Historia III. Archivos Históricos en América HIST.
Categoria:
Historia
Bajo esta denominación se incluyen aquí, principalmente, los archivos y depósitos documentales existentes en los países de América que un día fueron posesiones españolas; los archivos y colecciones de documentos pertenecientes a países americanos no hispánicos serán mencionados sólo en cuanto su contenido interese a la H. de Hispanoamérica.España dictó para América una cuidadosa legislación sobre archivos. En la Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias, de 1680, fue insertada (libro 11, tít. I, ley 31) la ordenanza de Carlos V (Valladolid, 24 jul. 1530) que regulaba la conservación, por los cabildos municipales, de las células y provisiones regias. Sabemos, porque muchos han llegado hasta nosotros, que las ciudades americanas organizaron desde el principio sus cedularios, lo mismo que los libros de actas capitulares; lo cual prueba que la disposición de Felipe II sobre estos últimos (Recopilación, libro IV, tít. VIII, ley 16) no hace más que reiterar lo que ya venía practicándose. A las Audiencias se les indicó minuciosamente qué libros debían llevar (Recopilación, Libro 11, tít. XV, desde la ley 156 hasta la 166). La ley 161, que trata específicamente de los archivos, tiene un precedente en la real cédula de Valladolid, 9 oct. 1549, por la que se manda al presidente y oidores de la nueva Audiencia de Santa Fe de Bogotá que tuviesen archivo en arca -o aposento- de tres llaves, y en él guardasen las cédulas, provisiones y escrituras tocantes a dicha Audiencia. Esta regia disposición fue dada a iniciativa del mariscal-licenciado Jiménez de Quesada (v.). Del mismo modo se legisló sobre los archivos de las cajas reales, tribunales de cuentas, consulados, gobernaciones y virreinatos (Recopilación, libro 111, tít. III, ley 34). La Iglesia organizó, a la vez, sus propios archivos, en los obispados, cabildos catedralicios y parroquias; y lo mismo hicieron las órdenes religiosas. Además, los escribanos llevaban sus registros y las cofradías, hospitales y otras corporaciones conservaban también sus papeles.Con esto queda someramente indicado el origen de los archivos americanos, sus distintas clases y la variada gama de sus fondos. De un modo general, podríamos establecer la siguiente clasificación: 1) de Gobierno (nacionales, ministeriales, regionales y provinciales); 2) municipales; 3) eclesiásticos; 4) notariales; 5) corporativos (universidades, bancos, cofradías, etc.; y 6) colecciones de documentos conservadas fuera de loc archivos, o sea, en bibliotecas y museos.Archivos de Gobierno. Caribe, América Central y México. Son los destinados a conservar la documentación de carácter político, administrativo y fiscal, que durante el periodo colonial procedía en su mayoría de los virreyes y gobernadores, las Audiencias, oficiales reales (cajas reales) y tribunales de cuentas; y en la época nacional, de la presidencia y departamentos ministeriales. Tal función la cumplen hoy en primer lugar los archivos nacionales con que cuentan los países americanos, bajo este u otro nombre equivalente. La riqueza e importancia de sus fondos varían, sin embargo, mucho, y no siempre guardan relación con el papel histórico que jugaron los respectivos países. Así el de Santo Domingo -República Dominicana- cuya Audiencia, la primera de la América española, tuvo jurisdicción sobre todas las Antillas e importantes territorios ribereños como Venezuela, Florida y Luisiana, es sumamente pobre en documentación del periodo colonial, y casi lo mismo puede afirmarse respecto al periodo nacional hasta muy avanzada la segunda mitad del s. xix. En cambio, es muy bueno el Archivo Nac. de Cuba, tanto en fondos como en su moderna instalación. Conserva los restos conocidos del antiguo archivo de la Audiencia de Santo Domingo (120 legajos correspondientes al periodo 1747-1800), y papeles de Florida, Luisiana y otros relativos a territorios de la región caribe, aparte de la documentación específicamente cubana. Otra de las antiguas dependencias de la Audiencia de Santo Domingo, Puerto Rico, cuenta desde 1955 con su archivo General, pero sus fondos no van más allá de finales del s. xviii.Pasando al continente, el primer gran depósito documental es el Archivo General de la Nación, de México. Sus antecedentes se remontan al virrey conde de Revillagigedo (1793) y su creación oficial a 1823, aunque sólo comenzó a funcionar hacia 1846. A pesar de sus lagunas y de la carencia de una instalación adecuada, es quizá el archivo más importante de Hispanoamérica. Incorporados al mismo se conservan varios archivos no gubtrrnativos, tales como los de la Inquisición (1.702 vol. con documentos desde 1527), Universidad (572 vol.), Hospital de Jesús y los 2.500 legajos aprox. que bajo la denominación de Bienes Nacionales contienen papeles eclesiásticos incautados. Como una especie de apéndice debe considerarse el Archivo Histórico de Hacienda, de creación reciente; sólo suple en parte, a pesar de su título, la pérdida o desaparición de los archivos fiscales (cajas reales) que han corrido parecida suerte en casi toda América. Notable es también el Archivo General de Gobierno, de Guatemala, dotado hace poco de un moderno edificio; sus fondos proceden en buena parte de los archivos particulares del municipio de la capital y de la universidad. Otro archivo de cierta importancia en la América Central es el nacional de Costa Rica, en el que se han concentrado los principales archivos notariales y municipales del país. En 1880 fue creado el Archivo Nacional de Honduras, a base del ya existente Archivo General de Gobierno. Sus fondos son reducidos, pero los de la sección de Tierras se remontan a 1580. El Archivo Nacional de El Salvador fue incendiado en 1899, y el de Nicaragua sufrió importantísimos daños en el terremoto de 1931; ambos se hallan en curso de restauración. Panamá creó su Archivo Nacional en 1912, pero toda la sección colonial del mismo está formada por copias, especialmente del Archivo General de Indias, fuera de algunos protocolos notariales que se remontan a 1776.Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú. En la parte septentrional de Suramérica son notables y se hallan bastante bien instalados el Archivo Nacional de Colombia (fundado en 1868) y el Archivo General de la Nación, de Venezuela, que data de 1914. Ambos han llevado a cabo una benemérita labor de catalogación y publicaciones. El de Colombia tiene una sección de Archivos notariales, a la cual se han incorporado, por lo menos, los protocolos de Bogotá. El Archivo Nacional de Historia, del Ecuador, si bien creado oficialmente en 1938, no entró en funcione; hasta 10 años después, y sólo muy lentamente va alcanzando su rango de archivo nacional, puesto que pocas dependencias gubernativas han hecho entrega de sus fondos. Algo parecido, aunque en escala mucho menor, puede afirmarse del Archivo Nacional del Perú, establecido en 1859. Sólo en 1923 se convirtió en organismo independiente y sus fondos son todavía muy fragmentarios, a pesar de que se han llevado al mismo papeles de corporaciones no estatales, como los de la Inquisición, o regionales, como los de las reales cajas del Cuzco. Custodia también los protocolos notariales de varias ciudades (Lima, Callao e lea, por lo menos). Los fondos tocantes a la Real Hacienda y Tribunal del Consulado pueden complementarse con los que posee el Archivo Histórico del Ministerio de Hacienda y Comercio del Perú, organizado a base de unos 1.724 libros y varias decenas de legajos que aparecieron en 1938 al demolerse el antiguo Palacio de Gobierno. Existe también el Archivo de la Audiencia de Lima (más de 3.500 legajos) a cargo de la Corte Superior de Lima, y parece quedar todavía documentación antigua en el Tribunal Mayor de Cuentas y Casa de la Moneda.Bolivia, Paraguay, Argentina, Uruguay, Chile. El Archivo Nacional de Bolivia se halla en Sucre, la antigua capital y sede de la Audiencia de Charcas durante el periodo español. Si bien reorganizado con cuidado en los últimos años, sus fondos son muy incompletos; incluso falta casi la mitad de las actas capitulares de Potosí, entre ellas los cuatro primeros libros que abarcaban hasta 1585. Contiene también una serie de registros notariales. Paraguay había sufrido ya grandes pérdidas en su riqueza archivística cuando estableció su Archivo Nacional en 1870, al término de la tremenda guerra que el país sostuvo contra la triple coalición del Brasil, Uruguay y Argentina. A pesar de tales pérdidas y de otras vicisitudes posteriores, posee aún documentos abundantes y valiosos; últimamente fueron inventariados y fotocopiados muchos de ellos con ayuda de la Unidad Móvil de la UNESCO.Rico es, por su parte, y en escala mucho mayor, el Archivo General de la Nación, sito en Buenos Aires, fundado en 1884 según un plan redactado por una comisión que presidió el historiador Bartolomé Mitre. La mayoría de su documentación pertenece, sin embargo, a los s. xvitt y xtx; la más antigua se remonta a comienzos del s. xvtt. Entre sus fondos adventicios, posee el viejo archivo municipal de Buenos Aires. De los s. xvitt y xtx son asimismo casi todos los fondos que conserva el Archivo y Museo Nacional del Uruguay, si bien algunos documentos se remontan a 1631. Una importante sección la constituyen las Actas del Cabildo de Montevideo, que fueron ya publicadas en 18 vol. Chile posee otro de los grandes archivos nacionales de Hispanoamérica. Como tal Archivo Nacional data de 1927, pero sus dos secciones fundamentales existían ya organizadas desde mucho antes: la Histórica como División de Manuscritos de la Bibl. Nacional, desde 1885, y la Administrativa como Archivo General de Gobierno, creado en 1887. Entre los archivos de entidades autónomas que se han trasladado al Archivo Nacional figuran los de la Inquisición, la Universidad, escribanos de Santiago y otras poblaciones, y archivos-colecciones familiares como los de Eyzaguirre, Vicuña, Mackenna y otros.Archivos ministeriales. Como parte potencial de los archivos nacionales pudiéramos considerar los archivos ministeriales o departamentales. En general, la ley suele prescribir el pase de éstos, en su día, a los respectivos archivos nacionales; sin embargo, algunos departamentos o ministerios, al margen de la ley o porque ésta en algunos casos lo autoriza, conservan indefinidamente sus archivos. Esto sucede principalmente con los departamentos militares o los que rigen la política exterior. De ordinario, el estudioso puede consultarlos, si bien con ciertas restricciones. Entre los archivos americanos de esta índole, merecen citarse los del Ministerio del Ejército y de Relaciones Exteriores de México, y los de los mismos departamentos en el Perú. Sería el caso de citar también aquí ciertos archivos de carácter regional como el Archivo General del Cauca en Popayán (Colombia), el Archivo Histórico del Cuzco, el Archivo Histórico de la Provincia de Mérida (Venezuela), el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires en La Plata, y acaso alguno de los estatales de México. Sus fondos tienen muchas veces alcance nacional.Archivos municipales y eclesiásticos. Municipales. Hemos visto que muchos se han incorporado a los respectivos archivos nacionales (Guatemala, Potosí, Buenos Aires, Chile); pero otros municipios americanos conservan aún buenos archivos. Tales son los de la Ciudad de México, Puebla de los Ángeles, León (México), Tunja y Popayán en Colombia, Quito y Cuenca en Ecuador, Lima, Caracas y La Habana, por citar sólo algunos de los más notables. Son varios los que han comenzado a publicar sistemáticamente sus libros de actas capitulares (México, La Habana. Caracas, Quito, Cuenca, Lima, La Paz, Buenos Aires, Montevideo, San Juan de Puerto Rico, Córdoba y Santa Fe en Argentina).Eclesiásticos. Dentro de la organización diocesana, existen los episcopales o arzobispales y los parroquiales. Los primeros han sufrido mucho en toda Hispanoamérica, ya por vicisitudes políticas, guerras o desastres naturales, ya por descuido. En México son importantes los de la capital, Puebla y Guadalajara; el de Michoacán sigue incautado en el Museo Histórico de Morelia, y del de Durango conserva restos notables el Museo Regional de esta ciudad. Es también interesante el arzobispal de Guatemala. El arzobispal de Caracas fue recientemente objeto de cuidadosa reorganización, mientras el de Bogotá pereció en el motín de 1948. Copiosos son aún los de Quito, Lima, Trujillo, Santiago de Chile y Córdoba (Argentina).Los parroquiales son los que han ofrecido, relativamente, mayor resistencia a la destrucción. Su estado de conservación es muy desigual, pero aun en los casos de mayor crisis archivística, en las regiones donde la destrucción de papeles viejos ha sido general, los archivos de las parroquias siempre conservan algo. Las órdenes religiosas contaron también con sus archivos, tanto regionales o provinciales como locales o conventuales. Sus vicisitudes modernas han sido parecidas a las de los diocesanos, y por las mismas causas. En algunos casos fueron incautados e incorporados a bibliotecas o archivos públicos, como es el caso de México (distrito federal y Guadalajara), si bien quedan otros en poder de los religiosos (p. ej., de los franciscanos de Michoacán en Celaya, donde también se conservan restos del archivo de Santa Clara de Querétaro y del Colegio de la Cruz en la misma ciudad). El de la provincia franciscana de Santa Cruz de Caracas se halla, muy mutilado, en el arzobispal de aquella ciudad. Buenos archivos conservan todavía los franciscanos de Quito, Lima y Santiago de Chile, lo mismo que los mercedarios de esta última ciudad.Archivos notariales, corporativos y otros fondos. Notariales. Según vimos, muchos se hallan formando parte de los nacionales; otros han pasado a archivos especiales de los tribunales. En general, se tiende a concentrarlos, ya sea nacionalmente ya por distritos. Bien conservados en general, suelen guardar documentos muy curiosos.Corporativos. Queda ya apuntado en los respectivos lugares cómo los archivos de la Inquisición, al ser ésta suprimida, pasaron, cuando no fueron destruidos, a formar parte de los archivos públicos. Lo mismo sucedió con algunos de las viejas universidades coloniales (México, Guatemala, Santiago de Chile). En otros casos, las universidades actuales, sucesoras de las antiguas, conservan sus viejos archivos. Uno de los más completos y mejor atendidos es el de la Univ. Nacional de Caracas. Otro bueno es el de la Univ. de Córdoba (Argentina). Los archivos de bancos, casas comerciales, haciendas, etc., no han sido hasta el presente objeto de mucha atención por parte de los estudiosos, aunque su importancia es evidente.Colecciones de documentos. Las bibliotecas, museos y centros culturales de varia índole suelen poseer en Hispanoamérica fondos de naturaleza archivística, mezclados con manuscritos de carácter literario o científico. En primer lugar, sucede esto con casi todas las bibliotecas nacionales; otro ejemplo lo ofrecen algunas academias de la Historia, como la de Venezuela. Piénsese también en instituciones como el Museo Mitre de Buenos Aires y el Museo-Bibl. Iijón y Caamaño de Quito. Importantes colecciones documentales de esta clase se conservan en los Estados Unidos. Entre las más notables pueden citarse las de la Bibl. Pública de Nueva York, la Bibl. Bancroft de Berkeley (California), la Newberry de Chicago y la Colección Hispanoamericana de la Univ. de Texas, en Austin; no deben olvidarse tampoco la Bibl. del Congreso, las Univ. de Duke (Carolina del Norte), Tulane (Nueva Orleans) y Harvard, la Hispanic Soc. en Nueva York y otras muchas instituciones. El Archivo Nacional de los Estados Unidos, en Washington, posee mucha documentación valiosa para la H. de Hispanoamérica, en especial para el periodo de la independencia y siguientes.LINO G. CANEDO.
BIBL.: L. GóMEZ CANEDO, Los archivos de la historia de América, 2 vol., México 1961, 265-567 vol. 1 y 3-181 vol. II; A Guide to Archives and Manuscripts in the United States, compilación THE NATIONAL HISTORICAL PUBLICATIONS COMMISSION, New Haven 1961.
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