González, Julio
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Biografía GER
Escultor español, n. en Barcelona el 21 sept. 1876, m. en Arcueil, cerca de París, el 27 mar. 1942. Hijo de orfebre -y, en alguna proporción, escultor-, julio se familiarizó desde muy temprana edad con las técnicas contingentes al metal, como su hermano Juan, no sólo hermano, sino amigo inseparable. Ambos hermanos, descubriéndose vocación de pintores, ingresan en la Escuela de Lonja, pero no tardarían en abandonar los colores, en tanto perseveran en el arte de la metalistería. En 1898 exponen en Chicago y en Barcelona y son premiados con Medalla de Oro. Hacia 1900, la familia se traslada a París, julio traba relación con Picasso y su grupo, y comienza a realizar escultura en hierro, en la serie de las máscaras. En 1908 muere su hermano y amigo Juan, y la desgracia le hace perder el gusto del trabajo, si bien no deja de pintar y esculpir, casi en soledad absoluta. Recobra el deseo de vivir y trabajar en 1927, y se entrega de lleno a la escultura en hierro, con más máscaras y naturalezas muertas. Abandona los principios cubistas -en realidad, nunca los profesó enteramentey se dirige a una abstracción integrada en el espacio.Por algún tiempo asesora a Picasso en la técnica de la escultura. En 1939 acomete la serie de los hombrescactus. La guerra le obliga a dejar inconclusas muchas obras, pero continúa haciendo versiones parciales de su Montserrat, de 1937, la obra maestra -y la más conmovedora, compacta y realista- de Julio. Estaba en trance de terminar otra gran escultura figurativa cuando le sorprendió la muerte. Sin embargo, dejó una vasta obra, acompañada de comentarios escritos, a los que se añaden los recuerdos de su hija Roberta, la esposa de Hans Hartung. Son harto interesantes estos datos incluso cuando nos informan de que Julio G. aprendió la técnica de la soldadura autógena en las fábricas Renault, cuando trabajó en ellas durante 1916-17. He aquí cómo una industria de guerra proveía de posibilidades a un gran artista, lo que éste no dejó de anotar en sus escritos: "La edad de hierro empezó hace siglos, produciendo -desgraciadamente- armas, algunas muy hermosas... Ya es hora de que ese material deje de ser mortífero y simple materia de una ciencia mecanizada; la puerta está completamente abierta hoy para que ese material, penetrando en el dominio del arte, sea batido y forjado por pacientes manos de artistas".Esas manos, de momento, eran las suyas; es de ver el amor depositado por julio G. en cualquiera de sus obras, conjuntando unos elementos con otros, conjuntando organismos, creando faunas y floras inéditas, en el caso de los hombres-cactus más sensibles que un hombre y más pinchosas que esa planta, y contando siempre con la colaboración del espacio. Así lo afirmó él: "Proyectar y dibujar en el espacio con la ayuda de nuevos medios, aprovechar este espacio y construir con él como si se tratase de un material recientemente adquirido, he ahí toda mi tentativa". Mas, declarada tan noble ambición, Julio G. sabía mejor que nadie cuál era la naturaleza de los elementos invitados a colaborar con el espacio y cuál la de los exigidores de un núcleo envuelto por el mismo. Ni era dogmático ni estaba esclavizado por ningún programa previo. Sus máscaras eran de una solidez absolutamente férrea, y su altiva Montserrat tan altiva o maciza -o más aún- como si estuviera esculpida en piedra o en mármol. Incluso el sentido mecanicista de El beso, de 1930, lo pierde, una vez contemplado atenta y cariñosamente, para convertirse en poco menos que fisiológico. Por consiguiente, será inútil tratar de hallar en julio G. un abstracto más, ni mejor ni peor que otros, porque no lo es, ya que toda su obra está basada en el más cercano estudio de la naturaleza, de la índole que sea, estudiada con rigor y trabajada con amor, alguna vez diabolizada o extremada, pero porque así lo demandaba el espíritu de cada forma. Sin conexión estilística -y quizá tampoco amistosa- con Pablo Gargallo (v.), julio G. ha sido con él el responsable de la orientación de buena parte de la escultura mundial del siglo, y sus afanes, así como su prodigiosa técnica, no eran acreedores a menos.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: THE MUSEUM OF MODERN ART, Julio González, Nueva York 1956; L. DEGAND, González, Amsterdam 1956; L. FARNOUXREYNAUD (y otros autores), Julio González, París 1959; A. ROIG, Julio González, Madrid 1960.
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