Granvela, Antonio Perronot de
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Biografía GER
Obispo de Arrás, cardenal arzobispo de Malinas y uno de los hombres más influyentes en la política europea del s. xvl, como consejero de Carlos V y Felipe 11. N. en Besan~on el 26 ag. 1517. De familia burguesa del Franco Condado, su padre, Nicolás, ya había sido consejero y canciller de Carlos V. Cuarto entre 15 hermanos, A. P. de G. estudió la carrera eclesiástica y recibió una formación humanística en Lovaina -donde se relacionó con círculos erasmistas, que le proporcionaron una actitud transigente ante el problema religioso- y más tarde en Padua y París.Figura ya en el séquito del Emperador cuando la coronación de éste en Bolonia. Vacante la sede episcopal de Arrás, la ocupa a los 21 años, siendo ordenado sacerdote en 1540 y consagrado obispo en Valladolid tres años más tarde. En esa misma fecha Carlos V le confiere el título de consejero. La agotadora actividad que exigía la agitada escena política y la quebrantada salud del Emperador, llevan a las manos de G. las riendas de nuevos negocios de Estado. En septiembre de 1549, ostenta la representación imperial para recibir al príncipe Felipe a su llegada a los Países Bajos. En 1554, propone y negocia el matrimonio de D. Felipe con la reina María de Inglaterra. Un año más tarde, en las abdicaciones imperiales de Bruselas, habla en nombre de los Estados Generales de Flandes.El reinado de Felipe II comienza con el recrudecimiento de la tensión hispano-francesa, que culmina en la batalla de San Quintín y desemboca en Cateau-Cambrésis (v.), tratado de paz en el que intervino decisivamente el obispo de Arrás. Se inicia entonces un nuevo periodo de la historia de Europa y el desplazamiento de G. hacia uno de los centros más críticos de los dominios de Felipe II: los Países Bajos. Desde 1559, su actividad se desarrolla dentro del Consejo privado de la gobernadora Margarita de Parma, que le protegió e influyó ante la Curia romana para su promoción al cardenalato. A él unió más tarde el arzobispado de Malinas, de gran poder en Brabante, concedido por Felipe II. Hombre de arrogante presencia, hábil y codicioso de poder, no consiguió el apoyo popular de los Países Bajos. La total aceptación del espíritu de Trento, plasmada en la creación de nuevos obispados dependientes de su sede, terminó de enajenarle el favor de la nobleza. En 1564, so pretexto de descanso, se retira a su tierra del Franco Condado. Pero en él se ha producido un cambio grande: ha muerto el erasmista, el hombre de diálogo, y ha surgido el intransigente. Quizá frente a otra intransigencia, la calvinista.Sus años siguientes transcurren en Italia. Allí vive "como una marchita reliquia del pasado imperial" (Elliot, o. c. en bibl. 290). Habiendo tomado parte en el cónclave que eligió a Pío V, su nueva actividad política está unida a la defensa del Mediterráneo frente al peligro turco. Interviene en la constitución de la Santa Liga que prepara la victoria de Lepanto. En ese mismo año (1571), es nombrado virrey de Nápoles. En Roma desde 1575, el último periodo de su vida política comienza en marzo de 1579, cuando Felipe II le llama a Madrid. Preside G. el gran viraje de la política filipina, que, algo recuperada de la gran quiebra económica de 1575, se muestra más activa y autoritaria. Desde sus nuevos poderes, atiende a los asuntos italianos, reorganiza la política española y, en especial, intenta el saneamiento de la todavía maltrecha Hacienda. En el incomunicado Imperio español vio G. la necesidad de dominar los mares, creando una gran flota que terminara con ese aislamiento.Cuando Felipe II marcha a ocupar el trono portugués, deja a G. en funciones de regente. Es la culminación de la carrera de un hombre que siempre ambicionó el poder, pero que fue "servidor fiel y hombre incapaz de hacer traición", como dijo Carlos V en una instrucción a Felipe II, dada en Palamós en 1543. Al final de su vida ya no conserva el favor real ni Felipe II atiende su opinión de buscar en Lisboa, la puerta del océano, el centro del Imperio. El 21 sept. 1586 moría en Madrid el cardenal G. Con él se diluía la última sombra de la época carolina.M. ESPADAS BURGOS.
BIBL.: M. VAN DURME, El Cardenal Granvela. Imperio y Revolución bajo Carlos V y Felipe II, Barcelona 1957; J. H. ELLIOT, La España Imperial, Barcelona 1965.
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