Guatemala (país) III. Historia. HIST.
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Historia
1. Origen de los mayas-quichés. Según se desprende de las crónicas yucatecas, como el Chilam-Balam, los mayas (v.) debieron de arribar al continente americano unos ocho siglos antes de la Era cristiana, poblando la extensa comarca del río Misisipí. Una serie de circunstancias desconocidas hizo que tribus de la familia maya que ocupaban la península de la Florida la abandonasen y se dirigieran hacia la fértil región Huasteca (México), donde al cabo de los años se encontraron frente a los shoshones-toltecas. La convivencia pacífica de las tribus durante un largo periodo hizo posible la fusión de sus religiones, costumbres y manifestaciones culturales y artísticas. De esta mezcla se formó un nuevo grupo étnico: el maya-quiché, llamado a desempeñar tan importante papel en la historia de la civilización americana.En el 100 a. C., y a causa de que los antiguos toltecas (v.) empiezan a tiranizarlos, los mayas abandonan Tulán y emigran; se establecen en las tierras bajas del norte y centro del departamento guatemalteco del Petén y dan origen a una brillante civilización, la maya, caracterizada por el uso de la cronología, calendario y escritura jeroglífica, conocimiento de arquitectura y escultura y confección de una típica alfarería cuya fase más antigua se llama Tzakol. Las ciudades guatemaltecas de Uaxactum, Tikal (v.), Piedras Negras, etc., son grandes centros político-religiosos.En los s. IX y X a. C. dos sucesos importantes tienen lugar en la historia de G. El primero se refiere a la conquista de Yucatán y parte del territorio guatemalteco por la tetrarquía tolteca, el segundo a las grandes inmigraciones de los quichés, calchiqueles y tzutohiles, que al mando, según el Popol-Vuch, de cuatro legendarios capitanes, se establecen en G. de la manera siguiente: los quichés desde la Sierra Madre hasta la costa de Suchitepéquez, siendo su capital Utatlán; los cachiqueles al N y O del lago Atitlán con la capital en Tecpán Cuathemalán; y los tzutohiles al S del lago, teniendo a Tziquinihay como centro.2. Los quichés. El Popol-Vuch nos habla de BalamQuiché como fundador de la dinastía. Su hijo Quocaib fundó la ciudad de Imachí, que llegó a ser una floreciente población. Dos grandes jefes tuvo la dinastía quiché con Gucumatz y Ca-Quikap. El primero trasladó la capital a Utatlán (1214 a. C.) y logró someter a todas las tribus a su voluntad; con el segundo, la monarquía quiché entró en un gran periodo de grandeza y expansión. Gumarkag se convirtió en la ciudad religiosa por excelencia; Chigüi-Mekina, llamada después Totonicapán fue, a su vez, el centro científico y artístico; y Tecpán-Atitlán el núcleo militar de la nación.Una revolución de los pueblos dominados inició la desintegración de la monarquía quiché. Los primeros en separarse fueron los cachiqueles, quienes al mando de sus jefes Juntoj y Gukubatz se establecieron en Iximché. A este éxodo siguió una serie de guerras entre quichés y cachiqueles, que dio la victoria a éstos. En 1513 estalló una nueva guerra entre ambas tribus, que terminó a los pies de Pedro de Alvarado, quien se encontró con un pueblo dividido, sin fuerzas para resistir la invasión.3. Organización político-social de los quichés. En la formación de la civilización quiché contribuyeron de manera esencial las culturas tolteca y maya, de aquí que muchos de sus rasgos, bajo formas ligeramente diferentes, sean comunes al pueblo maya.Cada una de las tribus reconocía a un jefe principal feudatario de otro u otros que predominaban sobre ellos por la violencia o necesidad de protección. En realidad era una monarquía absoluta que practicaba una intensa tiranía y estaba dotada de una organización especial. El Ajau-Ajpop, que era el monarca en ejercicio, estaba rodeado por el Ajpop-Camjá, sucesor presunto de la corona, el Nim-Chocoj-Cagüek, elegido de la casa de Cagüek, y el Ajau-Aj-Tojil, gran sacerdote del dios de la guerra.La sociedad se caracterizaba por una completa desigualdad. Se estratificaba en tres sectores: los ajauses o nobles, los macehuales o plebeyos y los esclavos. Los sacerdotes constituyeron, sin duda, la clase más poderosa: cuidaban del culto, interpretaban los libros sagrados, etc. La administración de justicia estaba encomendada a los jueces (archaoch), quienes también se encargaban de la recaudación de tributos y de los asuntos civiles y criminales. A los homicidas, adúlteros, ladrones y hechiceros se les castigaba con la muerte. Poseían un ejército en estado permanente de guerra; las armas ofensivas consistían en flechas con saetas, hondas, hachas de metal, etc.4. Cultura material. De la alta cultura material del pueblo quiché quedan las ruinas de sus grandes urbes, Gumarkag e Iximché, con los restos de sus palacios, templos, estelas y altares esculpidos. Estuvieron muy adelantados en escultura, cerámica, alfarería y no les era desconocida la pintura, para la que utilizaban corteza de amatl o telas de algodón y colores producidos por tierras metálicas y plantas tintóreas. Asimismo se distinguieron en el tejido, la plumería y la metalurgia.Económicamente, el maíz fue el objeto principal de sus desvelos. El interés del maya-quiché por dominar el tiempo y saber la época para la cosecha explica el perfeccionamiento que alcanzó en la cronología. Junto al maíz supo cultivar el fréjol, la yuca, el tomate, la cebolla y el plátano. Plantó el henequén y algodón para hacer sus ropas. Todos estos productos eran objeto de un intenso comercio. El transporte se hacía a espaldas de indios tlamenes o en hamacas llevadas sobre los hombros.5. Cultura espiritual. La elevada cultura espiritual del pueblo quiché ha llegado a nosotros a través del Popol-Vuch, libro sagrado escrito en caracteres jeroglíficos, que contiene las tradiciones de dicho pueblo. Por él sabemos de su religión, espiritualista, con la creencia en un solo dios, que era el corazón del Cielo y de la Tierra, el que daba la vida y la felicidad, pero al mismo tiempo en Gumarkag tenían templos y adoraban a sus dioses terrenales de origen maya: Tojil, dios de la guerra; Agüilix, fuerza creadora, y Jacagüitz, fuerza conservadora, que exigían, según la tradición, sacrificios humanos. Otras divinidades menores eran el dios de los muertos, el del hogar, el de los cerros, etc. Pueblo altamente supersticioso, dividía los días en buenos, malos e indiferentes, y enterraba un cadáver bajo los cimientos de toda nueva casa. Su idioma, el quiché, es la lengua más perfecta, extensa y filosófica del grupo maya; su alfabeto consta de 27 signos; el género femenino se distingue anteponiéndose al masculino el sustantivo ixok (mujer). Dos obras literarias están escritas en quiché: el Popol-Vuch y el Rabinal-Achi. El memorial de Tecpán-Atitlán está escrito en cachiquel.Medían el tiempo de la siguiente manera: repartían los 365 días del año en 18 meses de 20 días cada uno, e intercalaban los días sobrantes al final de cada siglo. Éstos se componían de 52 años, divididos en cuatro periodos de 13 años cada uno. La numeración era semejante a la tolteca y maya, pero con una diferencia importante: podían hacer operaciones de cálculo. La unidad era el jugüinak, o gente completa, que tenía 20 dedos, representada por un idolillo cuyas extremidades tenían cinco dedos cada una. Tenían también idolillos con dos extremidades, nicajgüinak, o media gente, y con una sola extremidad, calcajgüinak, cuarta parte de una gente.6. Época española. El choque de las dos civilizaciones, española y quiché iba a verificarse pronto. En 1523, sólo tres años después de la conquista de México, Hernán Cortés (v.) envió una doble expedición hacia aquellas tierras; una, al mando de Cristóbal de Olid, se dirigió hacia Honduras; la otra, mandada por Pedro de Alvarado (v.), se encaminó por tierra hacia G. La conquista del reino quiché iba a comenzar. Después de varios encuentros los quichés fueron derrotados, su ciudad Utatlán quemada y al frente del reino puso Alvarado un gobierno aliado. Prolongó la campaña, avanzó sobre Cuzcatlán (El Salvador), ocupó la región prontamente y regresó a G. En siete meses y 19 días había sometido a los quichés, cachiqueles y tzutohiles.El 25 jul. 1524 fundó Alvarado la villa de Santiago de los Caballeros que se llamó poco después Santiago de Guatemala. Pero la ciudad estuvo poco tiempo en esta provisional fundación, pues, en 1527, Jorge Alvarado, junto con los despachos de teniente gobernador, recibió el encargo de señalar el asiento definitivo de la villa, eligiéndose para el mismo el valle de Almolonga, por su fertilidad, abundancia de materiales constructivos, clima suave, etc. Estaba al S de uno de los grandes volcanes. el Hunahpú. El traslado se efectuó el 22 nov. del mismo año. Aunque la fundación de la ciudad de Santiago de los Caballeros por Pedro de Alvarado se considera como el comienzo del régimen colonial de Centroamérica, éste no se inició hasta el 20 nov. 1542 en que Carlos V firmó las Leyes Nuevas. Las más famosas leyes de Indias (v.) y las que más derramamiento de sangre originaron, pero que sirvieron para suprimir la encomienda de trabajo personal y crear una audiencia, llamada de los Confines, bajo cuya jurisdicción quedarían las gobernaciones de Nicaragua y G.La audiencia fue denominada de los Confines, porque debía residir en un lugar de la frontera de G., Honduras y Nicaragua, ya que El Salvador y Costa Rica formaban parte de la primera y tercera respectivamente. El primer presidente de la audiencia fue el licenciado Alonso de Maldonado, que logró el traslado de la misma desde la villa de Concepción de Comayagua a la ciudad de Gracias a Dios. Durante su mandato, trasladó la ciudad de Santiago de Guatemala que había quedado totalmente arrasada después del terremoto de 1541, al valle de Panchoy, media legua a oriente del primitivo emplazamiento, donde se erigió una de las bellas ciudades americanas. No puso en vigor, sin embargo, las Leyes Nuevas ante la ola de protestas de los españoles que habían realizado la conquista y que, al sentirse perjudicados, pedían su derogación.El obispo de Chiapas, fray Bartolomé de Las Casas (v.), principal inspirador de las Leyes Nuevas reclamaba, en cambio, su cumplimiento estricto. Las dificultades que se suscitaron entre presidente y obispo quedaron solventadas al conseguir éste que Maldonado fuese sustituido por López de Cerrato. Éste empezó su mando en 1548 y emprendió inmediatamente una política de protección al indígena, cuya libertad se proclamó en todo el territorio, y quitó los que tenían en sus repartimientos la mujer y el hijo de Rodrigo de Contreras, que fue despojado de la gobernación de Nicaragua. Durante esta etapa, Cerrato, logró que la audiencia se instalase por primera vez en G., para lo cual le fueron facilitados por el obispo Marroquín los lugares de alojamiento y oficinas (1548).Los abusos cometidos posteriormente por la audiencia de los Confines y, de un modo especial, por el presidente Landecho fueron causa de la publicación de una real cédula (30 mayo 1563) en la que se ordenó residenciar a dicho presidente y trasladar la sede de la residencia a Panamá. En 1564, y por otra real cédula, la provincia de G. se reincorporó a la audiencia de los Confines. Las reiteradas gestiones del virrey de México, el cabildo de G. y Las Casas, que reflejaban el sentir de los dominicos, consiguieron que el rey, en 1567, restableciera la audiencia de G. y ésta inició de nuevo sus actividades en 1560. A la difícil administración del extenso territorio de la Audiencia se unió, sobre todo, a partir de 1555, el peligro de los piratas ingleses y franceses. Fue notable por sus depredaciones Wiliams Parker, quien después de haber tomado Santo Domingo, se apoderó en enero de 1579 de Trujillo, en la costa norte de Honduras. Tres meses después visitó las del Pacífico Francis Drake (v.), al frente de cinco buques de la escuadra inglesa, y aunque se le persiguió, no le dieron alcance las tres goletas que con 200 hombres zarparon de Iztapa con ese objeto.Los ataques piráticos arreciaron en 1594 con motivo de la guerra que en Europa sostenían Francia e Inglaterra contra España. Los continuos ataques y saqueos de los buques corsarios mantuvieron en continua zozobra la vida de las posesiones españolas.Hasta 1609, los presidentes de la audiencia, letrados, reunían en sí la gobernación (v.) y capitanía general de G. A partir de esta fecha los gobernadores y capitanes generales, nombrados por un periodo de ocho años, fueron generalmente de capa y espada. La audiencia de G. fue de las llamadas en la legislación pretoriales (v. AUDIENCIA II). Era totalmente independiente del virrey, comunicándose directamente con el rey a través del Consejo de Indias (v. INDIAS, GOBIERNO DE I).El s. XVII comienza en la audiencia de G. con el signo de la piratería. Las autoridades poco pueden hacer ante la ola de ataques que se avecinan, salvo escribir al rey pidiendo ayuda. Pero España en esta centuria se encuentra más que agotada; las derrotas de Dunas (1639), Gravelinas (1644), Balaguer (1645), Courtrai y Mardick (1639) son una buena prueba. No se podía esperar nada de una metrópoli que yacía impotente por su penuria marinera. La Armada de Barlovento, creada en 1640 para combatir la piratería y mantenida con impuestos sobre el comercio, no prestaba servicios de importancia. El peligro arrecia a finales de siglo con las incursiones piráticas inglesas de 1685, siendo presidente de la Audiencia Enrique de Guzmán, y la de 1688 contra Puerto Caballos (Honduras), de la que fueron víctimas el propio gobernador hondureño Jacinto Barrios Leal y los letrados que se hallaban ese día visitando las fortificaciones (v. AMÉRICA CENTRAL). Estos dos últimos gobernadores enviaron expediciones a tierras no sometidas. El primero hacia el territorio de los manchés y el segundo hacia los pueblos indígenas del Petén y Lacandón.El s. XVIII se inicia en G. con el gobierno de Gabriel Sánchez de Berrospe (1696-1702) y en medio de graves alteraciones internas entre los llamados berrospistas, partidarios del gobernador, y los tequelistas que seguían al visitador Gómez de La Madrid. En 1706 ocurre la insurrección de los indios talamancos en Costa Rica y tzendales en la provincia de Chiapas, debido al mal comportamiento de las autoridades con los indígenas. El levantamiento adquiere tal cariz que el capitán general Cosío y Campa ha de emprender personalmente la campaña contra ellos. Importantes manifestaciones de progreso caracterizan los años siguientes, tales como la aparición del primer periódico centroamericano Caceta de Goatemala en 1729, la fundación de la Casa de la Moneda en 1733 y la creación del arzobispado en 1743. En la segunda mitad del s. XVIII y debido a la guerra con Inglaterra, la naciente colonia inglesa de Belice (v. HONDURAS BRITÁNICA) va tomando incremento hasta que en 1783, entre tratados y discusiones, los ingleses se adueñaron de ella.En esta segunda mitad de la centuria se destacan dos capitanes generales, Martín de Mayorga (1773) y el coronel Matías de Gálvez (1779). Durante el mandato del primero un terremoto destruye la ciudad de Guatemala (v.), que se traslada entonces al valle de la Ermita, y se emancipan las colonias inglesas de Norteamérica (1776), hecho que influye decisivamente en el porvenir de las colonia hispanoamericanas que empiezan a agitarse. Cuando Matías de Gálvez toma posesión de su gobierno, Inglaterra declara la guerra a España por el apoyo prestado a los norteamericanos. Los ingleses se apoderan de la plaza y fortaleza de Omoa, que es recuperada en octubre del mismo año. Con auxilios recibidos de Cuba, Gálvez se dirige a Nicaragua, de donde expulsa a Nelson, que se había apoderado del fuerte de Concepción. Tras esta victoria marcha a Honduras, donde recupera el territorio de Mosquitia y la isla de Roatán, que se hallaba en poder de los ingleses. Desde el punto de vista institucional tienen importancia, en esta segunda mitad de siglo, los a. 1785 y 1786, porque se establecen las intendencias (v.).Cuatro presidentes y capitanes generales tuvo G. desde comienzos del s. xix hasta la proclamación de la independencia. El primero fue Molinedo (1801-11), de grato recuerdo. Le sucedió José de Bustamante (1811-18), autoritario y violento, de ingrata memoria; Carlos Urrutia Montoya (1818-21), que llegó a G. viejo y cansado, y, finalmente, Gabino Gaínza, quien pospuso la fidelidad a la corona a su ambición personal, proclamando la independencia de América Central (v.).7. Independencia. Decretada la independencia de América Central (14 sept. 1821), empezó el proceso de su desintegración al mostrar las provincias su hostilidad hacia la capital. Los gobernadores de Honduras y Nicaragua, enemistados con Gabino Gaínza, proclamaron el Plan de Iguala y ordenaron la anexión a México, independientemente de G. Chiapas ya lo había hecho. Costa Rica optó por una posición neutral y El Salvador se negó totalmente a aceptarla. En G. predominó el criterio de unirse a México. Las razones eran varias. Se decía que México traería riquezas. En igual sentido influía el clero, ya que veía en el Plan de Iguala el mantenimiento de sus preeminencias. Todo esto decidió a Gaínza, en noviembre de 1821, a comunicar a Iturbide que la capitanía general de G. no estaba capacitada para ser independiente. Un cuerpo de tropas expedicionarias mexicanas marchó sobre ella, y en enero de 1822 había aceptado el citado Plan y el tratado de Córdoba. Las violentas protestas de algunas regiones (El Salvador y Costa Rica) ante esta unión obligó a intervenir a las tropas mexicanas, mandadas por Vicente Filisola; éste quedó como gobernador dependiente hasta la abdicación de Iturbide, momento en que Filisola rompió la unión, quedando constituidas inmediatamente las Provincias Unidas de Centro América. Eran cinco los Estados y en cada uno había un congreso legislativo y un jefe depositario del poder ejecutivo. Un presidente federal con un congreso y un senado gobernaba sobre los cinco Estados. G. se fijó como provincia independiente y centro de la federación.El régimen político establecido no podía durar mucho. Las luchas que dentro de esta organización política se iban a originar entre el presidente de la federación y los ejecutivos provinciales eran fáciles de adivinar. En efecto, el presidente federal, José de Arce, chocó con el presidente de G., José Barrundía. Esto, unido a la pugna dentro de cada Estado entre liberales-independentistas y conservadores-unionistas, hizo que se levantara el hondureño y unionista Francisco Morazán (v.), que penetró en la capital federal (Guatemala) y asumió poderes ejecutivos. Nombrado presidente en 1830, gobernó con mano dura y reprimió los intentos separatistas. Contra Morazán se levantó Rafael Carrera (v.), que defendía la disgregación. Al frente de varios millares de indios entró en G., en 1838, e hizo huir a Morazán. El 30 de mayo del mismo año quedó legalmente disuelta la federación, convirtiéndose América Central en una pentanacionalidad a la que se agregó Panamá al comenzar el s. XX.Desde 1839, en que G. estrena su primer presidente (Carlos Salazar), hasta 1844 en que el Consejo Constituyente designa al general Carrera para la primera magistratura, dos sucesos acontecen en la república: la disolución por Carrera del Estado de Los Altos y la anexión del Soconusco hecha por el general Santa Ana de México. Con el triunfo de Carrera, defensor del localismo, se esfuman los proyectos de unión. Con él, G. entra en el primero de sus 130 años de régimen dictatorial repartidos así: 30, Rafael Carrera; 15, el general Justo Rufino Barrios; seis, el general Manuel Lisandro Barillas; seis, José María Reina Barrios; 28, el licenciado Manuel Estrada Cabrera; 13, el general Jorge Ubico, etc. Hasta 1865 en que muere Carrera, merecen citarse dos hechos fundamentales en la vida del país: 1) el tratado con Inglaterra sobre límites y ocupación de Belice (1852), que despoja a los guatemaltecos de una parte de su territorio; 2) la guerra y ocupación de El Salvador.A la muerte de Carrera, dos exiliados liberales derrocan al gobierno de Serna, sucesor de Carrera, y se hacen con el poder. Los dos caudillos rigen sucesivamente el país. Primero M. García Granados, hasta 1883, que reorganiza la nación y expulsa a los jesuitas; y después justo Rufino Barrios (v.), dictador, defensor de la unión que se erige en el árbitro político de Centroamérica. Su Decreto Barrios (1885), proclamando la unión por la guerra y la vía unilateral, es seguido de una reacción unánime contra esta imposición por la fuerza de la unidad centroamericana y por la jefatura militar absoluta que Barrios se había arrogado. Desoyendo las advertencias de EE. UU. y México, invade El Salvador, y muere en el primer encuentro (Chalchuapa 1885) de la guerra que se origina. Se presiente por un momento la anarquía, pero el general Manuel Lisandro Barillas llega a tiempo para desempeñar el cargo interinamente, y por las elecciones de 1885 lo ocupa en propiedad hasta 1892. Otro general dictador, José María Barrios, da impulso al progreso industrial, urbanístico e intelectual; muere asesinado en 1898.El s.XX lo inaugura la presidencia, también dictatorial, de un hombre civil, el licenciado Manuel Estrada Cabrera. Como los anteriores, modifica la Constitución para perpetuarse en el poder. Su gobierno es una cadena de notas negativas: venalidad, corrupción, favoritismo con el extranjero, etc. Sus afanes hegemónicos le acarrean el descontento de El Salvador y el choque con el presidente Zelaya (v.) de Nicaragua. En 1920, un Congreso le declara privado de sus facultades mentales y le obliga a renunciar.Desde la muerte de Estrada hasta 1931 se suceden, sin interés, seis mandatarios. Pero a partir de este año, Jorge Ubico inauguró un régimen, concluido en 1944 que se caracterizó por favorecer los intereses de los EE. UU., a veces contra los de la nación, por el progreso de obras materiales logradas mediante el sudor y sacrificio de la raza india y por el atraso en el campo social.Un movimiento revolucionario iniciado por estudiantes y que demandaba un cambio socio-económico hizo que Ubico abandonase el poder. Tras un triunvirato y una junta militar, fue llamado a gobernar Juan José Arévalo (v.), gran nacionalista y notable profesor que hablaba de socialismo espiritual y que emprendió un interesante programa político, intelectual, social y económico. Sus reformas económicas chocaron con los intereses de la United Fruit Company. Se le tachó de comunista, aunque Arévalo se había declarado contra este partido político. Las tensiones subían de punto hasta que un coronel-ministro del grupo de izquierdas se hizo con el poder. Era Juan Jacobo Arbenz (1951-54; v.), que gobernó G. a base de un socialismo nada espiritual. La puesta en marcha de su Ley Agraria de 1952, en la que estipulaba la liquidación de las propiedades feudales, la prohibición de toda forma de esclavitud y la distribución de las tierras, sin dar la propiedad, entre los que no la tenían, fue la razón de su caída, porque los ultranacionalistas y comunistas agitaron a las masas que ocuparon tierras sin autorización alguna. La expropiación de gran parte de las tierras del Pacífico de la United hizo intervenir al Departamento de Estado norteamericano que exigía una compensación adecuada. En marzo de 1954, J. Foster Dulles acusó a G. en la X Conferencia Interamericana de Caracas y logró que se aprobase una resolución anticomunista. En abril del mismo año, el coronel Castillo Armas (1954-57; v.), desde Honduras y con ayuda norteamericana, se hizo con el poder, marcando un brusco cambio hacia las derechas. Castillo Armas aplastó a los comunistas y a la izquierda liberal, suprimió los sindicatos y los partidos políticos, creó una nueva Constitución sumisa a los intereses extranjeros y estableció, en una palabra, la dictadura. Pero los cambios y las innovaciones sociales económicas puestas en marcha por Arbenz se iban a sentir en los años próximos, al ver los Gobiernos posteriores que la reforma convenía políticamente. Castillo Armas la siguió, pero de una manera más moderada.Desde julio de 1957, fecha en que fue asesinado Castillo Armas por un miembro de su guardia personal, hasta mayo de 1958, ocuparon la presidencia, primero González López, luego tres coroneles, en octubre de 1957 el coronel Flores Avendaño, hasta alcanzar la presidencia en marzo de 1958 el general Miguel Idígoras Fuentes con la ayuda de los terratenientes. Mantuvo Idígoras una tenaz oposición al comunismo que, a través del castrismo y de los seguidores de Arbenz, continuaba sus maniobras. Siguió en líneas generales el programa de su predecesor; nacionalizó los ferrocarriles, aumentó los salarios a los obreros y creó nuevas industrias (papel, harinas). Pero su situación política era delicada. La izquierda lo consideraba un seguidor de Castillo Armas. Las derechas no aceptaban sus reformas. Los ánimos se excitaron cuando se supo que ayudaba a los exiliados cubanos (invasión de Bahía Cochinos). De jul. a oct. 1960 decretó la Ley Marcial ante la agitación de los social-comunistas, a los que se unió el partido revolucionario-ortodoxo que defendía la candidatura de Arévalo, a quien Idígoras había acusado de comunista y expulsado del país. Una sublevación del ejército para preservar al país y al ejército de Arévalo, quien durante su mandato quiso neutralizar a los militares, dio el poder al coronel E. Peralta Azundia en mar. 1963. Los presidentes que se sucedieron fueron del ejército, que sacó de la experiencia surgida a raíz del período reformista y revolucionario la conclusión de que la democracia sin control ponía en peligro el orden de G., por lo que para asegurar el statu quo político era necesaria, por lo menos, la limitación -cuando no la suspensión- de la democracia. Con éxito moderado, en G. se experimentaron desde 1954 distintas variantes de autoritarismo y de "democracia limitada". Quizás uno de los períodos más rocambolescos fue el mandato de E. Ríos Montt (1982-83), perteneciente a una secta protestante. Tomó el poder por un golpe de Estado y fue destituido de igual forma. Desde comienzos de los años 60, con el de la lucha entre la guerrilla y los sucesivos gobiernos, la violencia fue una constante de la política guatemalteca. A partir de 1978, y especialmente tras el triunfo de la revolución en Nicaragua (verano 1979), la violencia se incrementó.8. Vida social y política. El gobierno de Centroamérica lo ejercía un capitán general que residía en G. y era presidente de su audiencia. De ella dependían las provincias de Honduras, Nicaragua y Costa Rica, a cuyo frente estaba un gobernador, y las de Chiapas, San Salvador y Tegucigalpa, que tenían un alcalde mayor. Junto a este organismo superior existían otros inferiores en las distintas provincias, tales como los ayuntamientos integrados por los alcaldes mayores, regidores, alguaciles, etc., que moderaban el poder casi absoluto de los gobernadores; los cabildos de Indias erigidos por orden del presidente Cerrato para defender a los nativos de las injusticias de los encomenderos; los corregimientos creados para el mismo fin: velar por el indígena, y las alcaldías mayores que administraban justicia -civil y militar-, no sólo a los indígenas, sino además a los españoles (v. CORREGIDOR Y ALCALDÍA MAYOR). Este régimen político existió hasta 1788 en Centroamérica en que por la Ordenanza de Intendentes (1786), las provincias se transformaron en intendencias y eran gobernadas por intendentes.Al aproximarse la época de la independencia, en la población de la capitanía general de G. se distinguía una clase superior dividida en peninsulares y criollos con la consiguiente rivalidad entre ellos. Los primeros disfrutaban de mejores empleos y cargos; mientras que los segundos gozaban de mejor posición económica. Esta clase de criollos produjo, por lo general, la parte más ilustrada de la sociedad y los que promovieron los movimientos revolucionarios para sustituir, por lo que atañe a G., a los peninsulares en los empleos municipales. Junto a esta clase superior había una aristocracia, en muchos casos arruinada, cuyos blasones no consistían tanto en los títulos nobiliarios como en el hecho de ser descendientes de los primeros conquistadores. Seguían luego los mestizos, producto del cruce de españoles con indígenas y, por último, los indios, empleados en labores, menospreciados hasta el extremo de que se consideraban de menos valor que los propios esclavos. Los negros, de escaso arraigo en G. fueron importados para trabajar en las minas, y luego se incorporaron a la servidumbre doméstica. Grupo especial de la sociedad era el clero, favorecido y honrado por el Estado.Si sólo atendiéramos a la legislación, creeríamos que la condición de los habitantes no podía ser mejor, porque el espíritu de las leyes consistió en todos los tiempos en garantizar la libertad, la propiedad y la seguridad individual para peninsulares, criollos e indios. Aún más, los colonos podían dirigirse al rey denunciándole los abusos de las autoridades. Pero las leyes eran una cosa y la realidad otra. Aunque aquéllas no hacían distingos entre peninsulares y criollos, en la práctica eran preferidos los primeros para los cargos públicos. En cuanto a los indios, a pesar de lo legislado en las Leyes Nuevas de 1542 (anulación del trabajo personal a cambio de la percepción de tributos) en muchos lugares, y a finales del s. XVII, el sistema de trabajo continuaba. No fallaron las leyes, sino los hombres.Las Cortes de Cádiz, en 1812, declararon la igualdad jurídica, en derechos civiles y políticos de los peninsulares y criollos. Decretaron la abolición de la esclavitud y dieron impulso a la organización municipal.La calma en que vive esta sociedad se ve rota ya en la segunda mitad del s. XVII por protestas sobre el mal gobierno de los monopolios o por extorsiones tributarias. Pero es en el s. XVIII cuando se advierte la presencia de un problema indígena y de otro político-social que van a servir de mucho en la gesta emancipadora y en el s. XIX. Focos importantes de gestación de las nuevas corrientes ideológicas en la audiencia son la universidad y la Soc. Económica de Amigos del País.Consumada la independencia, parecía fácil la identificación en una tierra de geografía unificada, de igual lengua, de pasado común, de economía semejante, de problemas similares. Pero no ocurrió así. En un principio falló el caudillo único, de talla, que se alzara como aglutinador de las antiguas entidades políticas: intendencias y gobernaciones virreinales. Faltó este tipo y sobresalió el nacionalismo de campanario, que fraccionó la capitanía general de G. Esto explica que fuera un guatemalteco, Carrera, el mayor defensor del unitarismo y de la pertinaz intervención posterior de G. en los asuntos de los otros países.La vida político-económico-social de G. desde la independencia hasta nuestros días se puede dividir en diversas fases: 1) Periodo de revoluciones, caracterizado por una economía atrasada y simple, comercio raquítico, malos caminos y escasa inmigración. Imperan la intestabilidad política y las dificultades financieras. 2) A mediados del XIX llegan los capitales extranjeros, se fundan bancos y se inicia la explotación minera, paralelamente al desarrollo agrícola. Prosigue, no obstante, la tempestad política. 3) Finales del xtx hasta la Guerra europea de 1914. Se estabiliza la vida política, ingresa el capital europeo (inglés), se aseguran las condiciones financieras, aumenta la exportación. Es el momento de la inmigración, del tendido de vías ferroviarias, de la aparición de las compañías comerciales, de la aceptación de empréstito y del fomento del cultivo cafetero y bananero. 4) Fase última que se extiende de 1914 a nuestros días. Se nota ya una cooperación colectiva mayor. Aumentan las rentas públicas, la manufactura, los cultivos, la explotación minera. Se sigue aceptando empréstitos, pero ahora van encaminados a mejorar las condiciones económico-sociales de la población. Dentro de ésta, en la masa obrera y campesino, aparece el factor social en las luchas políticas a partir de la revolución mexicana, que se incrementa desde 1929, fecha de la crisis económica que derriba a tantos regímenes.Destaca la influencia norteamericana: políticamente, con la aplicación de doctrinas como la de Monroe, Destino Manifiesto, Big Stick y Dollar Diplomacy; económicamente, con la fiscalización hacendística, empréstitos y adquisición de tierras dedicadas por las grandes compañías comerciales a plantaciones de bananos y caña de azúcar. También se notó la intervención de Inglaterra en la posesión de Belice, que guatemaltecos y mexicanos reivindican (v. Honduras Británica). En 1976 un terremoto provocó numerosas víctimas (25.000 muertos y 75.000 heridos) y daños materiales, a lo que siguió una ayuda exterior importante que con el repentino auge de la construcción provocó un cierto crecimiento económico.Socialmente, en la población actual de G. hay mayoría de indios que han permanecido sin unirse al ladino (blanco o mestizo) y que opone una gran resistencia a la penetración cultural. Habitan estas masas humanas, de vida casi nómada, en las tierras altas y en el norte, en El Petén. En la región oriental, el indio se ha mestizado, mezclándose con el ladino, excepto en algún territorio del departamento de Chiquimula (Jocotán y Camotán). El elemento negro, poco abundante, reside en la costa atlántica, en Belice e Izabal. Conservan sus costumbres y utilizan más el inglés que el español.V. t.: AMÉRICA CENTRAL I.F. MORALES PADRÓN.
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