Granada IV Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Edad Media. La importancia de la región durante la Prehistoria, y de la G. iliberritana en la Protohistoria y Edad Antigua, han sido objeto de apasionado estudio arqueológico desde el s. XIX; la cuidada reconstrucción de tal remoto pasado puede seguirse a través de las reliquias existentes en el Museo Arqueológico Provincial. EJ acceso del arte granadino a un lugar de privilegio en la historia del arte, no sólo español sino universal, tiene lugar a partir de su aportación al arte hispanomusulmán y al árabe de todos los tiempos en el bajo medievo. Precedida por una serie de edificios que, desde el s. XI al XIII, suponen una activa experimentación artística, como ha demostrado en diversas publicaciones Manuel Gómez-Moreno Martínez, la Alhambra (v.) y el Generalife, construidos entre los s. XIII y XV, estarían llamados a convertirse en conjuntos monumentales únicos.El último gótico y el Renacimiento. La decisiva intervención de las poderosas familias Mendoza y Fonseca en la introducción del Renacimiento en España alcanzó al recién conquistado reino en la importante empresa artística que fuera el Castillo-palacio de la Calahorra, edificado por iniciativa del marqués del Zenete, obra singular por su rápida construcción, entre 1509 y 1512, y por sus rasgos estilísticos. Consta la intervención del segoviano Lorenzo Vázquez (v.) en la construcción de esta imponente fábrica, debiéndosele el elegante porte militar de la misma, que se resentiría de las transformaciones impuestas por el italiano Michele Carlone, que trazó y dirigió el palaciego e italiano interior de esta arquitectura.No seguían este planteamiento abiertamente renovador las obras emprendidas en la ciudad. La Capilla Real de Granada, trazada en 1505, se concibe como una modesta iglesia del estilo de las de las órdenes mendicantes; su realización se encargaría al maestro Enrique Egas (v.), que también lo sería del Hospital Real construido en la ciudad, y sus obras, que se concluirían, en lo esencial, en 1519 son paralelas a las del fantástico castillo-palacioEl verdadero creador de un renacimiento andaluz será Diego Siloé (v.). En 1528 sucede a Egas en la maestría de obras de la Catedral, que se construía con el deseo de exceder en magnificencia a las de Sevilla y. Toledo; aquí Siloé daría lugar a un coherente y revolucionario plan que hace de éste uno de los edificios más importantes de la arquitectura cristiana, uniendo la planta central y la basílical en un esfuerzo de clasicismo insuperable. Esta genialidad la afirmaría en la resolución de otros problemas arquitectónicos, al cubrir, aunque con una visión más tradicional de la arquitectura, el crucero de S. Jerónimo, continuando la obra de Jacobo Florentino, o en su larga secuela de trazas y proyectos dentro y fuera del reino de G.; la catedral de Guadix, la Iglesia parroquial de Iznalloz, la de Montefrío, su probable intervención en la de S. Gabriel de Loja.En el panorama de la arquitectura del s. XVI, en G. emerge inquietante la figura del toledano Pedro Machuca (v.), que dejará en esta actividad, pues cultivó además la pintura, una sola obra: el palacio del emperador Carlos V, en el recinto de la Alhambra.No se ejecutarán obras de la magnitud de la Catedral en los finales del s. XVI y principios del XVII; la inspiración herreriana cundirá, y una obra de auténtica personalidad, como la Chancillería, se convertirá muy temprano en inspiración de los arquitectos locales.Tras la conquista, las exigencias del culto motivaron la extensión de la escultura y la pintura por el reino; también aquí, como en la arquitectura, los comienzos del arte que se iba a desarrollar en la G. moderna contemplarían la transición del arte gótico al renacentista. Góticas son las imágenes de la Virgen con el Niño, del maestro Roberto Alemán, en la Puerta de la justicia de la Alhambra; la Virgen de la Antigua de la Catedral; la Anunciación de Santa María de la Alhambra. Maestro de transición es Jorge Fernández, autor de la portada a la Catedral de la Capilla Real.El Renacimiento, en escultura, penetrará con los maestros italianos; Domenico Fancelli (v.) y Jacobo Torni el Indaco significan esta presencia en la ciudad. El primero esculpiría el marmóreo sepulcro de los Reyes Católicos para la Capilla Real; su continuador sería Bartolomé Ordóñez (v.), que esculpiría, para el mismo lugar, el de Da Juana y D. Felipe. Del Indaco es el grupo del Entierro de Cristo, del Museo de Bellas Artes, obra de modelado monumental y equilibrado, espléndida muestra del arte de componer del Renacimiento. Sin duda, un momento crucial de este desarrollo será el retablo mayor de la Capilla Real, encomendado en 1517 al maestro Felipe Bigarny (v.) y en el que colaborarían Alonso Berruguete (v.) y probablemente el Indaco.A los italianos seguirían los esfuerzos de la escuela local centrada en torno a dos figuras, Machuca y Siloé, siendo más duradera la influencia del segundo, que esculpió en piedra y en madera, a través de sus discípulos Diego de Aranda, Toribio de Liébana, Baltasar de Arce y Diego de Pesquera, cuya actividad llena todo el comienzo del último tercio del s. xvi.En pintura, como señala Angulo, la transición se puede seguir con más facilidad en los libros del Coro de la Catedral: de Juan de Cáceres y Pérez, o del más importante de los maestros que se dedican a la iluminación, Juan Ramírez, y algunos retablos como los de S. Ana de la Catedral y el de la Asunción de la iglesia de S. José. Será Machuca quien encabece el pleno Renacimiento: tablas conservadas en la Capilla Real, el retablo de la S. Cruz de la Catedral (1521) y el que le atribuye Gómez Moreno en Monachil (Granada). Después de él trabajarán como fresquistas en la Alhambra, decorando el Tocador de la Reina, julio de Aquiles y Alejandro Mayner. En las últimas etapas del Renacimiento ningún pintor producirá G. que alcance la fama, y será Pedro de Raxis (1626) quien marque la transición del manierismo al naturalismo.El barroco. En arquitectura, como en el resto de la actividad artística del periodo barroco, la llegada de Alonso Cano (v.) a G. y su trabajo en ella hasta el momento de morir, son decisivos para marcar un sello particular al desarrollo posterior. En la etapa de su plena madurez, el Racionero acertará a realizar la única gran obra arquitectónica que conocemos como indudablemente suya: la fachada de la Catedral (1667). Su huella será visible hasta el final de la época barroca en la ciudad, pero hay un ciclo arquitectónico que de manera especial se liga al maestro y a su obra: el que centra Juan Luis Ortega (1628-77), maestro que dirigió las obras de la iglesia de monjas del Ángel Custodio, la de Nuestra Señora de las Angustias y, probablemente, la de las agustinas, que sería su última obra. Francisco Hurtado Izquierdo (1669-1725; v.) será el heredero y transformador de las formas de Cano. Llegado a G. para trabajar en dos capillas Sacramentales, en el Sagrario de la Cartuja -asiento de importantes obras de la figuración setecentista en G.- desde 1702, y en el de la Catedral desde 1704, todo el quehacer artístico del s. xvtii en G. estará vinculado a él a través de una importantísima escuela, en la que destaca José de Bada (1691-1755), genio ecléctico de difícil comprensión, que realizará en G. una diversa e importante obra: su fachada del Sagrario (1722) la del Ayuntamiento (1722-28), o la iglesia de S. Juan de Dios (1737-59) obedecen a un deseo de experimentación de nuevos moldes, que van desde el más correcto academicismo al más personal afán decorativista. Las dos últimas grandes obras del periodo, la Sacristía de la Cartuja, cuyo autor no ha sido satisfactoriamente identificado, y el Castillo de Bilataubín, obra de Luis de Arévalo y el maestro Rodríguez, pertenecen a maestros de generación distinta a la de Hurtado, pero evidentes conocedores de la investigación que les ha precedido.Fuera de la ciudad, el barroco producirá importantes obras, destacando la de los maestros vinculados a la catedral de Guadix, que sobrepasaron, no obstante, el ámbito regional en su actividad, como lo habían hecho Hurtado y sus herederos, Vicente Acero y Torcuato Cayón.En el campo de la figuración barroca, la influencia de Cano no sería menos decisiva para las escuelas granadinas de escultura y pintura que en la arquitectura. Cano supondrá la superación genial de una tradición figurativa encarnada por figuras de la dignidad artística de un Fr. Juan Sánchez Cotán (v.) o un Alonso de Mena (v.). En escultura, dos discípulos suyos, Pedro de Mena (v.) y José de Mora (v.), llenan el s. XVII y vigilan el nacimiento del XVIII, en cuyo primer cuarto penetra la actividad de los Mora, siendo los discípulos de Diego de Mora los que engarzan ambas épocas, debiéndose destacar entre ellos a José Risueño, Ruiz del Peral y Vera Moreno.En pintura, como ha señalado Orozco, la influencia de Cano en sus discípulos se puede valorar doblemente, suponiendo, de un lado, el positivo aporte de los modelos del maestro y, de otro, freno y limitación temática al imponer una "espiritualidad que les arrastra hacia lo ideal, al mismo tiempo que les aparta de toda interpretación excesivamente apegada a lo realista y cotidiano". De entre la generosa pléyade que fue la escuela de pintura granadina deben destacarse los nombres de Pedro Atanasio Bocanegra y Juan de Sevilla.Época contemporánea. A partir del s. XVIII y durante toda la contemporaneidad, G. se convertirá en tema de arte y objeto de la reflexión artística. Entre gran número de artistas granadinos o vinculados a la ciudad (Antonio Haro, J. Sanz del Valle, J. B. Guzmán, García Guerra, Barrecheguren, I. Marín Cares, J. Larrocha González, K. Latorre), destaca la figura de D. Manuel Gómez-Moreno González (1834-1918), figura fundamental de la cultura contemporánea en G. Entre los artistas citados se encuentran los maestros de una brillante generación que desarrolla su obra en la primera mitad de nuestro siglo, de la que son destacados representantes José Rodríguez Acosta (1878-1941), José María López Mezquita (1883-1950) y Gabriel Morcillo (1888). Después de ellos, las generaciones de artistas se han sucedido y la floración del arte granadino muestra un perfil ininterrumpido, en el que tradición y modernidad suponen una bipolaridad definidora.Museos e instituciones. Entre las instituciones existentes en la ciudad relacionadas con la vida artística destacaremos en primer lugar su importante serie de Museos, el Nacional de Arte Hispanomusulmán y el Provincial de Bellas Artes instalado en el recinto de la Alhambra, el Arqueológico Provincial en la casa del Castril, el de la Capilla Real, el Catedralicio, el de la Casa de los Tiros, el de la Fundación Rodríguez Acosta, el Manuel de Falla, el de la Abadía del Sacro Monte, a los que se han unido las nacientes galerías de exposiciones en nuestros días. La más antigua de las instituciones dedicadas al fomento de las artes es, sin duda, la R. Acad. de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias. Importante impulsor de la actividad artística y la reflexión sobre el arte en nuestros días es la Universidad.I. L. HENARES CUÉLLAR.
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