Humanismo. Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Caracteres generales. El término humanismo fue usado por primera vez por el alemán Niethammer en su obra Der Streit des Philanthropismus und des Humanismus in der Theorie des Erziehungsunterrichs unserer Zeit (1808) para resaltar la importancia de los autores griegos y latinos. Pero el significado de esta palabra tomó carta de naturaleza y se difundió gracias al estudio de Georg Voigt La Resurrección de la antigüedad clásica o el primer siglo del humanismo (1859). La fecha de origen de la palabra h. es 1512, posterior, desde luego, al apogeo del h. Este vocablo generalizado se reserva para las actividades y doctrinas de los humanistas renacentistas de los s. xiv, xv y xvi. El h. tiene su cuna en la Italia del xiv, donde había encontrado su espíritu y forma esenciales en Dante (v.), Petrarca (v.) y Boccaccio (v.); en este país se designó con el nombre de umanisti (humanistas) a los maestros de lo que se llamó humanidades. Los humanistas no produjeron obras notables filosóficamente (v. I, la y 1, 2); como ya se ha dicho, el movimiento humanista tuvo más importancia literaria que filosófica.Logra una densidad y personalidad mayor en tierras italianas. La expansión y florecimiento en Europa es posterior y alcanza su punto culminante en el s. xvi. Es una reacción en cadena que contribuye a una honda renovación en todos los aspectos de la vida. El h. supone un concepto de la vida, una nueva forma de sensibilidad. El hombre de la Edad Media vivía en un mundo de sólidas estructuras, que conoce tensiones y dramas pero que mantiene una substancial continuidad; el influjo del espíritu religioso de tipo monástico es muy fuerte, con todo lo que ello implica sobre el modo de enfocar las realidades mundanales; el conocimiento científico experimental se cultiva en diversos centros, pero no alcanza una difusión universal y en amplios ambientes vige una actitud reverencia] ante la naturaleza. El h. renacentista tiene más sentido de la movilidad y aspira fuertemente a analizar y describir científicamente la naturaleza.Pese a que la nueva mentalidad choca a veces con el sentido vital cristiano, no es un enfrentamiento total. Desde ahora, en la visión de las relaciones entre el hombre y Dios, se aspira a integrar de manera decidida la tarea de conocimiento y dominio de un mundo que se proclama perfectible. Ese sentido ateo, pagano, que suele darse al h., no es cierto; aunque derivará en ocasiones, sobre todo siglos más tarde, a un antropocentrismo, a colocar al hombre en el centro en lugar de Dios (v. I, 1 y vi). Los hombres de la época del Renacimiento vivían un clima de religiosidad que les hacía tener confianza en Dios, pero también en el hombre; creían posible ser cristiano y seguir a Cicerón; ser criatura y tener ilusiones creadoras, en un ansia de síntesis que no siempre consigue alcanzar una solución armónica. Su afán era buscar un sentido de cultura integral, de formación del hombre completo; se ansía una humanidad culturizada. Todo esto da al h. un aire de elegancia y facilidad, de ideal de belleza y verdad. La proporción y la armonía convivirán con la tensión. Se perseguirá con empeño el equilibrio -dentro de la aventura humanista- entre concepto y forma, realidad e irrealidad, espíritu y materia, hombre y naturaleza. El ideal de la moderación y de la aurea mediocritas competirá con el de la exaltación y la voluptuosidad; el espíritu de colectividad con el de nacionalismo; la sencillez y la naturalidad con la pedantería. Un ambiente de optimismo lo invade todo. Se reconoce, sí, que el hombre es falible y pecador, pero se confía en su poder de dominar técnicamente las artes y de dominarse moralmente a sí mismo, ya que, en lo más íntimo de su ser, está presente y activa la capacidad del bien. Precisamente a esto responde el fay ce que vouldras (haz lo que quieras) que Rabelais muestra en la Abbaye de Théléme.Este entusiasmo optimista está preparado y unido con el redescubrimiento de la Antigüedad clásica, lo que nos conduce ya más directamente a lo literario. Ese redescubrimiento no era una novedad absoluta, ni implica que los siglos medievales no conocieran esa Antigüedad; la conocían y formaba parte de su vida. No sólo los medievales siempre habían mantenido un contacto con el mundo greco-romano a través tanto de los Padres de la Iglesia que en sus obras habían recogido, cristianizándola, la herencia de la cultura clásica, como de la tradición jurídica, sino que además toda la Edad Media conoce una serie de Renacimientos que implican no sólo un mayor y más amplio conocimiento de la obra de los Padres sino un acceso directo a las fuentes greco-romanas. En el s. viii, encontramos en la corte de Carlomagno un gran florecimiento cultural del que Alcuino (v.) es la figura central. En el x sobresale Gerberto d’Aurillac (más tarde Papa con el nombre de Silvestre 11), hombre lleno de admiración por la Antigüedad y dedicado a recoger documentos antiguos. Otro siglo importante, de avanzada cultura, es el s. xli, como lo atestiguan las nuevas Univ. de Bolonia, París, Oxford, etc. En la España del s. xii están la Escuela de Traductores de Toledo (v.) y la Univ. de Salamanca (1255).Se debe hablar, pues, no de novedad o de ruptura absolutas sino de diferencia de grado y de acento, de tono y de toma de conciencia, es decir, de novedad de actitud. El fenómeno se hace además general e informa a la época. El deseo de conocer la cultura de Grecia y Roma se adueña de la sociedad, si bien con un concepto aristocrático reservado a las clases más altas; aparecen las figuras de los mecenas y protectores; se crean Academias como centros de difusión. Se revaloriza al sabio humanista. El latín y el griego pasan a ser las lenguas por excelencia; la búsqueda y recopilación de manuscritos encuentra firme apoyo en príncipes, papas y ciudadanos ricos; las traducciones y ediciones de la Biblia (v. BIBLIA vi, 8-9 y VII) y de autores antiguos se multiplican (v. i, 2b).El cultivo de las humanidades significa principalmente el estudio del lenguaje y las posibilidades del mismo. La Retórica -aunque no exenta de importancia en la Edad Media- la tiene mucho mayor ahora; cubría lo que hoy llamamos poesía; la elocuencia era la teoría del arte, algo así como lo que ahora llamamos `literatura’. Desde entonces, el lenguaje ocupa un lugar primordial, y aparecen los primeros estudios gramaticales de las lenguas vernáculas: Dante con su De vulgare elocuencia, Du Bellay, con su Defensa e ilustración de la lengua francesa y Nebrija (v.) con su Arte de la lengua castellana. A este interés lingüístico corresponde en el s. xv la creación de la imprenta (v.), que se convierte en un medio de comunicación imprescindible y fecundo. El h. literario sobresale en todos los campos; la poesía es sensual, idílica, ,satírica, amorosa, lúdica; en prosa se cultiva enormemente el género epistolar; la historia se hace más rigurosa; es el momento de la novela pastoril y sentimental; el teatro se afianza y el elemento mitológico se rehabilita. Un concepto que alcanza gran resonancia es el de imitación, sujeto a una viva polémica entre Poliziano (v.) y Cortese; es el elemento axial de la poesía. Los autores modernos han de limitarse a seguir la huella de los antiguos y aproximarse en lo posible a su perfección; los modelos serán: Cicerón (v.) en la prosa, Virgilio (v.) en el poema épico, Horacio (v.) y Catulo (v.) en la lírica.2. Humanismo en Italia. Este nuevo ideal vital que es el h. comienza en este país en el s. xiv, teniendo como maestros más importantes a Petrarca (v.), sobre todo, y a Dante (v.) y Boccaccio (v.). El entusiasmo de los papas y familias nobles -los Este en ’Ferrara, los Gonzaga en Mantua, los Sforza en Milán, los aragoneses en Nápoles, los Médicis en Florencia- contribuyó decisivamente a sostenerlo y elevarlo.El primer periodo del h. que cubre la segunda mitad del s. xiv está representado principalmente por discípulos de Petrarca. Sobresale en esta época Coluccio Salutati (1331-1406), descubridor de las cartas familiares de Cicerón e introductor de la prosa humanística en el estilo cancilleresco. El segundo periodo llena todo el s. xv. Ahora, el h. deja de ser el esfuerzo de unos pocos para convertirse en un movimiento de grupo, en torno a las cortes o a los papas. El conocimiento directo del griego se intensifica; una serie de hechos repercute sobre ello. Manuel Crisolaros, embajador del Imperio Bizantino en Venecia, emprende la enseñanza del griego en Florencia, adonde llegan sabios bizantinos que acuden a los concilios de Constanza, Ferrara y Florencia, fugitivos de Constantinopla tras su caída. Lorenzo Bruni (1374-1444) realiza las primeras traducciones de Platón. Otros humanistas de este periodo son Juan Aurispa (1376-1459), Lorenzo Valla (1407-57), Flavio Biondo (1392-1463), Pico della Mirandola (v.), Marsilio Ficino (1433-99) -en el que sobresalen sus traducciones de Platón, Plotino, Dionisio el Aeropagita, Hermes Trismegistus-Poggio Bracciolini (1380-1459), etc.Los literatos más destacados son Eneas Silvio Piccolomini (1405-64) -Papa desde 1458 con el nombre de Pío II (v.)- que obtuvo gran éxito con su obra Historia de dos amantes y Giovanni Pantano (1424-1503), espíritu sentimental, que descuella ante todo como poeta. A lo largo de los s. xiv y xv muchos escritores italianos desdeñan el cultivo de la lengua vulgar y escriben en latín. Frente a esta actividad, algunos escritores reemprenden el cultivo de la lengua italiana. Dentro de esta corriente hay que destacar a Leon Battista Alberti (140472), que contribuyó a la defensa de la creación literaria en lengua vernácula. La obra de Lorenzo de Médicas (1449-92), que trata una gran variedad de asuntos, es singular, realista y popular, platónico y refinado, ha dejado una obra llena de interés. Sus obras de tendencia voluptuosa -Salvas de amor, Caccia col falcone, Canti carnascialeschi- contrastan con sus Capitoli religiosa y Laude (laudas). Angelo Ambrogini (1454-94), llamado Poliziano (v.), alcanza gran altura poética en las Stanze (Estancias) y en la Fábula de Orfeo, llenas de imaginación; esta última es, quizá, la primera representación escénica de asunto profano de la literatura italiana.En la corte de los Médicas (v.) surge un poeta, Luigi Pulci (1432-84; v.), cuya obra Morgante es de tema épico popular, pero de forma culta y elegante. Dentro de esta tendencia épica está el Orlando enamorado, de Boiardo (1441-94; v.) y el Orlando furioso, de Ludovico Ariosto (1474-1533; v.), obras llenas de imaginación, donde la magia y lo inverosímil alternan con la sorpresa y la sonrisa. El ideal de la prosa humanística alcanza un estado de poesía en la Arcadid de Jacopo Sannazaro (14561530; v.), que abre un género y un estilo literario que perdurará en toda Europa; es un conjunto de églogas entrelazadas por pasajes en prosa que da a toda la obra un aire de novela.El Cinquecento recoge todos los elementos humanísticos, conduciéndolos a su madurez. Pietro Bembo (14701547) abre, con sus Rimas una etapa importante del llamado petrarquismo renacentista. Dentro de la prosa encuentra sus mejores cultivadores en Maquiavelo (14691527; v.), Guicciardini (1483-1540), Castiglione (14781529; v.) con su Cortesano, y Cellini (1500-71; v.). Los dos primeros se mueven en una esfera realista de la actividad utilitaria; Castiglione se dedica a idear un tipo ideal de humanidad; el último a cantar su vida con violencia y originalidad. La última gran voz poética es la de Torquato Tasso (1546-96; v.), cuyas obras dejan ver ya una nueva sensibilidad; la Jerusalén Libertada es su creación más importante, poema heroico donde Tasso canta las hazañas del ejército cristiano mandado por Godofredo de Bouillon, en la primera Cruzada.El h. italiano se extiende pronto por toda Europa, aunque el siglo que marca el momento de máximo florecimiento es el xvi. Su primera mitad se caracteriza por una preocupación de los problemas filosóficos, religiosos y educativos, motivados por la crisis espiritual que abre el protestantismo (v.).3. Humanismo en España. La introducción del h. en España no tuvo una fecha común ni penetró por los mismos caminos. En Castilla se deja sentir su influencia más tarde que en otras regiones, aunque el culto a la Antigüedad, anunciador de este nuevo viento, aparezca en el arcipreste de Hita (v.), López de Ayala (v.), Mena (v.), Santillana (v.), etc., y ya un anticipo aún anterior lo tengamos en la fundación de las universidades y en los trabajos de Alfonso X el Sabio (v.). De una forma directa, la penetración del nuevo espíritu comenzó primero en Aragón y Cataluña. Esta anticipación se explica por su situación histórica y geográfica: presencia de Aragón en Italia y Grecia, relaciones de Cataluña con la corte papal de Aviñón (v.). En el reino aragonés destaca su rey, Alfonso V el Magnánimo (v.), quien se constituye en uno de los más importantes mecenas al trasladar la corte a Nápoles.Para Cataluña suele fijarse el a. 1338 como punto de partida del h. Esta fecha representa la traducción al catalán de la versión latina de Petrarca Valter e Griselda, hecha por el barcelonés Bernat Metge (v.). Al mismo tiempo, fray Antonio Canals (m. 1419) escribía en catalán sobre Escipión y Aníbal, basándose, sin duda, en el África de Petrarca. Navarra también se abre paso hacia esta nueva frontera con el príncipe de Viana, que había estado en la corte napolitana de Alfonso el Magnánimo.En la Castilla de tiempos de los Reyes Católicos, triunfa definitivamente la cultura clásica, que se había manifestado en la corte de Juan II de un modo aún imperfecto. A ello concurren diferentes causas. Por una parte, los humanistas españoles educados en Italia, Alonso de Cartagena (1384-1456), Alonso de Palencia (1423-92), Sánchez de Arévalo (1404-70), etc. Por otra, los humanistas italianos residentes en España, Lucio Marineo Sículo (1460-1533), Pedro Mártir de Anglería (v.), ambos comentadores de poetas latinos en Salamanca. También hay que añadir la intensificación de las traducciones en latín y griego, la pacificación del país, la unidad lingüística, la personal participación de los Reyes Católicos y el apasionado impulso del Card. Cisneros (v.) cuyos frutos espléndidos fueron la fundación de la Univ. de Alcalá de Henares (1508) y la publicación de la Biblia Poliglota Complutense (v. BIBLIA vi, 8; ALFONSO DE ZAMORA).Caracteres del humanismo español. Este h., que comienza pujante en el s. xv, cobra su apogeo literario en el xvi y aun se mantiene en el XVII, tiene unas características particulares inmersas en la propia peculiaridad de la cultura española. Una nota típica es su clara inspiración cristiana; la nueva valoración del hombre y del mundo no impide la presencia del tradicional espíritu religioso; por otro lado hay una coexistencia de lo popular y lo universal. Finalmente, se da preferencia al orden moral que se caracteriza por una decidida orientación ética, donde el arte aparece subordinado a la vida, y la comprensión de la dignidad humana. España realiza su propio h., pero con la mirada puesta en el italiano con el que coincide en algunos aspectos, como el culto de la forma y el sentido humanístico del idioma.Humanistas españoles. La historia del h. español cuenta con nombres ilustres. El primer humanista español es Elio Antonio de Nebrija (1442-1522, v.), colaborador de Cisneros, humanista integral que puede considerarse como el padre del Renacimiento español, autor de la primera Gramática castellana. Aplica el concepto de arte o artificio, reservado a la enseñanza del griego y el latín, a la lengua vulgar. Desentraña el funcionamiento del idioma y hace de él un vehículo de exaltación nacional concretándolo en la frase de que "siempre la lengua fue compañera del Imperio". Gran amigo de Nebrija fue el portugués Arias Barbosa, adalid de los helenistas españoles. A estos nombres hay que añadir los de Hernán Núñez (1475?-1553), conocido por el nombre de el Comendador griego, Francisco Sánchez de las Brozas (v.), el Brocense, Arias Montano (v.), Pérez de Oliva (1494-1533), Vitoria (v.), Melchor Cano (v.), Fox Morcillo (v.; 1526?60), Simón Abril (1530?-95?), etc. Dentro de este momento de euforia humanística florece en España un numeroso grupo de mujeres dedicadas a las letras: Beatriz Galindo (v.), preceptora de la reina Isabel la Católica, Juliana Morell, Ana de Osorio, Cecilia de Arellano, Magdalena de Bobadilla, etc.Uno de los hombres más influyentes durante el comienzo del s. xvi fue Erasmo de Rotterdam (v.). Su influencia en España, al igual que en el resto de Europa, es importante durante la época del emperador Carlos V. Influencia que en cierta manera está abonada por los "alumbrados". Este espíritu erasmizante se extiende rápidamente por medio de traducciones y su influjo alcanza nombres como Vives (v.), los hermanos Valdés, Gil Vicente (v.), Torres Naharro (v.), Sánchez de Badajoz, Pero Mexía (1497-1551), Sebastián de Orozco, Villalón, etcétera. A la muerte de Erasmo (1536) comienzan las prohibiciones de sus obras. Uno de los más importantes humanistas españoles -quizá la figura central- fue Luis Vives (1492-1540; v.), amigo de Erasmo. Supo recoger las nuevas orientaciones dentro de una visión cristiana. De ascendencia judía, su principal campo de acción fue la pedagogía, la filología y la psicología. Así lo demuestran sus libros De anima et vita, Diálogos escolares y Ejercicios de lengua latina. Vives sentía el espíritu auténtico de la cultura greco-latina. Con su aplicación de la pedagogía a los estudios filológicos se sitúa en la línea abierta por Nebrija y que seguirán el Brocense y Simón Abril.Alfonso de Valdés (ca. 1490-1532; v.), de quien se dijo que era "más erasmista que Erasmo" fue secretario de Carlos V. Sus obras responden fundamentalmente a dos objetivos: el servicio de la idea imperial y la reforma religiosa. El Diálogo de Lactancio y un arcediano justifica el saqueo de Roma y el Diálogo de Mercurio y Carón es una nueva justificación de la política del Emperador y la necesidad de una reforma moral de la cristiandad; todo su erasmismo está puesto al servicio de la política imperial. Su hermano, Juan de Valdés (v.), es el típico reformador religioso, mezcla de alumbrado y erasmista. Busca el sosiego interior y la verdad sin extremismos, aunque por caminos equivocados. Su idea central, próxima al luteranismo, se fundamenta en que para salvarse no valen las obras, sino una fe ilimitada en Dios; todo está "en confiar, creer y amar". El Diálogo sobre la doctrina cristiana, Ciento diez consideraciones divinas, y, en general, toda su producción de contenido religioso fue herética. En su obra, de cierta importancia literaria, Diálogo de la lengua, escrita hacia 1535, sigue la línea de Nebrija de fijar el castellano, aunque lo hace de una forma más artística que aquél. Su modelo son las Prose della vulgar lingua de Bembo.La sátira erasmiana encuentra a finales del s. xvi dos autores representativos: Villalón y Andrés de Laguna (1499-1560). El primero escribió El Scholástico y parece ser que El Crotalón, de corte erasmista y Iucianesco; obra que rezuma sátira eclesiástica, costumbrismo y buen estilo. Dentro de los mejores productos del erasmismo español está el interesante Viaje de Turquía, atribuido por Bataillon a Andrés de Laguna; libro serio y a la vez divertido, lleno de soltura y agilidad, que revela a un gran humanista. La obra de fray Antonio de Guevara (1480?-1545; v.), tiene un fondo didáctico moral; sus libros más famosos, Libro aureo de Marco Aurelio al que luego incorporó Relox de principas, Menosprecio de corte y alabanza de aldea, alcanzaron una difusión enorme; aunque llenos de citas o saber latino, Guevara hace en el fondo una parodia del h.En la producción dramática se advierte un cambio de orientación humanística en Juan del Encina (v.) en sus Églogas de Cristino y Febea, Plácida y Victoriano, y de Fileno, Zambardo y Cardonio motivadas, sin duda, por su viaje a Italia y contacto con la cultura humanista. Igualmente en La Celestina (v.), donde se produce el cruce de la Edad Media y Renacimiento. En la primera mitad del s. xvi el teatro humanista tiene sus principales representantes en Torres Naharro (v.), la producción castellana de Gil Vicente (v.), López de Villalobos (1473?-1549) y Hernán Pérez de Oliva (1494?-1533). Durante la época de Felipe II la tragedia de corte clásico y humanista tiene numerosos cultivadores gracias a los géneros greco-latinos y a la gran difusión de la Poética de Aristóteles; ejemplo de esto son fray jerónimo Bermúdez (1530?-90?), Cristóbal de Virués (1550?-1610?), Lupercio y Leonardo de Argensola (v.) y Cervantes (v.) con su Numancia.También la poesía y la novela se tiñen del nuevo espíritu. Dominan dos características fundamentales: exploración interior y corriente platónica, que es el soporte para una idealización del amor y de la naturaleza. La imaginación se lanza a un mundo donde las cosas se aproximan a las ideas supremas, las almas de Virgilio y Sannazaro se pasean por un paisaje embellecido de sueños bucólicos, de aguas transparentes, de pastores cultivadísimos y pedantes y de ninfas. El soneto, la canción y el madrigal se abren paso entre los metros tradicionales que no quieren caer sin resistencia. Los géneros grecolatinos, reavivados por el h. -odas, epístolas, elegías, temas pastoriles...- encuentran fervorosos y estupendos artistas en Boscán (v.), Garcilaso de la Vega (v.), fray Luis de León (v.), Cetina (m. ca. 1557), F. de Herrera (v.), el portugués-español Montemayor (v.)... hasta adentrarse en autores del Barroco como Lope de Vega (v.), Góngora (v.) y Quevedo (v.) de clara línea humanista, aunque ya con una nueva visión de la vida.4. Humanismo en Francia. El h. francés tiene como fuente más directa el italiano, por influencia de las guerras finales del s. xv. El influjo italiano se había dejado sentir ya en Gaguin, Fiches y Lefévre d’Étaples y en la obra cultural de Francisco I que encontró una eficaz colaboradora en su hermana Margarita, reina de Navarra, y principalmente en Guillermo Budé (1468-1540), verdadero mentor del h. francés.Uno de los autores humanistas franceses más importantes es Rabelais (1493 ó 94-1553; v.), espíritu progresista y retrógrado a la vez, de curiosidad infatigable. Gargantúa y Pantagruel es un conjunto de ?finco libros publicados entre 1532 y 1564; detrás de lo cómico hay una serie de preocupaciones profundas; Rabelais es un espíritu que se vuelca hacia lo externo. Es un gran novelista realista que cree en la bondad natural del hombre. La Pléyade (v.) es un grupo de siete escritores llenos de deseos de renovación y ansiosos de emular a Italia; entre sus componentes destacan Ronsard (1524-85; v.) y Du Bellay (1522-60). Montaigne (1533-92; v.) es un gran humanista con gusto por la medida, frente a la exageración de Rabelais; es un hombre inclinado y dirigido hacia sí mismo; sus Ensayos no están escritos para el público sino para sí mismo; son un trabajo de reflexión para descubrir el propio yo.5. Humanismo en el resto de Europa. Dentro del panorama humanístico europeo destacan figuras que tuvieron gran influjo. Desiderio Erasmo de Rotterdam (14671536; v.) es la figura máxima del h. del s. xvi y el guía del pensamiento europeo. Se puede decir de él que es el primer europeo de cuño moderno, la figura aglutinante y cristalizadora del h. Enemigo hasta el exceso de la Escolástica, es un educador moral y un humanista decidido. Su Enchiridion militis christiani (1504) es un intento de renovación espiritual de tendencia más moral que mística. Como escritor literario se manifiesta principalmente en el Elogio de la locura, de elegante estilo latino.Otra gran figura, en Inglaterra es S. Tomás Moro (1478-1535; v.), amigo de Erasmo y de Vives; su preocupación es fundamentalmente política y pedagógica; escribió un tratado latino, Utopía, en el que describe un imaginario Estado perfecto. Compatriotas humanistas de Moro son Wyatt (1503-42) y el conde de Surrey (1517-47), pioneros de la nueva poesía y S. Juan Fischer (m. 1535; v.).En Alemania, junto a la figura de Lutero (v.), atormentado por los conflictos que él se creó entre la existencia terrena y la eternidad de Dios, hay un grupo de numerosos autores llenos de los nuevos ideales, Conrad Celtis (1459-1508), Joachin van Watt, Tourmoir; von Hutten (1488-1523), iniciador de un h. nacional; Reuchlin (1455-1522), quien, en sus Epistolae virorum clarorum recopiló las cartas que le habían enviado humanistas famosos; Sebastián Brant (1447-1521), de Estrasburgo, que publicó en verso alemán el poema satírico La nave de los locos alcanzando gran celebridad.El h. portugués tiene sus máximos representantes en Joáo Barros (1496-1570), quien toma como modelo para su obra histórica a Tito Livio; Damiáo de Gois, hombre de espíritu inquieto, amigo de Erasmo; Sá de Miranda (v.) António Ferreira (1528-69), Bernardim Ribeiro (v.), etc. hasta culminar en Camoens (v.).V. t.: PETRARQUISMO; RENACIMIENTO; FILOLOGÍA II.V. ALBA DE DIEGO.
BIBL.: S. DRESDEN, Humanismo y Renacimiento, Madrid 1968; A. CHASTEN y R. KLEIN, L’dge de LHumanisme, París 1963; A. RENAUDET, Humanisme et Renaissance, Ginebra 1958; A. C. MARTÍN TORDESILLAs, El Renacimiento y los humanistas españoles, Toledo 1961; M. MENÉNDEZ PELAYo, Humanistas españoles del siglo XVI, en Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, 7 vol., Madrid 1941; CH. MOLLER, Humanismo y santidad, Barcelona 1960; M. DE RIQUER, L’humanisme catald, Barcelona 1934.
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