Hispano-hebrea, Literatura LIT.
Categoria:
Literatura
La actividad literaria de los judíos asentados en España no nos es conocida más que a partir del s. X, aunque puede afirmarse con certeza que ya en el Bajo Imperio Romano algunos judíos se habían asentado en España, especialmente en las Baleares, Tarragona y Mérida; las inscripciones trilingües de Tarragona (hebreo, latín y griego) lo demuestran. La invasión musulmana de España fue favorable a los judíos, que entraron en comunicación directa y permanente con sus hermanos del oriente islámico y supieron aprovechar los valores formales y temáticos de la literatura árabe, que se había enriquecido con la de los pueblos de cultura antigua que quedaron sometidos al yugo musulmán. Al rudimentario conocimiento del Midrás (v.) y del Talmud (v.), oralmente trasmitido, se añadió en el s. IX la técnica de las poesías litúrgicas, piyyutim (v.), recogidas en el ciclo anual de rezos en la sinagoga que Rabí ’Amran, gaón de Sura (Mesopotamia), envió a los judíos de Barcelona. Con el establecimiento del califato de Córdoba y su irradiación como foco de cultura, empiezan los judíos españoles a producir obras literarias propias.Primeras figuras literarias y estudios gramaticales. El impulso inicial se debe al polifacético (Abu Yusuf) Hasday ben Saprut (915-70; v.), ministro de los califas cordobeses, que, tanto de Bizancio como del resto del mundo musulmán, mandó traer códices griegos y tratados científicos, que, como el De Materia Médica de Dioscórides, hizo que se los tradujeran al latín para luego él traducirlos al árabe. Aunque se envió en su nombre no parece obra suya la Epístola al rey de los Jázares, pueblo oriental recién convertido al judaísmo, compuesta en hebreo y en elegante prosa rimada. Su autor fue, probablemente, el protegido de Hasday, Menahem ben Saruq de Tortosa (910-970), padre de la prosa literaria hispano-hebrea, e introductor de los estudios gramaticales que ya habían sido iniciados en Oriente por Saadia ben Yosef (v.), gaón de Sura (888-942). La escuela gramatical española se caracterizaría, más adelante, por su alta calidad científica, debido en gran parte al conocimiento profundo del árabe que sus componentes tuvieron, el cual, a la luz de la gramática comparada, les permitió penetrar mejor en los fenómenos lingüísticos del hebreo. Como poeta, Menahem sigue a los antiguos paytanim (v. HEBREOS v).
El rival gramatical y poético de Menahem fue Dunas ben Labrat, de Bagdad y asentado en Córdoba (920-970), que en sus Tesubot (Respuestas) atacó injustamente el Mahbberet (colección, léxicon) de Menahem; a Dunas se deben dos hechos que tienen gran trascendencia dentro de la literatura hebrea: a) el empleo de la lengua hebrea para escribir poesía profana, de la escuela "moderna" de los poetas árabes de Bagdad; b) la adaptación a la poesía hebrea (basada hasta entonces en las estrofas, las asonancias, el paralelismo de ideas, los estribillos, los acrósticos y el libre ritmo musical) de la métrica cuantitativa de la poesía árabe y su sistema de rimas fijas. Estas dos formidables innovaciones hacen de Dunas una figura fundamental en la historia de la literatura hebrea, que hasta tiempos recientes, en que los "ismos" y el verso libre del modernismo europeo han irrumpido en ella, ha llevado la impronta que le imprimió la poesía hispano-judía arabizante.
Los discípulos de Menahem y los de Dunas se enzarzaron en polémicas gramaticales y poéticas; entre los discípulos del primero hay que destacar a Yehudah ben David (v.), el primero en establecer que las raíces de las palabras hebreas constan de tres letras, y cuyas obras, escritas en árabe, fueron pronto traducidas al hebreo. N. a finales del s. x en Fez y se asentó en Córdoba, donde m. a mediados del s. XI. Continuadores de la escuela gramatical de Saruq fueron también Samuel ben Nagrela (v.) y (Abii-l-Walid b. Marwan) R. Yónah ben Gannah (ca. 990-1050), que escribe en árabe y es traducido luego al hebreo. La escuela gramatical española puso las bases para una recta interpretación de la Biblia y fue difundida en Europa por Abraham ben Ezra (v.), que escribió en hebreo sus comentarios, haciéndolos así accesibles a los judíos que no conocían la lengua árabe. Un apéndice de la escuela gramatical española es la de Borenza, donde los Tibbón traducen al hebreo los originales hebreo-árabes, y donde los Qimhi (Yósef m. 1170, padre de Moseh y del célebre David Quimhi, m. 1235) sistematizan y resumen a los gramáticos hispano-hebreos. Los exegetas españoles pudieron basarse para interpretar la Biblia en datos gramaticales seguros y científicos, mientras que los exegetas de Centroeuropa, carentes de esta base científica, han de acogerse a las invenciones e interpretaciones dispersas por el Talmud, el Midrás y la Haggadah. La escuela exegética española experimentó nuevo brote con Simeón ben Semah Duran (m. 1444), Ishaq Arama (m. 1493) e Ishaq Abravanel (1437-1509), que fue el primero en introducir consideraciones histórico-políticas en los comentarios a la Biblia. La lengua hebrea utilizada por los autores hispano-hebreos era esencialmente bíblica, muy pura y generalmente clara y elegante.
El aristotelismo y el averroísmo. Maimónides. Al igual que los musulmanes, y luego los cristianos, los judíos pasaron de las ideas filosóficas neoplatónicas, mantenidas por Avicebrón en su Fuente de la vida, y por Yehudah ha-Leví (v.), a las aristotélicas y averroístas. Ello lo hizo ya el historiador y apologeta Abraham ben David (v.), pero adquiere su máxima importancia con Maimónides (v.), quien para concordar la Biblia con Aristóteles se vio obligado a interpretarla de un modo alegórico (como siglos antes había hecho Filón de Alejandría) en su Guía de perplejos, escrita en árabe y luego traducida al hebreo. Su racionalismo le llevó también a redactar en forma de código las leyes del Talmud, que presentó de un modo sistemático y sin citar los pasajes, proceder por el cual fue duramente atacado por los tradicionalistas; él fue también quien fijó en 13 artículos los dogmas de la fe judaica, reacia siempre a ser inmovilizada en un número fijo y exacto de creencias concretas. Entre los maimonistas hay que contar en los s. XIII y XIV a Sem Tob Yosef Falaquera y Hasday Grescas. Antimaimonistas fueron los talmudistas Ishaq ben Seset Perfet (m. 1408) y Simeón ben Semah Duran; los moralistas no vieron con buenos ojos el excesivo intelectualismo aristotélico, en esta línea hay que citar a Mesullam ben Selomoh de Piera (En Vidas), su nieto Selomoh ben Mesullam (m. 1420) y Selomoh ben Reuben Bonafed (s. xv). A Yósef Albo se debe una obra con los Fundamentos del judaísmo.
La Cábala. Enemigos naturales de los maimonistas fueron los cabalistas. La Cábala (v. CABALISMO) iniciada a principios de la Edad Media con una amalgama de ideas místicas, gnóstico-mágicas y neoplatónicas, después de la obra anónima Sefer Yesírah (Libro de la Creación, s. VIII) se difundió por Centroeuropa y España, donde sufrió la influencia de la filosofía mística musulmana. El núcleo original estuvo en Provenza, donde a la sombra de Ishaq el Ciego (m. 1210) se inició el primer discípulo español, Ezra ben Menahem ben Selomoh de Gerona (1160-1238), y donde se formó un importante núcleo cabalístico, cuya figura principal fue Nahmánides (v.), n. en Gerona en 1195 y m. en 1270 en Tierra Santa, ilustre exegeta y talmudista que opuso al racionalismo aristotélico un profundo sentimiento religioso en el terreno afectivo, y de Cabalismo en el intelectual. Por Castilla tuvo la Cábala amplia difusión: Todon ben Yehudah Abu-l-’Afia había nacido en Ibledo (1247); Yosef ben Abraham ben Chicatella, en Medinaceli (1248), el cual influyó sobre la Cábala cristiana renacentista; Ishaq ben Latif de Toledo, que murió en Jerusalén en 1290, introdujo el aristotelismo en la Cábala. Pero fue en tierras de A vila donde se compuso en arameo y hebreo la obra cumbre, El Zohar (Esplendor), cuyo autor, Moseh de León, ca. 1280, atribuyó el libro a Simeón ben Yohay, místico judío del s. 11; el libro recibió diversos retoques, quizá de otros autores, ya partir del s. xv ha dominado sobre la espiritualidad judía debido en parte al prestigio que alcanzaron en el s. XVI muchos místicos de ascendencia judeoespañola que se habían refugiado en la ciudad de Safed, en Palestina. La nueva escuela cabalística fue intelectualista ya la vez mágica y su figura cumbre fue Isaac Luria (1535-73); su prestigio llegó hasta el s. XVIII, en que el hasidismo, nacido en la Europa del Este, admitió las creencias cabalísticas dentro de su sistema, trasmitiéndolas hasta hoy día. Los Deberes de los corazones, de Bahya ben Paquda (v.) es una obra ético-mística difundida por todo el mundo judío.
Obras científicas. El cultivo de la ciencia tuvo en España destacados autores y una característica típica de la es- cuela española es precisamente el uso de los conocimientos científicos en la exégesis y la poesía. Además de ser intermediarios entre la ciencia árabe, heredera de la alejandrina, y la cristiana, los judíos cultivaron la Medicina (Maimónides, p. ej.), la Astronomía y Astrología (Abraham ben Ezra) y las Matemáticas (Abraham bar Hiyya), contribuyendo de manera decisiva a la creación de la prosa científica hebrea. En la Geografía astronómica hay que destacar los relatos de viajes de Benjamín de Tudela (ca. 1159-73), de gran categoría literaria, superior desde luego al Giro del mundo de Petahia de Regensburg, posterior a él (1175-85). Es también notable el provenzal Abraham Farrisol (1451-1526), que dio a conocer en hebreo los entonces recientes descubrimientos geográficos hispanoportugueses. En el cultivo de la Historia, el interés se centró en demostrar la ininterrumpida continuidad de la tradición rabínica, como lo hizo Abraham ben David (1110-80) en su Sefer ha- Qabbalah, continuada de 1161 a 1510 por Abraham ben Salomón de Torrutiel y aprovechada por Yosef ben Saddig de Arévalo; o las fatigas de las persecuciones, tal la Vara de Judá, de los Ben Verga, comenzada en Sevilla en 1480 y terminada en Turquía a mediados del s. XVI, y el Valle del llanto de Yosef ha-Cohen (1496- 1580). El Libro de las genealogías de Abraham Zacuto ( 1505) empieza por la cronología talmúdica y termina con relatos de su tiempo. Hasday Grescas es autor de una crónica de las persecuciones españolas y Profeit Duran (s. XVII) es autor de otra obra sobre las persecuciones, hoy perdida.
La expresión poética. A los judíos españoles se debe la demostración de que la lengua hebrea podía alcanzar la misma ductilidad y brillantez que la lengua árabe en uno de sus géneros más difíciles: la maqama (v.), composición en prosa artística con numerosas poesías intercaladas en la que una serie de episodios narrativos sueltos se unen por medio de un común protagonista o narrador. El género lo introdujo en la literatura hebrea Selomoh ben Siqbel (s. XII) y alcanzó su consagración con Yehudah al-Harizi (1165-1225), traductor primero del árabe al-Hariri (v.) y luego autor original. Con la maqama se completaba la adopción de la poesía árabe iniciada por Dunas ben Labrat. Junto con la poesía de corte arabizante, coexistió siempre la tradicional de los paytanim. Puede decirse que es raro el autor hispano-hebreo que no sea también poeta. Las poesías en lengua romance que los árabes andaluces utilizaban a veces en sus composiciones tienen también su paralelo en la poesía hebrea (v. ZÉJEL); esta poesía romance de métrica, temas y sistema ajenos totalmente a la poética arábiga, en su aspecto estrófico es probable que deba algo a los cánticos hebreos de las sinagogas, adonde los primeros cristianos solían ir en España hasta cerca del s. VI. La nómina de poetas hispano-hebreos es virtualmente la de todos los escritores de los demás géneros literarios. He aquí un extracto:
La poesía hebraico-española, según Millás Vallicrosa, puede dividirse en diversos periodos. El del califato es de iniciación o juventud, en que al lado de la antigua poesía de los paytanim aparece la poesía con métrica árabe y la de tema profano. Sus autores son M. ben Sartiq, Dunas, Yosef ben Ishaq ben Abi Tur, Ishaq ben Leví ben Mar Saul, Ishaq ben Chicatella, Ishaq ben Capron e Ishaq ben Jalfón. Los reinos de taifas es el periodo de florecimiento, dominado por las ideas neoplatónicas y ascéticas; se cultiva el tema del destierro y de evocación a Sión; formalmente, hay relación en estrofismo de la poesía popular arabigoandaluza. Samuel ben Nagrella (v.), Avicebrón (v.), Moseh ben Ezra (v.), Yehudah ha-Leví, Bahya ben Paquda, son las cumbres a quienes acompañan Moseh ben Chicatella, Ishaq ben Gayyat, Ishaq ben Reuben ha-Bargeloni, Abü Ishaq al-Harizi, Yehudah ben Bileam, Yehudah ben Mar Abbun, Selomoh ben Siqbel, Yosef ben Saddiq, Yosef ben Barzel, Yosef Seset, Yehudah ben Gayyat, Leví ben al-Tabban, Ishaq ben Mascaran, Yosef b. Muhayir y otros muchos. La invasión almohade pone a judíos y cristianos en la disyuntiva de islamizar o huir y son muchos los que, al huir del fanatismo almohade, pasan a la España cristiana o al Oriente; predomina entonces el aristotelismo y su reverso, la Cábala, y aparece la maqama, Abraham ben Ezra, Maimónides, la familia Girondi, ben Sabarra, Yehudah al-Harizi, Abraham ben Hasday, Ya’aqob ben Eleazar, Meir Abü-l-’Afia, Nahmánides (v.) llenan este periodo, al que sigue otro de decadencia, caracterizado por el número de conversos al cristianismo, la agria polémica religiosa y la final expulsión de España. Los poetas principales son: Abraham ha-Leví, Ishaq ben Seset Perfect, Simeón ben Semah Duran, Selomoh Bonafed, Selomoh ben Mesullam de Piera, Vidal Yósef de la Cavallería e Ishaq ben Arama.
Los estudios tulmúdicos. Los estudios talmúdicos se iniciaron con el califato por Moseh ben Hanók, que al fundar una academia en Córdoba, independizó a España de Mesopotamia; acontecimiento singular constituyó la venida a Toledo, huyendo de Alemania, del gran Aser ben Yehiel, y de su hijo Ya’aqob ben Aser (m. ca. 1340). Ishaq Campanton (m. 1487), Isaac Aboab (m. 1493) y Yósef Caro (v.) son las figuras más sobresalientes de la escuela española. El conjunto de la literatura hebraicoespañola, por la pureza de su lengua, su buen gusto, profundidad filosófica y conjunción del sentimiento religioso con los conocimientos de las ciencias profanas, ha quedado como modelo a seguir por los escritores hebreos posteriores.
v. t.: HEBREOS V.
F. DÍAZ ESTEBAN.
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