Hohenstaufen, Dinastía
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Biografía GER
Origen y desarrollo. El fundador de la dinastía de los Staufer (éste es en realidad su nombre) fue Federico von Büren (m. antes de 1094). Su hijo Federico I (m.1105) se casó en 1079 con Inés, la heredera del emperador Enrique IV (v.), y fue nombrado duque de Suabia; su residencia en H., al NO de Gbppingen, dio nombre a la dinastía; este matrimonio dio importancia a la familia, una de las primeras del Imperio. Los hijos, Federico II (m. 1147) y Conrado (m. 1152), creyeron poder subir al trono al fallecimiento de los Salios (v. FRANCONIA, CASA DE), invocando los derechos de su madre. Ya en 1127, presentándose como antirrey, consiguió Conrado (III) el reconocimiento de sus derechos al trono, si bien no lo logró hasta 1138; su dinastía desapareció con su hijo Federico IV de Suabia. Federico II se casó con Judit de Welfs; el primogénito de este matrimonio, Federico 1 Barbarroja (v.), se convirtió en 1152 en el sucesor de su tío en el trono y continuó como el único representante de la, dinastía, ya que su hermano más joven, Conrado, m. en 1195 sin descendencia. El primer matrimonio de Barbarroja, con Adela de Vohburg, no tuvo hijos; del segundo matrimonio, con Beatriz de Burgundia, nacieron 10 hijos; tres de ellos murieron prematuramente; el primogénito, Federico VI, fue duque de Suabia; el segundo subió al trono en 1190 con el nombre de Enrique VI; el tercero, Otón, fue conde de Burgundia; y el cuarto, Conrado, duque de Suabia. Enrique VI, sin duda el más inteligente de sus hijos, m. en 1197 a consecuencia de una enfermedad. Le sucedió en el trono su hermano Felipe de Suabia; de su matrimonio con la bizantina Irene nacieron sólo hijas, entre ellas Beatriz (m. 1234), que casó con Fernando III de Castilla.Desde 1212, la importancia de la dinastía de los Staufer se centró en Federico 1I (v.), único hijo de Enrique VI. De sus tres matrimonios proceden el rey Enrique VIII, hijo de Constanza de Aragón y que en 1242 se suicidó después de su derrocamiento; el rey Conrado IV, fruto de su segundo matrimonio, con Isabel de Castilla, consiguió continuar la dinastía hasta el desgraciado Conradino; del tercer matrimonio, con Isabel de Inglaterra, n. Margarita (m. 1270), que se casó con el duque Alberto de Turingia y cuyo hijo el margrave Federico el Intrépido de Meissen reclamó sus derechos a la sucesión como último representante de la dinastía. De los ilegítimos, Federico II legitimó a Manfredo; Constanza (m. 1301) se casó con Pedro 111 de Aragón; Enrique m. en 1318 prisionero de los angevinos. El final de los Staufer se fija generalmente en 1268, cuando Conradino fue ejecutado en Nápoles por orden de Carlos de Anjou.El Imperio y el Papado. La cuestión de las investiduras (v.) había llevado a una mayor separación de la Iglesia y el Estado, abriendo camino a una nueva concepción de la independencia de ambas instituciones. El proceso de disolución, ya muy avanzado en las dinastías alemanas, en cuyo lugar surgía paulatinamente una nobleza asentada en principados territoriales, exigía una reforma interior de la estructura del Imperio. Los Staufer pertenecían a este nuevo tipo de nobleza.Empleando una idea del Derecho romano, los Staufer establecieron un plano de igualdad para el Sacro Imperio Romano (v.) y la Sancta Ecclesia. La Iglesia había incorporado al antiguo Imperio su universalismo y por ello se veía en buena parte legitimada en su pretendida posición de primacía. Los Staufer, aunque dejaron poco a poco las posturas antiguas, no abandonaron la política imperial universalista, que no fue reconocida por la curia ni encontró en las monarquías vecinas el eco de antes. El Papado sólo reconocía al Imperio una supremacía en tanto éste se consideraba obligado a la protección de la Iglesia, pero esperaba como contrapartida que se tuviesen en cuenta sus propios deseos a la hora de la elección imperial, organización de Cruzadas, etc. Como quiera que ambas partes se mantenían en las estructuras antiguas, al tiempo que cambiaba el orden anterior, sobre todo después que el Papado hubo adquirido nueva conciencia de sí mismo, la política de los Staufer desembocó en un conflicto profundo y de larga duración con el Papado, lo que condujo, finalmente, a la caída de la dinastía. Su punto culminante se alcanzó en la lucha de Federico I Barbarroja y Federico II. La piedra de toque del choque la constituyó en ambos casos la política italiana de los Staufer. Bajo Barbarroja fue, en primer lugar, un restablecimiento del antiguo poder imperial; y bajo Federico 11, una elevación de la idea imperial, que comenzó a separarse de las raíces germánicas, encontrando en el sur de Italia un nuevo centro.Posesiones de los Staufer. En el interior del Imperio, el Emperador había de ser señor feudal como la nobleza dinástica. El dominio feudal originario de los Staufer era escaso. El nombramiento de Federico I como duque de Suabia significó un primer territorio central de posesión de los Staufer en Suabia (v.). La herencia sálica aportó a los territorios de Speyer y Worms un segundo núcleo de territorios. Con la subida al trono de Conrado 111 surgió un tercer núcleo patrimonial en Franconia, y también por el primer matrimonio de Barbarroja, en el Alto Palatinado. Los bienes alsacianos heredados fueron aumentados por Barbarroja a través de su segundo matrimonio, principalmente con posesiones en Burgundia, creando en Egerland un nuevo centro de poder. Mediante cesión del duque Welfs VI, por su parentesco en línea colateral con la casa de los Welfs, le correspondieron nuevas posesiones entre el lago Constanza y Lech, así como en el norte y centro de Italia.Estas posesiones de los Staufer, desde el lago de Ginebra hasta lo que hoy es la región de Sajonia, formando casi una cadena continua junto con territorios en Suabia, Alsacia y el Palatinado, fueron sólo superadas en el reinado de Enrique VI, por la herencia normanda en el sur de Italia. Esta herencia pasó a los Anjou (v.) en 1265. La mayoría de los territorios en Alemania se convirtió en posesión imperial, cuando en la segunda mitad del s. xrrt los Staufer fueron privados de su poder y se extinguió la dinastía. Con tal base territorial en Alemania sólo pudieron compararse a ellos los Welfs. La rivalidad entre los Staufer y los Welfs, que duró hasta 1214, surgió por la elección de Lotario III de Supplinburg como Emperador (1125), con lo cual la pretensión al trono de los Staufer se frustró de momento. La rivalidad se agudizó por cuanto que los Staufer intentaron, siempre que vieron ocasión para ello, separar los principados territoriales de la tradición hereditaria y transformarlos en estructuras políticas que debieran su existencia a una disposición del poder central del Emperador. Fue decisivo el que la nobleza dinástica, en contraposición a la época de la cuestión de las Investiduras, se mantuviese fiel a la causa imperial, ya que vio reconocida su postura. Esto hizo posible la desposesión de Enrique el León en 1180 y decidió, al menos en principio, la disputa. Sin embargo, la ligazón de la nobleza dinástica a la corona imperial por medio del vínculo feudal limitó la política centralizadora.A causa de la formación de un estamento de príncipes del Imperio, de la ordenación de un ejército y de la obligación de préstamos, bajo el reinado de Federico Barbarroja, se privó a los Staufer, a diferencia, p. ej., del rey francés, de una alianza con los poderes locales contra los poderosos señores feudales; debían atenerse estrictamente a la sucesión por estamentos de la pirámide feudal. Y los feudos recuperados no podían adjudicarse a la corona para reforzar el poder imperial por medio de un aumento territorial del patrimonio real, sino que debían repartirse en el transcurso de un año. El poder de los príncipes, que se hacía sentir en este punto, se consolidó en el reinado de Federico 11, siendo reconocido por él. Los intentos de este rey de aplicar también a Alemania la administración unitaria de corte moderno practicada en Italia no llegaron a ponerse en práctica.Con la pérdida del poderío de los Staufer hacia mediados del s. x111 termina una época en la historia alemana. Ya no cabe pensar más en pretender misiones universales por parte del Imperio. Al desplazarse el centro de poder de los Staufer en el sur de Italia, perdió valor el papel de los alemanes, ya incluyo bajo Enrique VI, pasando a la periferia de la política mundial. Manfredo se apoyó, en su esfuerzo por conquistar la corona imperial, sólo en el lado italiano; y Conradino no se ocupó de las posesiones alemanas de la familia, sino que buscó salvar el dominio de Sicilia. También a causa de los territorios en el sur de Italia anhelaban sus enemigos un total aniquilamiento de los Staufer después de la muerte de Federico 11. Alfonso X de Castilla (v.) tuvo bien presente la sucesión italiana cuando en 1257 pretendió la corona imperial; apareció también como heredero Pedro 111 de Aragón (v.) cuando en 1282 se adueñó de Sicilia. Por el contrario, fue de larga duración la reestructuración interna del Imperio, cuyos caracteres de compromiso habían de tener validez hasta entrada la Edad Moderna.V. t.: GÜELFOS Y GIBELINOS; FEDERICO I BARBARROJA; ALEMANIA IV; INVESTIDURAS, CUESTIÓN DE LAS; VÍSPERAS SICILIANAS.ODILD ENGELS.
BIBL.: E. MASCHKE, Das Geschlecht der Stauler, Munich 1943; E. ORTHBANDT, Die Ze:t der Stauler, Stuttgart 1965; T. MAYER, Die Ausbildung der Grundlagen des modernen deutschen Staates im hohen Mittelalter, "Historische Zeitschrift" 159 (1939) 457487; H. MITTEIS, Der Staat des hohen Mittelalters, Weimar 1953, 249-272, 342-355; H. 1. KIRFEL, Weltherrschaltsidee und Bündnispolitik. Untersuchungen zur auswürtigen Politik der Stauler, Bonn 1959; P. LAMMA, Cornneni e Stauler, Roma 1955; H. BÜTTNER, Staulische Territorialpolitik im 12. Jahrhundert, en "Wiirttembergisch-Franken" 47 (1963) 5-27; H. WERLE, Staulische Hausmachtpolitik am Rhein, "Zeitschrift für die Geschichte des Oberrheins" 110 (1962) 241-370; W. METZ, Staulische Güterverzeichnisse, Bzrlín 1964; P. CAFARO, Memorie sveve di Puglia, Bar¡ 1965; G. AGNELLo, L’architettura militare, civile e religiose n-?ll’ eta sveva, "Archivio Storico Pugliese" 13 (1960) 146-176; H. L. GOTTSCHALK, Der Untergang der Hohenstaulen, "Wiener Zeitschrift für die Kunde des Morgenlandes" 53 (1957) 267-282.
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