Hallstatt, Cultura de HIST.
Categoria:
Historia
La cultura de H. surge en el centro de Europa, en el 1 milenio a. C., bajo un complejo de influencias e interferencias con otras culturas o círculos culturales del Bronce final (v. BRONCE, EDAD DEL), como los campos de urnas (v.) de raigambre ¡lírica (v. ILIRIA) y de sustrato lusaciano, los túmulos de raigambre céltica (v. CELTAS), lo vilanoviano norditálico, lo balcánico, etc. Resulta, no obstante, difícil presentar al H. como una cultura, pues se ha incurrido en ciertas confusiones en la presentación del Bronce final y principios del Hierro europeo (v. HIERRO, EDAD DEL). En el H. se han englobado pueblos, lenguas y, en definitiva, culturas diferentes. En realidad, no se puede separar el H. ni del Bronce final europeo ni de la primera Edad del Hierro, ni de los círculos antes apuntados. Bien podría decirse que ciertos grupos culturales europeos se "hallstattizan", adquiriendo cierto denominador cultural común, debiéndose hablar no de la cultura de H., sino más bien de la época del H.El nombre de esta cultura deriva de una localidad del Tirol austriaco, del distrito de Salzkammergut, en el alto valle del Salzberg, al descubrirse entre 1824 y 1831 una vasta necrópolis y una rica explotación minera de sal gema. Desde 1846 a 1864 fueron excavadas por G. Ramsauer cerca de mil tumbas, alternando por igual el rito de inhumación con el de incineración. La cronología de la necrópolis ha sido concretada recientemente por M. K. Kromer, quien propone un primer nivel correspondiente a los s. vin y vii a.C., un segundo que va desde principios del s. vi a. C. a principios del s. v a. C., y un tercero hasta finales del s. tv a. C., perteneciente ya a la época de La Téne (v.). W. Kimming, en su periodización de los campos de urnas, sitúa la primera época en el Bronce medio y final, la segunda y tercera en el Bronce final y H. A y B de Reinecke, y la cuarta en el Hierro I o H. C de Reinecke. Las facies culturales del H. han sido últimamente revisadas por Miloicic, atendidas las tipologías de los materiales, deduciendo cuatro grupos: el balcánico, el central, el septentrional y el occidental. El grupo balcánico depende directamente del Oriente, del Egeo y del Adriático por el centro y Norte de Italia, influyendo en los Alpes orientales adonde llegan sítulas y otros elementos mediterráneos.El grupo central, con núcleo en la zona de H., extendido por Hungría y Bohemia meridional y con fuerte influencia por el Danubio, mantiene una fisonomía original y con cierta pureza, aunque con arraigadas persistencias prehistóricas locales, como la técnica de la escisión. El grupo septentrional, extendiéndose por el Elba y Oder, abarca parte de Bohemia y Sur de Alemania, conservando un sustrato ¡lírico de los campos de urnas de tradición lusaciana. El grupo occidental, de tradición céltica de los túmulos interferidos con campos de urnas, se extiende por el Rin y el Ródano y se incrusta en el Nordeste de la península Ibérica, caracterizándose por una gran variedad cultural superpuesta a los viejos fondos del Bronce local y modificada por las relaciones mediterráneas en las fases tardías.Enterramientos. Existen dos ritos funerarios. Por una parte, el cadáver incinerado se halla simplemente en el fondo de un hoyo excavado, sobre una lámina de piedra o dentro de una urna cerámica. En ocasiones, son varios los individuos incinerados contenidos en una urna. En cuanto al rito de inhumación, los cadáveres yacen de costado o de cúbito supino, perfectamente orientados de E a O, en sepulturas individuales y a veces, dobles o múltiples. Se da también el caso de cremaciones parciales. El ajuar funerario, vario en riqueza según los yacimientos, ha prestado datos suficientes para la periodización del H. en el Bronce final y en la primera Edad del Hierro. El túmulo es la superestructura más característica de la cultura de H., aunque no aparezca siempre. Para su construcción se utilizan los elementos ofrecidos por la geología del país: la tierra y la piedra que se amontonan en una altura variable delimitada por un anillo circular de piedras, en cuyo centro, o excéntricamente, se incrusta la urna, a veces dentro de una cista con el ajuar funerario. Los túmulos se agrupan en las mesetas, en las pendientes o en los valles cerca del poblado, formando conjuntos que marcan la trayectoria seguida por estos pueblos. Los campos de túmulos, en ocasiones, se rodean de alineamientos de piedras erguidas (Ertruria, Borgoña). En la época final de la cultura de H., los ajuares se enriquecen, llegando a consistir en carros y ricos armamentos de guerreros de alto linaje, costumbre ya practicada en el Cáucaso en tumbas principescas del Bronce inicial, en las tumbas del Bronce medio del Norte del mar Negro y posteriormente en los enterramientos cimerios.Hábitat. Aparte de las necrópolis, se conocen sus pequeños y dispersos poblados, situados en puntos escarpados y a veces con sus murallas defensivas que ciñen el grupo de casas de planta rectangular, generalmente sencillas y pobres, construidas con cimientos de piedra, generalmente, con paredes y techo de barro y ramaje o de maderos, según la geografía. Debido a su corta vida, los poblados son innumerables. Destacan entre los más importantes Chassey (Saóne-et-Loire), Messein (Meurthe-etMoselle), Steínsburg (Turíngia), Gleícbberg (Sajonia), Heuneburg (Würtemberg), Cerro de la Cruz (Navarra, España).Materiales. La riqueza de ciertos materiales y su abun ALdancia en algunas regiones se explica por el movimiento comercial de productos metalúrgicos de hierro y sal gema. Las armas más frecuentes en el ajuar de las necrópolis desde el Danubio al S de Francia son las espadas, de las que se distinguen el tipo de bronce, largo y pesado, de transición del Bronce IV al Hierro; el tipo siguiente, también de la primera fase del H. y análogo pero de hierro y con remaches que sujetan la empuñadura a la guarnición, con espiga plana y vaina de madera o cuero. La suntuosidad de algunos ejemplares de este segundo tipo está marcada por empuñaduras doradas o de marfil con incrustaciones de ámbar. El tercer tipo de espada, propio de la segunda fase del H., es corto, de hierro y con vaina de bronce. Denominado puñal de antenas, es de antecedentes probablemente helénicos y muy abundante en Italia y en el Sur de Francia, de donde pasa a España, llegando al último grado de evolución en el momento poshallstáttico con la atrofia de las antenas. Las armas defensivas, poco frecuentes por lo perecedero de los materiales, se reducen primordialmente a escudos, cascos y corazas.De gran interés para la datación de los yacimientos son los vasos de bronce como sítulas, cistas, copas, calderos, trípodes y otros objetos metálicos con decoración repujada de origen itálico, ¡lírico e incluso helénico, según se deduce de ciertos motivos del arte geométrico final y orientalizante. La tipología de la cerámica, siempre a mano, es compleja. Por una parte, están las formas panzudas y piriformes como continuación de las del Bronce final, localizadas en las regiones de Baviera, Lorena, Sur de Francia y Nordeste de España, así como otras formas más angulosas y de cuello cilíndrico. El tipo kernos, bien conocido en la zona de Maguncia, está presente en el Cabezo de Monleón de Caspe (Zaragoza). Las decoraciones de motivos geométricos como meandros, triángulos, rombos, círculos, guirnaldas, cte., y raramente figurativos, adoptan las técnicas escisas, incisas y pintadas sobre engobe claro, de evidente influencia mediterránea. Los objetos de adorno, escasos en la primera fase del H., se hacen más abundantes a partir del s. viii, sobresaliendolos brazaletes, torques, collares de cuentas, pendientes, cinturones, agujas, fíbulas, etc.Península Ibérica. En España, la cultura de H. ha originado entre los investigadores una grave problemática. Las teorías sobre el número, la naturaleza, las fechas y los lugares de las penetraciones de los pueblos llamados indoeuropeos y su origen, han ocupado más la atención que el estudio sistemático de las regiones y yacimientos. En cuanto a la nomenclatura, todavía se barajan con cierta equivalencia los términos indoeuropeo, H., cultura de los túmulos, campos de urnas, celtas, primera Edad del Hierro, etc. En cuanto al número de penetraciones, serían, según M. Almagro, una sola en el s. viii a. C. sin interrupción hasta el 400 a. C. Según J. Martínez Santa Olalla, fueron: una protoindoeuropea, iliria, hacia el 1000 a. C.; otra de preceltas en el s. ix a. C. con túmulos y campos de urnas; y otra de celtas goidelos hacia el 600 a. C. Según P. Bosch Gimpera, existirían cuatro oleadas: una de los campos de urnas catalanes y de los túmulos en el 900 a. C., otra céltica en el s. vi¡ a. C. con cerámica escisa, y otras dos de grupos germanos y celtas en el s. vi a. C. Las penetraciones de los indoeuropeos, según los yacimientos conocidos, decrecen en intensidad de la parte oriental a la occidental de los Pirineos, siendo los principales pasos los gerundenses y la gran vía de la cuenca del Segre hacia el Ebro medio.Aparte de estas teorías, se observa que existe un círculo en Cataluña caracterizado por la presencia de necrópolis en campos de urnas, con cerámicas incisas y cuevas de habitación, sin que se conozcan los poblados, mientras que en la cuenca del Segre, Bajo Aragón y Ebro medio hasta Cortes de Navarra y el Redal (Logroño), se extiende otro círculo caracterizado por la presencia de poblados y necrópolis tumulares con cerámica escisa y a veces pintada, además de la incisa y acanalada. El círculo catalán, relacionado con el Sudoeste de Suiza y Norte de Italia y extendido muy débilmente por Levante, presenta unas cerámicas con formas arcaizantes del H. A, B y C (s. vii a. C.) y D local (s. vi a. C.), y unos objetos de metal como navajas de afeitar análogas a las norditálicas y suizas, agujas de cabeza de aro o arrolladas, fíbulas de doble resorte, brazaletes, etc. El hierro está documentado primeramente en Agullana II a principios del s. vi a. C. El círculo del Ebro, relacionado con el grupo occidental de los túmulos célticos del Rin y Ródano, parece poseer materiales más primitivos. Mientras estas poblaciones mezcladas con un sustrato indígena del Bronce se iberizan por el impacto de las colonizaciones del s. vi a. C., en la Meseta se van conformando unos círculos culturales poshallstátticos, como producto de la aportación de nuevas penetraciones de tipo céltico.M. PELLICER CATALÁN.
BIBL.: M. ALMAGRO, Prehístoria, Madrid 1960; S. PIGOT, Ancient Europe, Edimburgo 1965; G. A. MANSUELI, Les civilisations de 1’Europe ancienne, París 1967; K. KROMER, Das Graberteld aon Hallstatt, Florencia 1959; K. BITTEL y A. RIETH, Die Lleuneburg, Stuttgart 1951; R. JOFFROV, L’oppidllm de Vix et la cicilisation hallstattienne tinale dans Cest de la France, París 1958; H. MOLER-KARPE, Beitrdge zur Cronologie der Urnenlelderzeit nordlich und sadlich der Alpen, Berlín 1959; P. BoSCH GIMPER.A, El problema indoeuropeo, México 1960; J. FILIP, Die Keltische Zit,ilisation, Praga 1961.
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