Francisco I de Francia
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Biografía GER
(1515-47). N. en Cognac el 12 sept. 1494. Hijo de Carlos de Valois, conde de Angulema, y de Luisa de Saboya. Su juventud transcurrió en el castillo de Amboise y su formación, bajo la dirección de su madre, estuvo a cargo de Pierre de Rohan, el mariscal Gie, Artus Gouffier y Fran~ois Rochefort. Era un joven alto, de facciones nobles que gustaba de la práctica de todo tipo de deportes, en especial de la equitación; sus lecturas preferidas eran las novelas de caballería y solía componer poemas. Hombre ansioso de aventuras, intrépido, impetuoso, con una ambición sin límites y escasos escrúpulos, del cual decía Wingfield, embajador inglés en la corte de Maximiliano, que era "insaciable en extremo". Deseaba ardientemente la gloria y amaba la guerra, las artes y las letras, todo lo cual hacía de Francisco I un perfecto hombre del Renacimiento.Primeros años de reinado. A los 18 años, intervino por primera vez en un conflicto bélico, luchando contra los componentes de la Liga Santa, coalición antifrancesa encabezada por Fernando el Católico, en Guyena. Contrajo matrimonio con la princesa Claudia, hija del rey francés Luis XII y de Ana de Bretaña, el 18 mayo 1514, y al año siguiente, el 25 en. 1515, tras la muerte de aquél sin sucesión directa, fue coronado rey de Francia cuando contaba 21 años de edad. A los seis meses de hacerse cargo del gobierno organizó la regencia, que quedó al cargo de su madre, auxiliada por el condestable Carlos de Borbón y por el canciller Duprat, e inmediatamente partió hacia tierras italianas para proseguir las campañas que habían quedado interrumpidas a la muerte de su antecesor. Esto motivó la oposición de las principales potencias europeas, que se aliaron contra él formando una liga en la que entraron Enrique VIII de Inglaterra (v.), el emperador Maximiliano 1 de Austria (v.), el papa León X (v.) y el archiduque de Flandes, futuro Carlos 1 de España (v.). A pesar de ello, Francisco I prosiguió con sus planes adelante; al encontrar defendidas por los suizos las dos rutas principales entre su país e Italia, el monte Cénis y el monte de Ginebra, abrió un nuevo camino a través del Col de 1’Argentiére y en seis días la vanguardia francesa, mandada por el caballero Boyardo, se presentó en el norte de Italia. Tras ella venía el grueso del ejército mandado por el propio Francisco I y sus principales capitanes, Borbón, Robert de la Mark, La Palisse, Trivulzio y otros. Los suizos, ante el avance francés, se replegaron, y en Marignano, entre Piacenza y Milán, presentaron batalla. Esta tuvo dos días de duración (13-14 sept. 1515), al final de los cuales las tropas francesas obtuvieron una rotunda victoria. Inmediatamente, Milán cayó en manos de Francisco I y, como consecuencia, la Liga formada contra él se vino abajo. En efecto, el Papa, alarmado por el peligro que significaba la presencia de Francisco I, abandonó la Liga y firmó en Bolonia (agosto 1516) un concordato con el francés, en virtud del cual le concedía el privilegio de nombrar los obispos en su país. En este mismo año, firmó con los cantones suizos el tratado de Friburgo y, con Carlos I, el tratado de Noyon (13 agosto), que Carlos olvidaría bien pronto.Aspiraciones imperiales. En 1519, presentó su candidatura al trono imperial, vacante por la muerte de Maximiliano. Sus posibilidades para la elección eran bastante dignas de tener en cuenta, ya que además de poseer dinero para sobornar a los electores, estaba laureado por sus recientes éxitos en Italia. Pero contaba con la oposición popular y, sobre todo, con la de los banqueros germanos que se negaban a avalar sus recibos. De modo que no consiguió sus propósitos, siendo elegido Carlos de Gante, ya rey de España; con lo que a partir de este momento va a surgir una constante rivalidad entre ambos. Francisco I se entrevistó en 1520 con Enrique VIII en el Campo del Paño de Oro, con objeto de atraérselo a su lado frente al nuevo Emperador, pero esta maniobra no le dio resultado; en cambio, su rival consiguió ganarse la voluntad del inglés, firmando con él un tratado de amistad en Windsor. Para entonces ya había iniciado Francisco I su primera campaña contra Carlos V, en la que las cosas van a marchar mal para el francés desde el principio al fin. En efecto, en noviembre de 1521 perdió Milán, Parma y Piacenza; el 29 abr. 1522 su general Lautrec fue derrotado en la batalla de Bicocca, tras la cual tuvieron que evacuar el Milanesado y Génova; el condestable de Borbón, descontento del trato que había recibido de Francisco I, le abandonó, pasándose al bando de Carlos V; por último, el propio rey, que había conseguido recuperar Milán, decidió atacar Pavía, donde los suizos que tenía a sueldo le abandonaron y los imperiales le infringieron una dura derrota, en el transcurso de la que fue hecho prisionero (24 feb. 1525). Francisco I fue conducido a Madrid e instalado, primero, en la Torre de los Lujanes y, más tarde, en el Alcázar, donde permaneció hasta el 14 en. 1526 en que se firmó el tratado de Madrid. En virtud de éste, Francisco 1 se comprometía a renunciar a todas sus aspiraciones sobre Italia, reconocía los derechos del Emperador en Borgoña, cedía a éste Tournay y se prometía en matrimonio con Leonor de Austria, hermana de Carlos V.Liga contra el Emperador. Nada más recuperar la libertad, olvidó todo lo que había firmado en Madrid y, a los tres meses, tenía ya organizada una nueva liga contra el Emperador. Esta fue la Liga Clementina o de Cognac y entraron a formar parte de ella el papa Clemente VII, Enrique VIII de Inglaterra, las ciudades italianas de Milán, Florencia y Venecia y el propio organizador Francisco I. Los acuerdos para esta coalición antümperial se firmaron el 22 de mayo 1526 y las campañas duraron de 1527 a 1529. A poco de iniciar las hostilidades, las tropas a sueldo de Carlos V llevaron a cabo el saco de Roma (v.) y, al año siguiente, las tropas francesas al mando de Lautrec avanzaron hasta Nápoles. La situación era muy favorable para Francisco I, ya que además el marino genovés Andrea Doria, aliado suyo, controlaba el mar e impedía todo auxilio español. Pero la defección de éste, que se puso al servicio del Emperador, permitió reforzar Nápoles y pasar a la ofensiva. La guerra se prolongaba demasiado y todos los contendientes estaban ansiosos de firmar la paz. Ésta llegó el 29 jun. 1529, firmándose en Cambrai. Como sirvieron de intermediarias Margarita, tía de Carlos V, y Luisa de Saboya, madre de Francisco I, recibió el nombre de paz de las Damas. Se acordó que Carlos V desistiera de sus aspiraciones a la Borgoña y que Francisco I abandonara Italia y pagara al Emperador dos millones de ducados por el rescate de sus hijos, que se encontraban en España desde la firma del tratado de Madrid.Cuestión del Milanesado. Entonces Francisco I contrajo matrimonio con Leonor de Austria y ofreció su ayuda a Carlos V contra los turcos. Sin embargo, esta amistad no iba a durar mucho, ya que pronto se rompieron de nuevo las hostilidades entre ellos. El motivo fue que al morir el duque de Milán, Francisco Sforza, sin sucesión, Francisco I aspiraba a colocar un nuevo duque favorable a sus intereses (v. MIEANESADO). Pero Carlos V no estaba dispuesto a consentirlo, de modo que se vio obligado a recurrir a la fuerza de las armas. Los franceses invadieron Saboya, mientras que el Emperador organizaba un poderoso ejército en Lombardía al frente del cual se puso él mismo. Los franceses detuvieron su avance en Tossano, dando tiempo a que Montmorency devastara la retaguardia del ejército imperial. En el norte de Italia, la guerra también era favorable a las tropas de Francisco I; sin embargo, no se lograban conquistas importantes ni tampoco se llegaba a un encuentro decisivo. La guerra iba languideciendo. Por fin, se firmó en Niza, el 18 jun. 1537, una tregua de diez años.Alianza con los turcos. La tregua no duró lo estipulado ni mucho menos. A fines de 1541, se reanudaron de nuevo las hostilidades y esta vez el motivo de la ruptura fue el asesinato, por parte de los españoles, de dos agentes de Francisco I, Antonio del Rincón y César Fragoso. Las circunstancias eran propicias para el francés, ya que Carlos V acababa de regresar de su desastrosa expedición contra Argel. Francisco I arregló una serie de tratados de alianza con el sultán de Turquía, el duque de Cléves y los reyes de Dinamarca y Suecia. Preparó cinco ejércitos para invadir los dominios del Emperador por Artois, Brabante, Países Bajos, Rosellón y Piamonte. El rey francés mandaba personalmente el que atacó por el Rosellón, pero fue detenido ante Perpignan por el duque de Alba. En cambio, los ejércitos restantes actuaron con fortuna en sus respectivas demarcaciones, mientras que sus aliados, los turcos, avanzaban sobre Viena. En el transcurso de 1543, el duque de Cléves rompió su amistad con Francisco I, que a su vez tuvo que retirarse de Hainaut ante la presencia del Emperador. Durante el invierno de 1544, preparó éste la campaña siguiente; consiguió de su aliado Enrique VIII la promesa de invadir Francia y a la vez hizo que Cristián III de Dinamarca abandonase la alianza francesa. La campaña de este año comenzó favorable para las tropas de Francisco I, ya que en el norte de Italia el conde de Enghien derrotó a las tropas imperiales mandadas por el marqués del Vasto en la batalla de Cerisoles (Piamonte) el 14 de abril. Pero, en cambio, en su propio terreno las cosas no iban por el mismo camino. Mientras que Enrique VIII tenía puesto sitio a Boulogne, Carlos V marchaba incontenible hacia París. El 14 de septiembre se rindió Boulogne al rey inglés, pero el Emperador no esperó la llegada de éste y decidió firmar la paz con Francisco I. Ésta tuvo lugar en Crépy el 18 sept. 1544 y se estipuló que los contendientes se devolvieran mutuamente sus respectivas conquistas. Francisco I renunció a sus derechos sobre Flandes y Nápoles; Carlos V, a los suyos sobre Borgoña (v. BORGOÑA ti). De esta forma se puso fin a las luchas entre españoles y franceses, pero no a la cuestión planteada por la toma de Boulogne por Enrique VIII. La guerra contra este último se prolongó dos años más, hasta que al fin el inglés se avino a devolver Boulogne a cambio del pago por Francisco 1 de una pensión anual. El resto de su vida hasta su muerte acaecida en Rambouillet el 31 mar. 1547, transcurrió en medio de los placeres de su lujosa corte.Política interior. En materia religiosa, Francisco I se mostró al principio indulgente con los reformistas, ya que no era hombre de sentimientos religiosos muy profundos. Incluso, en más de una ocasión, los tuvo como aliados contra su rival Carlos V. Ahora bien, a partir del momento en que vio en los calvinistas un peligro político, sobre todo a raíz de los acontecimientos del 17 al 18 oct. 1534 en que los reformistas franceses se atrevieron a insultar a la religión católica e incluso quemaron y destrozaron imágenes, Francisco 1 tomó una postura de resuelta oposición contra ellos, que culminó en la publicación del edicto de Fontainebleau el 1 abr. 1540.En el interior, fue un celoso defensor de la supremacía real, imponiendo su autoridad a la Iglesia, sobre todo a raíz del concordato de Bolonia, y nombrando él mismo los obispos franceses. A los nobles los redujo sus poderes judiciales. Además, reorganizó el ejército nacional e impuso el empleo de la lengua francesa en todos los actos oficiales. Fue también un hombre muy preocupado por la cultura y por su difusión. Colaboró en la expansión de la imprenta, aumentó de forma considerable el número de cátedras en los centros docentes, instituyó numerosas bibliotecas y fundó el Collége de France. Su amor a las artes y las letras le llevó a ser un generoso protector de todos los escritores de su tiempo, siendo "el primer rey en Europa que empleó la polémica literaria para el Estado: es notable la utilización que hizo de Rabelais". (W. Lewis, Carlos de Europa, Madrid 1955). Esta protección la hizo extensiva a todos los artistas franceses de su época: los Clouet, Boccador, Le Breton, etc., y además llevó a París a los grandes representantes del Renacimiento italiano, Leonardo da Vine¡ y Benvenuto Cellini, para ponerles en contacto con los nacionales.Construyó innumerables palacios y castillos, entre los que destacan los de Chambord, Saint Germain, VillersCotterets, Madrid (en Neuilly) y, sobre todo, el de Fontainebleau, en el que trabajaron Ruggieri, Fontana y Bellini. Además, reconstruyó el de Blois. De su primer matrimonio con Claudia de Francia tuvo siete hijos, tres varones, Francisco, Enrique y Carlos y cuatro hembras, Luisa, Carlota, Magdalena y Margarita. De su segundo matrimonio, con Leonor de Austria, no tuvo descendencia. Francisco I fue un típico representante de las monarquías autoritarias, propias de la época en que le tocó vivir, como lo demuestra el sometimiento de la nobleza y del clero y la reorganización de la milicia nacional. Sus constantes luchas contra el Emperador trajeron como consecuencia la ruina de su administración, a pesar de lo cual contó siempre con el apoyo de su pueblo. Durante su reinado, se registró en Francia un notable desarrollo económico, consecuencia, en gran parte, de la afluencia de metal precioso procedente de las Indias, y que pasaba a través de España. El propio monarca trató de favorecer la navegación a América, aunque sin éxito, pero el incremento de la circulación monetaria permitió el auge de las industrias metalúrgica y textil.J. M. RODRÍGUEZ GORDILLO.
BIBL.: L. ROMIER, Les origines politiques des guerres de religion, París 1913-14; E. FUTER, Geschichte des europaischen Staatensystems von 1492 bis 1559, Munich-Berlín 1919; L. FÉBVRE, La religion de Rabelais. Le probléme de Pincroyance au XVI siécle, París 1938; F. A. M. MIGNET, La rivalité de Franeois I et de Charles V, París 1875; 1. MICHELET, Franeois I et Charles-Quint, 1515-1547, París 1880; P. PARIS, Études sur Fran(7ois I roi de France, sur sa vie et sur son régne, París 1885; J. PARDOS, Court and reing of Francis I King of France, Londres 1902; P. CHAMPION, Le régne de Frangois I, París 1935; A. BAILLY, Franeois Ie’, restaurateur des lettres et des arts, París 1954.
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