Gelmírez, Diego
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Biografía GER
La larga vida del primer arzobispo compostelano (n. posiblemente en Santiago de Compostela ca. 1059 y m. ca. 1139) estuvo dedicada (con tesón ambicioso, inteligente y falto de escrúpulos) al servicio apasionado de una causa: la exaltación de la sede de Santiago.Alfonso VI (v.) exoneró de su sede, en 1087 ó 1088, a Diego Peláez, obispo compostelano, y el Concilio de León (1090) confirmó su decisión, aunque conservándole en su dignidad episcopal. También en 1090 murió Don García, ex rey de Galicia, prisionero hasta entonces de su hermano, quien nombró condes de Galicia a la infanta Urraca (v.) y a su esposo Raimundo de Borgoña (v. GALICIA, REINO DE). Con ellos entra en el país la nueva política leonesa, europeísta y abierta a la influencia religiosa de Cluny (v.); a la sombra del borgoñón crece la buena fortuna del joven clérigo G. hijo del conde Gelmírez y educado en el palacio de Alfonso VI, al lado de Doña Urraca. El conde lo pone en 1092 al frente de su escribanía y le nombra administrador de la sede compostelana hasta la llegada del nuevo obispo, el cluniacense Dalmacio, quien varió mucho la actitud de Compostela hacia Roma, hasta entonces bastante recelosa, y logró en el Conc. de Clermont-Ferrand de 1095 que Compostela sucediera en todos sus derechos a la antigua sede de Iria y fuese directamente sufragánea de Roma, con lo que se libraba de depender de la restaurada diócesis de Braga (v.). La muerte de Dalmacio llevó de nuevo a G. al cargo de adruinistrador de la sede, en el que demostró eficacia excepcional. Cuando Pascual 11 (v.) inicia su pontificado en 1099 y decide nombrar nuevo obispo, G. sabe llegada su hora. Desconfiando de terceros, viaja a Roma, logra el apoyo del papa (que le ordena de subdiácono) y, a su regreso, es elegido obispo por el clero de la diócesis (21 abr. 1100) y consagrado en su misma iglesia en abr. 1101.G. dio gigantesco impulso a su diócesis mediante una política de aproximación a Roma y a los cluniacenses, tachada anacrónicamente de "galicanismo", cuando era medida hábil de supervivencia y desarrollo. La masa creciente de peregrinos y el influjo del conde Raimundo le favorecían; siempre cuidó, además, de apoyar sus peticiones a la Santa Sede en un previo contentamiento que mostrara su reverencia (regalos copiosos que llamaba benedictiones; nombramientos honorarios, aunque con efecto económico, de cardenales influyentes como canónigos). Sus objetivos eran dos: romper toda dependencia respecto al arzobispo de Braga y atacar la primacía de Toledo, cuya sede ocupaba el cluniacense Don Bernardo. Dos bulas de Pascual lI (31 die. 1101 y 1 mayo 1102) confirmaron la dependencia directa de Santiago respecto a Roma y su carácter de sucesora de la antigua sede de Iria, la capacidad para exigir el tributo llamado "voto de Santiago" desde el Pisuerga al océano y la plena jurisdicción civil y eclesiástica de G. respecto a las iglesias "propias" situadas fuera de su diócesis. Su inmediato viaje a las que poseía en la de Braga para ejercer este derecho tuvo caracteres hirientes; a su regreso trasladó fraudulentamente las reliquias de S. Fructuoso (v.) a su catedral. La disputa que tuvo lugar con la sede de Mondoñedo sobre ciertos arciprestazgos se debió también a la activa expansión compostelana.Por entonces inició G. profundas reformas eclesiásticas: estimuló la construcción de la nueva basílica románica, ya ideada por Peláez, amplió la escuela catedralicia y reedificó muchas iglesias, aumentó el nivel cultural y social de su clero. Los canónigos llegaron a ser 72, de los que siete eran presbíteros o "cardenales" llamados así al menos desde 1101 por concesión muy especial de Roma, ya lograda por algunas sedes (Magdeburgo, Tréveris, Aquisgrán, Besancon, Colonia). G. trabajó con ardor por su elevación al rango de arzobispo: en 1104 viajó a Roma y obtuvo el privilegio personal de usar palio, pero fue años después, en 1120, cuando Calixto II (v.), hermano del ya fallecido conde Raimundo y gran animador de la peregrinación, concede a Compostela la dignidad arzobispal de la antigua sede de Mérida (bula 27 feb. 1120). Más aún: nombra a G. legado pontificio sobre las "provincias" eclesiásticas de Mérida y Braga. Llegaba la hora de combatir la primacía toledana, pero la muerte de Calixto II en 1124 truncó este proyecto. El excesivo crecimiento de Santiago despertaba suspicacias y Honorio II se resiste en 1128 a conceder de nuevo la legación solicitada; pero G. había conseguido ya mejoras que situaban a Santiago entre las primeras sedes de la península. Aquel año, Alfonso VII (v.) hizo renuncia de toda intervención regia en futuras designaciones de prelados compostelanos. Este auge prodigioso tuvo bases temporales que la época reclamaba; en aquellas décadas el reino estaba invadido por usos feudales, adoptados por G. con criterios y modos de gran señor. Fomentó la afluencia de peregrinos, fuente de prestigio y de riqueza, al construir hospedajes y facilitar el tránsito por el "camino francés". Bajo su mando las "temporalidades" de la sede aumentaron gracias a numerosas mercedes hasta transformarse en gran señorío cuyo dueño actuaba como precursor de la marina peninsular e instalaba nuestra primera cancillería; en 1128, cuando Alfonso VII creó la suya, nombró a G. canciller, vinculando el cargo a los prelados compostelanos.Las mercedes eran, unas, de orden jurisdiccional, como las concedidas por el conde Raimundo en 1094 y 1105, al regular la situación de los burgueses de Santiago, pero otras llevaban consigo nuevos lugares o rentas. Así las dadas por el mismo conde en 1107, poco antes de morir, las logradas en 1128 de D. Pedro Froilaz, conde de Traba, también en su última hora y tras largos años de disputas causadas por la vecindad de sus intereses señoriales o, sobre todo, el codiciado permiso para acuñar moneda, arrancado a Alfonso VI en 1109, poco después de la derrota de Uclés, tras años de insistencia; la merced redondeó los poderes del obispo, uno de los pocos magnates en quien los monarcas renunciaron aquella regalía.El señorío, "honor" o "tierra" de Santiago gozó fama de inmensa riqueza entre sus contemporáneos. La población rural era "ingenua" pero, sometida al "patrociniutn" del obispo, continuaba tan adscrita a la tierra como si fuese sierva. El caso del naciente y próspero "burgo" compostelado era diferente y G. reconoció su carácter especial eximiéndolo de las ordenanzas jurídicas que dio en 1113 y 1125, pues lo componía una población de mercaderes y artesanos llegada en busca de mejores provechos y en contacto inmediato con influencias traspirenaicas. Los "burgueses" eran gobernados, muy a su pesar, por un villicus civitatis nombrado por el obispo. La rebelión de 1116 y 1117 se encuadra, así, dentro de un hecho medieval europeo: el esfuerzo violento de las burguesías ciudadanas para alcanzar su autonomía político-administrativa, aprovechando, aquí, una fase del agitado reinado de Urraca I (1110-1124) durante la cual G., temeroso de ser privado de su señorío por la reina, reconoció a su hijo Alfonso (luego Alfonso VII), alzado rey de Galicia en 1110 por su ayo el conde de Traba. Los burgueses se unieron a parte del clero formando una "hermandad" juramentada cuyo triunfo fue completo, aunque pasajero. Cuando G. reconcilió a madre e hijo en 1117, se deshizo de los sediciosos y alcanzó la cúspide de su influencia política basado en aquel papel de mediador y en el nombramiento arzobispal de 1120. El afianzamiento de Alfonso VII desde 1124 termina con esta faceta de su actividad. La última década de su vida, anciano y con mala salud, transcurre en el marco de su sede, a la que había engrandecido como nadie aprovechando con fuerza todas las coyunturas. La rebelión comunal de 1136 le recordaría dolorosamente, en el ocaso de su vida, otras fechas más duras, pero también más brillantes, en su carrera de eclesiástico, señor y político. M. en Santiago en 1139.M. A. LADERO QUESADA.
BIBL.: Fuente principal para la vida y hechos de G. es la Historia Compostellana que él mismo encargó escribir ’a cinco de sus seguidores (Hugo, Nuño Alfonso, Pedro Anayá, Giraldo y el maestro Rainerio); A. GORDON BIGGs, Diego Gelmírez, tirst Archbishop ot Compostela, Washington 1949; L. VÁZQUEZ DE PARGA: La revolución comunal de Compostela en los años 1116 y 1117, "Anuario de Historia del Derecho Español", XVI (1945) 685-703; M. MOLLAT, Notes sur la vie maritime en Galice au XII siécle d’aprés 1’"Historia Compostellana", "Anuario de Estudios Medievales" I (1964) 531-540; A. LóPEZ FERREIRO: Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, III y IV, Santiago 1901; R. PASTOR DE TOGNERI;,I`as primeras rebeliones burguesas en Castilla y León (Siglo XII), 1; "Estudios de Historia Social", Buenos Aires, I (1965) 29-106; L. SALA BALUST, Los autores de la "Historia Composte llana", "Hispania" 10 (1943) 16-69; A. X. GARRIGós, La actuación del obispo Gelmírez a través de los documentos de la "Historia Compostellana", "Hispania" 10 (1943) 355-408.
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