros de climas fríos, pues las minas se explotaban, generalmente, por encima de los 3.500 m. sobre el nivel del mar. La institución del mitmac, o sea, el colonizador, se regía por iguales prescripciones, de tal modo que nunca iba un grupo serrano a poblar la costa o viceversa. Conocían, pues, principios de sanidad muy importantes.4. Incorporación al imperio. El mitmac (esparcido) era quien se trasladaba de una región a otra por disposición del Estado, con un conjunto de familias de su ayllu (comunidad), a poblar nuevas tierras o a incrustarse en poblaciones rehacias a la integración, las cuales, a su vez, eran desmembradas en parte para residir en zonas absolutamente leales a la política imperial. De esta manera, los i. fueron evitando movimientos contrarios a su plan integracionista. Esta incorporación de pueblos de diversa estructura se lograba por una labor constante de persuasión que alcanzaba buenos resultados en las agrupaciones de segunda importancia, pero no así en las que había logrado un mayor desarrollo cultural y principalmente político, formando confederaciones o reinos. Esas entidades poderosas se sintieron rivales de los i. y, por consiguiente, con igual derecho a dirigir la política de integración. Los que condujeron a la guerra con su resistencia fueron los collas, que ocupaban la gran meseta del lago Titicaca; los chancas, que dominaban la parte central del área andina; los chinchas, que consiguieron supremacía en la costa S y, finalmente, los chimus que, al controlar los grandes valles del litoral por un avanzado sistema de riego artificial, llegaron a influir sobre las poblaciones que habitaban un largo territorio entre Guayaquil y Cañete. Era un verdadero imperio que había logrado un extraordinario desarrollo agrícola, superando sus obras de riego a las de Babilonia, como lo demuestra el técnico Paul Kosok en libro reciente.Los i. lucharon primero contra los collas, a los que derrotaron, quedando a su disposición los grandes recursos de esa región: densas poblaciones, una ganadería que comprendía centenares de miles de auquénidos (v.), una abundante producción de alimentos, además de la carne, la patata, la quinua, la cañigua, la oca, el olluco, cereales y tubérculos de primordial importancia nutritiva. Carne, patata y oca eran deshidratados, con lo cual perdían dos terceras partes de su peso, pero conservaban todo su poder alimenticio, y duraban indefinidamente al no estar expuestos a la descomposición o a la acción de los insectos. La incorporación de los collas incrementó considerablemente el poder de los cuzqueños, quienes se hallaron entonces en condiciones de rechazar la agresión de los chancas que, en algún momento, estuvieron a punto de apoderarse de la sagrada ciudad del Cuzco (v.), capital del imperio. Derrotados collas y chancas, quedó abierta la obra de integración hacia el N y S de la Sierra. Fue ésta una condición esencial para emprender las sucesivas campañas contra los rivales de la costa, a los cuales consiguieron abatir después de larga y porfiada lucha, cuyo fin sólo es anterior a la conquista española en algo menos de un siglo.5. Política de integración. A la altura del s. xv el imperio había llegado a su apogeo, pero no puede decirse lo mismo de la cultura incaica; fue mayor en el centro y S del antiguo Perú y más superficial en el N costeño donde residía el núcleo del gran reino chimú. La política de integración se desarrolló por los siguientes medios: una red viaria que comprendía dos grandes caminos longitudinales, uno por la costa y otro por la sierra, que se extendían desde Colombia hasta Chile; estas vías eran los ejes del conjunto de caminos que ponían en comunicación a todos los pueblos del imperio entre sí y con la capital, el Cuzco, centro u ombligo (Qosgo), con relación al cual se había fijado la orientación de todas las regiones, los cuatro puntos cardinales: N o Chinchaysuyu, S o Collasuyu, E o Antisuyu y O o Contisuyu. La palabra suyu significa rumbo, dirección, surco o camino, que partía de la plaza mayor del Cuzco, en cuyo centro había una tribuna o asiento llamado usnu en que se colocaba el i. en las fiestas para simbolizar que dominaba al mundo desde su centro y que, como el agricultor abría su surco, él abría el rumbo hacia la integración del imperio. Tahuantinsuyu significaba "Los cuatro puntos cardinales juntos" o "el mundo en sus cuatro direcciones", lo que revelaba el etnocentrismo incaico. Recuérdese que cuando Atahualpa (v.) respondió a la intimación del P. Valverde para que reconociese como su soberano al rey de España, dijo que él era el único señor (sapan i.) y que no reconocía a ningún otro.Así como el camino rompía la incomunicación en que vivían los millares de poblados, la lengua debía desempeñar igual papel y, por consiguiente, debía establecerse una lengua oficial que no podía ser otra sino el quechua (v.), idioma de los i. Su aprendizaje se hizo obligatorio, pero como buenos políticos, transigieron con el uso de los otros idiomas de muchas naciones, como el yunca o mochica que era general en la costa norte, el colla en el altiplano y muchos otros lugares, el puquina en la costa sur, el cauqui en la sierra y costa central, etc. Por el camino y la lengua se introdujo un principio de integración de gran valor. Las religiones profesadas por los distintos grupos, con sus dioses de mayor o menor poder, eran muchas. El i., sin desarraigarlas, sobrepuso el culto oficial al Sol con su templo mayor en el Cuzco y con otros, inclusive dentro del área de santuarios preincas tan importantes como el de Pachacamac (v. n). En cambio, en el panteón del Cuzco había representaciones de los dioses locales. Así como el Sol venía a ser en el cielo el jefe de todos los dioses, el i., hijo del Sol, era el jefe de todos los jefes de naciones y tribus, a quienes, sin embargo, se les conservaba su autoridad: claro que dentro de la estructura del Estado imperial. Para lograr tal fin, se cuadriculó la población, respetándose como unidad de grupo la comunidad o ayllu.6. La familia. El poder se había ido ampliando al reunir bajo una sola jefatura a varias comunidades dentro de un valle. De estas nuevas agrupaciones, que variaban de volumen, resultaba una unidad mayor; así, p. ej., los chinchas dominaban unas 150.000 personas y, si tomamos como base la familia de cinco miembros, y la comunidad, reunión de 100 familias, se puede establecer una escala que comienza con la pachaca (100 familias) y sigue sucesivamente, con la piscapachaca (500 familias), la huaranca (1.000 familias), la pisca huaranca (5.000 familias) y el hunu (10.000 familias). Por tanto, los chinchas constaban de tres hunus. Había otros jefes en la cuadrícula menor de 1.000, 500 ó 100 familias. Según este poder reconocido, el jefe era encasillado en la respectiva cuadrícula del sistema administrativo. Por debajo de las 100 familias, o ayllu, había divisiones de orden local, en grupos de 50, 10 y cinco, con funciones de control económico y doméstico. El jefe de familia o pure era el único al que se reconocía autoridad y derecho político. No contaban el hombre soltero ni la mujer, excepto en las asambleas comunales en que tenían voz y voto todos los solteros de uno y otro sexo mayores de edad.La familia del pueblo se componía, por lo general, de un número de personas comprendido entre cinco y ocho; en cambio, la familia de la nobleza era numerosa. La razón está en que aquélla era monógama y ésta polígama. De esta suerte, la familia noble poseía aparentemente más tierras que la del pueblo, pero esto se debía al motivo indicado. Mayor número de componentes para ésta, menor para aquélla. En consecuencia, los nobles tenían mayor número de parcelas que los plebeyos. La unidad de la parcela era invariable: alrededor de 2.700 mz para los hombres y de 1.350 mz para las mujeres. Estas dimensiones solían variar según la calidad de las tierras; algo menos en las feraces y algo más en las poco productivas. El reajuste se hacía anualmente por autoridad especial que se encargaba del reparto, tratando siempre de que se conservase la justa proporción entre parcelas y parcelarios. El quipu anotaba al día el movimiento demográfico, de suerte que se tenían las cifras exactas de nacimientos y defunciones, así como de tierras disponibles. Se inscribía a los matrimonios que demandaban un reajuste más complicado, cuando marido y mujer procedían de distintas familias domiciliadas en lugares diferentes. Toda falta de tierras se subsanaba tomando la diferencia de las del Estado o de los templos, si no se habían ganado nuevos terrenos para la siembra. La tenencia de los bienes gozaba de una importancia particular en el sistema económico, si se tiene en cuenta que no existía otro derecho de propiedad que el del Estado y los templos. Las parcelas se entregaban a cada familia según el número de sus componentes, pero únicamente en usufructo. El Estado y los templos compartían las tierras sobrantes después del reparto.En cuanto al ganado, se observaba un régimen semejante. Cada familia recibía cierto número de llamas con cuya lana fabricaban sus propios vestidos. Para los que tejían como tributo, les proporcionaba la lana el Estado. La familia poseía la casa, pero no podía enajenarla. Cada nueva pareja recibía la suya gracias a la comunidad que se la construía y dotaba de todo lo necesario, costumbre que persiste en las comunidades actuales. El Estado era el único propietario de las minas, de las aguas, de los campos de coca y de los bosques. Lo propio del individuo, su equipo personal, se componía de sus vestidos, sus insignias, adornos, amuletos, talismanes y otras especies o utensilios menores. El equipo del noble era mucho más cuantioso, como se puede comprobar en las tumbas en que se encuentran ricos tejidos y joyas de oro y plata. Las ofrendas dedicadas a los dioses y a los muertos procedían de los productos cultivados en las tierras de los templos; asimismo, el Estado distribuía, por medio del rey y según los méritos de cada artista estatal, la materia prima para fabricar los objetos de cerámica, tejido y metales preciosos. Los i. introducían este sistema económico en todos los pueblos integrados, aunque en algunos persistieron formas anteriores, principalmente en lo que se refiere a propiedad y sucesión de los bienes, síntoma de que dichas gentes no habían sido aún incorporadas por completo.7. Estructura del Estado imperial. La parentela del i. estaba formada por sus numerosas concubinas e hijos que residían en ese conjunto cerrado o cancha que era el palacio y, a su vez, la reina o coya moraba en otro edificio con sus propios hijos legítimos, de los que cualquiera de ellos podía ser heredero del imperio. A la muerte del monarca, la parentela bajo la jefatura del segundogénito de los legítimos constituía el ayllu panaca, encargado de conservar la memoria de su fundador, atender al servicio de la momia imperial y concurrir a todas las ceremonias en que debía hallarse presente. Quedan fragmentos de algunos de estos edificios reales, como el Hatunrumiyoc de Inca Roca, el Amarucancha de Huayna Capac, el Pucamarca de Tupac Inca Yupanqui, el Collcampata de Manco Capac, el Casana de Pachacuti o el Cusipata de Huáscar.El Estado imperial, estructurado como se ha expuesto, contaba con elementos no incluidos en la armazón administrativa, pero que debían ejercer desde fuera un eficaz control. Había dos autoridades cuyas funciones se confunden a causa de las palabras semejantes que los designan: el tocricoc y el tucuyricuc. El primero era un alto funcionario residente en un pueblo de situación estratégica, en el Norte, centro o Sur del imperio, que tenía a su cargo la supervigilancia de la vida política y económica del área de su jurisdicción y representaba al i. en las ceremonias o actividades de mayor responsabilidad. Debía pertenecer a la nobleza de sangre. El otro funcionario tenía el carácter de visitador o inspector volante que el i. destacaba secretamente para observar de cerca la conducta de los funcionarios y recibir y resolver las quejas que se formulasen contra ellos. Tenía la representación concreta del monarca simbolizada por un hilo rojo de la insignia real o masca paycha que el i. llevaba en la frente. Los camachicoc, o asambleas comunales, resolvían los asuntos internos, incluidos los conflictivos.En la regulación demográfica, económica y política del imperio se presentaron formas un tanto aparte de las reglas generales. Por un lado, los mitmac, que eran trasladados de sus lugares de residencia a otros que señalaba el Estado, donde debían cumplir distintas funciones, ya sea colonizar nuevas tierras, adoctrinar a las poblaciones vecinas en el sistema imperial, vigilar la lealtad de las provincias recién incorporadas o la de aquellas que habían dado muestras de resistencia o indisciplina. Estas gentes gozaban de privilegios especiales. Los yanacuna, que aparecen casi a finales del imperio, eran indígenas extraídos de sus comunidades y adscritos al ejército, al sacerdocio o a la nobleza como ayudantes (yanay significa ayudar, la partícula cuna es el plural). No se les puede confundir con esclavos, porque ejercían sus mismos derechos de subsistencia y apoyo, llegando algunos de ellos a elevarse de su condición a otra más alta. Se dice que uno de los generales de Atahualpa había sido yanacuna.8. Arte. El valle del Cuzco, en que se había construido la capital del Tahuantinsuyu, era uno de los muchos que formaban los afluentes del gran río Urubamba, cuyo nombre en aquellos tiempos era Huillca Mayu o río del Sol (Willka era el nombre antiguo del astro-rey, llamado después Inti). Aquel gran río nacía de los deshielos de una montaña coronada de nieve perpetua, a la cual se denominaba Huillca Uta o casa del Sol. Tenía cerca uno de los más importantes templos del imperio y una muralla que servía de límite a la región colla que, en época preincaica, se extendía hasta la parte alta del valle del Urubamba y zonas vecinas. Hoy se le conoce con el nombre de La Raya y está precisamente en el divortio aquarum entre las hoyas del Amazonas y del lago Titicaca, donde comienza la gran meseta del Collao que se extiende hasta los confines de la República Argentina. En el Valle Sagrado de los Incas, como hoy se designa al del Urubamba, hay varios monumentos arqueológicos, como el observatorio solar de Pisac, la ciudad y fortaleza de Ollataytambo (v.) y uno de los más célebres del mundo: Machu Picchu (v.). La arquitectura se distingue por su sobriedad, y el insuperable manejo de la piedra es la coronación de un largo proceso que comienza en Chavín, Tiahuanaco y la época de las chullpas. Si fue tan avanzada la arquitectura, no se puede decir lo mismo de lo escultura, de la cual quedan muy raros ejemplares en piedra y bastante más en metal y piedras finas como el lapislázuli, el coral y la turquesa.V. t.: PERú III.LUIS E. VALCÁRCEL.
BIBL.: L. E. VALCÁRCEL, Historia del Perú Antiguo, a través de la fuente escrita (siglos XVI, XVII y XVIII), Lima 1964; ín, Etnohistoria del Perú Antiguo, 3 ed. Lima 1967; f1), Historia de la cultura antigua del Perú, 1 y II, Lima 1943-49.
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