Guarini, Guarino
Categoria:
Biografía GER
Vida y escritos. Fue Camilo Guarino G. uno de los más destacados arquitectos barrocos italianos. N. en Módena el 17 en. 1624 y m. en Milán el 6 mar. 1683. A los quince años ingresó en los Clérigos regulares Teatinos, de cuya Orden fueron miembros otros cinco hermanos suyos. Practicado el noviciado en Roma, vuelve a Módena, donde en 1647 se ordena de sacerdote, enseña filosofía y matemáticas y se inicia en la arquitectura ayudando a construir la iglesia de S. Vicente y el anexo convento de Teatinos. Elegido prepósito de este mismo convento a pesar de la oposición del príncipe Alfonso, es desterrado de su patria, dando comienzo a una serie de ininterrumpidas peregrinaciones. En 1660 se encuentra en Mesina, y tras una breve parada en Módena para asistir a su madre, moribunda, se dirige a París en 1662. No se puede probar documentalmente el viaje a Portugal atravesando España, aunque hay bastantes indicios del mismo. También es posible que viajara hasta Praga, donde diseñó la iglesia de S. María de Oetting. La etapa más fecunda de su vida coincide con su estancia en Turín, llamado en 1666 para terminar la iglesia de S. Lorenzo. Dos años después, Carlos Manuel II de Saboya le nombra arquitecto e ingeniero real. En 1678, es nombrado prepósito de los Teatinos y entra al servicio del príncipe Manuel Filiberto de Carignano. Finalmente, en 1681, revocado el edicto de destierro, vuelve a Módena, su patria, muriendo dos años después en Milán, donde se encontraba incidentalmente ocupado en la publicación de sus últimos escritos.El padre Guarini, además de arquitecto, fue un prolífico escritor que se interesó particularmente por la filosofía y matemáticas que había enseñado en distintas ocasiones. También se ocupó de la astronomía, geometría y geofísica. Dada su condición de sacerdote, intentó reconciliar el racionalismo de Descartes (v.) y Malebranche, el empirismo científico y matemático nacientes con las verdades de la fe. Todo ello influyó en su arquitectura, a la que traspuso la metodología empírica, lo que le llevó a buscar audacísimas soluciones constructivas cual si se tratase de demostrar "a posteriori" abstrusos teoremas de geometría descriptiva y proyectiva. Sus conocimientos de astronomía y geofísica le proporcionaron también nuevas formas, modelos y simbolismos de los que se sirvió su inagotable fantasía. Esta integración de racionalismo científico y misticismo astrológico-matemático fue la que hizo tan atractiva su arquitectura a los maestros del barroco tardío por toda Europa.Entre sus escritos de carácter científico destacan: Placita Philosophica (1665), Compendio della sfera celeste y Euclides adauctus (1676), Coelestes Mathematicae (1678) y Leges temporum et planetarum (1683). Entre sus obras propiamente arquitectónicas se cuentan: Modo di misurar le fabbriche (1674), Trattato di fortificazione (1676) y, sobre todo, Architettura Civile, tratado póstumo que dejó incompleto y publicó muchos años después de su muerte, en 1737, su discípulo Bernardo Vittone. Los dibujos de este tratado se editaron, sin embargo, sólo tres años después de su fallecimiento con el título Disegni d’architettura civile ed ecclesiastica, y son de suma importancia para conocer la obra perdida o no realizada de su autor; además, ejercieron un influjo decisivo en los arquitectos europeos del barroco tardío, especialmente de Austria y del sur de Alemania. En España se observan ecos del estilo guariniano, sobre todo, en Ventura Rodríguez (v.).En cuanto a las influencias que se entremezclan en su arquitectura, además de la del barroco romano, especialmente de Borromini (v.), se perciben otras tan extrañas como la del arte gótico y árabe. G. muestra en sus escritos gran estima por la arquitectura gótica, aprendida quizá durante su estancia en París en contacto con el neogoticismo francés y con tratadistas como Derand, Jousse y Desargues. Más patente es todavía el impacto de lo musulmán. Se ha supuesto que, durante su viaje a España y Portugal, quedó impresionado por las cúpulas hispanoárabes y mudéjares, pero dicho viaje se hace cada vez más problemático. Ciertamente, G. enumera en su Architettura Civile varios monumentos españoles, pero parece que esta lista la tomó del libro de J. Caramuel Arquitectura recta y oblicua. Los críticos más recientes se inclinan por creer que el arabismo guariniano se originó en Sicilia, donde, al tiempo de su estancia en Mesina, se conservaban monumentos arabizantes hoy desaparecidos. Además, en el mismo norte de Italia, en la catedral de Cassale Monferrato, existe una cúpula nervada de tipo árabe que debió de ver G.Obra arquitectónica. Antes de afincarse en Turín, G. ya realizó obras de importancia, como la fachada cóncavoconvexa que añadió a la iglesia de la Anunciata de Mesina, destruida en el terremoto de 1708, y S. Anne-la-Royale de París, no concluida hasta 1720 después de introducir en ella importantes cambios. La cúpula de esta última iglesia es todavía bastante tradicional, aunque decorativamente lleva ya los arcos entrecruzados que luego se convertirán en la estructura característica de las cúpulas guarinianas. Sus obras maestras son, sin embargo, S. Lorenzo y la capilla del Santo Sudario en Turín.En S. Lorenzo, comenzado en 1666 y no concluido hasta 1687, el esquema planimétrico es aparentemente claro: un octógono de lados convexos hacia el interior a los que se contraponen los huecos cóncavos que albergan las capillas. Sin embargo, el movimiento ondulado con que se interpenetran los diversos planos no deja percibir con claridad dicho esquema, produciendo la impresión de que el peso de la enorme cúpula se sostiene sobre las frágiles columnas interiores y no sobre las sólidas paredes externas a través de las fibras elásticas ocultas tras las pechinas. Este procedimiento de aligerar la estructura, gótico en el fondo, culmina en la cúpula misma sostenida por nervios entrecruzados de ascendencia musulmana. Entre y por encima de los nervios se abren óculos y ventanas, con lo que la cúpula pierde la solidez y compacidad de las cúpulas barrocas y adquiere una diafanidad luminosa hasta entonces . desconocida. El revestimiento marmóreo de los altares, los estucos de los arcos, el tratamiento de los órdenes clásicos con evocaciones naturalistas traducen al fantástico decorador que se encierra en G., complementando al sabio matemático calculador de las más sutiles y audaces estructuras.Más fabulosa es todavía la capilla del Santo Sudario, construida en el presbiterio de la catedral de Turín con acceso desde el Palacio Real. Comenzada por Castellamonte en 1657, fue continuada por G. a partir de 1668. La zona inferior es ya una maravilla. Los segmentos cóncavos de los accesos, cuyos vértices determinan un esquema triangular, se compenetran en ritmo sincopado con el anillo circular destinado a sostener la cúpula. Esta zona queda en penumbra, acentuada por el uso de mármol negro para el revestimiento de las paredes. Pero el prodigio estalla en la cúpula, vibrante de luz, portentosa filigrana de elasticidad y ligereza, perforada como un cesto. Se compone de una serie de hexágonos formados por arquerías caladas superpuestas que, a medida que ascienden, se van estrechando y disminuyendo hasta esfumarse en el espacio como una fuga musical. Toda la capilla posee un marcado simbolismo trinitario: el triángulo inscrito en un círculo de la base alude al Padre, los atributos de la Pasión pendientes de los capiteles al Hijo, y la cúpula llameante coronada por la bíblica Paloma, al Espíritu Santo.Otras iglesias de planta circular debidas a G. son la de los Somascos en Mesina, S. Felipe Neri de Cassale Monferrato, S. Cayetano de Niza, S. Nicolás de Vicenza y el santuario de Oropa, las dos últimas no realizadas aunque grabadas en la Architettura Civile, y las demás muy modificadas por sus constructores. Tanto o mayor interés que las iglesias guarinianas de planta central presentan las de desarrollo longitudinal con crucero y capillas laterales. Sus penetraciones cóncavo-convexas, sus ritmos sincopados y sus líneas ondulantes en continuo fluir hicieron luego furor en los arquitectos europeos del barroco tardío. Fueron éstas las de S. Felipe Neri, transformada luego por Juvara, y del Arzobispado de Turín, S. María de Oetting de Praga y S. María de la Providencia de Lisboa, destruida esta última en el terremoto de 1755. Aquí el movimiento se desbordaba frenéticamente hasta alcanzar las pilastras y entablamentos, constituyendo lo que el mismo G. denominó "orden ondulante".Entre los monumentos de carácter civil levantados por G. hay que señalar el Colegio de Nobles de Turín, hoy Academia de las Ciencias, maciza construcción de ornato todavía en parte manierista, la ampliación de la villa Raconiggi y el Palacio del príncipe Carignano, presidido por el cuerpo elíptico del atrio y escaleras, que con las alas laterales forma una composición ondulante de suprema elegancia. Todo el edificio es de ladrillo cocido, con la decoración tallada a base de estrellas y otros motivos de acusada personalidad e inventiva.V. t.: BARROCO.A. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS.
BIBL.: C. G. ARGAN, La arquitectura barroca en Italia, Buenos Aires 1960; R. WITTROWER, Art and Architecture in Italy (1600-1750), Londres 1958; P. PORTOGHESI, Guarino, Guarini, Milán 1956; VARIOS, Guarino Guarini e Cinternazionalitá del Barocco, 2 vol., Turín 1970.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.