Greuze, Jean Baptiste
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Biografía GER
Pintor francés de la segunda mitad del s. XVIII. N. en Tournus en 1725; m. en París en 1805. Venido de Borgoña a París a mediados del s. XVIII, G. conquistó la fama de un modo fulminante en el salón de 1761 con un cuadro de género La desposada lugareña (Louvre), idilio rústico donde un labrador, anciano y ciego, bendice a su nieta y al novio de ésta, en medio del enternecimiento de la numerosa familia. Fue como si una corriente de aire fresco hubiera traído a París el ambiente campesino y las virtudes del pueblo rural. Y Diderot (v.) ensalzó a G. como el renovador de la pintura, frente al arte mundano y corrompido de Boucher (v.). Tal triunfo entona con la evolución de la moda bajo la influencia de Rousseau (v.) y de la novela inglesa, con la exaltación de la naturaleza, de la vida rústica, de la familia y de la virtud. Víctima de su propio éxito, G. siguió explotando la misma vena sentimental y edificante con cuadros tiernos (La buena madre, La cena de Reyes, El paralítico atendido por sus hijos) o melodramáticos (La maldición paternal, El castigo del hijo malvado), todos concebidos como escenas de teatro convencionales, con mucho efectismo y gesticulación. En estas pinturas "literarias", G. fue malgastando indudables dotes pictóricas con un dibujo cada vez más blando y un color más insípido.Otro género de cuadros, tan artificial, pero menos ingenuo, contribuyó a su fama: sus figuras de mujeres casi niñas, falsas aldeanas y falsas ingenuas (La lechera, El pájaro muerto, El cántaro roto), que no enseñan pero sí dejan adivinar sus encantos con una sensualidad más hipócrita que la de Boucher o Fragonard (v.). Pero a los pocos años se cansó el público y G. murió olvidado después de la Revolución.Sin embargo, su importancia no es puramente histórica y G. nos aparece hoy como un retratista excepcional, que cuenta entre los mejores de un siglo muy fecundo en este género, y que está muy influido por la técnica de Rubens (v.), con su color pastoso, y la fogosa espontaneidad de su pincelada. Mejores todavía que los de mujeres (Sophie Arnould) o de niños (Popo Stroganov), siempre algo más "sentimentales", son los retratos de familiares o amigos (su suegro el librero Babuti, su compañero el grabador Wille); dan a conocer al gran pintor que G. podía haber sido.PAUL GUINARD.
BIBL.: L. HAUTECOEUR, Greuze, París 1913.
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