Francia, VIII. Lengua.
Categoria:
Cultura
1. Origen del francés y primeras manifestaciones literarias. El francés aparece como una mezcla de aportaciones sucesivas que se han ido amalgamando a lo largo de la historia del país. Los primitivos pueblos prerromanos, y particularmente los galos, han dejado un escaso sustrato sobre el que el latín, introducido por la conquista de César en el a. 50 a. C., actúa dando origen al gallo-roman, que es el primitivo embrión del idioma románico hablado en F. en los primeros siglos de nuestra Era. El primer documento que atestigua la existencia de dicha lengua son las Glosas de Reichenau (s. VIII), interpretaciones en romance de palabras latinas o germánicas con el objeto de hacer más accesible al pueblo el texto de la Biblia Vulgata. A esta misma necesidad responde la disposición del Conc. de Tours (813), ordenando a los sacerdotes que utilicen en sus sermones la lengua del pueblo en el caso de que éste no comprenda el latín. Del a. 842 son los famosos Serments de Strasbourg (Juramentos de Estrasburgo), que pueden considerarse como el primer testimonio escrito del antiguo francés; se trata del juramento prestado por Luis el Germánico ante su hermano Carlos el Calvo (ambos hijos de Carlomagno) en la lengua de los soldados de este último. Más tarde aparecen las primeras manifestaciones literarias, la Séquente de Sainte Eulalie, La Vie de Saint Léger (s. X) y la Vie de Saint Alexis (s. XI), que muestran la existencia de una importante poesía de tipo religioso en idioma vulgar.Sin embargo, estos primeros años se caracterizan esencialmente por la pluralidad de dialectos; no sólo existe la distinción fundamental entre langue d’oc, que dará origen al provenzal (v.), y langue d’oil, separadas ambas por una línea señalada por el río Loira y el Macizo Central, sino que el habla septentrional está fragmentada en multitud de dialectos (picardo, valón, normando) que coexisten con el hablado en la Isla de Francia. Cuando los normandos conquistaron Inglaterra en 1066, su lengua pasó a este país constituyendo el anglo-normando, que se mantuvo en el uso corriente hasta el s. xili y en la aristocracia y en la Administración hasta el xv. Fue, sin embargo, la lengua hablada en la región de la Isla de Francia (París y alrededores) la que terminó imponiéndose y constituyendo el idioma nacional. Las causas de esta supremacía son de índole muy variada: geográficas, históricas (la dinastía de los Capeto comienza una etapa de consolidación del poder real), religiosas (influencia de la Iglesia) e incluso literarias. En efecto, el género nacional por excelencia, la poesía épica, está escrito en su mayor parte en la lengua de esta región (La Chanson de Roland, Gormont el Isembart, Le Pélerinage de Charlemagne), lo que contribuye a su propagación. Mientras que los más calificados de los dialectos rivales son vehículo de literaturas peculiares (la lírica de los trovadores provenzales, el género burgués de los fabliaux, v., y la epopeya de animales en Picardía), el hecho de vincularse a un género de indudable aliento popular y nacional determina, como en España, la hegemonía del idioma central.2. Consolidación del francés. A partir de este momento se suceden las etapas de consolidación del francés, no sólo en el ámbito interior, sino desde el punto de vista de la expansión internacional. Así, Chrétien de Troyes (v.) renuncia a sus particularismos dialectales para escribir en francés. Simultáneamente se extiende en Europa (La Chanson de Roland se traduce al alemán en 1130) y las Cruzadas lo llevan a los países orientales. Comienza, pues, desde muy pronto, la doble vocación literaria y universalista del francés, corroborada por múltiples testimonios, de entre los que cabe destacar el del florentino Brunetto Latini, que escribe en dicha lengua sus Livres du Trésor en 1260, porque "el francés es la lengua más deleitable y la más común a todas las gentes", y el del cronista catalán Ramón Muntaner, que se asombra en 1325 de que en la región de Morea (Grecia) "se hable tan buen francés como en París". Desde el punto de vista gramatical asistimos a una progresiva simplificación con la casi total desaparición de la declinación latina (el antiguo francés había conservado dos casos, el nominativo y el acusativo), que obligan, en contrapartida, a la lengua a una mayor rigidez sintáctica y a un uso más frecuente de las preposiciones. Mientras tanto, la literatura (v. IX) sigue su camino ascendente y aparecen las primeras muestras del arte dramático (Le feu d’Adam, s. XIII, Le feu de Robin et Marion, s. XIII; La Farce de Maitre Pathelin, s. XIV) y las manifestaciones de una poesía lírica en plena madurez (v. VILLON, FRANÇOIS).3. Siglos XVI y XVII. En el s. XVI, dos hechos fundamentales, el Renacimiento y la Reforma, van a influir decisivamente en la evolución lingüística. De 1539 es la Ordenanza de Villers-Cotteréts que estipula el francés como lengua obligatoria en materia de justicia y administración. Desaparece así el último reducto del latín en la vida cotidiana y, al adquirir la lengua nacional su propia singularidad, son numerosos los escritores que emprenden una tarea normativa. La aparición de diccionarios y tratados de gramática del francés es abundantísima en esta época, a lo que contribuye poderosamente la recién inventada imprenta. La primera gramática francesa es L’Esclarcissement de la langue f rancaise (1530), del inglés John Palsgrave, que está destinada a sus compatriotas para los cuales el francés ha pasado a ser la lengua extranjera; en la propia F. las obras teóricas de Robert Estienne (primer Diccionario francés-latín, 1539), Robert Meigret y Henri Estienne secundan el prestigio creciente de la lengua nacional. Incluso la Reforma adopta el francés como lengua de culto y enseñanza y Calvino publica en francés su Institution de la religion chrestienne (1541), que había escrito en latín en 1536. Este estado de espíritu cristaliza en la Def fense et illustration de la langue française (1549), de Du Bellay, manifiesto del grupo literario La Pléyade (v.), que proclama la supremacía del francés y preconiza el enriquecimiento de la lengua literaria. Este enriquecimiento se realiza, no sin cierto desorden y anarquía, al tratar de forjar escritores y literatos un instrumento expresivo que cubra totalmente sus necesidades. De todas las aportaciones las más importantes son la dialectal, según la frase de Montaigne (v.) "le gascon y arrive si le francois n’y peut aller", y sobre todo la italiana; con el Renacimiento penetran profundamente los modos y modas de la Italia en pleno esplendor, y no son sólo las traducciones de las obras más famosas de los autores del Quattrocento, sino innumerables palabras italianas las que enriquecen el panorama literario y lingüístico del país.El s. XVII marca en el aspecto lingüístico, como en otros muchos, el definitivo comienzo de la época moderna. Para ello se hacía necesario disciplinar el excesivo crecimiento anterior, fijar las formas, despojar a la lengua de sus vaguedades e imprecisiones. Ésta va a ser la labor depuradora que efectuarán Malherbe (v.), Vaugelas y con posterioridad Boileau (v.) y el P. Bouhours. Esta va a ser también la tarea de la Acad. Francesa fundada en 1635 por Richelieu y cuyo Diccionario (1 ed. en 1694; octava, en 1931-35) constituirá el código lexicológico del bon usage. Todo ello da como resultado una lengua lógica, refinada, voluntariamente empobrecida, ajustada sin pintoresquismos y sin excesos a la expresión del pensamiento y que es el instrumento ideal de Descartes (v.), Pascal (v.), Bossuet (v.) y Racine (v.) y, en general, de toda la cohorte de escritores y pensadores clásicos del s. xvii. No es de extrañar, pues, que, alcanzado por la lengua este grado de espléndida madurez, se vaya cerrando a las influencias exteriores, y en particular, a las de una España en pleno Siglo de Oro. Las aportaciones españolas al vocabulario francés son numerosas, aunque no excesivas en esta época, y desde luego sin punto de comparación con el influjo ejercido en el terreno literario.4. Expansión del francés en el s. XVIII. Es el francés el que a su vez va a iniciar una expansión por los países europeos guiado por el prestigio de la corte de Versalles y también por el elevadísimo número de protestantes que se ven obligados a expatriarse como consecuencia de la revocación del edicto de Nantes (v. v). Al final del reinado de Luis XIV, ya-en el s. XVIII, comienza su expansión como lengua de la diplomacia, al ser redactados en francés los tratados de Utrecht (1713) y de Rastadt (1714). Es precisamente en este s. xviii cuando alcanza su punto máximo de hegemonía y puede decirse que llega a ser la lengua común a toda Europa. La difusión de las ideas filosóficas de Voltaire (v.), Montesquieu (v.) y más tarde de Rousseau (v.), las polémicas en torno a la Enciclopedía, hacen que el francés se aclimate en numerosas cortes europeas que, siguiendo el ejemplo de Federico II de Prusia, emplean dicha lengua en las memorias de sus academias, y en las numerosas publicaciones que con el título de Gacetas francesas u otros análogos proliferan en esta época. Todo esto no deja de ser curioso cuando se considera que el idioma nacional está muy lejos aún de haberse impuesto como lengua común en la propia F., donde los dialectos y patois (lengua vulgar) continúan dominando en el campo y en numerosas ciudades de provincia. En 1782 la Acad. de Berlín propone como tema de uno de los tradicionales concursos de aquel tiempo el Estudio de las causas de la universalidad del francés. El premio es otorgado en 1784 conjuntamente al profesor alemán Schwab y al francés Rivarol, cuyo Discours sur 1’universalité de la langue française constituye uno de los textos más citados, más tópicos también, dentro de esta literatura apologética sobre las características humanas, racionales y lógicas del francés, lengua universal, pero sobre todo instrumento de comunicación y signo de rango social y cultural en la Europa ilustrada.5. De la Revolución a la actualidad: regresión del francés. La Revolución provoca una vigorosa reacción contra la preponderancia del francés y paradójicamente contribuye en no pequeña medida a su extensión en el interior del país. El romanticismo (v.), el realismo (v.) y el naturalismo (v.) liberan considerablemente al vocabulario de sus estrechos límites, al descubrir los variados recursos del habla popular. Al mismo tiempo, la competencia por parte de otras lenguas se va afirmando, especialmente por el alemán, favorecido por el lirismo romántico y la expansión científica del s. XIX, así como por el inglés, con su extraordinario ámbito comercial y técnico. Los últimos años concluyen la evolución iniciada en la época revolucionaria: en claro retroceso en el ámbito internacional, combate sin embargo victoriosamente a las hablas regionales gracias a la difusión de los medios de cultura y comunicación y a la extensión masiva de la enseñanza. Finalmente, el francés pierde su privilegio de lengua diplomática en favor del inglés con el tratado de Versalles de 1919, que se redacta en ambas lenguas. A partir de este momento y pese a los esfuerzos de los puristas, la lengua evoluciona rápidamente y también rápidamente pierde terreno ante el empuje del inglés, aunque sigue siendo una lengua de cultura, diplomática e internacional de primer orden.6. Hablantes y dialectos. Es difícil precisar con exactitud el número de hablantes de la lengua francesa en la actualidad. Puede decirse que son más de 70 millones quienes lo poseen como primera lengua; aparte de los 50 millones de franceses, lo hablan en Europa los habitantes de la Bélgica (v. BÉLGICA vi) valona (en Bruselas, ciudad situada en territorio flamenco, domina también), de varios cantones de Suiza (Vaud, Neuchátel y Ginebra; v. SUIZA VII), y de algunos valles del Piamonte donde se instalaron en el s. xvi gran número de protestantes galos. Fuera de Europa es preciso citar el Canadá francés con sus dos millones de habitantes, las Antillas francesas y las antiguas posesiones del océano índico. A ellos hay que añadir los 55 millones de hab. de las antíguas colonias africanas, consideradas oficialmente como países francófonos y que por este hecho son hablantes en potencia. Un puesto importante ocupa el francés como lengua de cultura y sociedad en determinados países europeos, asiáticos (Siria, Líbano) y sudamericanos, restos del antiguo esplendor de la lengua en los s. XVII y XVIII, o en Centroamérica (v. HAITÍ v).La frontera lingüística con los principales dialectos de la lengua de oc se extiende al S de una línea que, partiendo del este, a la altura del estuario del Gironda, pasa al norte de los departamentos de la Haute-Vienne, Creuse y Puy-de-Dóme, para descender hasta Valence hacia el oeste. Estos dialectos occitanos se distinguen por su carácter conservador y en ellos no se han dado generalmente los cambios fonéticos que constituyen la originalidad del francés (son rasgos esencialmente occitanos la ausencia de diptongación de vocales libres acentuadas, la conservación de las consonantes oclusivas intervocálicas, la persistencia de las vocales átonas en posición inicial y final, etc.). Las numerosas formas dialectales de esta región pueden agruparse en tres grandes familias: nord occitan (caracterizado por la palatalización de ka), occitan moyen y, finalmente, el gascón (que comprende la parte occidental hasta Toulouse) con un amplio sustrato vasco y sucesivas aportaciones ibéricas.7. Características lingüísticas del francés actual. En primer lugar, las características generales que se le atribuyen tradicionalmente desde Rivarol (claridad, lógica y equilibrio) responden sólo en parte a la realidad. De hecho, la lengua francesa presenta problemas lingüísticos tan espinosos y característicos como la expresión del género y del número, la interrogación, la voz pasiva, la ortografía arbitraria cuando no contradictoria, etc., que están lejos de ser resueltos a pesar de los formidables recursos del propio idioma para salvar estas carencias.Fonéticamente aparece como una lengua sin excesiva personalidad tónica, aunque claramente dominada por el acento de grupo y por la continuidad en el encadenamiento vocálico. En efecto, la falta de intensidad del acento tónico en francés hace que las palabras pierdan su individualidad, en contraste con la fuerte acentuación inicial de la frase germánica o los cortes más marcados en la elocución de las lenguas románicas meridionales (español, italiano). Por esta causa y también por la necesidad de mantener para el oído determinadas flexiones (al dejarse de pronunciar las consonantes finales), persiste el fenómeno tan característico de la liaison que, aun tendiendo a desaparecer en el lenguaje coloquial, sigue siendo absolutamente necesaria cuando asume la función de expresar el plural, p. ej.Por lo que respecta a los fonemas aislados, el sistema vocálico francés es de una gran variedad y claridad de articulación. El francés posee 16 sonidos vocálicos, 12 orales y cuatro nasales, a los que hay que añadir tres semiconsonantes, lo que constituye una gama vocálica más rica que la del español, pero sin llegar a la amplitud del inglés, con su abundancia de sonidos vocálicos y de diptongos y triptongos. El sistema consonántico añade a las tres series clásicas de oclusivas, con sus oposiciones sorda-sonora, una gama completa de fricativas ch-j (prepalatales), s-z (dentales) y f-v (labiodentales), lo que constituye un caso único dentro de las lenguas románicas. Todo ello, unido a la brevedad de sus vocablos, fruto de una intensa evolución fonética, hace del francés una lengua dominada por la homonimia (recuérdese la famosa serie: ver, vers, verre, vert, vair) y apta como ninguna otra a los juegos de palabras. Por los mismos motivos, las oposiciones fonológicas son de un extraordinario rendimiento, y, aunque la evolución fonética actual hace temer (sobre todo en el lenguaje poco cuidado) la desaparición de determinadas oposiciones y el consiguiente avance de la homonimia, estas pérdidas, por el momento, se limitan a determinadas distinciones sin gran trascendencia desde el punto de vista fonológico. Así ocurre, p. ej., con la oposición e-oe, prácticamente desaparecida en la pronunciación de París, como ya comprobó A. Martinet en una encuesta realizada en un campamento de prisioneros durante la II Guerra mundial, pero que prácticamente se reduce a la confusión entre dos vocablos, brin-brun.En cuanto a las flexiones nominales y verbales, lo que de ellas subsiste se muestra resistente, si bien es preciso hacer notar la dificultad del idioma para expresar oralmente categorías gramaticales como género y número. Aquí la diferencia entre francés escrito y francés hablado plantea auténticos problemas de expresión, como el ilustrado por el discurso del general De Gaulle en Tananarive, quien después de exclamar: "Je m’adresse aux peuples" ("Me dirijo a los pueblos"), tuvo necesariamente que añadir: "aux peuples, au pluriel" ("a los pueblos, en plural"), sin lo cual el sentido de su frase hubiera sido interpretado de forma ambigua. Para contrarrestar la desaparición de las desinencias, el francés tiene que recurrir a las marcas que morfológicamente le proporcionan los determinativos antepuestos (artículos, adjetivos). Otro tanto puede decirse de las flexiones verbales, donde la obligatoriedad de anteponer el pronombre personal se hace sentir por las mismas razones. Como fenómeno relativo a la conjugación en la lengua hablada puede señalarse la desaparición de un tiempo (el imperfecto de subjuntivo) y la franca regresión de otros dos: el pretérito indefinido y el futuro imperfecto.Desde el punto de vista sintáctico pueden apreciarse las cualidades de orden, lógica y claridad del francés en todo su rigor; en efecto, la colocación de las diversas partes de la oración responde en la mayoría de los casos a un esquema estricto, denominado orden directo o secuencia progresiva, sujeto-verbo-predicado, en el que cada elemento prepara, anuncia y determina al siguiente. Todo ello, unido a la rígida correspondencia y concordancia en los tiempos de las proposiciones subordinadas, a la predilección por el matiz nominal sobre el verbal, a la precisión en el empleo de las preposiciones y al carácter abstracto del vocabulario, hacen del francés una lengua particularmente apta para el razonamiento y para la expresión de las ideas. Las notas de ese carácter, estático, abstracto y analítico, constituyen las bases de la universalidad de la lengua francesa, tantas veces proclamada.En resumen, puede afirmarse que el francés es uno de los idiomas donde en todos sus aspectos han influido con más vigor las fuerzas contrapuestas de una evolución desenfrenada y de una rígida actividad reguladora gramatical. Hoy más que nunca puede apreciarse esta característica en el abismo que separa al francés hablado del francés escrito, pues prácticamente tienden a constituir dos lenguas diferentes con el consiguiente problema de la ortografía, auténtico obstáculo para el dominio del idioma. Frente a este estado de cosas las opiniones y actuaciones son de índole muy variada; mientras que se nombra una Comisión de reforma de la ortografía que intente paliar en la medida de lo posible su arbitrariedad, gran número de personas, teóricos inclusive, reaccionan contra todo intento de actualización de la más ortodoxa y rica lengua escrita. El francés coloquial ha adquirido consagración literaria en la mayoría de las obras de escritores contemporáneos (Sartre, Giono, Céline), mientras que, por otra parte, se produce en los medios informativos (prensa, radio, televisión, publicidad) una entrada masiva e incontrolada de términos extranjeros, generalmente ingleses, dando origen al franglais, que tanto desazona a los puristas de la lengua. En resumen, hoy como antaño, la situación del francés como lengua nacional e internacional es la consecuencia de dos series de factores: la propia evolución interior, por una parte, y la fuerza de expansión del país y su desarrollo literario y científico, por otra.V. t.: IX; ROMÁNICAS, LENGUAS.FRANCISCO J. HERNÁNDEZ.
BIBL.: K. VOSSLER, Cultura y lengua de Francia, Buenos Aires 1955; W. vox WARTBURG, Evolución y estructura de la lengua francesa, Madrid 1966; S. ULLMAN, Introducción a la Semántica Francesa, Madrid 1965; L. CORTÉS, Cinco estudios sobre el habla popular en la literatura francesa, Salamanca 1964; G. COHEN, La vida literaria en la Edad Media, México 1958; A. DAUZAT, Précis d’histoire de la langue et du vocabulaire franpais, París 1949; ID, Le génie de la langue franpaise, París 1954; CH. BRUNEAU, Petite histoire de la langue franopaise, París 1955-58; M. RAT, Grammairiens et amateurs du beau langage, París 1963; A. SAUVAGEOT, Franpais écrit, franCais parlé, París 1962; ÍD, Portrait du vocabulaire franpais, París 1964; 1. DURON, Langue française, langue humaine, París 1963.-Pueden consultarse también los excelentes libritos de divulgación sobre diversos aspectos lingüísticos, escritos por P. GUIRAUD en la col. "Que sais-je?".
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.