Germanismos (lingüística)
Categoria:
Cultura
Vocablos y expresiones de origen alemán incorporados a la.lengua española. Teniendo en cuenta que, según los investigadores, el número de g. propios que existen en español durante la Edad Media no es superior a 50, resulta evidente que la influencia directa de las lenguas germánicas es muy limitada y que la entrada de g. en español se produce sobre todo a través de otras lenguas, principalmente el latín y el francés.Es interesante mencionar la existencia de topónimos y antropónimos de origen suevo (Suegos, Suegos, Puerto Sueve), pueblo germánico que se estableció en la provincia de Gallaecia en el año 411. Otros nombres de lugar, como Gotor, Toro, Villatoro, Campotoro, o, con t sonorizada: Godina, Godón, Godones, Godos, Gudes, La Goda, Palacios de Goda, Revillagodos, revelan claramente el asentamiento de pueblos germánicos en territorio hispanorromano, así como el hecho de que en un principio no hubo fusión entre los dos grupos humanos, el románico y el germánico, como se pone de manifiesto al considerar junto a los anteriores otros topónimos como Romanos, Romanones, Romanillos, etc. Se atribuye origen germánico a Mondariz, Gomariz, Gondomar, si bien no son propiamente topónimos, ya que están formados por un nombre de persona (el poseedor de la villa o pueblo) con la desinencia de genitivo latino que luego se pierde. La fusión de un elemento latino y otro germánico se encuentra en casos como Castrogériz, Villafáfila, Villasandino, etc. En el grupo de topónimos propiamente germánicos se incluye Burgo(s) y todos sus derivados y compuestos.El latín vulgar (v. LATINA III) recibe los préstamos, primero, como consecuencia del contacto bélico y pacífico de las tribus germánicas en Galia y Germania, y luego, a partir del gótico, cuando en el s. III los visigodos se establecen en Dacia, siendo este contacto el origen de numerosos g. extendidos por todo el territorio de la Romania. También fueron los visigodos quienes a finales del s. iv ocuparon el sur de la Galia y fundaron el reino de Tolosa que, durante el s. V, se convirtió en foco de irradiación de g., algunos de los cuales se introdujeron en la península Ibérica. El papel que los godos de Toledo (s. VI-VIII) desempeñaron en la evolución del hispanismo no está en consonancia con su repercusión en el plano del vocabulario. Sólo las palabras góticas adoptadas por la población románica en los s. VI y VII hacen entrever la significación alcanzada por el reino visigodo de Toledo. Es importante su aportación a la antroponimia, y así parece fuera de toda duda que la mayoría de los antropónimos usados hasta los s. X y XI en el área del reino astur-leonés y de la Marca Hispánica presentan un carácter homogéneamente godo; son nombres como dlvaro, Alfonso, Bermudo, Elvira, Fernando, Gonzalo (Gonzalvo), Ramón (a través del catalán), Ramiro, Recaredo, Rodrigo, Teodomiro.La infiltración de elementos francos, latinizados hasta el año 600 pero que no entraron en el español hasta más tarde, se produce en dos etapas; la primera abarca desde el s. vil hasta la invasión árabe; la segunda se inicia en el s. XII. Las expresiones germano-francesas llegaron a nuestra lengua, por un lado, a través de la lengua literaria de la epopeya popular, los cantares de gesta, y de la novela cortesana, pero también se produce la propagación de términos francos de manera espontánea, penetrando por dos frentes distintos: el constituido por la zona de Cataluña-Aragón y el de Gascuña-Asturias. Préstamo directo del gótico es, sin duda alguna, el término tregua (gótico, triggwa), y puede atribuirse asimismo origen gótico, según Menéndez Pidal, a triscar y tascar. A través del latín llegan palabras pertenecientes al ámbito jurídico (feudo, heraldo, embajada, bandido), términos militares y guerreros (estribo, espuela, falda, albergue, hacha, marca), otros que se refieren a la técnica de la construcción (bastir, burgo, sala), palabras de la esfera emocional y afectiva (escarnecer, desmayar), y también se incluyen en este grupo la palabra jabón y los adjetivos rico, fresco, blanco.En la Edad Media entraron agasajar, álamo, alto (en sentido de `parada’), ayo, bando, broza, esquila, esquilar, escanciar, estaca, gana, ganso, hato, rueca, sayón, sera, talar, tapa, toldo, truncar, etc. Se atribuye procedencia franca a palabras pertencientes al vocabulario militar, nombres que pertenecen al ámbito de la vida doméstica, costumbres e instituciones como, p. ej.: aguardar, arnés, blandir, brecha, bruñir, cota, espada, gris, guante, guardar,halda, guarecer, guarnecer, yelmo, guisa (también usado como adverbio). A la influencia de la cultura francesa se debe la difusión de nombres propios como Carlos, Roldán, Enrique, Luis, así como de danzar, arpa, giga, antiguo español fellón (esp. moderno `follón’), a. esp. guarnir (esp. moderno `arrear’, `armar’). Ofrecen asimismo interés especial algunas palabras de origen germánico que penetraron en el español durante los s. XV y XVI a través del francés, todas ellas relacionadas con la navegación y marinería, entre las que se pueden citar: bao, boya, escota, estay. En el Siglo de Oro se produce la entrada de algunas expresiones alemanas en el vocabulario español, favorecidas fundamentalmente por las relaciones de tipo político y cultural que existían entre España y Alemania desde el s. XVI. A este grupo pertenecen, entre otras, alabarda, bigote, brindis, chambergo, lansquenete, listo, trincar.En el español moderno la influencia del alemán es sensiblemente menos perceptible que la del inglés. Sin embargo, cabe hablar de una adopción directa en el caso de algunos términos militares como blocao, bunker, panzer, sable, o bien de palabras que pertenecen al vocabulario propio de la mineralogía (bismuto, blenda, cuarzo, feldespato, níquel, potasa, wolframio, cinc) ; de la industria (anilina, bencina, diesel, vaselina) y otras como coche, gripe, etc., muy popularizadas en nuestra lengua. Se han adoptado también numerosos nombres comerciales procedentes del alemán, como, p. ej., aspirina, dralón, indantrén, leica, melabón, veronal, y son también indudables préstamos tomados al alemán kindergarten, kursaal, umlaut, nazi. A través del italiano llega la palabra logia (germ. laubja que significa `emparrado’), y el francés hace de intermediario en el caso de chucrut, berlina, landó, etc. Hay g. de vigencia más restringida, como el término alpenstock (usado por los alpinistas) edelweis, chotis, etc. La aparición del grupo tsch indica transcripción alemana del nombre propio Tschaikowsky. La aportación del alemán al español en los últimos tiempos no se limita a este reducido número de préstamos, sino que se complementa por el papel que juega el alemán como lengua de partida de un nutrido grupo de calcos que han alcanzado amplia difusión en el español actual. Entre ellos pueden citarse: lucha de clases (Klassenkampf), guerra relámpago (Blitzkrieg), acorazados de bolsillo (Taschenpanzerschif f), materialismo dialéctico (dialektische Materialismus), cosmovisión (Weltanschauung), vivencia (Erlebnis), etc.M. T. ZURDO RUIZ-AYÚCAR.
BIBL.: E. GAMILLSCHE, Historia lingüística de los visigodos, "Rev. de Filología Española" XIX (1932), 117-150, 220-260; fD, Germanismos, en Enciclopedia Lingüística Hispánica, II, Madrid 1960, 79-91; W. REINHART, El elemento germánico en la lengua castellana, "Rev. de Filología Española" XXX (1946), 295305; J. H. PIEHL, Antropónimos germánicos, en Enciclopedia Lingüística Hispánica, I, Madrid 1960, 422-444; ÍD, Topónimos germánicos, ib., 531-560; R. LAPESA, Historia de la lengua española, 5 ed. Madrid 1962; R. MENÉNDEZ PIDAL, Manual de gramática histórica, Madrid 1962; K. BALDINGER, La formación de los dominios lingüísticos en la Península Ibérica, Madrid 1963; H. MEIER y S. DE GELOS, Zur Problematik des germanischen Einflusses auf den romanischen Wortschatz, "Archiv" 205 (1968), 257-288.
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