Idealismo. Linguistica y Gramática. LIT.
Categoria:
Literatura
En el terreno de la Literatura, o mejor dicho de la Gramática y Lingüística, el estudio histórico positivista (v. POSITIVISMO) de los neogramáticos había provocado, desde finales del s. xix, una serie de reacciones que podemos concretar en tres movimientos: 1) desarrollo de la geografía lingüística y revalorización de las hablas locales (v. LINGÜÍSTICA II); 2) movimiento estructuralista, iniciado con Saussure, y que, al margen de la aplicación a los distintos campos del lenguaje y de la variedad de métodos, opone un estudio sincrónico frente al diacrónico (V. ESTRUCTURALISMO IV); y 3) movimiento idealista, con su centro de interés en el momento creador del lenguaje más bien que en la manifestación concreta. A los dos primeros les corresponde el descubrimiento o revalorización de la historia de cada palabra y del concepto de lengua como un sistema de elementos interdependientes. Vamos a referirnos a continuación a la tercera corriente, que tiene su máximo representante en Karl Vossler (v.), después de B. Croce (v.).Origen del método idealista. Von Humboldt y Croce. El método idealista aplicado a los estudios del lenguaje arranca directamente de la Estética de B. Croce, si bien sus últimas raíces se encuentran en G. B. Vico (v.) y W. von Humboldt (v.). Hay que recordar que Vico en su Scienza nuova (1725) proponía una interpretación cíclica de la historia del género humano, identificando lengua con poesía. Esta tesis sería reelaborada después con fundamentos lingüísticos más sólidos por Humboldt, quien concibe la lengua como una producción del espíritu humano, el cual conoce además otros tipos de manifestación como pueden ser las artes. Ahora bien, si la lengua es manifestación del espíritu, no puede ser como producto (ergon), sino como creación (energeia), puesto que, según él, el espíritu solamente existe como actividad. De aquí que la lengua no sea una reproducción de la realidad, sino la visión que de dicha realidad tiene un hablante (visión típica del idealismo, v. I, 1). A la visión personal la llamó forma interior (innere Sprachform) y a la manifestación de la misma forma exterior (dussere Sprachform). La primera es sintética, la segunda analítica y es, con palabras de Vidós (o. c. en bibl., 87), como "la osamenta de las posibilidades de expresión, en la cual no debe hacerse otra cosa que introducir los semantemas (las palabras) para obtener una manifestación lingüística concreta; ella corresponde más o menos con el campo de la morfología, de la sintaxis y de la formación de palabras".Para Humboldt, frente a una serie de elementos comunes como podían ser el origen, la cultura, etc., era la lengua lo que verdaderamente constituía la individualidad de un pueblo, su visión propia del mundo. La verdadera esencia de la lengua se basaba, para él, "en el acto mismo de producirla mediante las palabras entrelazadas en el discurso", constituyendo la desmembración en palabras y reglas "una tarea muerta de análisis científico" (Schiaffini, o. c.bibl.,19).La lenguacolectiva podía concebirse como la suma de las individuales, pero solamente a éstas convenía el concepto de lengua. Pero las tesis idealistas de Humboldt, quizá porque los intereses de la época iban por otros caminos, tuvieron menos eco que las positivistas de Scheleicher, para quien las lenguas evolucionaban conforme, a un conjunto de leyes internas ajenas a nuestra voluntd, idea favorecida por el desarrollo del darwinismo. Después, el sociologismo de Saussure separó la lengua individual de la común y puso el centro de interés del estudio del lenguaje en la norma, al margen de toda creación individual.Al reaccionar contra las tesis positivistas y naturalistas, B. Croce (1866-1952; v.) afirmaba que "el lenguaje es un acto espiritual y creador". Sus puntos de vista quedan concretados en la Estética, cuya primera edición, bajo el título Tesi fondamentali di un’estetica come scienza dell’espressione e linguistica generale, aparece en 1900; dos años después, notablemente aumentada y añadida una parte histórica, aparece la segunda edición Estética como scienza delPespressione e linguistica generale (se cita aquí por la trad, española, Buenos Aires 1966). Esta obra no es, como por el título pudiera creerse, un libro sobre teoría del lenguaje en el sentido que hoy lo entendemos, sino más bien un tratado filosófico sobre la crítica del arte.Croce, apoyándose en Bergson (v.), identifica intuición, o impresión, con expresión. La expresión lingüística es una constante creación, una intuición, un fenómeno estético; y el pensamiento no puede existir fuera de la expresión. Croce duda que exista un sistema lingüístico exterior al hombre, y que el lenguaje sea un instrumento creado por el hombre para comunicarse con los demás; siendo el lenguaje pura intuición, nace al mismo tiempo que ésta, es autosuficiente. El acto del lenguaje, afirma, "no es ya la expresión del pensamiento y de la logicidad, sino de la fantasía, esto es, de la pasión elevada y transfigurada en imagen, y, por tanto, idéntico a la actividad de la poesía, sinónimo el uno de la otra". La esencia del lenguaje es una expresión fantástica, poética, musical, la cual, aun en los casos en que el lenguaje se convierte en signo de los pensamientos y conceptos, en expresión práctica, sigue conservando algo de su genuino carácter: "En efecto, escribe Croce (p. 27), en el mismo lenguaje que no se llama poético, sino prosaico, siempre se ha advertido algo que resulta irreductible a la logicidad. Esto sucede con la metáfora, es decir, con la palabra viva, que es siempre metáfora porque siempre es producto de la fantasía; con la armonía de tonos, con la dulzura y virtud, con el encanto de la música, que circulan en la prosa misma y que gobiernan el periodo en todas sus partes, frases, palabras, sílabas...".Si la fantasía, la intuición, es igual que el lenguaje, parece lógico pensar en la identidad del lenguaje poético con el de la música, la pintura, etc.; en definitiva, en la identidad de la Lingüística con la Estética, punto al que quería llegar Croce. Ahora bien, advierte Attisani muy acertadamente en el pról. a la ed. española de la Estética, "la proclamada identidad de intuición y expresión, de intuición y lenguaje, no implica identidad de intuición y comunicación; y tanto es así que esta última puede no tener lugar. La resistencia que todavía hoy encuentra la proclamada identidad de intuición y expresión se debe ciertamente a esa ilegítima identificación, a esa confusión entre expresión o lenguaje y comunicación"; y añade, poco más adelante, "pintura, escultura, literatura, etc., no son per se, en cuanto objetos artísticos, las expresiones que establecen la comunicación, pero sí signos e instrumentos con que las expresiones son o pueden ser reevocadas". Creemos de gran importancia esta distinción entre comunicación y expresión, sobre todo a la hora de tratar de precisar las características del-signo lingüístico (v.), punto de arranque de toda teoría sobre el lenguaje.Croce sitúa el estudio de los hechos lingüísticos en el acto creador, intuitivo, personal, donde se centra y resuelve el problema mismo del origen, al margen de teorías como la de los movimientos anímicos naturales (el " ¡ay, ay! ") o la onomatopeya (el " ¡guau, guau! "), carentes de valor para él. Sobre el problema concreto de la relación Gramática-Lógica escribe: "En Lingüística se ha presentado el problema de la distinción entre el hecho estético y el intelectual, como el de la relación entre Gramática y Lógica. Tal problema ha tenido dos soluciones parcialmente verdaderas: la de la indisolubilidad de Lógica y Gramática y la de su disolubilidad. La solución completa es que, así como la forma lógica es indisoluble de la gramatical (estética), ésta es disoluble de aquélla". El fenómeno lingüístico es, según él, un hecho global que solamente tiene sentido en sí mismo: "La teoría de las partes del discurso es, en el fondo, la misma de los géneros artísticos y literarios, ya criticados en esta Estética" (p. 231). Y continúa: "Es falso que el nombre o el verbo se expresen con palabras determinadas, distinguibles realmente de otras. La expresión es un todo indivisible; el nombre y el verbo no existen en ella, sino que son abstracciones forjadas por nosotros al destruir la única realidad lingüística, que es la proposición. La cual ha de entenderse no al modo acostumbrado de las gramáticas, sino como organismo expresivo de sentido completo, que comprende a la par una exclamación muy simple y un vasto poema" (p. 232).De aquí que para él la clasificación de lenguas distintas no tenga objeto: "Las lenguas, dice (p. 232-233), no tienen realidad fuera de las proposiciones y nexos de proposiciones realmente pronunciados; esto es, fuera de las obras de arte (no importa si pequeñas o grandes, orales o escritas, si pronto olvidadas y luego recordadas) en que las lenguas existen concretamente". Igualmente tampoco tiene objeto "el concepto de una Gramática (normativa) que establezca las reglas del bien hablar" y a la cual deba ajustarse el hecho lingüístico que, lejos de eso, tiene razón de ser en sí mismo. Sólo tiene sentido una gramática empírica, "como conjunto de esquemas útiles para el aprendizaje de las lenguas, sin pretensión alguna de verdad filosófica".La consideración de Croce sobre el lenguaje se sitúa en un punto diametralmente opuesto a Saussure: frente a la lengua (v.) como única realidad, él defiende el habla, el aspecto individual. E. Sapir (1884-1939) valoraba grandemente el pensamiento croceano; en el prefacio de su Lenguaje escribía: "Entre los escritores contemporáneos que han tenido alguna influencia sobre el pensamiento ilustrado, Croce es uno de los poquísimos que han logrado comprender la significación fundamental del lenguaje. Ha hecho notar la estrecha relación que tiene con el problema del arte. Mucho es lo que debo a su agudeza".Karl Vossler. La concepción idealista del lenguaje de Croce fue tomada y llevada a la práctica por Karl Vossler (1872-1949; v.) a partir de su libro Positivismus und Idealismus in Spraechiwissenschaft (Positivismo e idealismo en la Lingüística), publicado en 1904 (trad. al español, junto con El lenguaje como creación y evolución, Buenos Aires 1929). Vossler combatió el método naturalista histórico-analítico, y opuso el intuitivo-sintético, según el cual todo cambio lingüístico venía condicionado por el espíritu. Va a tratar de ordenar el caos que el concepto de lenguaje como creación había originado, porque, como el mismo Vossler dice, para Croce había "millones de creadores del lenguaje, millones de creaciones ligüísticas, desde las más pequeñas frases... hasta la obra de arte más pensada...; cada una de ellas es libre, cada una autónoma y dueña de sí" (Badía Margarit y Roca Pons en el pról. al Lenguaje de Vendryes, 31); si bien es cierto que esto no se puede entender en sentido muy estricto, puesto que la verdadera intención de Croce era simplemente la revalorización de la estilística.La solución que decimos, aporta Vossler, es la introducción del concepto evolución. Este vendría a ser como un elemento puente entre el acto puramente estético, individual, de Croce y el concepto un tanto abstracto lengua de Saussure. La evolución es la consideración del lenguaje como instrumento, que sirve no sólo para la función expresiva sino comunicativa, en la medida en que las creaciones individuales coinciden con las de otros hablantes o se originan de acuerdo al "gusto nacionalmente fijado y tradicionalmente coherente, que orienta, acepta y rechaza las creaciones individuales". Las lenguas, además de expresión individual, son expresión colectiva. Aquí radica precisamente la diferencia de Vossler con Croce. Para este último, como dice A. Alonso en el pról. a la Filosofía del Lenguaje de Vossler (p. 12), "lo estético, no es sólo el más alto en la escala de los valores del lenguaje; es el único"; pero esa consideración estaba condenada a la ineficacia puesto que dejaba fuera las lenguas como entidades funcionales y como sujetos de historia, error que no cometerá Vossler. Él, como Croce, parte de la consideración del lenguaje como creación del individuo: "Si el lenguaje es acto del espíritu (energeia) y las formas fijadas no son más que el producto (ergon) de esa actividad, y si toda actividad concreta del espíritu lo es sin remedio de un espíritu individual, será necesario por principio goznar la ciencia entera del lenguaje en ese quicio del espíritu individual. Partiendo de ahí, pero sólo partiendo de ahí, podrá luego la lingüística colectar y estudiar cuantos productos o formas comunalmente fijadas quiera" (ib., 11-12). Pero sobre Croce tiene la ventaja de que ve en la lengua el reflejo del espíritu de un pueblo y por eso, para él, la lingüística es simplemente un capítulo de la historia de la civilización.Frente a los neogramáticos que dejaban fuera del hecho lingüístico el acto espiritual que lo originaba y establecían una fuerza evolutiva necesaria e independiente del individuo, Vossler intenta demostrar que tanto la creación como la evolución del lenguaje, sin distinción de planos, dependen del estado de ánimo del individuo, que se convierte con ello en ley del cambio, si bien su espíritu se encuentra influenciado por una mentalidad social. El cambio lingüístico no es, pues, un proceso natural, sino una manifestación de una nueva mentalidad en la cultura de una comunidad lingüística. Así, p. ej., trata de explicar el desarrollo del artículo partitivo francés como consecuencia de la mentalidad comercial y calculadora que opera en la Baja Edad Media (s. xiv y xv), idea que la crítica no ha admitido. Sus obras más interesantes, La cultura de Francia reflejada en la evolución de su idioma (1913), Espíritu y cultura en el lenguaje (1923), se caracterizan por su orientación en tal sentido.En este doble polo individuo-sociedad, con frecuencia no excesivamente claro, se mantiene la visión de Vossler sobre el lenguaje. "Por entender a la persona, Vossler ha podido comprender con profunda visión el fenómeno del lenguaje como una estructura polar y móvil, concepción que da íntima coherencia a todos sus ensayos filosóficos, por diverso que sea el tema considerado, y que se expresa profusamente en las parejas de conceptos recíprocos que se llaman espíritu y cultura, individuo y sociedad, creación y evolución, categorías psicológicas y gramaticales, estilo y gramática, originalidad y convención, libertad y determinación, innovar y continuar, mención y forma, poesía y acomodación social" (A. Alonso, o. c. 13). Estas series de dicotomías o aspectos contrapuestos son, en definitiva, el habla-lengua de Saussure, que mientras para éste es una dualidad excluyente, para Vossler lo es incluyente, y esto porque el primero quiere hacer de la lingüística una ciencia de lo cuantitativo, que para ser verificable ha de desechar todo lo individual (variable), mientras que para Vossler la lingüística es una ciencia del espíritu. Saussure en su planteamiento era hijo del positivismo naturalista de los neogramáticos, aunque entre uno y otro medie tan largo camino.Se le ha criticado a Vossler con frecuencia proponer un nuevo estudio del lenguaje carente de método, y es posible que esto sea cierto. No obstante, hemos de tener en cuenta que el objetivo fundamental del padre del i. en este terreno era llamar la atención sobre lo que el lenguaje tiene de movedizo y de individual, de estético. Por eso, la Lingüística es solamente Estilística en sentido estricto, ya que para él no existe ninguna otra cosa que la lengua y tantas como individuos. Esta es alógica, puesto que las palabras son puras metáforas, y por eso no se puede hablar de unas categorías gramaticales rígidas. Sin embargo, contenidos de conciencia similares llevan a expresiones similares y en este sentido la Estilística puede enlazar con la Sintaxis. La Lingüística se convierte así en el estudio de la expresión como creación individual y como forma de cultura de un pueblo. Por eso, Vossler reconoce en el cambio lingüístico dos momentos, como hace Gilliéron, un momento creador y un momento evolutivo; el primero es individual y es el que introduce la innovación, Vossler le llama progreso absoluto; el segundo es colectivo y es el que la propaga, se le llama progreso relativo. A estos dos momentos les corresponderían dos gramáticas: al primero descriptiva y versaría sobre la propiedad y técnica del pensamiento idiomático; al segundo histórica y nos hablaría sobre el gusto idiomático, sobre la evolución y el ejemplo de los estilistas. Lo que es creación en la lengua es particular y pertenece al individuo. Lo que es evolución es general y pertenece a la comunidad, que es como un marco que la permite difundirse. Vossler trató de aplicar sus principios al estudio de la lengua francesa, partiendo del principio general de que entre la lengua de los franceses y su vida política y literaria existe una estrecha relación.Otros idealistas. Aunque no se puede hablar de escuela en sentido estricto, sin embargo, sí que encontramos algunos nombres a quienes se les puede considerar como continuadores del pensamiento de Vossler; entre ellos tenemos a Eugene Lerche, Helmut Hatzfeld (n. 1892), Leo Spitzer (1887-1960), Friedrich Schürr (n. 1888), Étienne Lorck, etc. De todos, el que tiene un mayor interés es, sin duda, L. Spitzer, quien, como dice lordan (o. c. bibl., 228), "sólo debe ser considerado vossleriano por el objeto final que persigue, ya que sus investigaciones revisten un carácter universal tanto por los materiales utilizados en ellas, como por el método de trabajo".Spitzer fue discípulo de Meyer-Lübke, razón por la que tuvo una preparación positivista que le ayudará a subsanar algunos de los errores de que adolecía el idealismo. Su vinculación con este movimiento se debió fundamentalmente a una comunidad de intereses afectivos, aunque sus trabajos van a tener un horizonte más amplio. De las dos tesis de Vossler, lengua como producto individual, estético y lengua como producto cultural, social, a Spitzer solamente le interesa la primera. Ahora bien, en lugar de reducirse, como veíamos al hablar de Vossler, a la lengua literaria, se fija también en las manifestaciones más comunes de la lengua vulgar, afirmando que la única diferencia existente entre ambas es la forma, cuidada en la literaria, más natural en la vulgar, pero en las dos manifestación del espíritu. La personalidad de un escritor la deduce primero a través de su forma de expresión y en segundo lugar analizando el contenido. Por otra parte, amplía el estudio de un fenómeno lingüístico del reducido campo de una lengua concreta a su comprobación en otras, y esto no sólo en el dominio de las lenguas románicas, sino incluso en el de las germánicas y otras. Asimismo, sus investigaciones se refieren a los distintos planos del lenguaje, si bien es cierto que, en todos ellos, trata de explicar las diversas transformaciones desde el punto de vista estilístico, es decir, como originadas por un espíritu individual.De manera muy general puede aplicarse el calificativo de idealista, aunque ello tiene el gran riesgo de producir notables equívocos, a todos aquellos autores que se han preocupado del aspecto estilístico de la lengua. En España, la figura por excelencia sería la de Dámaso Alonso (v.).Crítica del idealismo. A primera vista parece que el i. lingüístico no presenta graves objeciones. Sin embargo, desde el primer momento fue objeto de duras críticas, en su mayor parte provenientes, como es natural, de autores positivistas. Es evidente que el i. puso de relieve el aspecto creador e individual del lenguaje, junto a la idea de producto estético, reflejo de una determinada cultura, pero, como dice lordan (o. c. 204-205), "el error fundamental del idealismo lingüístico, del cual se desprenden de modo natural los otros, entre ellos la negación del carácter lógico de la lengua, consiste en el hecho de que se exagera excesivamente la importancia del elemento estético, llegándose hasta la confusión de la lengua con el arte y, consecuencia inevitable, de la Lingüística con la Estética".Aunque Vossler, como ya dijimos, supone un avance sobre Croce al reconocer la expresión material sobre la que se manifiesta el espíritu individual de la lengua, sin embargo, concede muy poca importancia a dicho elemento; olvida que la lengua es comunicación antes o, al menos, junto a la expresión. En su doctrina no hay distinción lengua-habla, sino que todo se reduce al segundo aspecto, e incluso dentro de éste a lo literario, con descuido de las manifestaciones más vulgares. Por otra parte, al explicar la evolución lingüística directamente relacionada con el espíritu de un pueblo, suele olvidar la relación entre el cambio en cuestión de esa lengua con respecto a las demás. Se le acusa también de fundamentarse en hechos incompletos, utilizando incluso material de segunda mano, no del todo válido, por lo que algunas de sus conclusiones son criticables. Finalmente su afirmación del carácter alógico de la lengua rompe la estrecha vinculación existente entre pensamiento y lenguaje, la cual es tan fuerte que es difícil concebir el uno sin el otro. No se puede olvidar el aspecto de la lengua como vehículo de trasmisión del pensamiento lógico, porque su función primaria es la comunicativa.Sin embargo, junto a esta serie de aspectos negativos, hay en Vossler otros positivos, a los que ya hemos ido haciendo referencia: la puesta en relieve de cómo el espíritu individual humano se manifiesta en la lengua; la revalorización de cuanto individual y creativo hay en ella; el desarrollo del elemento artístico, esteticista y espiritual que hay en toda manifestación de lenguaje; revalorización de la estilística y la sintaxis frente al excesivo influjo de la fonética, aunque la importancia concedida al elemento estilístico lleva al i. a descuidar el aspecto léxico, que también puede ser reflejo de la cultura de un pueblo; y, por último, colocación de la Historia de la Literatura y de la Lengua en el mismo nivel. De todas formas una valoración de las ideas del i. lingüístico, y en concreto de Vossler, como su máximo representante, se hace algo difícil, porque, como ya dijimos recogiendo una cita de A. Alonso, su pensamiento navega entre constantes dualidades sin ofrecer un sistema muy definido. V. t.: LINGÜÍSTICA; FILOLOGÍA III.L. NIETO JIMÉNEZ.
BIBL.: I. IORDAN, Lingüística Románica, Madrid 1967; A. SCHIAFFINI, El lenguaje en la Estética de Croce, "Nueva Rev. de Filología Hispánica" VII (1957); B. E. VIDóS, Manual de Lingüística Románica, Madrid 1963; y las obras citadas en el texto del artículo.
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