Galicia VI. Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Caracteres y evolución. La literatura gallega siguió una línea muy particular, con momentos de esplendor y épocas decadentes, mediatizada por el factor político y lingüístico. Hablaremos aquí, principalmente, de la literatura en lengua gallega, citando, marginalmente, la significativa aportación de esta región a las letras en lengua castellana.En la Edad Media, G. figura entre las primeras sedes literarias de Europa; pero, tras un siglo de esplendor, inicia su decadencia al tiempo que Castilla centraliza la política peninsular y extiende su campo idiomático. Justificadamente escribía el Marqués de Santillana: "Non ha mucho tiempo, qualesquier dergidores o trovadores destas partes, agora fuesen castellanos, andaluces o de la Extremadura, todas sus obras conponian en lengua gallega o portuguesa" (Proemio al Condestable D. Pedro de Portugal, XIV). Tras un siglo en que G. contribuye con fuertes personalidades al desarrollo de la literatura en castellano, resurge el sentido de autonomía étnica, que de un regionalismo multisecular pasa en el s. XIX a un nacionalismo exacerbado. El movimiento de Restauración de la G. del siglo pasado es mitad político, mitad cultural. Viene a ser una consecuencia más del despertar de las nacionalidades y de una liberación, muy romántica, de los lazos centralizadores que impedían el desarrollo de una tradición cultural. Esta Restauración fue lenta, debido a las circunstancias sociales, económicas e intelectuales de la región; y tiene sus marcas externas en la fundación de la Bibl. Gallega, los Juegos Florales y la Real Acad. Galega. En nuestro siglo continúa la misma línea y todavía adquiere un mayor impulso; hay que citar el Seminario de Estudos Galegos, fundado en 1923. En la actualidad, las letras gallegas, sin desligarse de lo autóctono, saben seguir los movimientos literarios europeos.Llama la atención que la literatura del oeste europeo sea preferentemente lírica y en muchos momentos de caracteres populares; hasta tal punto, que aun en las épocas decadentes el pueblo ha conservado frescos sus cantos y cuentos ancestrales. En la Edad Media, la épica no tuvo entrada propiamente en la literatura gallegoportuguesa. Hombres que, siglos más tarde, cultivaron el ensayo (Feijoo, Sarmiento, Murguía, Risco) preferían el castellano para expresarse. Y en el s. XIX, cuando un intento restaurador trata de llegar a todos los campos de la cultura, la prosa y el teatro no admiten el parangón con la lírica de Rosalía de Castro, Pondal o Curros Enríquez. Y es que en G., la tierra, la raza y la misma lengua impulsan a un lirismo natural. Si queremos buscar unas notas dominantes a lo largo de toda esta literatura tendremos que hablar de un sentimentalismo melancólico, la saudade, y un lírico sentido del humor, todo ello patente en la poesía, donde la mujer juega un papel importante.2. Historia de la literatura. Para la literatura en la Edad Media, V. GALLEGOPORTUGUESA, LENGUA Y LITERATURA.Del Renacimiento al romanticismo. Durante el Renacimiento, la pujanza gallega en la lírica peninsular retrocede, respecto al auge medieval; las formas y temática parten del centro y el castellano anula casi totalmente al idioma gallego. Esto no impide que magníficos literatos del Nordeste, como fray jerónimo Bermúdez (1530?-99) o Pedro Fernández de Castro, el conde de Lemos, escriban en elegante castellano. En los s.XVI y XVII apenas aparecen en gallego unas cuantas composiciones: un soneto de Vázquez de Neira, un romance de J. A. Torrado y algunas colaboraciones de las fiestas minervales de la Univ. de Santiago.En el s. XVIII el panorama cambia ligeramente. Hay numerosos escritores gallegos y muy destacados, pero su obra es casi exclusivamente escrita en castellano. Entre los poetas neoclásicos de la segunda mitad del siglo, recordemos al cura de Fruime, Diego Antonio Cernadas de Castro (1698-1777), con una gran facilidad versificadora y amor a la región, pero sin hondura poética, en sus abundantes poemas de circunstancias, amorosos y religiosos. Si a esto añadimos los villancicos gallegos de Antonio M. de Cas= tro y Neira (1771-1826) y el casticismo versificador de M. Freire Castrillón (1751-1821?), junto a los intentos poéticos de Feijoo y Sarmiento, habremos revisado, a grandes rasgos, el movimiento poético de la G. dieciochesca. La obra de Feijoo y Sarmiento representa la cumbre de la erudición gallega de la época. Éste investiga e intenta ampliar los horizontes de su patria chica adoptiva (fray Martín Sarmiento nace en Villafranca del Bierzo, en 1695, y muere en Madrid en 1772). Su nombre en el siglo es Pedro José García Balboa. Es constante su preocupación por G., su historia, su geografía y su lengua, como se ve en Onomástico etimológico de la lengua gallega. Estudio sobre el origen y formación de la lengua gallega (publicado en 1880) y en Memorias para la historia de la poesía y poetas españoles (1775). B. J. Feijoo y Montenegro (v.), el benedictino de Casdesmiro, se plantea en su vasta obra, tanto en Cartas eruditas (1742-60) como en el Teatro crítico (1727-39), la temática más amplia del ensayismo de su época. Sus ensayos, dice J. L. Varela, contienen tres elementos perfectamente conjuntados: experiencia, razón y autoridad, que, junto con su eclecticismo y criterio abierto, dan a sus tratados un aire particular. Tras una pausa decadente de pocos lustros, se llega a un momento de reivindicación, a la Restauración cultural de G.Restauración. Romanticismo. En el s. XIX se produce en G. un despertar literario, que en sus principios, primer tercio del siglo, fue político, y que buscaba un resurgimiento del más hondo sentido autóctono en todas las esferas de la cultura. Fueron tópicos en tales momentos la autonomía lingüística, geográfica y política de otros tiempos. Esas ansias de libertad nacieron de la descentralización en el terreno político, provocada por la invasión napoleónica, y del vigoroso movimiento romántico.Poesía. La temática viene a coincidir con la de este romanticismo, pero con un espíritu y sello propio, ya acusado en los precursores y en los componentes del Álbum de la Caridad (1862), antología de la poesía gallega, que, junto a los Juegos Florales y a los numerosos periódicos de la época, abre el surco de aquel movimiento. Recordemos solamente a A. Faraldo (1823-53) y Rúa Figueroa (1820-55), F. Aíión (1812-78), L. Rodríguez Scoane (1836-1902), M. Leiras Pulpeiro (1854-1912) y N. Pastor Díaz (1811-63).En la segunda mitad del siglo surgen tres colosos de la lírica gallega, tres poetas de diversas zonas, que darán un gran impulso a las letras regionales: Eduardo Pondal, (1835-1917), Rosalía de Castro (v.) y Curros Enríquez (v.). Pondal, "el bardo", hace una poesía de categoría europea, recia, cruda, entre una naturaleza agreste y vigorosa.Cantando a la libertad con gesto rebelde, trata de renovar la intrahistoria de su región. Es, como dice Varela, poeta de "ética castrense", que en una obra reducida da intensidad evocadora. Ahí tenemos sus Rumores de los pinos (1877), bilingüe, y, sobre todo, Queixumes dos pinos (1886), donde se emociona con una G. entre soñada y.real, en una maestría de ritmos. Rosalía de Castro es la gran poetisa lírica de toda esta literatura. En su obra se conjugan los elementos de raza con el alma gallega y su propia intimidad dolorida. Por cualquiera de sus poesías de Cantares gallegos (1863), de Follas novas (1880) o En las orillas del Sar (1884), murmura la saudade, con un fondo estoico, pero sin la marca paganizante de Pondal. Manuel Curros Enríquez es el poeta político del Noroeste, y, en consecuencia, su fama se extendió a pasos agigantados. De temperamento rebelde y vida azarosa, escribió en el mejor gallego de su generación Aires da miña terra (1880) y O divino sainete (1888). Durante su estancia en La Habana fundó la rev. Tierra gallega y cultivó el periodismo. Es poeta desigual de tono, pintoresco y, a veces, sarcástico.Ya muy lejos de estas tres figuras, siguen las mismas directrices el orensano V. Lamas Carvajal (1849-1906), con una visión negra del campo gallego, y otros numerosos versificadores por tierras americanas, que al lado de los 52 vol. de la Bibl. Gallega, forman el eslabón poético de los dos siglos.Teatro y prosa. Poco diremos del teatro gallego en el s. XIX. Las dificultades y limitaciones que impone una lengua regional a la representación fueron el principal obstáculo. No obstante, hay intentos dramáticos en gallego, a cargo de Salas y Quiroga (1813-49), Camino (182161) y Galo Salinas. El esfuerzo de la prosa gallega (hasta finales del siglo casi toda en castellano) tiene como finalidad el redescubrimiento del país y la restauración de la cultura y de un modo de ser. En los comienzos de este resurgir, una generación de periodistas prepara el ambionte y abre camino a no pocos escritores, como Neira de Mosquera (1823-54), autor de célebres Monografías sobre temas y escritores gallegos, y de muchos relatos novelescos. Destaca entre los precursores el primer extremista del movimiento regional, Antolín Faraldo, notable por sus artículos y ensayos de tono histórico y político-social.Era inevitable que en un momento restaurador un buen número de hombres se dedicaran al estudio de la historia de G.: Desde Verea (1775-1849) y Benito Vicetto (182478), también célebre novelista en Los hidalgos de Monforte (1851), Rojín Roal... (1855), hasta Saralegui (18391910), Martínez Salazar (1846-), fundador de la Bibl. Gallega y de la rev. Galicia; Villaamil y Castro (1838-1907), A. López Ferreiro (1837-1910) y Martínez Murguía (18331923), brillante personalidad de las letras que, aferrado a la idea del nacionalismo, promueve una restauración en todos los órdenes.La novelística gallega en el pasado siglo apenas ofrece personalidades destacadas, y fue escrita, como la mayor parte de la prosa, en castellano. Funden lo romántico, lo medieval y lo legendario. Pastor I?íaz, Vicetto y la misma Rosalía (en El caballero de las botas azules) o su marido, Murguía, lo confirman. Solamente Emilia Pardo Bazán (v.) ofrece una obra de diversa orientación, pero encuadrada en la literatura española. Mas es de notar que en los últimos lustros del siglo, durante la regencia de Da María Cristina, un grupo de autores se lanzan a emplear la lengua vernácula en su producción narrativa. Y en este sentido marcan un jalón M. Valladares Núñez (1821-1903), F. Álvarez de Novoa, M. Amor Meilán y López Ferreiro.Siglo XX. Desde 1916, las "Irmandades da fala" han contribuido al desarrollo vigoroso de la cultura gallega. Con un sentido claro de la autonomía lingüística, psíquica, étnica y aun geográfica, han defendido la tesis céltica-atlántica de una civilización que está floreciendo. Las letras han querido extender el campo de acción, cuidando todos los géneros literarios, pero manteniendo su constante secular de una poesía superior a la dramática y prosa. Señalado es el intento de pulir el idioma y de adaptarlo al campo filosófico y del ensayo, donde logran tonos muy elevados Xoan Rof Carballo (n. 1905) y Vicente Risco (1884-1963), con su polifacética y rica obra.Entre los cultivadores de la novela hay que citar a M. Vidal Rodríguez, a Francisca Herrera (1869-1950), autora de Néveda; a José Lesta Meis, prematuramente desaparecido en 1930, autor de la mejor novela autobiográfica de emigración, Estebo; al propio Risco, que tan bien retrata el ambiente orensano (O porto do pé, A coutada, O lobo da xente), y, sobre todos, a R. Otero Pedrayo (n. 1888), con una abundantísima obra, que va desde la narración más o menos breve (O purgatorio de don Ramiro, Contos do camino e da rua, O nzeson dos ermos) a los libros de viaje (Pelerinaxes), la novela larga (Devalar, Arredor de sí y la trilogía Os camiños da vida) o a la comedia (La lagarada). La prosa de Otero Pedrayo es pausada, serena, escasa de diálogo, elegante y de gran acierto pictórico. A veces abusa de la cita erudita y del ritmo lento, pero su obra, indudablemente, posee gran calidad. También ha escrito algunos libros de geografía y varias novelas en castellano (La vocación de Adrián Silva y Adolescencia).A mediados de siglo los autores de mayor prestigio, junto a Otero, son Ánxel Fole (n. 1905), Xosé Neira Vilas (n. 1928), autor de una obra recia y muy leída, Memorias dun neno labrego; Alfonso Rodríguez Castelao (1886-1950), prosista de gran fuerza y profundos mensajes en Cousas, Rebrincos y O ollo de vidrio; y Álvaro Cunqueiro (n. 1912), periodista (director de El Faro de Vigo), poeta y narrador. Su obra, imbuida del más hondo espíritu gallego, ha logrado éxito popular al concedérsele en 1968 el premio Nadal por su novela Un hombre que se parecía a Orestes. Prosa ágil, estilo depurado y elegante se encuentran en todas sus narraciones, tanto en gallego como en castellano. Entre ellas destacan además Paisajes y retratos, San Gonzalo, El Caballero, La Muerte y el Diablo, Merlín e familia, Las mocedades de Ulises.En teatro sobresale la fecunda figura de L. Carré Alvarellos, autor muy preocupado por la lengua gallega, como lo demuestran su Compendio de gramática gallega y su Diccionario gallego-castelán. Entre su producción dramática merecen atención particular O pecado alleo, Enredos, O engano, O pago y Tiros na rúa. Recordamos también a A. Villar Ponte (1881-1936), autor de Entre dous abismos y Almas mortas y que logró gran éxito con A patria do labrego, y a Rafael Dieste (n. 1898), cuyas obras más notables son A fiestra valdeira (La ventana vacía), comedia simbolista de ambiente marinero, y Quebranto de doña Luparia y otras farsas. También Castelao compuso una pieza de gran valor, muy elogiada y largamente representada, Os vellos no deben de namorarse.Pero ni los conatos de un teatro autóctono, ni la narrativa de Otero, Castelao o Cunqueiro, pueden parangonarse con la lírica. Ésta se va despolitizando, como dice Varela, y se presenta en varias promociones:a) Los continuadores, entre los que destaca M. Lugrís Freire (1863-1940), poeta de la noche oscura y del mito popular.
b) Posmodernista, como Cabanillas y Noriega; la obra de R. Cabanillas Enríquez (1876-1952) sabe compaginar la temática y métrica modernista con la inspiración social. Tras su etapa en Cuba, vuelve a G. para enrolarse en el movimiento nacionalista; enseguida publica Da terra asoballada (De la tierra esclavizada), donde se muestra agresivo con el centralismo político ("Galicia encadeaba con ferros de Castella"). Miembro ya de la Acad. Galega, publica A noite estrelecida (1926), en que ensalza la espiritualidad gallega. Y en Samos deja lo más elaborado de su lirismo modernista. En él pueden verse juntas las cualidades de Pondal, Rosalía de Castro y Curros. A. Noriega Varela (1869-1947), maestro rural, domina el tono descriptivo y folklórico, dentro de una perfecta técnica. Montañesas, Invierno, De ruada y Toca a gaita muestran un costumbrismo cerrado, pero alegre. Mucho más logrado aún, dentro del mismo tono de humildad y sencillez, es Do ermo, en que ofrece una G. rural mísera y descarnada.c) Expresionistas. Situados entre las dos guerras, siguen los movimientos literarios europeos del momento. Un nuevo impulso al fervor regional se manifiesta en las numerosas revistas que surgen, como A Nosa Terra en La Coruña, Céltiga en El Ferro], Ronsel, Posío, Alba, Grial y Nós, dirigida por Castelao y Risco. Pertenecen a esta promoción L. Amado Carballo (1901-27), autor de Proel y O galo, Euxenio Montes (n. 1897), M. A. Pérez Sánchez, conocido por Manuel Antonio (1900-28), autor de De catro en catro, poeta del mar, y, sobre todo, Alvaro Cunqueiro, hombre de extraordinaria imaginación creadora. Destacan entre sus obras: Mar ao norde, Poema de sí e non, Elegías y Canciones y Dona do coreo delgado. Dentro de esta misma tendencia, podemos agrupar a unos poetas neomedievalistas, que rinden culto al pasado étnico, como F. Bouza Brey (n. 1901), autor de Nao senlleira, y E. Blanco Amor (n. 1900), autor de Romances galegos.d) Promoción de la posguerra, en la que sobresalen Pura Vázquez (n. 1918), Celso Emilio Ferreiro (n. 1913), autor de Longa noite de pedra; Alcaraz, R. González Alegre, Xosé María y Emilio Alvarez Blázquez, etc., varios de ellos vinculados a Galaxia, editora que polariza las letras de la región. Hay que citar también en este. siglo a Luis Pimentel (n. 1897), nombre literario de L. Vázquez Fernández-Pimentel, autor de Sombra do aire na herba. Recientemente, una fuente de impulsos literarios viene de América hasta Galicia. Así, están en plena actividad la Acad. Galega de México, el Centro Gallego de Buenos Aires (con una editorial y la rev. Galicia) o el mismo de La Habana. En resumen, la literatura gallega del s. XX ha continuado e incrementado el movimiento restaurador del s. XIX, ganando en amplitud y, sobre todo, en densidad.3. Poesía popular. Se completa este panorama de la literatura gallega con unas notas sobre el folklore y la poesía popular regional. Un fondo inconfundible de ésta se desliza a lo largo de los siglos, y precisamente en los momentos decadentes de la literatura oficial escrita es más puro y peculiar. Abundan los romances de muy diversos tipos, las canciones de cuna (arrolos), las alegres triadas, los cantares y las regueifas (que entonan las mujeres para pedir pan dulce). La temática suele ser muy variada: de lo religioso a lo circunstancial y del amor (casi cortés) a los consejos de viejas. Hay por toda esta poesía popular, que no pocas veces ha inspirado a los poetas, un vaho sentimental, una acusada sabiduría popular y bastante pesimismo. En el fondo, las mismas notas que caracterizan a toda la poesía gallega.V. t.: GALLEGOPORTUGUESA, LENGUA Y LITERATURA.C. HERNÁNDEZ ALONSO.
BIBL.: R. CARBALLO CALERO, Historia da literatura galega contemporánea (1808-1936), Vigo 1963; ÍD, Aportaciones a la literatura gallega contemporánea, Madrid 1955; F. FERNÁNDEZ DEL RIEGO, Historia da literatura galega, Vigo 1971; B. VARELA lÁCOME, Historia de la literatura gallega, Santiago de Compostela 1951; ÍD, La literatura del siglo XVIII en Galicia, en Historia General de las Literaturas hispánicas, IV,463-491; ÍD, La prosa en Galicia en el siglo XIX, ib. 385-420; 1. L. VARELA IGLESIAS, Poesia y Restauración cultural de Galicia en el siglo XIX, Madrid 1958; ÍD, La palabra y la llama, Madrid 1967; V. Risco, La poesía gallega en el siglo XIX, en Historia General de las Literaturas hispánicas, IV,369-381; R. VILLAR PONTE, La poesía gallega en la actualidad, "Hispania" (1925).
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