Guercino (Giovanni Francesco Barbieri)
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Biografía GER
Pintor boloñés, una de las figuras más representativas de todo el seiscientos italiano. El Guercino (el bizco), llamado así por su defecto, n. en Cento, ciudad entre Ferrara y Bolonia, en 1591. Su educación primera, en su ciudad natal, le hubo de poner en contacto con la obra de Ludovico Carracci (v.), que a Cento había enviado en 1590 una de sus obras maestras, y con la pintura ferraresa y veneciana presente en iglesias y colecciones. Sus obras más juveniles, para la misma Cento, muestran un arte en cierto modo rústico, poético y realista, con mucho de veneciano (escenas de S. Carlos Borromeo, en Renazzo de Cento, 1613-14; frescos decorativos en Casa Pannini, de Cento, 1615-16) y una fantasía colorista, poderosa y sensual, muy personal. En 1617, su prestigio era ya grande incluso en Bolonia, donde Ludovico Carracci hace de él un encendido elogio en una carta, repetidas veces citada. En ese año lo encontramos ya protegido por el card. Ludovisi, para cuya familia realiza algunas de sus obras más bellas (Lot y sus hijas, El Escorial; Susana y los Viejos, Museo del Prado) y que le pone en contacto por vez primera con el medio culto y literario de las cortes principescas.Un viaje a Venecia en 1618 le hace conocer de modo completo y directo la gran pintura del Cinquecento en la laguna, y enriquece su técnica con un colorismo más rico aún y una factura de pincel más suelta y grasa. Sus obras en torno a 1620 muestran una personalísima visión de lo religioso, solemne, pero no artificiosa, y avanzando en una dirección de.pleno barroco en los mismos años en que los restantes boloñeses (Reni, Domenichino, Albano) fraguaban su clasicismo arcádico.El Martirio de S. Pedro (Pinacoteca Estense, Módena) Resurrección de Lázaro (Museo del Louvre), S. Francisco y S. Benito con un ángel (Louvre), y S. Guillermo recibiendo el hábito (Pinacoteca de Bolonia) son las obras maestras de su estilo juvenil, más fuerte y personal, barroco y naturalista, en el que se ha visto como un paralelo del caravaggismo en un registro diverso.En 1621 es elegido Papa su antiguo protector el card. Ludovisi (Gregorio XV). G. se traslada a Roma, donde permanece casi tres años hasta la muerte del Pontífice. Allí tiene ocasión de conocer directamente el arte de Caravaggio (v.), a cuya poderosa visión luminosa se había acercado en alguna ocasión aunque con diversos elementos, y, sobre todo -lo que más influencia ha de tener en su evolución posterior-, allí entra en estrecho contacto con el círculo literario y teórico de los secretarios del Papa, especialmente con Mons. Aguchi, autor de un Tratado de la Pintura, hoy perdido, que son los más ardientes defensores del clasicismo más estricto, tal como lo representa Domenichino (v.). Las primeras obras romanas de G. son quizá las más barrocas de su carrera, especialmente la bellísima Aurora, pintada al fresco en el techo del Casino campestre del card. Ludovisi, sobrino del Papa. Concebida como una invasión celeste en un audaz escorzo de abajo arriba, se contrapone en modo absoluto a la visión frontal, ordenada y serena, de la que había pintado Guido Reni (v.) en 1616 para los Rospigliosi, verdadero manifiesto de clasicismo. Pero la obra clave que marca el punto de inflexión del arte de G. hacia su etapa madura es el Entierro de S. Petronila (Museos Capitolinos), lienzo enorme pintado para S. Pedro del Vaticano, donde resume todos los componentes de su arte y donde junto a la potencia imaginativa, el colorismo denso y el énfasis dramático de su juventud, aparece ya, especialmente en la zona celestial de la composición, una mesura en los movimientos, una equilibrada simetría y una búsqueda del prototipo bello, enteramente clásicas y ajenas a cuanto había venido haciendo hasta entonces, reflejando de modo inequívoco la influencia del arte del D. y las teorías sobre la nobleza ideal y la compostura de Monseñor Aguchi.La muerte del Pontífice en julio de 1623 le hace volver a Cento, donde instala un amplio taller para atender la creciente demanda de todas las partes de Italia, en especial de la Emilia. En este taller son ayudantes fieles sus discípulos y sobrinos Cesare y Benedetto Gennari, que repiten sus prototipos y difunden sus modelos y composiciones. Solterón constante, a partir de 1629 poseemos un libro registro donde su hermano Paolo Antonio -pintor también y muy notable bodegonistaanota cuidadosamente todas las obras salidas del taller familiar. Este Libro dei conti que lleva Paolo Antonio hasta su muerte en 1643, es luego prolongado por los Gennari, y nos proporciona un catálogo pormenorizado de su obra auténtica, que se hace abundantísima en esos años, y muestra progresivamente una inflexión hacia formas de un decidido clasicismo y hacia una gama de color clara en la que se ha querido ver una segura influencia del estilo de Guido Reni, la figura culminante en la Bolonia de esos años. Muerto Reni en 1642, G. se traslada con su taller a Bolonia, convertido ya en el artista oficial, indiscutido, que mejor encarna los ideales de la escuela boloñesa, sin posible rival. Las obras de esos años boloñeses (Presentación del Niño en el Templo, en los Teatinos de Ferrara; Anunciación, de la catedral de Ancona; Cleopatra moribunda, del Palazzo Rosso de Génova, etc.) muestran una factura más ligera y un color claro, junto a una compostura solemne y silenciosa, un tanto fría y distante, si se las compara con el sombrío acorde dramático y el apasionamiento juvenil del vero Guercino de la etapa primera. La evolución del artista de uno a otro polo constituye uno de los más sorprendentes casos de todo el seiscientos y muestra, mejor que ningún otro, el poder de sugestión de las formulaciones teóricas en ciertos ambientes, aun en pugna con una sensibilidad y un temperamento claramente abocados en dirección barroca. Muere G. respetado y glorioso, en 1666, y su obra fue repetidamente admirada, copiada e imitada durante el s.XVIII en todo el mundo, siendo uno de los dioses mayores del neoclasicismo (v.).A la vez que su abundante obra de pintor, ha llegado hasta nosotros una cantidad asombrosa de dibujos magistrales, que muestran, en las más diversas técnicas, pero especialmente en la pluma con tinta, una capacidad y libertad fabulosas para la invención y la expresión gráfica, en conjunto de sorprendente modernidad.V. t.: BOLONIA, ESCUELA DE (Pintura).A. E. PÉREZ SÁNCHEZ.
BIBL.: D. MAHON, I1 Guercino. Dipinti y Il Guercino. Disegni, Catálogos de la gran Mostra del Guercino, Bolonia 1968 (con estudios preliminares y bibl. crítica anterior).
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