Galaicos HIST.
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Historia
Son mencionados por primera vez en la campaña de Cepión contra Viriato (v.), en el 139 a. C. (Apiano, 70). Entonces fueron devastados sus territorios por el general romano. Sin embargo, las correrías de su ejército debieron de limitarse a la región portuguesa de Tras-os-Montes, sin alcanzar la actual Galicia. Incluso dos años más tarde, fue el Miño el final de la campaña de junio Bruto (Estrabón, 111,3,4), que recibió el sobrenombre de Calaico. La forma primera del nombre tenía k- inicial en los escritores griegos, c- en los latinos, y se conservaba incluso en escritores como Plinio y Marcial el diptongo al de las lenguas célticas. Son formas tardías las de los étnicos gallaecii, gallicii con los de Gallaecia, Gallecia y Gallicia.Noticias históricas. Las primeras noticias sobre los g. nos llegan a través de fuentes coetáneas de la conquista romana. Son pura leyenda las afirmaciones recogidas por Estrabón de escritores que imaginaban remotas colonias griegas en las costas de Galicia, con míticos viajes de héroes como Teucro y Anfíloco. Fueron creadas por la semejanza de nombres como Grovii con Graii, el pueblo de los helenos, el castellum Tyde (Plinio, IV,112) y la ciudad de Amphilocos, a localizar en la costa callaica. Se perdieron las huellas de los saefes, citados por el poema de Avieno en el occidente de la Península, y no fueron creídas las noticias de Piteas, navegante massaliota del s. iv a. C. Es Estrabón quien recoge los primeros datos concretos de otros escritores de principios del s. i a. C. y completa su información tras las últimas guerras cántabras (v.). Publio Licinio Craso había llegado en el 96-94 a. C. hasta las islas del estaño en Galicia; Perpenna realizó en el 73 su incursión hasta Cale (Porto), y Julio César llegó con sus naves, en el 61-60, hasta Brigantium (La Coruña). Sólo al final de la guerra en que Augusto somete a cántabros (v.) y astures (v.) tendrá lugar la total ocupación del territorio por Roma. A partir de entonces entraban a formar parte del Imperio romano y los veremos citados por Mela, Plinio, Silio Itálico, Ptolomeo y otras fuentes literarias o epigráficas.Asentamiento y etnología. Un criterio seguido en la fijación del área de los g. es la delimitación de los castros del Noroeste de la Península, zona de la llamada cultura castreña (v. CASTROS Y CITANIAS). Comprendía, aproximadamente, las regiones portuguesas entre el Duero y el Miño y la de Tras-os-Montes, más la región española de Galicia con un límite E que bajaba fluctuante desde el río Navia a la frontera oriental de Portugal. A esta población de las citanias portuguesas o de los castros gallegos se le asigna las características culturales de los pueblos celtas (v.) con sus típicos puñales, torques, brazaletes o fíbulas. Con ello no están resueltos los problemas de la etnología callaica. Se puede hablar de tribus celtizadas, sin que se llegue a precisar el número sucesivo o global de celtas invasores, que se fusionaron o no con otros pueblos autóctonos. Los aborígenes asimilaron la civilización céltica y ésta trasciende en las creencias religiosas, en las instituciones gentilicias, tribales y políticas, nombres de montes, ríos y personales. Los griegos llamaron keltiké a una limitada región del Noroeste (Mela, III, 13), Plinio señala en Galicia el promontorio céltico (IV, 111) y menciona como una tribu a los celtici (III,28). Tribu era también la que él cita con el nombre de callaicos, acaso la misma con la que se produjeron los primeros choques romanos. Su belicosidad pudo imponer el mismo nombre de callaicos a todos los pueblos del Norte del Duero que hasta entonces se englobaban en la denominación de lusitanos (v. LUSITANIA).Organización y costumbres. Históricamente los g. aparecen fraccionados en múltiples tribus, conocidas sólo a través de la administración romana. Los romanos los dividieron en dos conventos jurídicos, el Lucense y el Bracarense. El primero tenía a Lucus Augusti (Lugo) por capital, comprendía más de 18 comunidades y 166.000 hombres libres, según los datos de Plinio. Destacaban entre otras ciudades Flavium Brigantium (La Coruña) e Iría Flavia (Padrón). En el segundo, además de Bracara, la capital, hoy Braga, destacaba Aquae Flaviae (Chaves) (v. BRÁCAROS). Las citanias galaicoportuguesas eran importantes por sus dimensiones, pero no llegó a adquirir gran desenvolvimiento la vida ciudadana. La diseminación de la población y el régimen gentilicio seguían invariables. Abunda el número de castros gallegos, catalogados por centenares o millares. Son pequeños, quizá muchos simple lugar de refugio, con posibilidades otros de residencia habitual de un clan, gens o centuria. Las casas de piedra, conservadas en parte, eran redondas generalmente, aprovechando en su distribución la topografía del lugar. Estaban rodeados de murallas y fosos, a veces con posibles puertas, calles, rampas, escaleras y variado sistema de defensa.A los g. se aplica en particular el género de vida que Estrabón (III, 3,7) atribuye en general a los norteños de la Península. Describe su vida sencilla, su alimentación y bebidas y la indumentaria confirmada por esculturas indígenas de guerreros. Por su espíritu belicoso luchaban los g. unos contra otros y acaso sólo llegaron a confederarse contra junio Bruto, pues éste se jacta de haberles causado 50.000 bajas. Roma reclutó entre ellos muchas de sus fuerzas auxiliares, pues se conocen al menos cinco cohortes de lucenses, cinco cohortes de brácaros, dos cohortes de astures y callaicos. A este espíritu guerrero responden sus danzas y juegos de combates gímnicos. En cambio, las mujeres cultivaban los campos, ya que también eran un pueblo agrícola, con montes boscosos, de tejos y, sobre todo, de encinares y robles de bellotas. Se celebraba la calidad del lino galaico, la caza de sus montes, la buena raza de los caballos. La tierra era conocida por su riqueza en minerales, plata, estaño, oro blanco (electro). Plinio y Claudiano celebran la riqueza en oro de Galicia, Marcial llama metal callaico por antonomasia al oro, y se le consideró como un don de los dioses, cuando a veces un rayo lo dejó al descubierto.Religión. No se compagina con la afirmación de Estrabón, de que eran ateos, el gran número de divinidades romanas o indígenas, cuyo culto revela la epigrafía. Hay aras dedicadas a los dioses romanos con diversas advocaciones, pero lo excepcional son los largos epítetos de las divinidades indígenas Bandua, Coso, Lucoves, Lucoubus, Vestio, etc. Son simples ejemplos Bandua Cabagus, Bandu (ae) Virubrico, Bandue Cal [lai] co, Bandueveigebreaego, que encubren topónimos o nombres gentilicios, por los que se ha de creer que tales dioses eran protectores del lugar, clan o tribu. Los g. descubrían el porvenir en las entrañas de las víctimas o en el volar de los pájaros, veneraban las aguas de los ríos, las ninfas, los árboles, las piedras. Respetaban supersticiones sobre los ríos, como el Limia o río del olvido, sobre la puesta del sol en el océano, y todo esto arraigaba tan profundamente en el pueblo que todavía merecerán los reproches de S. Martín Dumiense. El culto a los muertos lo atestiguan las estelas funerarias, estatuas de guerreros y múltiples relieves geométricos de las piedras. Son conocidas esculturas zoomorfas y son notables las pedras formosas.Gallaecia. Administrativamente, durante el principado de Augusto, desde el N del Duero, Gallaecia con Asturia correspondió a la provincia Tarraconense (v.). Pero ya en el reinado de Tiberio (v.) dependían militarmente de un legado especial y formaban uno de los tres distritos de la provincia, con fuerzas militares propias: dos legiones. Los accidentales legados jurídicos o procuradores, exclusivos para Asturia y Gallaecia no son sino los precedentes de la posterior constitución de la provincia romana de Gallaecia, ya citada bajo Caracalla como Provincia Nova Citerior Antoniana y definitivamente creada por Diocleciano. Tuvo su capital en Bracara hasta el final del Imperio. El término callaicus llegó a usarse con mayor extensión, cuando Marcial habla de Oceanus Gallaicus, por Hispanus, o cuando Orosio coloca a Numancia in capite Gallaeciae y S. Isidoro llama a Cantabria región de Galicia.F. DIEGO SANTOS.
BIBL.: J. MALUQUER DE MOTES, Pueblos celtas, en Historia de España, ed. R. MENÉNDEZ PIDAL, I,3, Madrid 1963, 1-90; F. LÓPEZ CUEVILLAS, A Edade do ferro na Caliza, La Coruña 1968; "Arquivos do Seminario de Estudos Galegos", continuada por "Cuadernos de Estudios Gallegos" del CSIC; "Rev. Guimaráes", Sociedade Martins Sarmento, Lisboa; E. HÜBNER, CIL II, Berlín 1869; ÍD, Supplementum, 1892; Callaici, en RE III,1, 1897, 13561359; FHA IV-IX.
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