Galeno
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Biografía GER
Médico griego del s. II d. C., su obra pesó de tal modo en el ulterior desarrollo de la Medicina que su nombre ha llegado a ser común apelativo de cuantos ejercen esta profesión.N. en el a. 130, en la floreciente ciudad de Pérgamo, en el Asia Menor. Su padre, el arquitecto Nicón, le proporcionó una completa formación intelectual, tanto en el campo filosófico -frecuentó las cuatro escuelas del pensamiento dominantes a la sazón-, como en el científiconatural. A los 17 años, se orientó G. hacia los estudios médicos: primero, en su ciudad natal, donde había un famoso asclepeion, y en la que enseñaban maestros de la talla de Satyros o Estratónico; luego -muerto su padre y en posesión de una apreciable fortuna-, en la metrópoli asiática de Esmirna y, tras breve estancia en Corinto, en Alejandría, emporio del saber helenístico. Allí acabó de formar su mente; se interesó por todas las ciencias, desde las matemáticas hasta las biológicas, y completó su preparación anatómica y clínica. Hacia el a. 157 volvía a su patria hecho un médico consumado; repartiría su tiempo entre el ejercicio profesional -sobre todo atendiendo la escuela de gladiadores- y la prosecución de las investigaciones fisiológicas que ya iniciara en Esmirna. Pero la inseguridad producida por la guerra de los partos (v.) y la atracción de la capital del Imperio llevan a G. a Roma en el a. 163. Pasa allí tres años, en los que completa su formación con nuevos contactos; experimenta, escribe, discute en las tertulias científicas del templo de la Paz y se va creando a la vez una clientela distinguida y la animadversión de sus colegas. Aunque regresa a Pérgamo, la fama ya adquirida no le permitirá permanecer allí por largo tiempo: los emperadores Marco Aurelio y Lucio Vero le llaman, en el invierno de 168, para que les asista como médico en el centro de operaciones militares de Aquileia. Más tarde, cuida en Roma de la salud del emperador filósofo (Marco Aurelio), de su hijo Cómodo y de muchos miembros de la corte y del patriciado. Pero su intenso quehacer clínico no le aparta de la labor científica; precisamente es el periodo comprendido entre los a. 169 y 176 el de su máxima producción escrita. Desde la Urbe, la fama de G. como sabio y como "sanador" se extiende por todo el orbe romano. Pero las conmociones políticas en Roma, la pérdida de buena parte de sus libros y de sus fármacos en un incendio y el peso de los años llevan a G. de nuevo a su tierra natal, donde parece ser que murió al terminar el s.II.Obra. Si la figura de G. destaca de modo relevante, es a causa de su producción escrita, tan extensa como valiosa; una obra que iba a constituir el principal sustento del- saber médico a lo largo de casi milenio y medio. Conocemos el elenco de los escritos de G. por las relaciones que él mismo cuidó de confeccionar; muchas de estas obras se han perdido, pero aún nos quedan más de un centenar de textos de diversa extensión y contenido, y entre ellos la mayor parte de los de carácter médico. Pues G. escribió también sobre temas filosóficos y morales; y aquí las pérdidas han sido mayores; aunque se conservan un buen tratado de Lógica, las versiones latinas de sus comentarios a dos diálogos platónicos y un agudo ensayo sobre la demostración -Peri apodeíxeos- que revela el rigor de su disciplina mental. Ahí está precisamente apuntada la genialidad peculiar de G.: en su equilibrada preparación filosófica, científica y práctica que se vuelca en un esfuerzo por reducir a conceptos generales bien estructurados los datos aportados por la experimentación animal y la práctica clínica.Como clínico, G. es un devoto de Hipócrates; no menos de 18 amplios comentarios dedicó a otras tantas obras del Maestro de Cos. El "hipocratismo" -por entonces renaciente- subyace en toda su obra médica; y aunque no faltan influencias de otras escuelas, se opone rotundamente al metodismo vigente por su abierta discrepancia de la línea hipocrática. En breves folletos discute G. el valor de las diversas "sectas" médicas. Y en varios tratados se ocupa de temas tan clásicos como el equilibrio humoral y sus alteraciones (P. kráseos, P. anomálon dyskrasias), los problemas del pronóstico, la crisis de las enfermedades y los días críticos, las diferentes formas de las fiebres, etc. Particular importancia atribuye a los datos que pueden deducirse de la atenta percepción del pulso, a cuyo tema dedica una serie de libros y una synopsis que los compendia. Y se preocupa más que los médicos de la escuela de Cos de diferenciar las distintas enfermedades y de estudiar las lesiones propias de aquellas que tienen una localización orgánica; en esta línea se halla uno de los mejores textos galénicos: los seis libros sobre los lugares afectados (P. ton pepónthon tópon).Lo mismo que los hipocráticos, tiene en mucho G. el recto régimen de vida: la diana adecuada a sanos y a enfermos. Su obra de tipo higiénico cuenta desde un amplio tratado general: Hygieiná, y un estudio sobre las cualidades de los alimentos: P. tróphon dynámeos, hasta breves consejos sobre el modo de adelgazar, el deporte de la pelota o el plan cotidiano de un muchacho epiléptico.Pero a esta "dietética" añade un enorme caudal medicamentoso. No sin fundamento se considera a G. como padre de la Farmacia y se llaman preparaciones "galénicas" a las medicinas elaboradas con sustancias naturales. G. tuvo oportunidad de manipular remedios procedentes de las más apartadas regiones y conoció la masa de tratados farmacológicos -hoy casi del todo perdidaque va de Diocles de Karistos a Rufo de Éfeso. De este carácter es el más largo de sus escritos: Therapeutiké rnéthodos; y aquellas obras en que estudia detalladamente las propiedades (dynámeis) y temperamentos (kráseos) de los medicamentos simples, y examina la acción de los fármacos compuestos: según sus géneros (káta géne) y según los lugares del cuerpo en que actúan (káta tópous).Otro de los campos en que refulge el genio de G. es el de la investigación de la estructura y el funcionalismo orgánico. Su obra anatómica no tiene paralelo en la antigüedad, ya que los escritos de sus maestros y antecesores se han perdido. Comprende esta obra varios epítomes, sobre la disección de determinados órganos, y dos grandes tratados: uno sobre técnica anatómica, P. ton anatomikón enkheiréseon (en 15 libros de los que sólo se conocían nueve hasta que, en 1906, apareció la versión árabe de los restantes); otro de anatomía funcional: P. khreías moríon (popularizado entre los latinos bajo el título De usu partium). Rico en experimentos fisiológicos, más o menos concluyentes, es el tratado sobre las facultades naturales: P. physicón dynámeon.Semblanza. Aunque no tenga G. un tratado sistemático de su doctrina antropológica y médica -de la que un esquema sumario puede hallarse en su Tekhné iatriké, tan popular en la Edad Media-, aunque su pensamiento se haya ido concretando y enriqueciendo a lo largo de su vida, no cabe duda que la variada serie de sus escritos presenta una radical coherencia. Puede decirse -simplificando las cosas- que G. introduce en moldes aristotélicos la medicina hipocrática, enriquecida con la ciencia helenística y con sus propias aportaciones. G. es a la vez un clínico sagaz, un erudito bien informado, un pensador ecléctico y un investigador original; de ahí la solidez de esa obra suya tan bien trabada. Antes que nada es un médico y todo en él se supedita al arte de la curación. Pero no se conforma con la mera técnica, sino que quiere fundar la Medicina en bases auténticamente científicas. Para ello hace anatomía, disecando toda clase de animales y aportando buenos descubrimientos y adecuadas descripciones; ejecuta experiencias tan brillantes como las que definen el mecanismo excretor de la orina por ligadura de las vías correspondientes, o la demostración de la existencia de sangre en las arterias, o aquellas otras en torno al mecanismo respiratorio y la producción de la voz, tempranamente iniciadas y tenazmente proseguidas. Pero su atenimiento a esquemas preestablecidos y su excesiva confianza en principios como el analogismo o la relación forma-función, le llevan a errores anatómicos y a ingenuas interpretaciones funcionales.No le basta a G. con un conocimiento práctico de la enfermedad; aspira a un saber científico, que por una parte es generalizador y por otra etiológico. Los casos clínicos individuales han de ser reducidos a entidades morbosas bien definidas; y en la enfermedad se ha de investigar el complejo de sus causas y la constelación de sus accidentes según un riguroso análisis lógico de corte aristotélico. Del mismo modo, la terapéutica no puede conformarse con el simple empirismo de dar lo que parece que va bien; sino precisar la graduación de las cualidades complexionales de los medicamentos simples y la interacción resultante en los compuestos, y establecer la exacta adecuación del fármaco a las condiciones de la alteración que ha de corregir.Es digno de señalar la genialidad de tan singular trabajo experimental, clínico y racional, y el inconveniente que supondría para el progreso médico su misma aparente perfección. Muchos siglos habían de pasar antes de advertir los fallos de tan imponente construcción; sin embargo, G. dejó una profunda huella en la Historia de la Medicina hasta nuestros días.V. l.: MEDICINA, 2.JUAN ANTONIO PANIAGUA.
BIBL.: C. GALENI, opera Omnia (XX vol.), Leipzig 1821-33; G. SARTON, Galen of Pergamon, Kansas 1954; R. E. SIEGEL, Galen’s system of Physiology and Medicine, Nueva York 1968; L. GARCÍA BALLESTEA, Alma y enfermedad en la obra de Galeno, Valencia 1970; ÍD, Galeno, Madrid 1970.
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