Hospital MEDICINA
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Medicina
I. Estudio general. II. Hospital psiquiátrico.I. ESTUDIO GENERAL. El h. es parte integrante de una organización médica y social, cuya misión es proporcionar a la población una asistencia médico-sanitaria completa, tanto curativa como preventiva, y cuyos servicios externos irradian hasta el ámbito familiar; el h. es también un centro de formación de personal médico y sanitario y de investigación bio-social, según la Organ’zación Mundial de la Salud (o. c. en bibl.).El propio concepto de h., que como institución orientada a la asistencia, cuidado y servicio de los enfermos, nace con el cristianismo, antes de la Edad Media (p. ej., San Basilio, v., y otros) y se desarrolla más, sobre todo al amparo de las órdenes monacales, en la Edad Media, acrecentándose su evolución y diversificación bajo el impulso eclesiástico, iniciativas de caridad, etc., hasta llegar a concebirse en época reciente como exigencia de una casi exclusiva manera de entender y ejercer la Medicina.La función del h. en la Edad Media, dentro de las posibilidades técnicas de la época, se beneficia en el Renacimiento por nuevas aportaciones médicas, por ej., de Paracelso (v.), Vesalio (v.) y Paré (v.), y de las ideas humanitarias y sociales de pensadores cristianos como Tomás Moro y Luis Vives (v.).El sentido histórico de la idea de hospitalidad, nacida de las ideas de la caridad cristiana y asistencia al pobre, desvalido y enfermo, va desarrollándose con el tiempo conforme al progreso científico y al deseo de atención a mayor número de personas. El ritmo evolutivo de la asistencia hospitalaria, más lento en los s. XVIII y xix, tanto en el orden sociológico como científico, impulsado por el desarrollo de la Medicina, adquiere un ritmo singularmente rápido en el s. xx. Paralelamente, va creciendo la posibilidad de hacer llegar a grandes sectores de población las enormes posibilidades de la clínica y terapéutica actuales.La teoría hospitalaria’ actual define la proyección funcional de esta Institución en una triple dirección: 1. Función clínico-asistencial, subdividida en: a) diagnóstico y terapéutica; b) preventiva; y c) rehabilitadora. 2. Función docente y 3. Función de investigación. Junto a la función asistencial, la institución hospitalaria desarrolla en la actualidad una función docente, en toda su amplitud y con un ámbito que afecta a todos los sectores sanitarios e incluso al propio enfermo, dado que la educación sanitaria encuentra un marco adecuado para su ejercicio en el seno de la institución. En íntima relación con su proyección docente, el h. desarrolla una función de investigación que hace posible su contribución al progreso científico de la Medicina.Desde el punto de vista de la organización, es clara la tendencia actual al "h. general", de amplio campo de acción y orientado a la asistencia de todo tipo de procesos y enfermos de cualquier edad. Precisamente esta amplitud de función asistencial del h. determina la necesidad de incluir en el mismo, unidades de asistencia psiquiátrica, servicios de rehabilitación, unidades de cuidados intensivos y otros servicios especiales para enfermos crónicos de edad avanzada. No obstante, siguen teniendo amplia representación los "h. especiales", orientados al diagnóstico y tratamiento de determinados procesos de enfermedad, entre ellos destacan por su importancia: los h. psiquiátricos, los antituberculosos y los centros de rehabilitación y recuperación. Los h. obstétricos y pediátricos tienden a configurarse como h. especiales dentro de estructuras hospitalarias más amplias, con gran volumen de medios hospitalarios, como son las "Ciudades sanitarias".Hasta 1930 era frecuente, desde el punto de vista arquitectónico, la distribución de los servicios hospitalarios en pabellones independientes siguiendo un desarrollo horizontal. En la actualidad, se tiende hacia estructuras monobloque, en las que quedan armónicamente coordinados los desarrollos vertical y horizontal, ateniéndose especialmente a la comodidad ambiental de la habitación y dependencias de uso del enfermo, así como las características del material de construcción, desde el punto de vista de aislamientos térmico y acústico, esterilización, limpieza y decoración.Atendiendo a la entidad que patrocina, financia y dirige el h., podemos destacar: h. oficiales (estatales, paraestatales, provinciales y municipales) y h. privados.La organización del h. está amparada en tres importantes estructuras que denominamos "Divisiones": Médica, Médico-administrativa y Administrativa. La División médica en el h. general coordina los Departamentos y Servicios integrados en las cinco grandes unidades clínicas: Clínica médica, Clínica quirúrgica, Clínica obstétrica, Clínica pediátrica y Clínica psiquiátrica, así como los Servicios generales clínicos precisos para el desarrollo de las actividades de las Unidades funcionales del h. Las Divisiones médico-administrativa y administrativa integran y coordinan las funciones de los Servicios en que coinciden funciones médicas y administrativas, así como los Servicios generales del edificio hospitalario que constituyen la infraestructura del mismo.La organización del h. está sometida en la actualidad a un procesó de desarrollo que afecta tanto a su concepto como a sus funciones, y que se evidencia con un sentido muy dinámico. Este dinamismo está en gran parte motivado por la profunda interconexión entre el h. y la sociedad a la que sirve. De ahí surgen tres importantes condicionamientos que, en gran medida, vinculan el perfil de la Institución hospitalaria al progreso de las ciencias, a la evolución de la organización social y a la situación de la economía general de los países.BIBL: ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD, Función de los Hospitales en los Programas de Protección de la Salud, Informe Técnico 122, Ginebra 1957; 1. K. OWEN, Modern Concepts ot Hospital Administration, Filadelfia 1962; M. PFLANZ, Socialer Wandel und Krankheit, Stuttgart 1962; M. EVANGELISTA, organización del Hospital. Estructura y líneas de función, "Rev. de Medicina de la Univ. de Navarra", IX,2,3 (junio-septiembre 1965); iD, Las proyecciones del Hospital de hoy, ib. XII,2 (junio 1968).MANUEL EVANGELISTA.II. HOSPITAL PSIQUIÁTRICO. Es un h. para enfermos psíquicos. También han sido llamados manicomios, pero esta palabra tiene gran resonancia peyorativa, a causa de las deficiencias inherentes a estos centros durante siglos. Las deficiencias vienen siendo subsanadas progresivamente merced al nuevo espíritu de organización y los progresos de los tratamientos psiquiátricos. Por todo esto resulta más justo hablar de h. p., que es el término utilizado en la práctica. El vocablo manicomio yo no se emplea apenas en psiquiatría.1. Antecedentes históricos. Se inicia en España. La primera institución hospitalaria psiquiátrica de la que se tienen noticias , seguras fue creada en Valencia en 1409 por el P. Juan Gilabert Joffré, mercedario. El fundador obraba movido por el propósito de brindar una asistencia amorosa y humanitaria a los enfermos psíquicos. Este dato es aún hoy motivo de asombro, toda vez que hasta fines del s. XVIII privaba en estos establecimientos el principio de defensa social: los enfermos psíquicos eran recluidos para proteger a la sociedad contra la peligrosidad de los mismos. También, con un espíritu asistencial, se fundan en el s. xv otros h. p. en España: en 1425 el de Zaragoza, donde, según testimonio del propio Pinel, la mayoría de los pacientes practicaban regularmente la terapia ocupacional, en forma de trabajos agrícolas; en 1436, los de Sevilla y Valladolid; en 1480, el de Toledo, y en 1481, el de Barcelona.’España representa, pues, el primer país del mundo que brinda auténtica asistencia hospitalaria a los enfermos psíquicos. Esto, como vamos a ver, constituye una nota excepcional en la trayectoria general de los manicomios hasta el siglo actual, pues la mayor parte de estos centros no merecen hasta entonces la denominación de h. p. El carácter de los centros psiquiátricos de hospitalización evoluciona a lo largo de los años paralelamente a la interpretación adjudicada al enfermo psíquico. Pueden distinguirse las fases siguientes:Desde el s. xvi hasta fines del s. xviii se considera al enfermo psíquico como un ser esencialmente alienado (extraño, a la comunidad) y peligroso para la sociedad, al que se le aplica la medida de defensa social de recluirlo en una especie de centro carcelario. A fines del s. XVIII, Pinel (1745-1826), con su gesto de liberar en 1795 a los enfermos encadenados en las clínicas de Bicétre y la Salpétriére, promueve un cambio en la actitud social ante el enfermo psíquico. Con este cambio de actitud, el ser alienado y peligroso se eleva a la categoría de enfermo psíquico irrecuperable, con lo que los manicomios se transforman de centros de segregación en asilos, donde, por falta de disponibilidades terapéuticas, el tratamiento se reduce casi siempre a una asistencia humanitaria y de custodia. La custodia, de acuerdo con los técnicos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), debe definirse como un tipo de asistencia que se limita a proporcionar vestuario y alimentos a los enfermos, impedirles la evasión y protegerles contra sí mismos con objeto de que no se produzcan lesiones.Desde 1920-30 hasta 1952, los medios de tratamiento psiquiátrico progresan considerablemente. En consecuencia, el nihilismo terapéutico es reemplazado por una terapia activa y eficaz, con lo que los centros asilares se convierten en h. p. A partir de 1952, en que se descubre la clorpromazina y comienza la era farmacológica en psiquiatría (v. PSICOFARMACOLOGÍA), se verifica la renovación de los h. p. en el marco de una asistencia psiquiátrica regida por nuevos principios.Antes de analizar el programa de la asistencia psiquiátrica actual, hay que advertir la existencia de algunas excepciones con relación a las fases cronológicas señaladas. Estas excepciones están encarnadas, unas veces, en personas que superan el criterio imperante en su época. He aquí dos ejemplos muy representativos; el fraile mercedario español ya citado, Fr. Joffré, con la creación del Hospital de Inocentes en Valencia, y el psiquiatra germano Hermann Simon que, desde 1905, primero en el sanatorio de Warstein y después en el de Güthersloch, introduce en los h. p. la terapia ocupacional, que ya se había utilizado anteriormente en los h. p. españoles. También se producen excepciones en el polo opuesto: el psiquiatra alemán Heinroth sustenta en el s. xix la idea de que la enfermedad psíquica es un producto de la culpa y el pecado.2. Características de los hospitales psiquiátricos modernos. Actualmente, gracias al excepcional desarrollo de la psicofarmacoterapia y la socioterapia, nos encontramos en una etapa revolucionaria de la asistencia psiquiátrica. El condicionamiento farmacológico de esta revolución asistencial consiste en que, con la aplicación de fármacos bien seleccionados y a dosis eficaces, complementados o no, según los casos, por otros métodos biológicos y psicológicos, podemos conseguir casi siempre la compensación sintomatológica de los enfermos psíquicos salvo los psicóticos orgánicos y los oligofrénicos, y su resocialización o rehabilitación social. Pero está plenamente comprobado que los éxitos terapéuticos son aún más numerosos y completos si se aplican a los enfermos los métodos sociológicos. Y la asistencia psiquiátrica moderna está tan impregnada de estos métodos sociológicos que bien podría equipararse con una organización social terapéutica. Así, tenemos que el moderno h. p. constituye una comunidad terapéutica y que los servicios extrahospitalarios toman una gran preocupación por organizar núcleos de socioterapia como talleres protegidos, clubs y círculos de recreo.La gran novedad es que la estructura socioterapéutica, que constituye el armazón de la asistencia psiquiátrica actual, no es cerrada, sino lo más abierta posible al mundo común. Esta apertura implica que el enfermo, en la mayor medida posible, permanezca vinculado a su mundo, ya que el contacto con el mundo común encierra un valor terapéutico positivo en el sentido médico y social.Si perseguimos la consecución de una asistencia psiquiátrica que tenga la mayor apertura mundana posible, ¿puede alguien extrañarse de que su eje ya no sea el intramundo del hospital, sino el servicio extrahospitalario insertado, como dice Duchene, en el corazón mismo de la población? Aquí, precisamente en este giro axial, es donde reside la esencia de la contemporánea revolución asistencial pisiquátrica. En el seno de esta asistencia psiquiátrica fundamentalmente extrahospitalaria, la hospitalización del enfermo es una medida que sigue estando indicada en muchos casos, pero siempre con carácter transitorio. El h. p., por tanto, pierde su antiguo carácter de centro de estacionamiento del enfermo psíquico y se convierte en un centro de tránsito.El funcionamiento del conjunto de la asistencia psiquiátrica debe regirse por el principio de la continuidad de la asistencia. "El mejor medio de lograr esa continuidad es asignar a cada equipo psiquiátrico una circunscripción, para que en ella se encargue de todos los servicios" (Baker, Davies y Simon). La mayor parte de los enfermos son tributarios de un tratamiento extrahospitalario exclusivo. En una minoría de ellos resulta necesario proceder al internamiento transitorio en un h. p.3. Causas del ingreso hospitalario. Las indicaciones para ingresar un enfermo psíquico en un establecimiento psiquiátrico (hospitalario o sanatorial) se distribuyen en cinco grupos:a) La imposibilidad de aplicar un tratamiento ambulatorio por resistirse el enfermo a ello. Esto ocurre especialmente en algunos de los enfermos de los distritos siguientes: los brotes esquizofrénicos recientes, ciertas esquizofrenias crónicas, una reducida minoría de depresiones ciclotímicas, muchas manías ciclotímicas y bastantes casos de alcoholismo y otras toxicomanías.b) La necesidad de realizar un tratamiento psiquiátrico en régimen de internamiento. Entre los métodos de terapéutica somática que requieren hospitalización sobresalen los siguientes: la psicofarmacoterapia intensiva, necesaria en ciertas psicosis agudas; el empleo de algunos psicofármacos piperazinados o de efectos antiautistas, que están indicados en las formas residuales de esquizofrenia, a base de autismo, apatía e inercia (se llama autismo a la pérdida del contacto vital con la realidad); los electrochoques en condiciones de relajación y narcosis, recurso muy eficaz para las depresiones resistentes a la farmacoterapia; la cura insulínica, de Sakel, cuyo uso ha decaído mucho en los últimos años; la cura del paludismo, que es el remedio de elección en algunos casos de neurolúes asintomáticas y parálisis general; ciertas curas de desintoxicación y antitoxicofilia que deben aplicarse a algunos alcohólicos y todos los "toxicómanos; la reducción de las psicosis epilépticas agudas; la vigilancia continua, combinada con medidas médicas especiales, en muchas psicosis sintomáticas, delirium tremens, etc. En algunos neuróticos y psicópatas puede estar indicado el ingreso hospitalario, siempre en una sección totalmente abierta, con objeto de obtener los beneficios de un cambio de ambiente o para aplicarles ciertos métodos de psicoterapia o socioterapia. Es conveniente recordar que el célebre psiquiatra suizo Binswanger reservaba el método de psicoterapia por él llamado análisis existencial, para enfermos internados, que convivían con el psicoterapeuta.c) La peligrosidad social de los enfermos inaccesibles o resistentes al tratamiento ambulatorio. Ésta era antes la indicación por excelencia del internamiento psiquiátrico. En tanto que lo que se pretendía antaño era sólo aislar al enfermo de la sociedad, hoy se persigue con esta medida la doble finalidad de evitar un posible acto delictivo y someter al enfermo al tratamiento adecuado. La peligrosidad contra personas y cosas puede producirse en las esquizofrenias iniciales; en las crónicas, especialmente las paranoides; en las hipomanías y manías endógenas; en los síndromes paranoides de distintas etiologías, p. ej., en el delirio de celos alcohólico y en las ideas de persecución de los epilépticos; en los estados crepusculares y los delirios agudos; en el periodo de comienzo de las psicosis orgánicas, especialmente en las atrofias cerebrales de la involución y la senectud; en momentos de crisis agudas de las psicosis orgánicas, cuyo modelo más representativo es la corea de Huntington. Hay, además, modalidades particulares de peligrosidad que pueden requerir asimismo una hospitalización temporal: ciertas formas de aberración sexual, como el exhibicionismo; la conducta erótica de algunos enfermos maniacos; las alteraciones de orden público producidas sobre todo por esquizofrénicos paranoides; la prodigalidad de los hipomaniacos y maniacos que puede conducir a la ruina propia e incluso familiar. Pero bastantes casos de peligrosidad contra la moral, el orden público y el patrimonio familiar pueden resolverse por un tratamiento ambulatorio bien dirigido.d) La tendencia al suicidio. En esta indicación se basa el ingreso transitorio ---como siempre- de muchos depresivos y esquizofrénicos. En el síndrome depresivo hay a menudo una gran tendencia al suicidio.e) La situación de desamparo social del enfermo psíquico. Esta indicación se extiende a casi todos los tipos diagnósticos y dejará de tener vigencia tan pronto como se disponga de servicios extrahospitalarios bien organizados y suficientemente dotados.Las indicaciones de internamiento en los h. p. se exponían en otro tiempo con gran minuciosidad. La situación táctica lo exigía así, ya que sobre todo enfermo psíquico internado gravitaban los graves riesgos de descalificación social y reclusión perpetua. Estos riesgos no tienen hoy ninguna justificación posible.4. Aspectos legales. Entre la legislación que regula el funcionamiento de los centros psiquiátricos y la eficiencia de la asistencia prestada por los mismos no existe siempre una relación de paralelismo. Así tenemos, p. ej., que países con una legislación arcaica han hecho importantes progresos asistenciales y otros con una legislación bastante idónea han evolucionado escasamente. Para Sivadon, la legislación tiene escasa importancia práctica. Muchos psiquiatras mantienen el acertado punto de vista de que la legislación psiquiátrica debe ser idéntica a la legislación médica general; que la legislación psiquiátrica especial proporciona más dificultades que facilidades. Efectivamente, tan necesario es aplicar a .un esquizofrénico el tratamiento pertinente, aun en contra de su voluntad, como imponer la adminisración de ciertas medicinas a un enfermo de anemia perniciosa que, por el motivo que sea, rehúye el contacto con las clínicas y los médicos, y proceder al aislamiento forzoso de un enfermó afecto de una enfermedad contagiosa.Las leyes arcaicas se distinguen por su afán en brindar protección al individuo contra una medida arbitraria de internamiento y a la comunidad contra los peligros implicados por la enfermedad psíquica. Al mismo tiempo, lejos de facilitar el tratamiento psiquiátrico, lo entorpecen. La legislación basada, al revés de las anteriores, en consideraciones médicas y no jurídicas, tiene un espíritu esencialmente terapéutico, que representa la mejor protección a la vez para el enfermo y la comunidad. El ingreso y el alta de un enfermo en un h. p. son actos médicos que debieran realizarse con toda fluidez, sin necesidad de trámites legales. Las consideraciones jurídicas podrían haber tenido alguna justificación en otras épocas en las que el internamiento equivalía a una segregación social perpetua. Además, los enfermos que ingresan voluntariamente prevalecen hoy sobre los ingresos involuntarios. "Los casos de reclusión forzosa son especialísimos, siendo la tendencia actual en todo el mundo que los ingresos sean voluntarios en su inmensa mayoría" (López lbor).Los técnicos de la OMS señalan que la legislación debería atender primordialmente a estos cuatro extremos: La formación y contratación del personal médico y auxiliar, ya que puede haber buenos establecimientos sin leyes especiales, pero no puede haberlos si no se dispone de suficiente personal especializado. La creación de una red de centros hospitalarios y extrahospitalarios. La aplicación de tratamiento extrahospitalario u hospitalario a los enfermos peligrosos contra sí mismos o contra los demás con o sin sentimiento de enfermedad, y la protección del enfermo, siempre que ello sea preciso, por medidas de incapacitación y tutela (v. PSIQUIATRÍA FORENSE). Y, por último, la creación de un organismo psiquiátrico público dependiente de la autoridad sanitaria central y no de una autoridad administrativa o judicial, que se encargue de regular el funcionamiento y la coordinación de los distintos servicios psiquiátricos.5. Aspectos sociales. Puesto que la permanencia demasiado prolongada en un h. p. ejerce influencias nocivas sobre la personalidad del sujeto, que se conocen con los nombres de artefactos institucionales y "hospitalismo", es lógico que la moderna psiquiatría, al disponer de recursos terapéuticos suficientes para ello, haya establecido la abolición del internamiento permanente, salvo en los casos de psicosis orgánicas (especialmente demencias seniles) y deficiencias mentales graves. Muchos enfermos permanecen recluidos en los h. p. sin una razón, psiquiátrica sólida. Tamaño atentado contra los principios científicos y los derechos del hombre se debe sobre todo a estos dos factores: la resistencia de las entidades social y familiar a acoger al enfermo nuevamente en su seno y la imposibilidad de ofrecer al enfermo una asistencia extrahospitalaria eficiente. He aquí cómo la buena marcha de los h. p. depende en gran parte de la creación de una red de centros extrahospitalarios adecuados, red que, hasta el momento, probablemente sólo existe en Holanda.Un centro extrahospitalario suficiente no equivale á un consultorio, sino que requiere una organización de cierta complejidad: un club de socioterapia, un taller protegido por leyes oficiales, una clínica para estancias breves y un servicio motorizado de urgencias. En la constitución del equipo resultan imprescindibles los psiquiatras -uno de ellos actuando como director del equipo-, un médico psicólogo, tres asistentas sociales y tres enfermeras.Laorganizaciónde losmodernosh. p.seatieneal modelo de "comunidad terapéutica", afortunado término propuesto por el psiquiatra inglés lones, en 1953. El concepto de comunidad terapéutica se asienta sobre este trípode: régimen de libertad, actividades ocupacionales y recreativas para todos los enfermos y facilitación de las relaciones interhumanas. Se trata, además, de que el mayor número posible de enfermos asuman una participación activa en tareas directivas y administrativas de la comunidad. Pero nunca debe perderse de vista que el h. y, por ende, la comunidad terapéutica representan para el enfermo sólo una etapa de tránsito, que casi nunca precisa prolongarse más de seis meses.El tipo de construcción de los h. p. se basa en que estos centros deben cubrir dos funciones: la propia de una clínica en la que se aplican tratamientos médicos y la de albergar una población integrada por enfermos en trance de rehabilitación social cuyos comunes ideales están presididos por la libertad, el esparcimiento, el desarrollo cultural y espiritual, el trabajo y la entrañable convivencia. Un h. p. ha de tener, pues, un carácter mixto: clínico y social. Atendiendo a la segunda cualidad, algunos autores franceses lo definen como un hópital village (hospital pueblo), y Baker, Davies y Sivadon señalan que la construcción de los h. p. es más una cuestión de urbanismo que de arquitectura.El cuarenta por ciento de las camas hospitalarias del mundo están ocupadas por enfermos psíquicos. Los técnicos de la OMS estiman que el mínimo de camas psiquiátricas necesarias es de 2 a 3 por mil habitantes. En Estados Unidos, y en la actualidad, hay de 4 a 5 camas por mil habitantes; en España, según datos del Patronato Nacional de Asistencia Psiquiátrica, 1,24 camas por mil habitantes. Los cálculos de estadísticos sanitarios señalan que en 1972 se precisan 1,72 camas por mil habitantes. La disminución de las exigencias se debe a las nuevas orientaciones de la asistencia psiquiátrica.Rendimiento de un h. p. Puede ser analizado con arreglo a estas pautas: El término medio de estancias por enfermo. La relación entre el número de altas y el de ingresos. La relación entre el número de altas y el de reingresos. La capacidad de absorción del h. p. Este último índice es el más valioso. Se entiende por capacidad de absorción la relación entre el número de enfermos que han ingresado durante el plazo de un año y el número total de camas. P. ej.:el índice de absorción de un h. p. de trescientas camas, para un año en el que han ingresado novecientos enfermos, es de 3. Pero el análisis del rendimiento del h. p. debe preocuparse también del aspecto administrativo. Con este objeto se calcula el coste medio de la estancia diaria y, sobre todo, el coste medio de la total asistencia por enfermo, que se obtiene multiplicando el coste medio de las estancias por la duración media de la hospitalización.El nivel de rendimiento del h. p. es el que decide si éste lleva una marcha satisfactoria o deficiente. Esto depende primordialmente del ambiente terapéutico imperante en el mismo. Este ambiente, a su vez, se halla subordinado sobre todo al espíritu terapéutico del personal del h. p. Con un h. p. defectuosamente construido y mal emplazado puede realizarse una labor muy eficiente y hasta brillante siempre que disponga de un personal sanitario idóneo en calidad y número. Los principios funcionales del h. p. pueden resumirse así: aplicar los tratamientos correctamente; brindar a los enfermos todas las oportunidades posibles de curación y transferir a los enfermos a los servicios extrahospitalarios lo más rápidamente posible.Otros tipos de asistencia. Para cubrir las necesidades psiquiátricas intermedias entre la plena hospitalización y el tratamiento ambulatorio, algunos países disponen de otros tipos de asistencia: El hospital de día, en el que los enfermos pasan la mayor parte de las horas del día con objeto de recibir el tratamiento adecuado y por las noches se reincorporan a sus domicilios. El hospital de noche, en el que los enfermos pernoctan, para luego seguir durante el día su programa de vida habitual. Las clinicas psiquiátricas para enfermos agudos adosadas a los hospitales generales. El sistema heterofamiliar, que proporciona al enfermo residencia en el seno de una familia ajena, que recibe por ello una subvención económica. Las funciones de clínica diurna y albergue nocturno pueden ser asumidas por el mismo h. p. sin abandonar por ello sus actividades hospitalarias. El h. p. también debe encargarse de misiones preventivas y psicohigiénicas.V. t.: HIGIENE MENTAL; PSICOSIS; PSICOTERAPIA; PSIQUIATRfA.F. ALONSO-FERNÁNDEZ.
BIBL.: F. ALONSO-FERNÁNDEZ, Dimensión extrahospitalaria de la neoasistencia psiquiátrica, en "Paz Caridad" (1967); A. BAKER, R. L. DAVIES y P. SIVADON, Servicios psiquiátricos y arquitectura, Ginebra 1963; W. CAUDILL, El hospital psiquiátrico como comunidad terapéutica, Buenos Aires 1966; A. CHAMBERLAIN, Early mental hospitals in Spain, "American Journal of Psych.", 123 (1966) 143-149; H. DUCHENE, Les services psychiatriques publics extrahospitaliers, París 1959; J. J. LóPEZ IBOR, Los problemas de las enfermedades mentales, Barcelona 1949, 289-297; OMS, The community mental hospital (1953); íD, Legislación en materia de asistencia psiquiátrica (1955); ÍD, El hospital psiquiátrico, centro de acción preventiva de la salud mental (1957); M. REICHARDT, Psiquiatría general y especial, Madrid 1958, 592-598.
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